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Chop Suey!

Todos mis colegas me habían recomendado que no me ofuscara y que peleara por lo que por derecho me corresponde: el papel principal. Me exhortaron para que le escribiera una carta al director de la obra, en ella debía exponer mis argumentos para demostrarle que yo era la mejor opción para representar al protagonista.

Juan Arrabales era un pésimo actor, sin embargo tenía una enorme ventaja sobre mi: era el mejor amigo del director. Ante tan rival, yo sabía que no tenía ni la mas mínima posibilidad de competir, pero la frase que tanto me repitieron el día de hoy me dejo con la duda. “No tienes nada que perder, y si mucho que ganar”.

Decidí escribir esa carta, aunque no tenía idea de como empezarla. ‘estimado señor director’, ‘colega y amigo’, ‘hijo de la gran chingada’; nada me agradaba y terminé escribiendo una carta personal. Odio, miedo, ira, ardor, entre otros sentimientos estaban reflejados en dicha carta.

Frases como: ‘El pinche Arrabales ni hablar sabe’ o ‘ Las actrices le tiene asco’, eran bastante recurrentes. Yo, acostumbrado a ser educado y respetuoso, y a ganarme mis oportunidades en base a trabajo y esfuerzo. Pronto me di cuenta que eso no valía absolutamente nada en un mundo tan asqueroso como este en el que vivo.

Por eso estas leyendo esto mientras observas mi cuerpo con el rostro desfigurado por un balazo que yo me provoqué. No me mal interpretes, era yo o el director. Una vez leí en una gran película que uno muere como un héroe, o vive lo suficiente para convertirse en villano. No, no soy ningún héroe, por lo menos tampoco soy un villano.

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De rubias, negros y otras leyendas

Cuenta la leyenda, no por antigua menos cierta, que en algún paraje castellano habitaba una bella dama junto a su marido labrador. Ambos se dedicaban en cuerpo y alma a su tierra, en las cuales se dejaban las manos con el único fin de tener algo de comer cada día y cada noche. Su armonía era tal que no necesitaban nada más, se complementaban y querían plenamente hasta el punto de no relacionarse con nadie más, no era necesario, no era vital. Una única cosa les diferenciaba, su aspecto físico. Ella, melena rubia, ojos azules y piel clara. El, un ogro, grande y feo como el mismísimo diablo. Como les decía nada de eso les importaba. Un “buen” día cuando caminaba nuestra doncella dirección a su morada se encontró un caballero cortándole el paso. El apuesto caballero de piel negra, fornido y elegante, a lomos de un corcel blanco que impresionaría a cualquiera, no dudo en dirigirse a ella. Su melena rubia y ojos claros le habían nublado, hasta el punto de ofrecerle marchar con el hasta su castillo, donde le esperaba la riqueza mas grande que ella podía imaginar. Nuestra doncella dudo un instante pero echando la vista atrás pensó que era una oportunidad única y que su amado encontraría otra persona mas acorde a su belleza y además pensaría que ella habría muerto y así pues el daño al corazón seria menor que si se lo dijera ella misma. Y así fue.

 Con el paso de los años, muchos años, la cosa cambio. El apuesto caballero de piel oscura se arruino y tuvieron que vender el castillo con todo lo que en el había, nada les quedo para ellos, tan solo una pequeña porción de tierra. Cuentan que en esa época cierto campesino se había hecho rico con su trabajo y había comprado las tierras de su vecino y que poco después compro las tierras de su otro vecino y así hasta poseer todas las tierras de cultivo de la región castellana en cuestión. Dicen que llego un momento en que dicho campesino lindo sus tierras con las del arruinado caballero de piel morena y dicen que no les arrebato esas tierras, que se construyo un castillo alrededor de ellas y continuamente hacia fiestas en sus torres. Dicen que ese nuevo rico era algo así como un ogro, grande y feo como el mismísimo diablo, pero rico. De aquí podríamos deducir que las rubias son tontas y que al final los que no paran de follar son los negros, pero también podríamos concluir que una historia son solo palabras y que algo importante debe constar con el paso de los años para que se pueda hablar de leyenda, urbana, rural, etc..o simplemente leyenda.

