Archivo del Autor: Alerion Finigor

Entre el humo del cigarro

Detesto el ambiente en los locales de fumadores, al menos en aquellos donde, efectivamente, la gente fuma. Es terrible el sentir la vista nublada por el insoportable humo que sale de esos pequeños tubitos rellenos, que quema los ojos e irrita la nariz.

Sin embargo, lo que más detesto es, lejos, el que mi vista quede distorsionada merced de una nube no precisamente llena de lluvia, que por deseo de alguien con ganas de crearla, debo soportar. Eso de ver todo como si estuviera caminando en la niebla, como si todos fueran ángeles rodeados por un aura: un aura turbia, un aura sucia, un aura contaminada.

Ese día no era diferente.

Las risas y los sonidos de voces conversando sin importar lo que ocurría alrededor, se fundían con mi sentimiento de soledad que desbordaba por mi ropa y despedía un hedor percibible a kilómetros. Había pasado a tomarme un mokaccino de esos que me hacen soñar, pero lamentablemente, entre tanto estruendo (inconcebible para las cuatro de la tarde), era difícil poder soñar algo. Además, la ya enfermante y descrita bruma ya había tomado en el cielo raso, y no tenía para cuando irse.

Miré mi taza con la esperanza de encontrar un cuento allí flotando, pero nada. Esta vez, el mokaccino a medio terminar no tenía nada que ofrecer.

No tenía como imaginar que sería la odiada bruma la que me traería algo.

Parecía un espejismo en medio de la ciudad, un reflejo perdido de cristales rotos en una vidriería antigua, que quedó por allí vagando sin saber que su tiempo había acabado. Como las gotas que caen de una ducha recién cerrada, esas que no se atreven a dejarse llevar por miedo a ser rechazadas, así salió ella de la densa neblina: tímida, mirando alrededor con cara de perdida, de haber entrado sin querer hacerlo, de querer salir inmediatamente pero sin seguridad de cómo.

Me quedé absorto un momento, pensando, solamente, que para que quería sueños con realidades como aquella.

No supe bien que hacer, si levantarme inmediatamente y decirle algo, o quedarme un rato más a observarla.

Reconozco mi error; sería inmaduro culpar al humo de mi cobardía y dejar que se marchara, aún cuando podría haberme levantado y ofrecerle la mitad del café que me quedaba, o simplemente haberla acompañado afuera e inventar alguna excusa para saber como se llamaba.

Aunque odio el humo, sigo volviendo siempre al mismo local. El ambiente sigue siendo pésimo, y el mokaccino trae sueños muy de vez en cuando; pero me encanta imaginar que, de entre la bruma, de nuevo saldrá un ángel, ese envuelto por su propia aura que de turbia no tenía nada.

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Nacionalismo

No sé si será la fiebre mundialera, o quizás una señal del destino; pero podría jurar que, en la sopa de letras que tomé en la mañana, los amoldados fideos formaron las palabras “Chile dos, España cero”.

Y si, la coma estaba incluida.

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Carta al Director

Señor Director:

Le envío el informe mensual que me tiene encomendado. Sé que probablemente nunca les presta atención al ver la dirección desde la cual se lo envío, pero le ruego lea este detenidamente, pues lo que viene a continuación es realmente intrigante.

Hace aproximadamente dos semanas he comenzado a notar una actitud extraña en los individuos que tengo que vigilar. Si bien he pasado los últimos tres años en este empleo, jamás había visto algo similar.

Como dije, el fenómeno empezó hace unos dieciséis días. Comenzó lentamente, pero ha aumentado de manera gradual, hasta el punto de que, hoy día, me es imposible pensar que se trate de una coincidencia, como consideré cuando vi lo que ocurría por primera vez.

Por razones que me son desconocidas, los humanos están volviendo a su punto de origen. No sabría explicar porque, pero por algún motivo, grupos inmensos de personas se están moviendo en dirección a la porción de tierra que según hemos determinado, fue donde primero aparecieron.

Si bien todavía no han dado señales, no puedo dejar de pensar que están organizando alguna especie de ritual, pues se están esmerando de sobremanera en organizar algún tipo de evento. Además, están claramente divididos en sectores diferenciados por colores, y que se organizan en torno a un núcleo, en el cual todas las mañanas y tardes observan una especie de danza realizada por una veintena (según lo que se puede observar) de, aparentemente, deidades, en la cual utilizan una esfera de colores variados.

