Archivo diario: 6 mayo 2010

Por varios motivos

Como alguno de vosotros ya ha explicado este ejercicio siempre es injusto y desconsiderado. No puedes seleccionar una canción y olvidarte del resto así de un plumazo, aunque la asocies a un momento emotivo y grandioso. Así que en mi caso no voy a seleccionar, simplemente destacaré un impresionante, clásico y universal tema de Neil Diamond que me gusta y apasiona por varios motivos:

1.) La canción en sí, es una verdadera obra maestra compuesta de una voz, una melodía y una letra espectacular.

2.) Fue la estrella de la banda sonora de una de las películas más sencillas pero más increíbles de mi vida, con un reparto de actores espectacular en el que destaco a mi queridísima Natalie Portman. Os dejo una escena de la película, no la que pondría en condiciones normales porque ya la puse en el pasado en este mismo blog, así que os dejo la del supermercado que es asombrosa:

3.) Fue durante muchos meses la canción que utilizábamos en la etapa en la que trabajaba en la discoteca Pirámide como cierre y fin de noche, y una y otra vez se me erizaba el vello al contemplar como todos los clientes y amigos la cantaban al unísono, unos más mareados que otros pero al fin y al cabo sintiéndola muy dentro o como mínimo disfrutándola colectivamente. Esa sensación era increíble, salir de tu jornada laboral con una sonrisa de oreja a oreja y viendo como todo el mundo se iba con ese sabor a divertido que resulta muy reconfortante:

No es la canción que más me gusta, pero si he de asociarla a un momento o varios momentos mejor dicho, creo que es una de las que destacaría, puesto que aparte de los ya nombrados, hay un sinfín de anécdotas y situaciones en las que esta canción ha contribuido a mejorar las relaciones entre las personas, tal y como lo oís.

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Tierna y dulce historia de amor

Que canción que es esta… La primera en mostrarme la genialidad de Serrano, la identifico con un momento porque, al cambiar sutilmente algunas porciones de la letra, se adecuaba bastante bien a mi realidad, cuando recién comenzaba mi relación con la persona con que actualmente estoy.

Es mi deber mencionar la canción Puede Ser, del Canto del Loco, que si no fue la elegida fue por recordarme una parte oscura del momento mencionado anteriormente.

Mientras el metro avanzaba y lo llevaba a la estación en que debía bajarse, miraba por la ventanilla. A pesar de que no estaba en la parte que pasaba por la superficie, encontraba algo hipnótico en las pequeñas luces azules que estaban en las paredes del túnel.

Miró su reloj. Las siete y cuarenta y tres. Iba a llegar justo.

El metro paró. Afortunadamente, la estación no estaba llena y le fue relativamente fácil salir de ella. Enfiló, con la cabeza gacha, el camino hacia su casa.

Su zapato estaba desabrochado, pero era más urgente llegar a la hora.

Justo cuando su reloj arrojaba un pitido para dar a entender que eran las ocho, tocó la puerta y le abrió una mujer. Hermosa como ninguna otra, radiante, con un delantal blanco, las manos con harina y su pelo recogido en un tomate. Se miraron con unos ojos ilusionados y con un amor nuevamente renovado; luego, el la abrazó, la besó en la boca y la siguió a la cocina.

Ni siquiera miró el artículo enmarcado que tenían en la entrada, ese de Pedro J., un editorial, que guardaron para reírse de esos tiempos ya pasados.

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