Lino

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Escuchando a Cat Stevens

Lo poco que recuerdo de mi padre, es la música que solía escuchar, esos acordes de guitarra que tanto le fascinaban, los bajos y los tambores muy marcados.  Esos acordes de folk rock que le traían a la memoria recuerdos de tiempos mejores. Más simples.

Mi viejo se pasaba los domingos en la mañana sentado en su sofá, leyendo su periódico en serena calma, deleitándose de lo que llamaba “su encuentro con el mundo” conociendo, según el los actuales acontecimientos de la humanidad para no repetir en el futuro los errores del presente. Solía comentarnos con presteza las noticias que más le impactaban, o que más le llamaban la atención. Para después leernos las tiras cómicas que cada domingo aparecían en La Prensa.

Mi padre me dejo tal gusto por las noticias y los periódicos que a nadie en mi familia le asombró cuando decidí dedicarme al periodismo después de haber obtenido mi licenciatura en literatura. Así que sin la menor duda, emprendí la búsqueda  de trabajo en algunos de los diarios capitalinos. Tarea por demás ingrata dado que mi experiencia, como todo estudiante recién egresado era nula y solo había realizado algunos artículos para gacetas escolares y publicaciones sin importancia.

Vagué por las calles de la ciudad con mi carpeta de trabajos, enseñé en un par de escuelas privadas de la ciudad, hasta que eventualmente entré a un diario como asistente de edición, lo que en la practica me convertía en el “chico de los recados” de una insaciable editora con muy poco humor. Y que conste que lo insaciable no tiene en este caso ninguna referencia sexual, simplemente no paraba en todo el día de ingerir botanas, chicles y dulces. Con lo cual me decidí  por tener una amplia variedad de porquerías almacenadas en un cajón, lo que eventualmente me llevo a conocer a John.

Casi todo mundo pasaba por mi cubículo a comprarme de contrabando algún tentempié para matar el hambre mientras llegaba la hora oficial de comer, así que John, fotógrafo del diario se acerco a mí dispuesto a adquirir unas galletas. Simplemente coincidió con un momento donde mi jefa me enviaba por una de sus consabidas tortas de tamal, con lo que, sonriendo salí acompañado de John en búsqueda de su alimento matutino.  Al poco tiempo nos hicimos amigos.

Fue por consideración de John que la editora de sociales leyó mis notas y me dió la oportunidad de comenzar a reseñar eventos, con lo que me inicié en mi carrera de periodismo y me libere del yugo de “la gordis” quien simplemente lamentó perder al único de sus asistentes que siempre había aceptado salir a comprarle algo, lo único que extrañaré de ese puesto, era mi cajón mágico y los ingresos suplementarios que me proporcionaba.

En sociales, a pesar del trabajo que consideraba por debajo de mis capacidades, comenzó mi verdadero entrenamiento como reportero. Hice notas de muchos eventos del jet set y comencé a conocer el verdadero funcionamiento de un periódico, a lidiar con fechas de entrega, a corretear a los correctores para que revisaran mis textos y a cubrir notas acompañado de algún fotógrafo.

En este periodo de mi vida, hice además notas necrológicas, escribí horóscopos, organicé anuncios clasificados, reseñé eventos culturales,  escribí algunas notas suplementarias de opinión y contesté las cartas al editor. Me pusieron por decirlo de alguna manera en las fuerzas básicas, un poco de aquí y de allá esperando mi gran oportunidad.

Eventualmente, llego la fatídica fecha en que falleció mi padre. Sobrevivió a  mi madre un par de años más a base de pura fuerza de voluntad, dado que le habían diagnosticado un cáncer de pulmón, que lo fue consumiendo y apagando sus ansias de vivir. Durante el sepelio, lloré, si bien las lágrimas fluyeron por mi padre, me dolió más saber que nunca me vería como el reportero que siempre me alentó a ser.