Aunque no estoy seguro de la real importancia de este hecho, no puedo dejar de expresar mi preocupación. Estaré especialmente atento mañana, puesto que varias pancartas, ubicadas en distintos lugares alrededor del planeta, señalan el 11 de junio como una fecha importante.

Esperando instrucciones lo más pronto posible, se despide

Javier, Encargado Marciano de la Observación Terrícola

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Disculpe usted

Disculpe por molestarle a esta hora. Salí hace ya unas pocas de mi casa a conocer el mundo y de alguna manera llegué acá.

Si quiere cerrar la puerta, lo entiendo perfectamente. No conozco su rostro y por eso sé que usted no conoces el mío. Pero he estado pensando mientras mis pies se arrastraban jalados por algo que no tengo idea que era, y me gustaría decírselo antes de que las palabras se fuguen de mi mente con esta brisa que desde algún lugar se alza.

Pensé en que de alguna forma, todo tiene que cuadrar. Que incluso aunque el mundo sea redondo tiene que haber un lugar en que todo se junte, tiene que haber un momento en que la verdad te llegué de golpe y te deje quieto un segundo y te diga al oído “sí, aquí estoy”; un momento en que todo tenga sentido y en que las dudas más profundas encuentren las respuestas más obvias. En que las curvas se vuelvan rectas y las aristas se junten.

Pensé que quizás si hay eso que llaman destino. Que entre las hojas que caen de los árboles si hay un curso definido, que entre las olas del mar ya hay un mensaje escrito, que entre las nubes ya están prediseñadas las formas. Que las gotas de lluvia saben de antemano donde caer y que el sol ya sabe a qué lugar exacto llegara cada rayo que de su cuerpo emane. Que quizás si hay caminos que se atraviesan y se entrecruzan y que chocan y vuelven a chocar; que si hay momentos en que cuando crees que no das más, das más solo porque tienes que darlo. Que hay veces en que cuando no sabes que paso das, lo das igual y resulta que es el correcto.

Pensé que si hay viento no puede estar todo mal. Que si hay cielo no puede ser todo negro, que si hay verde es porque hay algo que sea bueno, que si fluyen los ríos es porque tienen adonde llegar, y si tienen adonde llegar es porque les interesa seguir llegando, y si quieren seguir llegando es porque tienen razones para llegar. Y si ellos quieren, nosotros queremos también, y si ellos pueden, nosotros podemos también, y si ellos tienen un por qué, nosotros tenemos más.

Pensé que las estrellas son las letras del libro que siempre ha estado escrito, que salen cada noche para recordarnos que siempre hay un cómo. Pensé que la luna es la musa que tranquila duerme para demostrarnos que las letras dicen cosas ciertas, y pensé también que el sol era el padre que desde lejos se encarga de que esté dormida.

Pensé en que si no sabes que hacer, lo que tengas que hacer te encontrará, y si no te encontrará te dirá como encontrarlo, y si no te dice como encontrarlo, es porque puedes encontrarlo por ti mismo y si sigues buscando lo encontrarás.

Pensé que yo no sabía qué hacer ni adonde ir ni a quien querer ni a quien extrañar. Pensé que ya no sabía adónde dirigir mis pasos y que al final iban a terminar perdidos y vagando como lo hacía y sigue haciendo y seguirá haciendo mi distraída mente. Pensé que yo necesitaba una verdad que me encuentre, una estrella que me escriba, una luna que me lea y un sol que me proteja. Pensé que yo necesitaba un fin en la arista.

Y de pronto me tambaleé caminando y sentí que me caía, y comprendí que la verdad me había golpeado y que no tenía más que aferrar ese puño.  Y comprendí que mis preguntas habían sido contestadas y mis caminos iluminados, que había encontrado el capítulo que me faltaba. Y alcé la mirada y vi la puerta y supe que la puerta era mi verdad… que la puerta era mi vértice. Y me acerqué a ella y la toqué y usted me abrió la puerta.

