Me da miedo. . . mamá

–              ¡¡¡¡¡¡¡¡Ahora escóndete que pasa un avión!!!!!!!!  ¡¡¡¡¡¡¡¡Venga cerda!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡Muévete!!!!!!!

–          Ya voy. Es que me duelen las piernas.

–          Es que me duelen las piernas –se mofó de ella, imitando su tono de voz lastimero.

Se cubrió con una manta como mejor pudo y se quedó quieta mientras aquel avión pasaba por encima de su cabeza.

–          ¡¡¡¡¡¡¡¡Quieta!!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡¡¡ No respires!!!!!!!!

–          Ya no respiro, te lo prometo

Cerró la boca fuerte como los ojos, que le dolían a rabiar por la fuerza que imprimía a dicha acción.

La postura era difícil pero lo fundamental era adquirir la invisibilidad ansiada que le aportaría algo de tranquilidad y sosiego.

–          Ya pasó, pero eso no significa nada. Ahora debes vestirte.

–          Ya estoy vestid…

–          ¡¡¡¡¡¡¡¡Cállate zorra!!!!!!!! Si te digo que te vistas, te vistes y te callas.       Odio esa voz asquerosa.

–          Ahhh  – suspiró con medio hilo de voz aterrorizada-

Se dispuso a abrir el armario y sacó lo primero que apareció ante sus ojos, arrancándolo de las perchas. A continuación, se vistió, sin desprenderse del camisón manchado y roto que llevaba puesto

–          Ponte un cinturón.

–          ¿Para qué?

–          ¿¿¿¿Quién te ha dicho que puedes hacer preguntas???? ¡¡¡¡Obedece!!!!

Rebuscó en el armario, en los cajones y no encontró nada hasta que por fin lo vio. Estaba colgado al lado de la ventana –ignoraba quién lo habría puesto ahí- y sirviéndose de unas tijeras, consiguió ponérselo tal cual él le había ordenado.

–          Ahora, siéntate en aquella esquina y pon la nariz entre las dos rodillas, y cuenta del uno al ciento cincuenta y uno, sin parar. Si te equivocas, vuelves a empezar. ¡¡¡¡Adelante!!!!

Se arrastró hasta la esquina de aquella habitación, sorteando toda clase de objetos que estaban esparcidos por el suelo y comenzó la cuenta, una vez colocada según las instrucciones recibidas. Al abrir la boca para contar, notó como le entraban las lágrimas que caían a raudales por sus mejillas, incapaz de pararlas ni con los ojos cerrados

Sus ojos que aún permanecían cerrados. Apretados por miedo a abrirlos y encontrar su cara. Debía ser terrorífica y ella no estaba preparada.

–          ¡¡¡¡Cuenta más deprisa, majadera!!!!  ¡¡¡¡No sirves para nada!!!!  ¡¡¡¡Voy a tener que prescindir de ti!!!! ¡¡¡¡Eres una mierda!!!!

–          ¡¡No, te lo pido por favor!!

–          ¿¿¿¿AHORA LLORIQUEOS???? ¡¡¡¡Cállate subnormal!!!

En el salón de aquella casa, se encontraban reunidas cinco personas. Se miraban cautelosas y la tensión era palmaria.

–          ¿No tarda demasiado la ambulancia?

–          Tranquila, cielo. Enseguida llegarán y se harán cargo de tu madre –apostilló uno de los adultos presentes en aquella sala.

–          Es que verla ahí de esa manera. Arrastrada, llorando, hablando sola, me está matando.

–          ¿Y piensas que a nosotros no nos duele?  -acotó otro de los hijos- La última vez que me he asomado, ha cortado la cinta de la persiana y se la ha puesto a modo de cinturón.

–          Me da miedo, Rodrigo, me da mucho miedo que mamá no vuelva ser nunca la misma. Teníamos que haberla llevado antes, cuando dejó de dormir bien.

–          Tranquila Belén –intervino Raquel- No podías imaginar que dormir mal iba a acabar así. Es un brote psicótico. Nos puede pasar a cualquiera y ahora lo mejor es ingresarla. Ya verás como en unos días esto no será más que un mal sueño.

–          Está claro que se ha producido por los días que lleva sin dormir. En cuanto pueda conciliar el sueño………

–          ¿¿¿¿Los oyes???? Están ahí. Te están vigilando. ¿¿¿¿Te convences ahora???? Por eso no quería que durmieras. Tenías que estar alerta. ¡¡¡¡Eres idiota!!!! ¡¡¡¡No te enteras de nada, cretina !!!!

–          ¿Quiénes son?

–          Quiénes son… quiénes son … quiénes son –siguió burlándose con aquel soniquete que le dolía en las entrañas como si se las estuvieran arrancando de cuajo.

Oyeron la sirena de la ambulancia y mientras en el salón todos se pusieron de pie, en aquella habitación, aquella mujer se retorció en el suelo como si la estuvieran matando.

Corrieron a socorrerla, al oír los aullidos de dolor, absolutamente asustados. Se agacharon para recogerla e intentar calmarla.

