Archivo mensual: octubre 2009

¿ Acaso esto no es magia ?

La gran mayoría de la clase llevaba varias semanas tremendamente inquieta máxime desde que, la profesora recién llegada al centro, les había anunciado una excursión relacionada con la naturaleza. A pesar de los llantos de los primeros días, pues cada comienzo de curso se asimila más a una tragedia que a una obligación, la relajación en el aula se había conseguido en buen grado consecuencia de la simpatía que emanaba la nueva profesora. Alicia, pues ese era su nombre, trataba a los niños de una forma especial por lo que le resultaba muy fácil ganarse rápidamente su confianza. Había observado que muchos de ellos, y en mayor grado los niños y ya desde tan pequeños, tenían unas normas de convivencia y también de expresividad excesivamente rígidas. Era consciente que había podido entrar en ese centro, catalogado como el de mejor estatus de toda la ciudad, por su excelente historial académico así como por la recomendación expresa de varios miembros de la alta sociedad de la que, parte de su familia, formaba parte.

Las materias impartidas, sin que ella pudiese discutir que no fuesen beneficiosas para la formación de los alumnos, le resultaban demasiado serias para alumnos que, en muchos casos, no depositaban sus pies sobre el suelo cuando de sentarse en un sofá se trataba. El estudio de la música, los idiomas –mínimo tres-, la equitación, el protocolo, la forma de comportarse en una mesa, así como el correcto uso postural y de los cubiertos, el aprendizaje y uso de las nuevas tecnologías, unido a un continuo uso de los apellidos cuando de dirigirse a alguien se trataba –por supuesto anteponiendo el señor o señorita- haría de estos niños, con el tiempo, unos miembros más consolidados de esa clase alta a la que ya pertenecían.

¡Por fin!, llegó el día tan esperado de la excursión. El autobús se encontraba preparado para la marcha. Diligentemente, todos y cada uno de los viajeros tomaron ocupación de su asiento, ya previamente asignado y Alicia, tras el recuento obligatorio previo, dio al conductor la orden de partida. De cara a la dirección del centro el destino programado era el Museo de Ciencias Naturales pero Alicia tenía otros planes, que no desveló a nadie salvo al conductor a quién ya previamente había advertido, en total complicidad, del destino final.

Días antes, y de su propio peculio, había efectuado la compra de un total de quince camisetas, pantalones cortos, calcetines y zapatillas más apropiadas para el lugar a dónde se encaminarían. Los alumnos creyeron que se trataba de otro de los divertidos e innovadores juegos con los que Alicia les tenía acostumbrados. Dentro del mismo autobús ordenó primero que las niñas ocupasen los últimos asientos del mismo, dejando una separación de más de cinco filas con el que ocupaban los niños. Desplegó una sábana, también adquirida por ella misma, que evitaba la visión entre ambos ambientes. Y así es como, primero las niñas y después los niños, utilizando el mismo método cambiaron totalmente su vestimenta.

El autobús, bajo una atmósfera más acorde con la edad de sus componentes, hizo su entrada en el lugar pactado por Alicia notándose ya que el piso asfaltado por el que antes transitaba había modificado su aspecto por el de la tierra y la hierba. Aún cuando, en un principio, los niños parecían un poco asustados Alicia les reconfortó con unas suaves palabras. Les propuso disfrutar al máximo de esta aventura y compartirla con otro grupo de jóvenes que, en iguales circunstancias de vestimenta, habían llegado minutos antes.

La jornada, por intensa de emociones y vivencias, fue larga. Las caras de felicidad, nada habituales en un regreso que se asimilan más al cansancio, eran ilustrativas de que el objetivo que Alicia se había impuesto en total complicidad con el conductor había dado sus frutos. Sabía que un buen número de padres y madres estarían esperándoles a la llegada al centro, pues ese detalle había sido especialmente solicitado por ella. El autobús llegó con puntualidad. Al bajar del mismo, todavía con la misma vestimenta que habían utilizado en su destino, las caras de sorpresa de los familiares iba en aumento. Alicia ordenó a los niños que formaran un semicírculo para que cualquiera de ellos pudiera responder a las preguntas que, a buen seguro, les efectuarían sus padres. Efectivamente así fue y, como era de esperar, la pregunta fue unánime:

–          ¿Pero hijos, de dónde venís?.