Usted, que me mira con ojos asombrados porque no entiende que hace un loco dirigiéndole la palabra. Usted que no comprende ninguna de las cosas que le digo. Usted que mira mis ropas raídas y mi cabello sucio, y que trata de encontrar mirando mis ojos algo de cordura, mirando mi boca algo de verdad, mirando mi cuerpo algo de absoluto. Usted que quiere cerrarme la puerta pero la detiene algo que no sabe qué.

Porque a veces, a veces, la mayoría de las veces, la verdad y el camino y la razón… tienen forma de persona.

Y ahora entiendo que la puerta no era la arista sino el último centímetro del vértice. Ese que me separaba de usted, que con su rostro acaba de darle sentido a una carretera desviada. Mi vértice extraviado, mi límite perdido, la desazón de mi llamado.

Me puede cerrar la puerta y confirmar la teoría de que soy un loco cavilando sobre cosas sin sentido y llegando a conclusiones con menos sentido aún. Puede darme la espalda, y yo comprenderé que simplemente todo lo que le dije fue producto de una alucinación producida por la desesperación de entender lo que nadie ha entendido y resolver el puzle mayor. Puede decirme adiós, o hasta marcharse sin decirlo. Pero también puede quedarse aquí y seguir mirándome como lo hace ahora.

Porque no hace falta que diga nada. Solo míreme y piense. Quizás, esta vez, la verdad si le habló y le golpeó la puerta.

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Coleccionista

La encontré abandonada en el rincón más oscuro de ese edificio. Tirada en el piso, su soledad era tal que ni el polvo la había alcanzado. No sé cuánto tiempo habrá estado allí, cuantas veces habría visto las luces encenderse y apagarse, hace cuanto que un viento fresco no le acariciaba la piel.

No sabría describir lo que me pasó cuando vi su vestido de dos colores. Supuse que era una especie de hambre; luego, ansiedad; finalmente, solo puedo decir que era sed. Sed de tomarla en mis brazos, de acariciar su cuerpo, de arrancar su vestido y, y, y… destrozarla, como a las otras…

Si, debía advertirles antes: durante mis noches aciagas, descargo mi desazón con inocentes que de casualidad se cruzan en mi camino. Disfruto acariciarlos, esperanzarlos, hacerles sentir que los buenos de verdad consiguen algo bueno, hacerles sentir cómodos, que han ganado un amigo, para luego acabar con ellos.

Esta debía ser mi presa más grande. La más perfecta, la más hermosa, la más majestuosa. Era una diosa entre los dioses, una venerada entre los idolatrados. Bastaba ver su fina vestimenta… y lo agraciada de su figura. No podía esperar para llevarla a mi casa y hacer de ella lo que había hecho con ya tantas…

El hoyo en la parte de atrás de mi patio ya estaba hecho. Lo hice tiempo atrás; hice varios de una vez, para ahorrarme el trabajo más adelante.

Cayó rápidamente en mis brazos. Bastó un amago de sonrisa y tenderle la mano. Aceptó, encantada de al fin tener a alguien. A veces me pregunto, ¿por qué siempre los mejores terminan solos?

Quizás es porque, acompañados, podrían hacer mucho. Aunque, la verdad, yo no soy una buena compañía.

Subió a mi auto sin decir ni una palabra; yo tampoco le dirigí ninguna. Solo de vez en cuando me volteaba y la miraba, y apreciaba lo ceñido que se veía su vestido… Y sentía como la sed hacía que mi garganta quemara. Casi detengo el auto ahí mismo y hacía lo que moría por hacer.

Pero no. Tengo un esquema, una rutina, un plan que seguir a la perfección. Un solo quiebre, y quizás me quiebre yo. Una mente estructurada debe seguir su estructura.

Llegué a mi casa unos minutos después de haber encendido el motor. Las luces estaban prendidas; no me gusta perder tiempo en preparar el ambiente. Prefiero dejarlo listo, y no darme rodeos, para así llegar e ir directo al grano.

Me bajé del auto, le abrí la puerta a mi visita y me la lleve en mis brazos. Una vez adentro, la deposité sobre el sillón que adorna mi living, y me preocupé de que estuviera cómoda mientras yo iba a la cocina. Ella seguía ausente, y mientras me alejaba, la miraba. Era, sin duda, la víctima más hermosa de todas las que había tenido.

