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Chop Suey!

Todos mis colegas me habían recomendado que no me ofuscara y que peleara por lo que por derecho me corresponde: el papel principal. Me exhortaron para que le escribiera una carta al director de la obra, en ella debía exponer mis argumentos para demostrarle que yo era la mejor opción para representar al protagonista.

Juan Arrabales era un pésimo actor, sin embargo tenía una enorme ventaja sobre mi: era el mejor amigo del director. Ante tan rival, yo sabía que no tenía ni la mas mínima posibilidad de competir, pero la frase que tanto me repitieron el día de hoy me dejo con la duda. “No tienes nada que perder, y si mucho que ganar”.

Decidí escribir esa carta, aunque no tenía idea de como empezarla. ‘estimado señor director’, ‘colega y amigo’, ‘hijo de la gran chingada’; nada me agradaba y terminé escribiendo una carta personal. Odio, miedo, ira, ardor, entre otros sentimientos estaban reflejados en dicha carta.

Frases como: ‘El pinche Arrabales ni hablar sabe’ o ‘ Las actrices le tiene asco’, eran bastante recurrentes. Yo, acostumbrado a ser educado y respetuoso, y a ganarme mis oportunidades en base a trabajo y esfuerzo. Pronto me di cuenta que eso no valía absolutamente nada en un mundo tan asqueroso como este en el que vivo.

Por eso estas leyendo esto mientras observas mi cuerpo con el rostro desfigurado por un balazo que yo me provoqué. No me mal interpretes, era yo o el director. Una vez leí en una gran película que uno muere como un héroe, o vive lo suficiente para convertirse en villano. No, no soy ningún héroe, por lo menos tampoco soy un villano.

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En ocasiones veo injusticias

Sí, en ocasiones veo injusticias, como todos ustedes. ¿Ejemplos?, millones, pero todos las conocemos y el que no lo crea que ponga el telediario y se eche a llorar. Creo (luego existo) que lo principal, igual que con todo en esta vida, es poner de nuestra parte, hasta donde podamos llegar claro. Me explico, claro que podemos cambiar el mundo, existen millones de mundos igual que existen millones de personas, alrededor nuestra esta nuestro mundo y en ese si podemos intervenir. No grandes metas, nada de pajaritos en la cabeza y mucho menos malgastar nuestro tiempo en batallas demagógicas, como dicen por aquí “a poquito a poco” o “piano piano” como dicen por allí. Sócrates decía que quien se dispone a efectuar grandes obras procede con lentitud y Beethoven confesaba que su genio se componía del 2% de talento y del 98% de perseverante aplicación, y ambos cambiaron su mundo. Igual que el 1% de quinientos no es lo mismo que el 1% de mil, yo a lo mejor no voy a poder llegar a donde tú llegas pero igualmente aquel nunca llegara a donde llego yo.  Hay quien dirá que es cuestión de principios pero yo creo que es más fácil aún, ya nos lo decía nuestra mama… “se bueno niñ@, se buenoooo..” y el que piense a estas alturas que hablo de dar una limosna que empiece de nuevo por el principio. Sí, en ocasiones veo injusticias,  ¿pero quién soy yo para cambiarlas?, terrible error compañer@, darle a cada uno lo que se merece (en el más amplio de los sentidos) no creo que sea jugar a ser Dios ni mucho menos, entre otras cosas porque no conozco a ese Dios, ni se le espera. ¿Sacar provecho de tu ayuda?, a nadie le amarga un dulce pero que ese dulce no sea la base de tu alimentación y además como ya sabemos, el dulce en exceso es malo je je. Esto no es una secta y yo no soy su líder pero si uno sólo de vosotros, a raíz de esto, reflexiona un poco y para bien, esa sera mi recompensa y no sera un dulce porque yo nunca lo sabré. Pero sí, en ocasiones veo injusticias.

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La relatividad de la vida

Año 2050, todos estaremos muertos.

El agua es el bien mas preciado y hace varios años que se acabo. No hubo tercera guerra mundial, fue la guerra definitiva. No hubo división por raza ni por religión, unos tenían agua y otros la necesitaban.

Nos remontamos diez años atrás, las reservas se agotaron y mientras unos procuraban encontrar agua por sus propios medios, con sus propias manos, otros esperaban con impaciencia para quitársela, armados hasta los dientes, para eso habían sido las grandes potencias mundiales durante varios siglos.