Sin que nada de ello estuviese pactado, Alicia se mostró más que satisfecha con la respuesta que, al igual que la pregunta, también fue unánime.

–          Papá, mamá. Hemos visto y ayudado a nacer a un cordero; hemos ordeñado a una vaca cuyo líquido hemos bebido y estaba mucho más rico que la leche; hemos cogido unos huevos de unas gallinas que después nos hemos comido de forma diferente a como lo habíamos hecho antes; hemos visto también pollos que se movían continuamente y que eran distintos a los de Mc.Donald; hemos extraído espárragos de la tierra….. y así sucesivamente.

Pero la respuesta que más le agradó a Alicia fue la de Inés, pues siendo la misma que la de sus compañeros, solo tenía una frase añadida: Papá, mamá, yo hoy he visto MAGIA.

JOSE MANUEL BELTRAN.

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La magia del sexo

Hoy cedo mi turno a Carmela Díaz, amiga de una amiga mía que ha escrito un texto delicioso y que me honra compartir:

“Escribiendo de sexo con el corazón”

Desconozco el momento exacto de la Historia – puedo intuirlo, como todos, pero no estaba allí para corroborarlo – en que algunos iluminados intentaron convertir en tabú el sexo, en algo prohibido y pecaminoso. Si hasta la Biblia en el Cantar de los Cantares proclama: “El amor divino se consigue a partir del amor carnal”.

Compadezco a los que en pleno siglo XXI autocensuran su cuerpo y tienen dudas respecto a la naturalidad y necesidad de disfrutar de una sexualidad plena. No concibo el sexo como obligación o rutina, sino como deseo ilimitado, admiración infinita, pasión arrolladora, química inexplicable, atracción de alto voltaje y enorme complicidad, dejando fluir el lenguaje de la piel y la expresividad del erotismo. Historias de tremenda entrega, intensidad hiriente, frenesí, risas continuas, cariño sincero, locuras, noches en vela, encuentros desenfrenados, devoción, admiración mutua, recuerdos inolvidables, besos hipnóticos…

Hartarse de hacer el amor con caricias delicadas, miradas pícaras, profundas, seductoras, mezcla de ternura y deseo a partes iguales. Reposar agotados con las bocas pegadas de tanto besarse, cara con cara. Abrazos irresistibles que te inmovilizan pero no te asfixian, te protegen. Piernas entrelazadas para dormir más enredados.

Buscarse en mitad de la noche para disfrutar la agradable sensación de que el cielo espera otra vez con el mismo arte, esmero y entrega hasta el amanecer. Convertir el silencio en la mejor de las palabras, la más bella e intensa.

Disfrutar de emociones grabadas a fuego sobre la piel con una pasión desbordante por más años que transcurren – el deseo puro no entiende de plazos – Desatender la razón y no alcanzar a establecer un mínimo grado de coherencia en la intimidad. Sentir millones de deliciosas mariposas dando pataditas puñeteras en la boca del estómago ante la anatomía que nos hace perder la cabeza.

Son momentos únicos que te hacen ganar confianza, crecer como mujer, que descubren facetas de tu personalidad que habían estado aletargadas, experiencias vitales que desconocías que existían, que te permiten coleccionar recuerdos inmensos para siempre. Sentirte auténtica, espontánea, libre en cada momento compartido. Desnudar el espíritu, ser capaz de mostrar sin pudor todas tus caras: la que te da vergüenza, la que pensabas que quedaría oculta, la más salvaje, sensual, atrevida, caliente, morbosa, pero también la más cariñosa, desinteresada, generosa, sumisa, tierna. No hay que convertir en costumbre al amante que nos regala plenitud, debemos cuidarle como el mejor de los privilegios. Por encima de dudas, habladurías, hipocresía y doble moral, derrochemos valentía y coraje para disfrutar de la verdadera esencia de la vida y de uno mismo.

¿Aún alguien se atreve a insinuar que estas fascinantes sensaciones son malignas?
Desgraciadamente por motivos sociales, culturales, religiosos o educacionales todavía hay millones de mujeres que conviven con una sexualidad vetada, con un cuerpo negado a su completo conocimiento y disfrute.