Hasta ese momento, al menos.

No sé si no habrá visto el cuchillo que llevaba en mi mano, o lo vio y se resignó a lo que iba a pasar, pero, mientras me acercaba a ella, no hizo ningún movimiento. Me pareció que se estremeció un poco cuando recorrí su piel con el frío acero, pero no podría estar seguro. Si lo hizo, fue levemente… y no lo hizo de nuevo.

La consentí un poco. Le dije palabras lindas, y recorrí su cuerpo con mis manos y el cuchillo. Traté que se relajara. Le dije que no tenía nada en su contra, que no era porque hubiera hecho algo malo. Que simplemente… me había gustado demasiado.

Y, de súbito, no me aguanté más, y hundí la punta del cuchillo en su piel.

Sentí como las membranas de la piel se rompían y como el metal iba rompiendo tejidos mientras avanzaba. Noté la emoción que me recorre cuando me doy cuenta de lo que está pasando, ese escalofrío nervioso de sentirme con poder absoluto.

No noté cuando empezó a emanar de la herida líquido rojo. Pero cuando lo hube hecho, me lo limpie con la lengua de las manos y me puse manos a la obra. Lenta, muy lentamente, comencé a cortar pedazos, que me iba metiendo a la boca y comiendo. Me tomé mi tiempo; no tenía prisa. Además, sabía que no era necesario terminar completamente en ese momento. Mi refrigerador era grande, y cabían algunos trozos.

Terminé solo cuando estuve satisfecho. No es fácil satisfacerme, pero esta vez la piel y su interior estaban suaves y tiernos, y me conformé al poco rato. Así que fui, poco a poco, con paciencia, poniendo las piezas restantes del refrigerador, hasta que solo me quedo una.

Siempre guardo una parte de mis víctimas. Las dejo como recuerdo para más adelante, y las entierro en la parte de atrás de mi patio, en los hoyos que dejo hechos de antemano.

Cuando salí a enterrar este último, me sentí orgulloso de mi obra.

Ahí estaban, un naranjo, un manzano, una mata de frambuesas, un mango, una planta de plátanos, un durazno, un damasco y un peral, recibiéndome con sus brazos (o ramas) abiertos.

Lentamente, me acerqué al agujero ya excavado y enterré el último trozo de la sandía que me había comido.

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Tierna y dulce historia de amor

Que canción que es esta… La primera en mostrarme la genialidad de Serrano, la identifico con un momento porque, al cambiar sutilmente algunas porciones de la letra, se adecuaba bastante bien a mi realidad, cuando recién comenzaba mi relación con la persona con que actualmente estoy.

Es mi deber mencionar la canción Puede Ser, del Canto del Loco, que si no fue la elegida fue por recordarme una parte oscura del momento mencionado anteriormente.

Mientras el metro avanzaba y lo llevaba a la estación en que debía bajarse, miraba por la ventanilla. A pesar de que no estaba en la parte que pasaba por la superficie, encontraba algo hipnótico en las pequeñas luces azules que estaban en las paredes del túnel.

Miró su reloj. Las siete y cuarenta y tres. Iba a llegar justo.

El metro paró. Afortunadamente, la estación no estaba llena y le fue relativamente fácil salir de ella. Enfiló, con la cabeza gacha, el camino hacia su casa.

Su zapato estaba desabrochado, pero era más urgente llegar a la hora.

Justo cuando su reloj arrojaba un pitido para dar a entender que eran las ocho, tocó la puerta y le abrió una mujer. Hermosa como ninguna otra, radiante, con un delantal blanco, las manos con harina y su pelo recogido en un tomate. Se miraron con unos ojos ilusionados y con un amor nuevamente renovado; luego, el la abrazó, la besó en la boca y la siguió a la cocina.

Ni siquiera miró el artículo enmarcado que tenían en la entrada, ese de Pedro J., un editorial, que guardaron para reírse de esos tiempos ya pasados.

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Discurso de una autoridad pública de un país importante en un futuro incierto

Quizás sea trampa, pero no se me ocurrió nada más, era un poco extraño el tema…

En un futuro incierto, en una conferencia de prensa de un gobierno de algún país que en ese tiempo es importante.

