De un Balrog y pistolas de agua

No recuerdo en qué fecha mi mente proyectó, dormida, esas imágenes que me hicieron reír cada vez que las recordaba. No recuerdo si la ventana estaba adornada con la lluvia que normalmente viste a mi Valdivia. No recuerdo cuantos años tenía. Solo sé que, esa noche, tuve un sueño que por lo descabellado, me atrevo a tildar de, al menos, el más estúpido que he tenido yo.

En él, aparecíamos varios amigos y yo en el gimnasio del club deportivo Phoenix, jugando (aquí los detalles comienzan a ser difusos) tenis o fútbol, no podría precisarlo bien. Éramos unos cuatro o cinco.

De pronto, sin previo aviso, el techo fue arrancado por una figura de fuego que calza perfectamente con el Balrog del Señor de los Anillos, la cual nos quedó mirando con una expresión de querer asesinarnos.

Escapando de el de una forma que solo es posible en los sueños (en ninguna otra parte, en todo caso, sería posible ser atacado por un Balrog) logramos salir del gimnasio y llegar al pasto de afuera. Sin embargo, la gigante criatura simplemente se volteó y nos tuvo nuevamente en su punto de mira.

No sabíamos que hacer. ¿Cómo derrotar a un monstruo inexistente, siendo nada más que un grupo de niños que solo había ido a jugar fútbol o tenis?

Súbitamente, uno de mis amigos tuvo una idea magnífica: ¡la piscina! No se encontraba tan lejos, y si lográbamos hacer que el monstruo de fuego entrara en ella, seguramente se apagaría (eso nos decía nuestra lógica infantil) y nos dejaría seguir practicando nuestro deporte en paz.

Corriendo, nos dirigimos a la piscina, dispuestos a llevar a cabo nuestro magnífico plan. Pero como los sueños deben ser emocionantes, la piscina, contra nuestros nos pronósticos y el magnífico sol que había fuera del gimnasio, estaba vacía.

Parecía nuestro fin. Acechados por el infierno materializado en una criatura imaginaria, mis amigos y yo no teníamos a donde más ir. Pronto, una lengua de fuego nos alcanzará, poniendo fin a nuestras noveles vidas y extinguiendo, de paso, un sueño para convertirlo en pesadilla.

Porque son pocos los que ven la muerte como bendición.

Pero en los sueños todo es posible y no hay límite entre lo real y no imaginario, entre lo posible, entre lo lógico… y lo absurdo. Y lo que paso después, simplemente, fue tremendamente absurdo.

Mágicamente, el tiempo se paralizó y la figura de fuego quedó quieta, mientras un personaje desconocido para mi salía (con música de fondo) de los arbustos y nos miraba sonrientes, mientras nos ofrecía con sus manos unas tremendas pistolas de agua.

-¡Prueben las nuevas Match Soccer 3000! – nos dijo, ofreciéndonos una a cada uno (no recuerdo mucho si ese era el nombre, pero estoy casi seguro que si).

Asombrados, todos tomamos nuestras nuevas armas esperanzados, mientras veíamos como el personaje desaparecía y dejaba, a su paso, la piscina llena de agua. Con mis amigos llenamos nuestras nuevas pistolas hasta el tope con el agua de la piscina, y luego apuntamos a la criatura de fuego hasta dejarla completamente extinguida.

Me desperté justo cuando la última brasa del monstruo se extinguía, con una sonrisa en los labios y la certeza de haber tenido, sino él, uno de los sueños más estúpidos del mundo.

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6 comentarios

Archivado bajo Alerion Finigor

6 Respuestas a “De un Balrog y pistolas de agua

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. jajajajajajajajajaja… desde luego toda una aventura!!

  3. Un relato con ritmo trepidante. Me atrevería a interpretarlo como que en esos días debía hacer muchísimo calor y necesitabas refrescarte.

    jajajajajajajajajajaja!!!!

    Saludos.

  4. Pues a mí no me parece tan estúpido, librarse así de un monstruo llameante no es moco de pavo.

  5. Así se forman los héroes, sí señor. Ojala todas las pistolas fuesen de agua.
    Un saludo ciudadano.

  6. Bueno, a mi me tranquiliza saber que no soy la única (con tu permiso) boluda que sueña con personajes de el Señor de los Anillos.
    ¿No son geniales los sueños estúpidos?

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