PD. Dedicado a quien pulió el diamante, domó a la fierecilla, transformó a Cenicienta en princesa y convirtió fantasías en realidad.

Aquí el artículo original

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Perdiendo la inocencia…

Sentadas en una esquina del patio del colegio, dos niñas charlaban concentradas, sin ser conscientes del bullicio que las rodeaba. Sus rostros reflejaban auténtica seriedad y preocupación.

-¿Estás segura? -le preguntó María a Laura.

-Sí, me lo dijo Víctor y él no suele mentir.

María se quedó mirando pensativa al frente, viendo sin ver como los demás niños jugaban a su alrededor.

-Vamos a tener que comprobarlo… -dijo María tras el momento de meditación sobre la revelación que le había hecho su amiga.

-Sí… -la voz de Laura reflejaba tristeza. Ambas se sentían tristes ante la idea de comprobar que lo que había dichoVíctor pudiese ser cierto.

*  *  *

Ese mediodía, mientras comía, María observaba con atención a sus padres. Confiaba en ellos. Los quería. Sabía que la querían. Le resultaba imposible creer que pudiesen estar mintiéndole. Se preguntaba a si misma cómo haría para descubrir la verdad… Bueno, sabía lo que tenía que hacer, pero no sabía cómo encontrar el momento para hacerlo sin que ellos la pillasen. Tendría que tener paciencia, y eso era algo realmente difícil.

Después de la comida su padre se marchó a trabajar y su madre se puso a limpiar la cocina. Pensó que aquel podía ser un buen momento… pero le daba miedo. Pasó repetidamente por delante de la puerta de la habitación de sus padres sin atreverse a entrar. Miraba al interior de aquella habitación como si fuese un santuario que su presencia profanaría. Siempre le había parecido una habitación llena de secretos por descubrir, y ahora todavía se lo parecía más.

Cuando acabó de limpiar la cocina, su madre se tumbó en el sofá y María se quedó pendiente, con el corazón en vilo, esperando a que se quedase dormida. Estaba muy nerviosa.

En el momento que se sintió segura del dormir de su madre, se levantó con sigilio y se dirigió a la habitación. Entró sintiendo que aquella habitación la imponía más que nunca y se preguntó por dónde empezar. Estaba claro que había lugares en los que no podría investigar pues quedaban fuera de su alcance.

Primero miró debajo de la cama… sin resultados, lo cual en cierta manera le hizo sentir alivio. Después se volvió hacia el armario y se quedó mirándolo con seriedad. Miró hacia la puerta escuchando con atención antes de abrir con cuidado las puertas del armario. Se puso de puntillas y estiró al máximo su cuerpo para intentar espiar en la parte más alta del armario. No vió nada sospechoso. En los estantes tampoco. Se agachó para investigar por el suelo del armario… y entonces su corazón dió un vuelco. Apenas había sido un destello, pero estaba segura de haber visto algo. Apartó con cuidado lo que estaba por delante, intentado no hacer ruido alguno, y entonces lo vió. Su corazón ya no podía latir más rápido. Era un paquete de regalo envuelto en un papel rojo lleno de estrellas plateadas. No conocía su contenido, pero en aquel momento para ella aquel regalo contenía el posible final de una gran ilusión. Con celeridad lo volvió a esconder y se retiró a su habitación para reflexionar sobre su descubrimiento. Al final llegó a la conclusión de que lo mejor era esperar.

*  *  *

Había llegado el momento de la verdad. Esa noche le había costado y mucho quedarse dormida pero la mañana ya había llegado y el árbol de navidad esperaba. Se dirigió hacia él despacio, con la respiración contenida. Había muchos regalos, pero ella solo estaba pendiente de uno, aquel que no tardó en aparecer ante sus ojos. Se sentó en el suelo, mirando aquella prueba irrefuctable y se sintió triste. Se sintió profundamente estafada: los Reyes Magos no existían… La magia había desaparecido. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

 

SONVAK

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When you wish upon a star…

La noche de las lágrimas de San Lorenzo o perseidas de este verano pasado escribí para mi blog esta pequeña entrada con la que quise dejar reflejada la magia que sentí al ver a mis dos hijos buscando magia en el cielo.