Los primeros la encontraron y se desato una guerra que nadie años atrás podía haberse imaginado, sangrienta, injusta, desproporcionada, lanzas contra armas sofisticadas, hombres contra maquinas. Fueron millones de personas las que murieron tantas que murieron todas las que tenían agua, ironías de la vida.

Año 2050, todos estaremos muertos, pero….¿a  eso podemos llamarle vida?.

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Un pez en el lavabo

Estoy seguro de que para cada uno de nosotros levantarse cada día es todo un reto. Estoy seguro de que para cada uno de nosotros tener algo de comer cada día es todo un reto. Estoy seguro de que para cada uno de nosotros desplazarnos por nuestra ciudad es todo un reto. Estoy seguro de que para cada uno de nosotros llegar a fin de mes es todo un reto. Estoy seguro de que para cada uno de nosotros ayudar al prójimo es todo un reto.

 Estoy seguro de que hay millones de personas en el mundo que nunca, nunca llegaran a conjugar esos verbos dentro de su realidad cotidiana. Para progresar hay que mirar y compararte con el mas competente que tengas al lado, pero ¿y cuando todos los que tienes al lado tienen igual o menos que tu?, en definitiva somos privilegiados (unos mas que otros claro) dentro de los privilegiados ellos son pobres entre los pobres. Pero ¿quien es mas rico que quien?, salud y dinero luchan por coexistir o sobrevivir entre tantas y tantas ambiciones sin  ni siquiera mirar atrás. Quien tiene dinero quiere salud y quien tiene salud quiere dinero, es el pez que se muerde la cola, un pez muy común que habita en todos los océanos del mundo incluso dentro del lavabo de cada casa pero ¿y si no tienes casa? ¿y si el mundo es tu casa? ¿qué hace el mundo por ayudar al mundo?.

By Lino

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Paz sexual

A mi no me gusta hablar de mi vida sexual si no es con mi pareja, la verdad, no voy contando lo bien que estuve el otro día a mis amigos y tampoco lo mal que he estado otras veces, eso que me ahorro. Es mas, a mi es que no me interesa la vida sexual de nadie, por eso creo que a nadie le interesa la mía (aunque me equivoque con alguno/as) pero a lo que voy… nunca y cuando digo nunca no es una exageración, a mi nunca me ha dicho nadie que haya tenido un gatillazo y cuando digo nadie es nadie, tampoco es una exageración. Muy bien.

Pues a mi me paso, pero gracias a Dios encontré el antídoto o mejor dicho mi antídoto, porque es totalmente psicológico y cada uno debe encontrar su paz sexual en su interior, pero no en el interior del calzoncillo, sino en el interior de la cabeza, no es algo que se pueda explicar pero si quieren una pista….. nada es bueno por exceso o por defecto, todo en su justa medida y por supuesto cuanto menos piensen en ello mejor.

Pero es gracioso porque cuando las mujeres no tienen ganas con un NO es suficiente, pero el hombre tiene una pegatina en la frente, que nos la pusieron a cada uno cuando nacimos con un SI como una catedral y que quieren que les diga cuando te obligan a algo (aclaro que la obligación no viene de las mujeres si no de los mismo hombres y a lo largo de siglos, cuanto mas atrás nos vayamos en el tiempo peor) no resulta igual.

Pero resumiendo que eso pasa en las mejores familias y si no copien esta dirección (http://www.lavozdeasturias.es/noticias/noticia.asp?pkid=114173) en la barra de vuestro navegador y pulsen la tecla “Intro”. Y para el que no tenga tiempo yo se lo traigo … “Me metí en esto de la manera más tonta. Salí una noche de fiesta y amanecí con una prostituta que me propuso presentarme a una prueba en la sala Bagdad “(Barcelona). Superado el casting, llegó el estreno. “Las primeras noches acabaron en gatillazo –confesó–. Fue muy humillante”. Sin embargo, su suerte estaba echada: había nacido para pornostar. Firmado Nacho Vidal.