Mi hermana y su esposo, se quedaron un tiempo en mi departamento, mientras pasaba el sepelio y nos ocupábamos de los asuntos pendientes de mi padre y organizar sus papeles. John trataba de enrollarme en sus interminables líos de faldas como su terapia para la depresión y mi editora, como aliento me dio la oportunidad de saltar de sociales a cubrir eventos de política.

Los días transcurrieron de manera lenta, pero enterrado entre mi forzada vida social dirigida por John y mis criticas políticas cumplí dos años en el periódico. Lo celebré de una manera poco convencional, me encerré con mi editora a presentarle una propuesta acerca de una serie de reportajes que en caso de ser aceptados, podrían impulsar mi carrera.

Pase la noche en intranquilo insomnio esperando la respuesta. Y muchas más noches. Pues durante al menos tres meses me tuvo en incertidumbre. Hasta que llegó el día en que fui llamado a la oficina del editor general, un hombre famoso por su duro carácter y sus ganas locas de hacer del periódico el mejor del país, a consta de lo que fuera.

Entre con las piernas temblorosas y la garganta seca, mi editora estaba ya en la oficina con una expresión en el rostro que hizo que la sangre se me helara.

– Solo diré esto una vez – comento el editor en jefe con una sonrisa enigmática – si sus diarios de viaje en este primer intento, no reciben ninguna carta de los lectores que apoyen su publicación, volverá a comprar tortas de tamal todas las mañanas. Escoja a su fotógrafo y salga de mi vista.

Mañana salimos John y yo a realizar nuestro primer viaje, una aventura que definirá nuestras vidas.

Turno para: Q – Sara – Activo

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Con todo mi amor…

¿Sabes? Antes de acercarme a ti procure conocerte mejor, quería saber que te gustaba, que libros leías, que te entretenía, que te hacia feliz, por que sabes, me deslumbraste desde la primera vez que te vi, desde que atravesaste el vestíbulo para tu entrevista de trabajo pensé que era genial tu sonrisa, tu porte, la seguridad con que te movías, la forma en que sonreías al hablar con la recepcionista.

Cuando supe que te habías quedado en la empresa me alegre muchísimo, sabia que tendría al menos una oportunidad de hablar contigo, de tratarte, de conquistarte…

Comprenderás que no era nada fácil para mí, no solo estabas en otro departamento, sino que mis actividades y las tuyas no siempre eran compatibles y no tenía pretextos para ir a platicar contigo. Aún así me di cuenta que yo también te interesaba…

Por eso no me extraña que estemos celebrando el primer aniversario de nuestra historia, el primero de lo que espero sea una eternidad.

Se que le estoy dando muchos rodeos, pero por favor déjame hablar, quiero decirte algo antes de hacerte la gran pregunta.

Creo que apenas te estas dando una idea de cuanto es lo que yo te quiero, creo que no has tenido la oportunidad de valorar realmente mi cariño, y no estoy cuestionando tus sentimientos, claro que no, solamente espero que valores en su justa medida lo grande que es mi amor por ti.

A lo largo de este año he aprendido que te gusta, que te enoja, cual es tu música favorita, que te enciende, que detestas, y todo eso lo he integrado a mi vida, para que cuando me mires, veas en mi a tu alma gemela, por que no podría vivir sin ti y mi vida no tiene sentido cuando estas lejos de mi.

Por eso quiero que demos un paso mas, quiero que le digamos al mundo cuanto nos queremos, y aunque se por adelantado la respuesta, por que lo puedo ver en tus ojos, me gustaría escucharlo de tus labios…

Así que ahora deja desamordazarte para que me digas: te quieres casar conmigo?

Próximo turno para: Q – Sara – Activo.

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Si tu saltas, yo salto

Corremos a través del bosque huyendo, los pisadas que se escuchan detrás de nosotros son rápidas e incansables, cual jauría de perros ansiosos de hincarnos los dientes. Cada paso nos hace jadear de cansancio, los gemidos de angustia brotan de nuestras gargantas secas y el sudor acre empapa nuestras ropas…

 

Todo este lío comenzó ayer por la tarde. Llegamos a este apacible pueblo del centro de México buscando agua y comida, los suministros normales para un par de periodistas en viaje de descubrimiento, siempre las crónicas de carretera son un alivio para un reportero fastidiado de cubrir los innumerables eventos sociales de las ciudades y un buen ejercicio para que la pluma no se oxide entre relamidos elogios a artistas y reinas del Jet-set.