Hoy quiero compartirlo con vosotros porque aunque no lo haya escrito para esta ocasión refleja perfectamente qué es la magia para mí…Espero contagiaros de ella con esta canción y mis palabras…

El cielo se pobló de sueños y nosotros, tumbados en el suelo y agarrándonos de las manos lanzamos con la fuerza propulsora de nuestros nuestros corazones nuestros deseos a cazarlos.
 
Cazamos cinco y los dejamos volar luego de nuevo con nuestros deseos amarrados a ellos con cintas de colores a donde los sueños se cumplen..a donde todo es posible…a donde se hagan realidad…
 
Quizás algunos de sus sueños no lleguen a cumplirse nunca, pero cómo decírselo si el brillo de ilusión en sus ojos persiguiéndolos, buscando perseidas, era más fuerte que el de todas las estrellas del cielo juntas…
 
Anoche buscamos juntos magia en el cielo…yo la encontré…tumbada a mi lado.
 
εïз

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Flores en mi jardín

Sencillamente magia. Después de lo dicho por todos es complicado innovar en el concepto pero lo importante aquí, creo yo,  es no caer en formalismos y subjetivamente opinar sobre el tema común. En mi caso lo mas parecido a la magia lo he vivido, claramente, en algo tan complicado como el amor, en algo tan subjetivo como el amor, en algo tan bonito como el amor.

¿Quién no ha estado enamorado alguna vez? mas o menos correspondido eso es otra historia, pero quien no ha sentido las ya famosas mariposillas dentro de si mismo. Mariposas internacionales que no entienden de costumbres ni de razas y mucho menos de religiones, grandes o pequeñas, rápidas o lentas pero todas cumplen su función, alejarnos de nosotros mismos, sentirnos extraños ante nuestro propio organismo, volar hacia un país en el que solo existen dos personas, tu y ella, tu y el, un país lejano en el espacio pero inminente en el tiempo, un país esperanzador donde pretendemos encontrar nuestra paz interior, el fin de la humanidad. No entiendo de medias naranjas y medios limones, mas bien conozco la adaptación de dos personas, que se pueden parecer mas o menos en sus caracteres pero que en el fondo son totalmente opuestas en sus experiencias y lógicamente en sus costumbres. Pero ¿qué esperanza de vida tienen estas mariposas?, en un jardín con flores toda la vida, es mi forma de ver las cosas y lo siento por quien no lo comparta. Evidentemente el tamaño de las mariposas no siempre es el mismo pero es directamente proporcional al tamaño del jardín, en uno cuidado y con grandes flores habitaran bellas mariposas longevas y en cambio en un jardín descuidado brillaran por su ausencia. Cuando te pasa algo en el día, ¿estas deseando llegar a casa para contárselo a tu pareja? estas en el buen camino, cuando tu pareja no entiende algo que tu si entiendes ¿te gusta explicárselo y disfrutas cuando aprende? estas en el buen camino….. mirad su cara al llegar a casa y decidme si no se merece que de mil cuatrocientos minutos que tiene el día, le dediques tan solo diez a sembrar respeto, cariño y comprensión. Al principio será un acto voluntario y consciente ¿que puedo hacer hoy por hacerle mas feliz el día? siempre que no resulte estrafalario, hablo de cosas sencillas, de un …. ¿que te apetece hacer hoy? un ¿qué guapa/o estas hoy no?… con el tiempo, igual que con todo en la vida, se volverá involuntario, automático, mágico…créanme cuando les digo que se puede vivir en un quinto piso y tener un jardín inmenso. Sencillamente magia.

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Mi magia

Mi magia

Con el transcurso del tiempo veo que no cambio, temporadas malas y temporadas malísimas, todo lo relaciono con los mismo, quizás me estoy volviendo algo egoísta, lo sé, pero estoy cabreada con la vida que me ha tocado vivir en teste mundo, infierno o como quieras llamarlo, se han llevado parte de mi y no consigo recuperar mi otra parte. Todas las mañanas intento levantarme y decir, – venga, hoy será mi día, pero no, ya no pienso en positivo, el día termina como siempre, ¡desastroso!

