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Que se vayan ellos

Cuentan en Miami que en los años 70 del pasado siglo un periodista comentó a un exiliado:

–Lastima que ustedes no puedan votar ¿verdad? Seguro que expulsarían a ese barbudo hippy.

–Se equivocan ustedes los yanquis –le respondió el exiliado–. Para empezar el barbudo no es un hippy. Estos son pacíficos, él no. Para seguir no les expulsaríamos… lo encarcelaría o fusilaría… como hacen con nosotros. Y para terminar… votamos… ¡Con los pies!

Curiosa expresión “votar con los pies” cuando la única forma de salir de una isla es “a nado” o mejor dicho en barca.

Ciertamente frente a los tiranos la única forma de votar es esa: la huida. Pero aún me resisto a aceptar la dictadura en la que se esta convirtiendo mi tierra. Ciertamente menos asesina, aún, que otras, pero quizás solo sea cuestión de tiempo. De momento no mata personas… sólo cultura e historia.

¡No! ¡No! ¡No! ¡No quiero irme!

Pero quiero que se vayan… ¡Todos!

Quiero que se vaya un jefe de gobierno que ante quienes le plantean los problemas solo ha sabido decirles “antipatriotas”

Quiero que se vaya una ministra de defensa extranjera… que ella misma se considera extranjera.

Quiero que se vaya un fiscal general del estado que acusa a un político de la oposición por tres trajes pero no a uno de su partido por veinte caballos.

Quiero que se vaya un presidente del congreso por los caballos recibidos siendo presidente autonómico, por los “accidentes” (causados por balas y minas) que tuvieron nuestros soldados cuando era ministro de defensa…

Quiero que se vaya un presidente autónomo por recibir tres trajes… o ser incapaz de demostrar que los pagó.

Quiero que se vaya la vicepresidenta… por tener cien trajes (o más) y no justificar como los tiene.

Quiero que se vaya el ex-presidente autónomo (hoy diputado) que forro de Mármol el teatro Romano de Sagunto.

Quiero que se vaya el consejero de cultura que incumpliendo una sentencia del supremo no ha quitado el forro de mármol.

Quiero que se vaya la ministra de cultura que ordenó la destrucción de las esculturas de Juan de Ávalos… o al menos la permitió.

Quiero que se vaya el juez que pidió dinero al banquero y lo exculpo… Y el banquero que pagó.

Quiero que se vaya el presidente autónomo que regalo sardinas al jefe de gobierno… y el jefe de gobierno que la aceptó. Pues si aceptar regalos es delito, hacerlo también debe serlo ¿no?

Quiero que se vayan los más de dos mil diputados de los dieciocho parlamentos… porque no hacen nada útil.

Quiero que se vayan los dieciocho jefes de gobierno… que sólo saben sángranos.

Quiero que se vayan los senadores… pues si los diputados son inútiles… ellos les ganan a serlo.

Si nuestra política económica la hace Merkel… si nuestra defensa se basa más en la OTAN que en nuestro ejercito reconvertido a ONG de la señorita pepis…

Si en la crisis Caritas, Acción contra el hambre, asociaciones locales de caridad y cientos de ONG’s tienen que ocuparse de los más desfavorecidos a los que las autoridades abandonan… si ante una enfermedad tienes que irte a un hospital privado, o esperar la muerte en la lista de espera… Si la única política sanitaria del gobierno es aborto y eutanasia… Si para que mis hijos estudien en español los tengo que llevar a un colegio privado… o extranjero… ¿Para que queremos 18 gobiernos sino para que nos sangren, opriman y manipulen?

No, no me quiero ir… ¡Que se vayan ellos! ¡Todos!

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Noche

Camino sola, por una calle pobremente iluminada por la luz tenue de las farolas que hacen sus últimos esfuerzos por cumplir su misión. Acelero el paso cuando siento crujir el suelo detrás de mí, y mi oído se agudiza como si fuera un doble sentido.

Abandono el callejón y miro hacia atrás: no consigo ver a nadie, seguro que algún animal nocturno me ha asustado. Sigo caminando y observando por si me encuentro con alguien. No me gustan los desconocidos, pero reconozco su importancia para el funcionamiento del ciclo de la vida. Parece que no hay nadie a esta hora, en la que la mayoría de los mortales duermen. Sólo algún vehículo se lanza a lo largo de la avenida de doble sentido, que a primera hora de la mañana sufrirá un ruidoso atasco.

