Archivo diario: 5 mayo 2010

Una canción, un momento

Aunque el tema de la semana parece sencillo (nada comparado con la vaca Paca, vamos) es difícil, o al menos lo es para mi que, como ya he dicho en otras ocasiones, no concibo un día sin música. Dicho lo cual la conclusión inevitable es que casi todos mis momentos tienen banda sonora y para escoger uno no sé si empezar a pensar primero en los momentos y en cómo sonaban o al revés, pensar primero en un tema y recordar luego el momento. En fin, un bucle. Aún así juego con cierta ventaja porque he hecho este ejercicio hace bastante poquito y por partida doble. Casualidades de la vida…

Santiago de Compostela hace dieciséis años nada menos. Recuerdo que fui con unas amigas al concierto un poco por ir y tal cual fan loca acampamos en la entrada del Monte do Gozo por la mañana, bastantes horas antes del comienzo, para conseguir un buen sitio. Y tan bueno que fue. Creo que ha sido el único concierto en mi vida, de esos multitudinarios claro,  que he visto en primera fila pegada a las vallas. Y me enamoré. Del Boss, de su E Street Band, de la música en directo, de la fuerza y de la calidez (que no siempre están reñidas), de su música, de lo que es capaz de transmitir y de Thunder Road. Se me erizó la piel en varias ocasiones en aquel concierto y una de ellas fue cuando sonó. Desde aquel día y hasta hoy es un tema recurrente en mi vida, tarde o temprano siempre vuelve, como hoy.

Años más tarde, en una casita perdida en medio de un pueblo bañado por el río Sil, más perdido todavía y en el silencio de la noche, me la regalaron a la guitarra. Ese instante siempre será muy especial, tanto que a veces pienso que una parte de cómo soy ahora proviene de aquel momento y de aquella guitarra.

El tema aparece incluido en casi todos los listados que se han publicado sobre las mejores canciones de todos los tiempos pero eso, creo yo, es  anecdótico. En directo, de estudio, en acústico, al piano, a la guitarra, con armónica o sin ella, más rápida o más lenta, en solitario, con banda o a dúo, de la forma que sea, tengo claro que siempre estará en mi lista.

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momentos.

Hay muchas canciones que puedo instantáneamente relacionar con momentos concretos. Otras pocas, con etapas de mi vida. Definitivamente no podría nombrarlas todas.
Algunas, como Time of your life (Good Riddance), calaron tan hondo en mí que no creo poder arrancármelas nunca. Esta en particular me hace volver a mi maravillosa era quinceañera, cuando no me importaba nada y estaba llena de sueños y metas e ideales, y estaba más que dispuesta a pelearla, y sin embargo en el momento lo único que hacía era divertirme. Había salido de un pozo catorceañero, de depresión silenciosa y ridícula búsqueda de identidad; y bueno, la canción apareció un día de casualidad. Me la aprendí en la guitarra y la cantaba cada vez que lo sentía, cada vez que estaba feliz o triste.

Algunas, como Sympathetic de Seether, Una triste melodía de No te va gustar, o Everything de Lifehouse, las viví sola, desde adentro hacia afuera, y a veces, si estoy sola y realmente las escucho, me hacen llorar como la primera vez -si es que lloré-. Por otra parte, me tocaron también algunas canciones vivirlas con la gente que más quiero. Por ejemplo, José Sabía, de La vela puerca, me recuerda a las primeras vacaciones que pasé sola con mis amigas, acampando en un balneario. Me había llevado la guitarra y no teníamos música, y justo antes de salir me había aprendido esa. Y entonces no sé, la cantábamos todo el tiempo. Qué vacaciones.
Este año, por otro lado, también me fui de vacaciones con ellas (salvo que tomamos la sabia decisión de alquilarnos una casa). Llevamos parlantes y reproductores, así que la guitarra quedó media tirada. Sin embargo, puedo recordar un momento concreto -unos segundos, tan siquiera- en los que la música me hizo sentirme más unida a ellas que nunca; me sentí una con el ambiente, con el mundo. Lo ridículo es que esto ocurrió en un baile, con lo que los detesto. Esa última canción de los Black Eyed Peas, I gotta feeling, comenzó a sonar. De repente, mis amigas aparecieron de quién sabe donde (andábamos todas perdidas por ahí) y empezamos a bailar como desquiciadas, saltando y riendo…

Y no sé, me sentí feliz.

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