Archivo diario: 28 septiembre 2009

Me da miedo

Me da miedo perderte. Despertarme y no contemplar tus ojos mirándome. Estirar mi brazo para comprobar que tus manos no están, que tu cuerpo no está, que tú no estás.

Me da miedo perderte. No volver a sentirte, ni que nuestras almas se unan en una sola.

Me da miedo perderte. Que la pasión que nos envuelve haya desaparecido. Que ese mundo maravilloso y feliz se desvanezca en el tiempo.

Me da miedo perderte. No sentir tus labios en mi boca besándome. No sentir tus manos recorriendo todo mi cuerpo.

Me da miedo perderte. Que dejes de amarme y notar la indiferencia en el silencio. Sentir ese dolor que llega a desgarrar.

Me da miedo perderte. No escucahr como me deseas, como me quieres. No oir tu voz llamándome para que te abrace y te proteja.

Me da miedo perderte. Sufrir tu ausencia y ese vacio eterno que jamás podría cubrir ni en mil años.

Me da miedo perderte mi cielo amor, me da miedo perderte.

Gorio

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¿Dónde está el paraíso?

No había nada que le causara miedo. No temía al riesgo, ni a las alturas, a las agujas, al dolor, ni siquiera a la muerte. Vivía cada día al límite, pisando el acelerador hasta el fondo. Su trabajo como monitor multiaventura le permitía descargar una buena dosis de adrenalina diaria.

Su casa estaba intacta, apenas la utilizaba para ir a dormir, y en ocasiones ni siquiera eso. En su cara, siempre una sonrisa, rezumaba actividad, diversión y confianza por todo su ser. Dedicaba todo su tiempo a su familia y a sus amigos, de esos de verdad, de los que hubieran dado la vida por él. Su pasión, las motos, mezcladas con esa peligrosa ausencia del miedo, resultaron un cóctel explosivo ese día en el que no se puso el casco.

Él dio su vida por proteger la mía y quedó allí, sin sentir miedo, apurando el riesgo y la velocidad hasta el último momento. Nunca creyó en el más allá, pero si le hubieran dado a elegir el camino de su propio paraíso habría subido en una montaña rusa sin fin. No está hecha para él la calma del cielo.

Nunca tuvo miedo, vivió sin límites y todo se precipitó. Yo sí tengo miedo. Un temor que se acrecienta cada vez que un palo me arrebata alguien que forma parte de mí. Miedo a que las cosas cambien, a que las personas desaparezcan, a no tener dónde agarrarme y caer. Porque yo no tengo muy claro dónde está el paraíso.

A Mario.

Por: Sara

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