 

Como todo pueblo relativamente alejado a la capital mexicana, este tiene unos 10,000 habitantes, pequeño y pintoresco ofrece pocos servicios al viajante, así que nos tuvimos que conformar con la tienda de conveniencia, y con un hotelucho que creo carece de estrellas pero al menos tiene agua corriente y caliente.

 

Definitivamente estábamos en el paraíso, alejados de la “civilización” y del bullicio y con un lugar muy folklórico que retratar. El objetivo de este viaje, tal y como el editor lo había propuesto, era encontrar lugares ocultos en las carreteras poco transitadas donde recomendar un sitio de paseo relativamente barato y al alcance de la mayoría de los lectores. Dependiendo del éxito de los reportajes iniciales, podría convertirse en una columna permanente.

 

Comenzamos por recorrer las calles al atardecer, con su gente que iba y venia en un trajinar tan antiguo como la civilización misma, aquí una marchanta vendiendo tortillas del comal, allá un pastor conduciendo su rebaño que defeca sin reparos en el empedrado de la calle. A lo lejos la silueta de una iglesia, probablemente del siglo XVII, con su alto y único campanario que se vuelve referencia obligada en un pueblo tan pequeño.

 

“Delante de la iglesia”… “Detrás de la iglesia”… “del lado de la torre” se escucha constantemente en la convivencia diaria de los humildes habitantes del lugar que comercian sus viandas en un mercado de apenas 5 o 6 tenderetes y en las platicas de los jóvenes aburridos que dan vueltas por la plaza durante el calor de la tarde.

 

Las chicas del lugar… sentadas alrededor del kiosko toman nieve, mientras los chicos las vigilan desde lejos cuchicheando y murmurando. Cuando cruzamos la plaza, las miradas de las niñas inmediatamente se vuelcan en John, mi compañero de viaje y fotógrafo de la expedición, el cual debo reconocer tiene ese efecto en todas y cada una de las mujeres que lo rodean, con ese aire de gigante nórdico destaca entre la gente, el cabello rubio largo y su cámara colgando del cuello.

 

Debo de reconocer que al principio me enfadaba que fuera así y que entrando él en escena los demás mortales no tuviéramos la menos oportunidad de ligar, pero después, al hacernos amigos, comencé a aceptarlo como un hecho consumado que además se volvió una constante broma entre nosotros. Esta vez, tampoco fue la excepción.

 

Al ir cayendo la noche, la gente comienza a dispersarse de la plaza, sin embargo, desde el porche del hotel observamos como un grupo de chicas se rezaga del resto y no deja de voltear hacia nosotros. Cortes como siempre John les devuelve un lejano saludo, agitando la mano y sonriendo con esa mueca tan infantil que más de una vez ha llevado a una mujer a su cama.

 

Decidimos salir a caminar a las calles semi-oscuras, y de paso tomar un juego de fotos del lugar al caer la noche. Como hemos quedado de acuerdo que el hotel, vale la pena como lugar de paso, pues sirven una deliciosa cena casera, recomendaremos el lugar y sus alrededores, aunque sea solo como eso “Lugar de paso”. Además nunca sobra una caminata después de comer tanto.

 

El paseo no nos tomara mucho tiempo en tan pequeño lugar, pero lo haremos con calma, avanzamos por la calle principal cuando de pronto el susurro de una voz femenina nos detiene, el grupo rezagado nos espera encubiertas por las sombras del arco de un portón. Tres chicas se lanzan literalmente a los brazos de John que sonríe mientras le susurran cosas al oído.

 

Yo, resignado me dispongo a dejarles y volver al hotel, cuando una delicada mano me toma del brazo y me atrae hacia las sombras, una suave voz me murmura con dulzura mientras su ávida mano se introduce entre mis ropas, sorprendido al principio, me dejo llevar por mis emociones. Nos conducen animadas por las calles del pueblo cuando de repente una patrulla rural nos detiene.