Pero es que no resulta igual tampoco un gatillazo de un hombre que el de una mujer, si, si, claro que existen, para mi es cuando no hay lubricación ninguna por parte de ella, para mi eso es un gatillazo femenino en toda regla, lo que pasa que no resulta igual claro es lo que les decía….sálvese quien pueda, porque yo me voy a un bunker no vaya a suceder algo cuando se caigan todos los ratones femeninos a la vez.

 

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Muchas más cosas de las que creo

Según el diccionario de la Real Academia Española el miedo es la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”.

Con lo cual si etimológicamente depende de una situación interna relacionada con el hecho de que ocurra algún riesgo, querría entenderse que es más bien ‘un temor por lo que pudiese ocurrir’. Si lo vemos, es imposible no tener miedo. Aquel que diga que no le da ‘miedo nada’ probablemente lo que le de es miedo a sentir miedo, y lo primero en estos casos es la negación.

Lo que no entiendo y no entenderé nunca es la idea de negatividad que va a aparejada al miedo. Se ve como tener miedo como algo negativo, cuando por lo contrario, es lo más normal del mundo.

Lo desconocido por definición genera un riesgo, en nuestra mano está tomar una u otra dirección para afrontarlo, con la idea de llegar a controlar nuestros miedos.

Lo malo no es tener miedo, sino el hecho de no saber controlarlo. Eso ya es harina de otro costal.

Es una sensación, un estado de ánimo, una forma de estar y actuar, que es innata en el ser humano. Por lo tanto no tine que estar cargada con una significación negativa.

¡¡Pobre de aquel que no haya sentido miedo alguna vez!!

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La noche en que los grillos callaron

Eran casi las doce de la noche cuando Carlos viajaba por la carretera su auto último modelo. Se lo había regalado su empresa, por el buen desempeño en su trabajo.

 

Se le hacia tarde, nunca se había quedado tanto tiempo en su trabajo, mucho menos dejara su esposa con la cena servida. Trató de llamarle dos veces, desde el celular, pero en vano, la señal estaba muerta. Encendió la radio, una música relajante empezaron a salir de los altavoces, casi se queda dormido, pero reaccionó justo antes de que saliera de la carretera y se estampara en una enorme roca. La parte de enfrente del auto quedó reducida a cacharro.

 

-“Maldita sea. – se dijo. No sabia en que parte de la carretera estaba. Ningún auto pasaba por ahí, el silencio era espantoso. Si no fuera por los grillos que esa noche cantaban más desenfrenados que antes. O quizá nunca les había puesto atención. Caminó un poco, hasta que encontró un señalamiento donde le decía que estaba justamente en el kilómetro 666, eso quería decir que estaba al otro lado de su casa.

 

La carretera rodeaba la montaña, él estaba justamente del otro lado de la montaña y su querido hogar quedaba precisamente del otro lado. Si quería llegar temprano tendría que acortar el camino por el bosque.

 

Dio los primeros pasos. Pero en ese momento los recuerdos vinieron a su mente, estaba en el bosque al cuál su abuelo le hizo muchas advertencias. No debía el por ningún motivo meterse a ese lugar. “Una maldición nos está esperando a todos los de esta familia, hijo. No debes por ningún motivo introducirte a ese bosque, jamás”. Toda su vida la había pasado en ese lugar. Jamás, así como lo dijo su abuelo, ni siquiera de curiosidad entró al bosque de la montaña.  “No debes meterte, porque entonces los grillos dejarán de cantar y ¿tu sabes porque los grillos cantan?” No, no lo sabía, pero su abuelo se lo dijo: “Los grillos cantan para que no se escuchen los gemidos de los muertos, si ellos callaran, oiríamos claramente los sonidos del más allá”.

 

Le dieron ganas de reírse, ¿Cómo se ponía todavía a creerle a un anciano que hacia mucho que no veía? Además él ya es un adulto, por lo tanto no deben asustarle esas historias para niños.

 

Cruzó la cerca que separaba la carretera de la montaña, justamente por donde el pasó había un letrero, como si fuera nuevo, se veía claramente a la luz de la luna la advertencia “NO PASAR Y SI PASAS ES BAJO TU PROPIO RIESGO”. Claro que por supuesto que no hizo caso a eso. Tenia que llegar a tiempo, ya hacia hambre, sus tripas le anunciaban, más bien, le exigían que quisieran comida.