Mientras le limpiaban las lágrimas y le retiraban el pelo de aquella cara irreconocible, entraron por la puerta aquellos profesionales, provistos de una camilla, que les urgieron a salir de la habitación, y, uno de ellos, presumiblemente el médico, de un maletín.

Permanecieron todos en el pasillo, tras la puerta cerrada, mientras los minutos se les hacían horas.

Cuando por fin se abrió, ella estaba en la camilla, relajada, dormida y con un gotero en su brazo izquierdo.

Tras ellos,  en aquella habitación que parecía haber sufrido un auténtico terremoto, el médico les pidió que el responsable firmara el ingreso, aprovechando para explicarles en qué iba a consistir el tratamiento y cuando podrían ir a verla, si todo transcurría según lo previsto.

Tres semanas más tarde, cuando su hija fue a recogerla para ir a casa, aquella historia parecía un mal sueño.

Sus hijos, sus amigos y familiares, habían estado constantemente a su lado, desde el mismo momento que se autorizaron las visitas. La respuesta al tratamiento había sido estupenda sin embargo aquella laguna en torno al día que la ingresaron,  la creaba un desasosiego que ni el psiquiatra ni la psicóloga pudieron calmar. La aconsejaron que diera tiempo al tiempo, que no se obsesionara con  esas horas.

Llegaron a casa y en su habitación no quedaba resto de aquel infausto día. Ella optó, como le habían aconsejado, por acostarse. Todavía la medicación la mantenía bastante aplacada y le costaba estar de pie mucho tiempo.

Su hija tumbada junto a ella, la vio adormecerse y la beso en la frente.

–          ¿Sabes lo que me da miedo Belén? Que no recuerdo como empezó y así no voy a poder reconocer si se repite –con esta frase se quedó dormida.

No le diría que ella recordaba perfectamente el inicio y estaría a su lado si volvía a notar cambios de humor en su madre. En cuanto volviera a decir que alguien la seguía. O la escuchara caminar toda la noche en vez de dormir, o no quisiera hablar por teléfono por miedo a que la escucharan otras personas.

Apagó la lámpara del techo, dejando la de la mesilla encendida. Salió despacio para no despertarla y entornó la puerta, mientras en su cabeza desfilaban aquellas imágenes que esperaba no volver a ver más.

MONTSE
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11 comentarios

Archivado bajo P - Montserratita - Activo

11 Respuestas a “Me da miedo. . . mamá

  1. Buenísimo, Montse, me has puesto los nervios de punta. Publicamos al mismo tiempo, te das cuenta? jejeje

  2. Me acabo de dar cuenta Daniela. Lo había dejado programado y no sabía que “somos pareja de hecho” :-))

    Gracias por el comentario. Voy a leerte 😉

  3. Ni el cariño, ni el amor pueden hacer nada.
    Da rabia, impotencia ver a personas inteligentes dominadas de esta forma, en su vida, en su personalidad, hasta que dejan de ser ellas.
    Escalofriante, por real y por maravillosamente descrito, Montse.
    Gracias

  4. Bufffff, lo he pasado francamente mal. Al principio pensé que se trataba de malos tratos, de violencia de género y me estaba poniendo de los nervios, hasta di varios golpes en la mesa. Después sentí miedo, impotencia y compasión.

  5. Uy Montse, de veras que sois divinas relatando ( vengo de leer a Daniela, no sé por qué voy de atrás para delante…:S)
    Es impresionante el relato, corazón.
    Como bien dice Sito al principio nos llevas a pensar que es un caso de malos tratos, yo pensé también en un secuestro y luego nos alumbras la escena para que veamos qué es realmente…Me ha encantado.
    Un beso.

  6. ¡Caray!, esto si es tenerme intrigado hasta el final. Yo también, en principio, he sentido las mismas sensaciones sobre el acoso, violencia, etc.. pero tu final es fantástico.

    Vaya sorpresa que tenías “enlatada”. De verdad que leerte ha sido un placer pues introduces drama, pasión, amor y, sobre todo, sensibilidad.

    Un besazo, ciudadana.

  7. ¿Qué puedo decir?… Creo que voy a ser la presidenta de tu club de fans, je. Un abrazo.

  8. Gracias por los comentarios.

    Nadie dijo que las historias tuvieran que ser bonitas y me apeteció atreverme con algo crudo, la enfermedad mental.

    Besitossss

  9. Sublime!!!

    Me he sentido en la piel de algunas de esas personas
    que estaban en la habitación con ella.

    Eres la leche relatando, joe!!…

    Besos.

  10. Un relato crudo que se aproxima a nuestros temores más oculto. Cuando nuestra mente deja de pertenece al cuerpo que lo alberga ya no SOMOS, unicamente ESTAMOS.
    Nos describes una realidad que cada vez se da con mayor frecuencia. Sólo queda esperar que no se cumpla.

    Besitos guapa, me has hecho estremecer.

  11. Algo tétrico, pero muy bien redactado te felicito mucho, de verdad me dio miedo jeje

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