Archivo del Autor: Sara

¿Nos involucramos?

Estamos todos reunidos en torno a una mesa circular. El jefe parece preocupado. Está claro que la empresa necesita un cambio. Varios de los redactores hemos mostrado nuestra desmotivación, despiste, falta de ánimo y de interés a lo largo de las semanas.

Estamos en recesión y eso pasa factura en la productividad. El jefe nos pide que nos involucremos, que hagamos nuestras sugerencias y aportemos ideas y opiniones. Que formemos parte del proyecto común y entre todos le demos un giro para poder resurgir.

El ambiente está apagado, y los folios destinados al ‘brainstorming’ aparecen en blanco. Las miradas se esconden entre el humo del cigarro y los espíritus emprendedores que querían asomar el primer día de trabajo se encuentran ahora dormidos.

Quizá deberíamos empezar por… dejar de fumar para descubrir nuestras miradas.

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Rapsusklei

Perdón perdón, casi no llego. Estoy aún reflexionando sobre la despedida de Sonvak, tragando 3 partidos de fútbol diarios, e intentando entregar todos los trabajos a tiempo. Hasta se me olvidó que era lunes… en fin.

Con mi estilo musical habitual, os dejo con un tema rapidito, de Rapsusklei, llamado Sopa de letras (por supuesto).

Disculpad mi precipitación pero ¡no doy más!

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A Dani

Suena el teléfono. Es mi madre, para contarme la crónica diaria de lo que sucede a su alrededor.

La última noticia, ha muerto un chaval de un pueblo cercano, de mi edad, pero no sabe exactamente quién. Eso sí, por lo visto ha salido en el periódico.

Me pongo a buscar en los periódicos locales y regionales desesperadamente, y nada. El único dato que me ha dado mi madre es que era uno rubio. Empiezo a darle vueltas a la cabeza cada vez más preocupada, no es que los rubios abunden en esa zona de montaña…

Tú eres el primero que me viene a la cabeza. Tu pelo amarillo y tu piel albina son inconfundibles. Tengo que comprobarlo antes de volverme loca. Empiezo a hacer llamadas a las personas que te pueden conocer. Desafortunadamente no tenemos amigos en común para que me hayan avisado a tiempo. Finalmente, alguien que no te conoce, pero que se lo han contado, pronuncia tu nombre cuando le pregunto quién ha muerto el fin de semana.

El impacto hace que se me caiga el alma a los pies, y en un par de minutos pasan ante mí todos los momentos que vivimos juntos (jugarretas de la mente). Ese cumpleaños adolescente en el que escogiste como regalo algo de lencería. Ese desgaste de pulgares los fines de semana cuando Movistar nos regalaba los SMS. Tu eterno parecido con todas las estrellas checas, rusas, lituanas y eslovacas en Eurovisión.

Tu compañía cuando me tocaba ir al monte a hacer reportajes sobre motos. Tu pregunta, que nunca faltaba, sobre mi paradero en cualquier rincón del mundo. Tu sorpresa al verme aparecer de un momento a otro y sin avisar, en tu pueblo.

Esa última Nochevieja que pasamos juntos, haciéndonos un montón de fotos (como cada vez que nos veíamos de fiesta, la cámara no podía faltar). Por eso tengo las pruebas gráficas de todos nuestros momentos, para revisarlas cada vez que me entre la nostalgia.

Ya hace una semana que te fuiste. Nunca te olvidaré.

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Arte del movimiento

Querido director/jefe/Sito:

Sabes, por experiencia, que lo mío no tiene solución. No sigo unas normas, no cumplo las reglas establecidas, y soy imprevisible. Sé que a veces me temes porque no sabes por dónde puedo salir cada lunes.

La cartita ya te la escribí la semana pasada, si mal no recuerdo… y aquí sigo, viviendo en el archivo de la oficina. Vuelvo a tomar el camino fácil, si no te importa (y si te importa, pues me da igual :p) y apoyo el tema semanal en un vídeo.