Sólo quiero estar sola y no quiero saber nada, ni de nada ni de nadie, ni andar dando explicaciones de porqué hago esto o lo otro o dejo de hacerlo, nadie lo entiende. Todo me aburre nada me divierte, me gusta tumbarme en mi cama y estar a solas con mis recuerdos, al final acabo llorando y me siento tan mal que acabo durmiéndome para poder soñar, pero no, ni eso puedo hacer, sólo tengo pesadillas, pesadillas que acaban como siempre.

Aún así, sigo adelante, porque pienso que algún día todo esto cambiará, aunque ya no me queden sentimientos y no me afecten las cosas que les pase a los demás, aunque haya perdido mi magia y sólo viva pendiente de lo mío, de intentar asimilarlo, hasta entonces no volveré a derramar ni una lágrima más. Porque en ese momento habré asimilado mi vida y no quiero asimilarla. No quiero vivir sin mi magia.

Sandra

 

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¿Existe la magia?

-Venga ya Gonzalo, la magia no existe.

– Que te digo que sí y que tú mismo la has experimentado muchas veces.

Los dos amigos charlaban animadamente mientras paseaban, sin prisa, sobre la alfombra de hojas caídas que el otoño había depositado en el Parque del Retiro. La cálida tarde otoñal, con los últimos rayos del sol iluminando aún el despejado cielo, invitaba a la calma, al sosiego, a disfrutar de buena compañía y de una animada conversación.

-Pero bueno, ¿es que tú, incrédulo, ateo, escéptico y crítico, vas a creer en magias y otras supercherías ahora?

– No, Cayetano, no me estoy refiriendo a los trucos de los ilusionistas ni a los timos de los videntes y demás gentuza.  Te estoy hablando de otro tipo de magia. De esa que, cuando sucede, te sobrecoge, te corta la respiración y notas un vacío en el estómago mientras se te pone la piel de gallina y el vello de punta.

-Eso es un susto, tío.

-Serás gilipollas… Vale, sí, de acuerdo, eso sucede también en un susto. Pero todos hemos vivido situaciones inesperadas en las que nos suceden esos síntomas cuando nos damos cuenta de que algo que pensábamos imposible,  o maravilloso, o especial, ha sucedido.

-Y eso un milagro, vamos.

– Joder, si es que no se puede hablar contigo. Milagros. Milagros es la chica que va a limpiar a casa de mi madre, coño. Te estoy hablando de momentos… de… Vamos a ver ¿Qué te sucedió cuando diste el primer beso a una chica? (si es que a ti ha tenido alguien el estómago de besarte alguna vez…)

-Imbécil.

-Sí, pero recuérdalo. Anda haz un esfuerzo. ¿O cuando llorabas porque el Madrid había ganado, después de tantos años, la séptima Copa de Europa?  ¿No llorabas, gritabas y saltabas? Acuérdate de que te vi.

– Sí, es verdad, lloraba, pero porque me acordaba de mi padre, que murió con las ganas de verle otra vez campeón, que desde el año 66 era mucho tiempo y ya creíamos que era imposible.

-¿Y no fue ese un momento mágico Cayetano?

– Hombre Gonzalo, fue muy especial y muy emotivo, pero mágico…

– Bien. Pues piensa en cuando tu mujer te dijo que estaba embarazada. De tu primer hijo. O cuando le viste por primera vez, le cogiste y agarró tu dedo con su manita.

-Bueno…

-Mira, para cada uno pueden ser distinto. Según nuestra forma de ser, creencias, experiencias anteriores, recuerdos, todo aquello que conforma nuestro yo actual, condiciona nuestra forma de sentir. Pero todos tenemos algún instante en que nos hemos quedado con la boca abierta y la sensación de elevarnos, casi de levitar, ante lo que sucedía. Unos pueden sentir la magia del amor, otros de la paternidad, de momentos de belleza sobrecogedora ante un espectáculo de la naturaleza, de instantes especiales por una conjunción de circunstancias excepcionales que quizás no se vuelvan a dar, o de vete a saber qué. Pero sientes, lo sientes en las tripas, que aquello es tan especial, tan nuevo o raro, tan hecho para ti, que notas como la magia lo envuelve como regalo para ti.