 

Los molestos ojos de cuatro policías nos observan mientras uno de ellos comenta en voz alta que ya había opinado el que causaríamos problemas, John sonríe y levanta las manos en señal conciliadora, yo saco del bolsillo un fajo de billetes y me dispongo a hacer lo que siempre hacemos en estas situaciones, sobornarlos. Las chicas se esconden entre las sombras mientras un par de uniformados sale en su búsqueda.

 

La sonrisa de John y un buen fajo de billetes parecen llevar a buen término las negociaciones cuando los policías regresan con un par de las prófugas, al iluminarlas los faros del vehiculo oficial, los dos agentes que se quedaron con nosotros sueltan tales gritos de furia que es imposible no darse cuenta de que son algo mas que conocidos de las chicas.

 

Mientras sin pensarlo emprendemos la carrera hacia el primer lugar que vemos, escuchamos el forcejeo de los agentes y un par de disparos sueltos que no hacen más que acelerar nuestra carrera, hemos dejado atrás el fajo de billetes, a los agentes y a las damas. Se perfila frente a nosotros el puente del río que vimos al llegar.

 

Escucho a John gritar “Salta… salta, yo te sigo”, un disparo… un grito. No vuelvo la cabeza atrás,

 

Mientras caigo al río con la esperanza que el agua sea lo suficientemente profunda, lo único que puedo pensar es que yo solo buscaba un lugar para poner el miembro.

S – Unsinagawa – Activo  salta turno a:

T – Carolinagromani – Activo

 

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A veces, el frío disfraza de ogros a las mejores personas

Que difícil es hacer esto todos los días, llegar desde temprano, llevar el pequeño camión al mercado, negociar con todos los locatarios, a ver quien te da las cosas mas barato, a ver quien te puede dar las cosas en oferta, a ver quien te regala por lo menos una sonrisa, pero no, ni siquiera por que vengo a diario me tratan mejor, y carajo, son apenas las 6 de la mañana, tengan consideración, pero es inútil, como nunca quiero pagarles lo que me piden por las verduras, pues es una pelea continua, una pelea de todos los días, un estira y afloja que se repite cada mañana. Y luego tener que llevar todas esas cajas al camión por mi cuenta, pero no queda dinero suficiente para darle al diablero, y que me lleve mis bultos, si apenas me alcanza para verduras y gasolina.

 

Y en invierno es peor, el aire de la mañana cala los huesos, con suerte me puedo tomar un café en el camino, pero no diario, no se como lo soportan los demás.

 

Al llegar a la cocina se desata otro infierno, por muy temprano que llegue ya hay gente esperando, no falta quien empiece a gritarme cosas, “párate mas temprano!”, “a ver si te apuras”, como tu no tienes frío!, pero ni modo, así es este trabajo, todos piensan que lo debes hacer mejor, pero nadie piensa en meter las manos, nadie piensa en ayudar.

 

Y a bajar los bultos. Como somos muy pocos nadie me puede ayudar, por mucho lo que hacen es ayudarme con un par de cajas y ya, luego todos a la cocina y esperar que el camión se descargue solo. Bueno, al menos no estoy lavando platos, que con el agua fría debe ser un martirio.

 

Baja los bultos, acomoda la despensa, lávate las manos, ponte el delantal, y empieza a servir a la gente.

 

Todo el mundo les dice usuarios, de manera indiferente, pero yo no, para mi es gente, ingrata, pero gente a fin de cuentas, me paro frente a la barra armado con un cucharón para servir un poco de comida en cada plato. Todos me ven con desconfianza, o con coraje, o con tristeza. Todos me ven como si fuera un avara que no quiere poner un poco mas de comida en cada plato, pero que puedo hacer, cada día vienen más y casi nunca alcanza para todos, menos en invierno, donde la pura promesa de un plato caliente y una taza de café los trae como abejas a la miel.