-Ciudadanos de todo el mundo, autoridades de los países, habitantes ilegales: me encuentro aquí en representación del país más poderoso del mundo y cuyo nombre es tan obvio que ni siquiera voy a gastar saliva en mencionarlo, a pesar de que he gastado mucha más en decirles esta larga excusa. Estamos aquí para comunicarles un descubrimiento científico que nuestra élite intelectual ha realizado en los últimos días.

“Como muchos sabrán, el funcionamiento de la cabeza humana y como esta es capaz de pensar de la forma que lo hace, es un misterio que no ha podido ser esclarecido del todo. A pesar de que con el tiempo hemos podido hacer avances, al punto de que ahora podemos introducir pensamientos en las cabe… (corte de sonido, pantalla en negro, vuelve en un momento) hemos podido hacer avances, decía, todavía nos queda un mundo entero por avanzar en este campo.

“Por razones netamente científicas y por ningún motivo bélicas o económicas, hemos destinado gran parte de nuestros fondos destinados a la ciencia a esclarecer estos misterios, pues hay teóricos que sostienen que, de liberar un poco más la tremenda capacidad de nuestras mentes y utilizar algo más que la pequeña porción que utilizamos de nuestros cerebros, podremos hacer cosas que hasta ahora solo nos parecen magia. Así, hemos esperado avances que, si bien han tardado en llegar, por la complejidad que significa estudiar el pensamiento, no nos cabe duda arribarán algún día a revolucionar la ciencia.

“Y el primer avance que no envuelve la manipulación mental ni el lavado de cere… (otro corte, pantalla en negro, aparece el locutor sobándose la cabeza) Disculpen por los problemas de señal. Como decía anteriormente, el primer avance que nuestros científicos nos han entregado desde que empezaron su investigación ha llegado a nuestras manos dentro de la semana pasada, y hemos decidido revelarlo hoy día. Guarda relación con la memoria.

“Hemos conseguido ampliar la capacidad de recordar de una persona en cantidades que no tienen mínimos ni máximos, lo cual amplía la capacidad de recolectar eventos o situaciones, y además acelera y facilita la asimilación de datos que desean ser archivados.

“Sin embargo, la mejora de esta capacidad implica ciertos efectos secundarios que todavía no hemos sido capaces de neutralizar. A pesar de que no son de gravedad, nos hemos sentido moralmente obligados por nuestra tremenda consciencia social y preocupación por los ciudadanos, de darla a conocer.

“Los efectos secundarios menores e insignificantes que encontramos son: paraplejía en varias partes del cuerpo, pérdida de la capacidad de movimiento ocular, es decir, de los ojos, incapacidad de sonarse la nariz y una poco notoria caída del cabello en la parte de las patillas, además de una disminución en la capacidad de comunicarse oralmente con otros seres vivos.

“Lamentablemente, en el nombre de la ciencia, nos vimos obligados a obviar estas poco relevantes consecuencias y hacer caso omiso de los derechos humanos que nuestro propio país se encarga de fiscalizar, para experimentar en los prisioneros que nuestro país alberga en cárceles subterráneas ilegales estos descubrimientos (nuevo corte, más prolongado; el locutor aparece despeinado, un ojo más rojo que el otro y la corbata chueca). Lamento las nuevas interrupciones. Como iba diciendo, nuestra tremenda noción y consideración por todo lo que respecta a los derechos humanos no nos ha permitido probar esto en humanos, aunque si podemos decir, casi con certeza, no con certeza absoluta porque, les reitero, no hemos probado nada de esto en humanos, que estos descubrimientos han sido plenamente ratificados.

“Se preguntarán ustedes cuál es la utilidad de todo esto. La respuesta es sencilla: se nos está acabando la materia prima de producción de discos duros, los libros ya no son rentables y ya no tenemos otras formas de almacenar información, por lo que en un futuro no muy lejano, no me cabe duda que serán ustedes y no nosotros los que obviarán los derechos humanos en su propio beneficio, cosa que nosotros, reitero para que quede claro, nunca hemos hecho.

“El detalle de toda esta investigación la pueden encontrar en nuestro fiel servidor Google, bajo el nombre de “La Vaca Paca”. Por su atención, muchas gracias.”

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