 

En cuanto cruzó la cerca, los grillos callaron. Pensó que era su imaginación, así que hizo caso omiso, siguió su camino. No había avanzado mucho, cuando empezó a escuchar gemidos, susurros, algo estaba en el bosque y no era normal.

 

Recordó entonces la historia de su abuelo:

 

            “Hace muchos años, mi tata tatarabuelo pertenecía a la santa inquisición, eran tiempos de la conquista, así que le tocó torturar a muchos indígenas para que se cambiaran a la religión católica. Miles murieron con esas torturas, algunos otros fueron condenados a la hoguera. Todos fueron sepultados en esa montaña. Una ocasión les tocó torturar a un hechicero maya, este antes de morir, le lanzó una maldición: Cuando ustedes o alguno de sus descendientes cruce por esos lugares donde todos estaremos sepultados, los grillos callarán, escucharán nuestros gemidos y entonces nuestra venganza empezará. No importa si pasan millones de años, la maldición será por siempre hasta que cumplamos nuestra venganza”.

 

No dejaba de ser solo una historia, pero en esos momentos empezaba a creer en las palabras de su abuelo. El silencio era espantoso, las voces que se escuchaban a lo lejos también. Sacó de su bolsillo el Ipod que había comprado la semana pasada y le subió todo el volumen.

 

Por un momento dejó de escuchar aquellas voces siniestras, si todo iba bien, en una hora estaría en su casa.

 

Pero no iría bien, una espesa niebla empezaba a nublar todo a su alrededor, las voces volvieron  y ni todo el sonido de su reproductor de mp3 podrían callarlas. El viento era más fuerte, las ramas se movían, se veían como esqueletos vivientes moverse al ritmo del aire. Pensó que todo era parte de su cabeza, de repente las historias de su abuelo estaban volviendo a la realidad. La tierra empezó a temblar, pero no notó nada extraño. Solo las voces, esos quejidos que venían del más allá, esos susurros que le decían: “Ven con nosotros, nos perteneces”. Un olor a podrido empezó a llegarle a sus fosas nasales, asqueroso, nauseabundo. Le dieron ganas de vomitar, pero se contuvo, se dio prisa.

 

Mientras caminaba, notó que sus piernas temblaban, no lo podía creer, tenia miedo, mucho miedo, le dieron unas ganas intensas de reír, las historias de su abuelo daban resultado, un poco atrasado, porque de niño nunca le dieron miedo, pero ahora, todas aquellas advertencias que le había hecho, empezaba a creerlas como ciertas. Sacudió su  cabeza, tratando de desterrar esas ideas, pero las voces ahí estaban, esos quejidos maléficos, terroríficos.

 

Cobró conciencia de que estaba solo en ese lugar, no había nadie mas que el. Se sintió miserable, así que le apresuró a su paso. De repente todo empezó a dar vueltas y ya no supo donde estaba, sabia que se encontraba en medio del bosque pero no sabia en que dirección estaba su casa. Eso le dio mucha impotencia, le dieron ganas de llorar, de gritar que se fueran esas voces de su cabeza, que lo dejaran en paz, pero los susurros seguían en sus oídos.

 

Abatido, se sentó a un lado del tronco de un árbol. Tenia que pensar en algo, quizá si se dormía un rato y esperaba que amaneciera todo estaría mejor. Pero el frío era intenso, un frío que le calaba hasta los huesos. Puso sus manos en el suelo, mientras el se recostaba un poco con la cabeza apoyada en el tronco de ese árbol. Pero con una de sus manos tocó algo que lo hizo estremeserce. Aparentemente era una rama seca que se había caído de algún árbol, pero al empezarla a tocar, al usar su tacto, le encontró cosas no muy comunes en las ramas secas. Entonces la acerco a la vista de sus ojos, para que la luz de la luna iluminaran un poco aquel objeto y entonces la miró, su vista se le quedó clavada un poco, hasta que reaccionó y se dio cuenta que lo que tenia en su mano, era eso, una mano, un pedazo de esqueleto. Aventó el miembro lo mas lejos que pudo. Su corazón latía a mil por hora. Ahora su miedo era demasiado. No sabía como saldría de aquel lugar y cuando dejaría de escuchar el quejido de los muertos.

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Archivado bajo W - Cuauhtémoc