No es una canción. Danza, arte en movimiento, cuerpos meneándose al compás de la música. Espero que lo disfrutéis.

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¡Que no!

No me iré mañana. He recibido la carta de despido, con un SUSPENSO bien grande impreso en letras rojas. Pero no, querido jefe, yo de aquí no me muevo. No sé si eres consciente de los tiempos que corren, pero no es fácil encontrar trabajo fuera de aquí. Así que me pienso agarrar a mi puesto de redactora lunática (por eso de los lunes, no por otra cosa) como a un clavo ardiendo.

No puedes echarme así por las buenas. Entiendo que estás cansado, agobiado, sin apenas tiempo para dedicarle a la oficina, y que los empleados te ‘chinchamos’ , pero hay que darte un poco de vidilla de vez en cuando para que no nos dejes abandonados.

Habrás podido ver que en el cuarto del archivo hay una cama. Sí, has pensado bien. Ya que el sueldo tampoco me da ni para pagarme un alquiler… me he instalado en la oficina. ¿Te pensabas que el café por las mañanas se hacía solo?

Yo estoy a gusto aquí. También es verdad que si pagaras más estaría mejor, pero bueno. El contrato no hablaba de eso así que lo dejaré estar.

¿Te ha quedado claro, jefe, que no me iré mañana?

Un saludo de tu querida subordinada.

Sara

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Como el sol cuando amanece…

Genial. No sé si al jefe se le acabaron los temas, o nos quiere poner a prueba. Por si acaso es una semana-trampa, espero salir al paso y aprobar el examen.

Comparto con vosotros el tema ‘libre’ de Nino Bravo, interpretado por Marta Sánchez.

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Noche

Camino sola, por una calle pobremente iluminada por la luz tenue de las farolas que hacen sus últimos esfuerzos por cumplir su misión. Acelero el paso cuando siento crujir el suelo detrás de mí, y mi oído se agudiza como si fuera un doble sentido.

Abandono el callejón y miro hacia atrás: no consigo ver a nadie, seguro que algún animal nocturno me ha asustado. Sigo caminando y observando por si me encuentro con alguien. No me gustan los desconocidos, pero reconozco su importancia para el funcionamiento del ciclo de la vida. Parece que no hay nadie a esta hora, en la que la mayoría de los mortales duermen. Sólo algún vehículo se lanza a lo largo de la avenida de doble sentido, que a primera hora de la mañana sufrirá un ruidoso atasco.

Finalmente vislumbro una persona justo al doblar la esquina. Se trata de un hombre que camina a unos 5 metros por delante de mí con paso ligero. Me detengo y lo observo en silencio: no parece peligroso. Consigo alcanzarlo y cuando estoy casi a su altura, tropiezo ‘accidentalmente’ y se vuelve para prestarme su ayuda.

Le digo que estoy bien, no sin mostrarme un poco a la defensiva. Ha debido de notarme asustada, pues el desconocido intenta tranquilizarme bromeando sobre la situación. Le confieso que me da un poco de miedo volver a casa sola de noche, porque vivo en las afueras y puede ser peligroso. Parece captar el doble sentido de mis palabras y se ofrece a acompañarme si así me siento más segura.

Paseamos en dirección a mi casa, a pesar de ser noche cerrada no hace demasiado frío. No nos cruzamos con nadie en todo el camino. Cuando llegamos a la puerta del jardín, mi amable acompañante se para en seco. Me mira, se ríe y me pide que abandone la broma. Insisto en que entre en mi casa, y le invitaré a algo. Cuando capta que no bromeo, se da media vuelta y se dispone a salir corriendo, pero ya es tarde.

Lo sujeto del brazo con una fuerza brutal y lo atraigo hacia mí. Me lanzo a su cuello, clavo mis colmillos profundamente y bebo sangre caliente. Abro la puerta del cementerio y entro en casa. Empieza a amanecer, es hora de acostarme, no tengo hambre, y sobre todo, ya no tengo miedo.

vampiresa

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