 

Y yo, pues que puedo hacer, me pongo a servir los platos con cara de pocos amigos, por que si me pongo a platicar un poco todos se desesperan y comienzan a reclamar, si les hablo sonriendo soy un hipócrita que solo quiere quedar bien, si los miro con afecto es que quiero pagar de alguna manera mis culpas. Pues no, la única manera de salir relativamente airoso es con mala cara, enojado, como si alguien me obligara a estar ahí parado y no me gustara la idea, así solo piensan que hago esto por que no tengo opción y me dejan en paz, dejan de buscar motivos de mi presencia en el albergue, solo se limitan a pasar frente a mi con su bandeja y decir un pequeño “gracias”, bueno, cuando dicen algo agradable.

 

A medio día dejo el albergue, pero no siempre con la satisfacción de un trabajo bien realizado, a veces no todos alcanzan comida, a veces tengo que buscar en otros mercados intentando conseguir un poco mas para atenderlos a todos y no dejar a nadie sin comer, pero que mas puedo hacer, solo soy un voluntario, aunque quisiera no podría dar dinero, aunque quisiera no me podría quedar mas tiempo, tengo que trabajar y conseguir mi propio sustento, digo, alguien tiene que ver por mi.

 

Y carajo, si lo único que me falta es pasarles mi cheque integro, ni siguiera puedo decir que me falta darles mi sangre por que soy donador con frecuencia.

 

Pero algún día todo mejorara, algún día mi trabajo será recompensado, pero, es mucho pedir una sonrisa?, que es mucho pedir un “gracias”? que es mucho esperar que todo se solucione mágicamente?.

 

S – Adrian – Activo salta turno a:

T – Carolinagromani – Activo

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¿Tu eres de los que llaman o de los que se anuncian?

– El siguiente por favor.
   – Eeeeeeh, hola…
– Nombre.
   – Miguel.
– Motivo de su visita.
   – Perdón?
– Que como llego a aquí.
   – Ah, me caí.
– Y solo con eso?
   – Bueno, me caí desde una azotea.
– Esta bien, es la primera entrevista que tiene usted aquí?
   – No, ya me habían entrevistado en la ventanilla dos, pero me mandaron para acá.
– Sabe por que lo enviaron a esta ventanilla?
   – Pues no exactamente, me comentaron algo de que era de los clientes mas fastidiosos que tenían, y que tenia que pasar antes a esta ventanilla.
   – Y tu eres de los que llaman o de los que se anuncian?
– Perdón?
   – Mire, somos una organización bastante ocupada, debemos vigilar a mas muchas personas, claro, antes era todo mas sencillo, el personal era amplio y los vigilados pocos, te podías dar el lujo de poner un vigilante a cada individuo, pero las cosas han cambiado, cada vez hay mas trabajo y no nos han aumentado el presupuesto, por lo que no hemos podido contratar mas personal. Todo esto no seria importante si cada quien se dedicara a lo suyo y nos dejara trabajar, pero en todos lados hay quienes sienten que les debemos resolver la vida, y no paran de llamar al vigilante en turno.
– Pero yo no sabía…
   – Si, si, eso dicen todos, “no tenia idea”, “me imaginaba algo diferente”, pero así son las cosas. Y usted debió ser de los que mas llamaban al vigilante en turno.
– Pero yo…
   – Pero nada, es cierto o no que usted nos hablaba seguido?
– Pues si, pero…
   – Y es cierto o no que quería que le resolvieran todos sus problemas?
– Pues si, pero…
   – No se preocupe por darme excusas, no es necesario. Simplemente llene este formato y preséntese en la oficina C-2 para que le den su uniforme y las instrucciones de su nuevo trabajo.
– Trabajo? No se supone que éste es un lugar de descanso?
   – Con su historial? Tendrá suerte si termina su servicio público en este siglo.
– Servicio publico? Pero por que?
   – Como que por que? De alguna manera debe compensar las molestias, y seguimos necesitando personal.
– Oiga, yo no imaginaba así el paraíso!!!
   – Y a ti Quien te dijo que estas en el cielo?

S – Adrian – Activo salta turno a:

T – Carolinagromani – Activo

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