Finalmente vislumbro una persona justo al doblar la esquina. Se trata de un hombre que camina a unos 5 metros por delante de mí con paso ligero. Me detengo y lo observo en silencio: no parece peligroso. Consigo alcanzarlo y cuando estoy casi a su altura, tropiezo ‘accidentalmente’ y se vuelve para prestarme su ayuda.

Le digo que estoy bien, no sin mostrarme un poco a la defensiva. Ha debido de notarme asustada, pues el desconocido intenta tranquilizarme bromeando sobre la situación. Le confieso que me da un poco de miedo volver a casa sola de noche, porque vivo en las afueras y puede ser peligroso. Parece captar el doble sentido de mis palabras y se ofrece a acompañarme si así me siento más segura.

Paseamos en dirección a mi casa, a pesar de ser noche cerrada no hace demasiado frío. No nos cruzamos con nadie en todo el camino. Cuando llegamos a la puerta del jardín, mi amable acompañante se para en seco. Me mira, se ríe y me pide que abandone la broma. Insisto en que entre en mi casa, y le invitaré a algo. Cuando capta que no bromeo, se da media vuelta y se dispone a salir corriendo, pero ya es tarde.

Lo sujeto del brazo con una fuerza brutal y lo atraigo hacia mí. Me lanzo a su cuello, clavo mis colmillos profundamente y bebo sangre caliente. Abro la puerta del cementerio y entro en casa. Empieza a amanecer, es hora de acostarme, no tengo hambre, y sobre todo, ya no tengo miedo.

vampiresa

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Ahora, estoy muerto.

Esta es una precuela… es decir una secuela (en el sentido que la he escrito después) pero que trascurre en un tiempo anterior (desde el punto de vista de la acción) a mi historia ¿Amigo? Publicada en fanfiction.es y en Cuentos de Khrandilhah.

“Ahora estoy muerto” pensaba el elfo mientras se incorporaba del lecho y miraba fijamente al enorme dragón azul que se alzaba a su lado.

Recordaba como le había mordido en el cuello… el dolor, el mareo, la perdida de la conciencia conforme salía la sangre de su cuerpo… Pro también la lenta y dolorosa reanimación mágica, la ingestión del amargo y letal veneno al que fue forzado por medio de la magia y también el dolor… sobre todo el dolor, mientras finalizaba la noche y contemplaba su ultimo amanecer. Su cuerpo se rebelaba contra el agente extraño que había sido introducido por su boca, mientras curiosamente se reanimaba, para rápidamente convertir la fuerza vivificadora del mismo en una fuerza corrosiva, que  le hacia sentir como si le quemaran el cuerpo por dentro.

Horas de profundo dolor y sufrimiento… de perdida continua de control sobre su cuerpo… que le habían llevado a desprenderse de la túnica cuando empezaba a notar que perdía el control sobre sus músculos… y en especial sobre sus esfínteres. Hasta finalmente quedar inconsciente y desnudo en el suelo… en medio de un enorme charco, tumbado por el dolor, pero también por el agotamiento.

– Tenias que regodearte – le espeto el elfo – mostrándome tu poder ahora ¿No?

– Por supuesto – respondió el dragón – si lo hubiera hecho anoche… ayer, te habrías quedado sin cabeza y no le serias útil al Sire…

– Aun lo noto, en mi interior – replico el elfo.

– Eso me dijo que te poseería unos años más… hasta que completaras tu parte del trato.

– He viajado a la lejana Amazonia, traicionado a una amiga… me he humillado entre los elfos del norte para conseguirle un buen candidato que poseer y desde el que dominarlos… ¡Y aun así espera más!

– Te faltan tres seres.

– Los conseguiré – le protesto el elfo.

– Eso espera Él. Pero ahora te será mas difícil.

– ¿Por qué? ¿Porque estoy muerto?

– Sí. Ahora eres uno de los nuestros – le indico el dragón mientras iba reduciendo su tamaño – solo podrás ingerir sangre… que es lo único que saciara el hambre que ahora sientes. Sangre de tus iguales, o al menos de aquellos que sean lo bastante parecidos a ti. Y ya no volverás a ver la luz del sol.

Próximo turno para I – Volvoreta – Activo

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