– Caray Gonzalo, pues sí que te vuelves tú poeta con esto del otoño. Vale, aceptamos pulpo… Suponiendo que eso que describes lo podamos llamar magia, sí, he tenido algunas experiencias de ese tipo. ¿Y tú? Habrás tenido también ¿no?…

– Sí tío, claro. Ya te digo que a todo el mundo le pasa alguna vez. Quizá lo describan de forma distinta, o lo llamen de manera diferente.

– Venga, no seas rollo y cuéntame la tuya.

– Ja, ja, ja, ja, ja. No Cayetano, hoy no. Eso queda para otro post.

-¡Será capullo el mamonazo…!

 

Por Aspective

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Zona libre de muggles

— ¡Vamos, no de nuevo!

Hermione miró con desaprobación a Jack, quien movía la cola fucsia con tanta agilidad que apenas se veía.

— ¡Rose!—bramó, imperante, la mujer. Luego se dirigió al feliz perro, de ataño color dorado, ahora estampado de una gamma de colores tan variada que quedaba uno mareado de solo verlo. — ¿Qué te han hecho, pequeño? Ven, vamos a limpiarte.

Pero al perro parecía gustarle el nuevo look mucho más que a su dueña, y salió disparado a buscar refugio. Sin embargo, sin quererlo, el pobre Jack terminó delatando a los autores de la obra de arte plasmada en su sedoso pelaje, porque corrió directo hacia su escondite.

— ¡Ajá!—exclamó triunfante Hermione, siguiéndolo a tropezones— ¡Ya los tengo!

Una cabellera pelirroja se asomó entre los arbustos. Estos se sacudieron, se escucharon risitas y luego Rose, Albus y Hugo salieron de la maraña de ramas y hojas, con cara de santos.

— ¿Qué pasa, mami?—preguntó el pequeño Hugo, poniendo los ojos como platos.

—No traten de engañarme porque no va a funcionar. ¿Dónde está la varita de papá?

Los escrutó con la mirada a los tres. Ninguno abrió la boca.

—Albus—dijo ella, en tono amenazante—, no querrás que tu padre se entere de tus andanzas, ¿verdad? Porque podría contarle tantas cosas que suceden por aquí…

El chico se sonrojó y miró de soslayo a Rose. Hermione posó ahora su vista en ella.

—Dámela—ordenó.

La pelirroja, cabizbaja, sacó el artilugio de su bolsillo y se lo entregó.

— ¿Qué les he dicho un millón de veces?—preguntó la madre, con voz cansina, casi resignada.

—Que no tomemos la varita de papá—dijeron Rose y Hugo a coro, sin mirarla a los ojos.

—Ahora, entren a la casa, que está oscureciendo. Estas ideas las sacan de James, de seguro. Miren que pintar al perro como un ridículo arcoiris…Ya hablaremos de esto más tarde. ¡Y nada de magia!—añadió, mientras los niños corrían colina arriba hacia la casa.

— ¿Qué pasa, Hermione?—preguntó una voz risueña a la mujer que se había quedado con las manos en la cintura, vigilando pacientemente que sus hijos y su sobrino entraran. Hermione volteó, y se encontró con Harry y con su mismísimo esposo, ese que no había tenido una idea mejor que dejar la varita vieja al alcance de los niños. Él, con solo un vistazo a su cara, pudo fácilmente prever la reprimenda…

—Vamos, Hermione, tranquila. Es sólo un perro pintado—intentó calmarla Harry, interrumpiendo el sermón que venía desarrollándose por diez minutos sobre la irresponsabilidad mágica y sus peligros adyacentes.

—Pobre Jack—musitó Ron, absorto.

—Ya te lo dije, si no dejaras siempre tus cosas a la vista…

—Vamos, amor, sé realista. Cuando eras pequeña tu magia también se salía de control, y no tenías ni idea de por qué. Tus padres eran muggles, no tenían varitas ni calderos ni nada por el estilo…

— ¡Pero al tener una varita a la mano pueden hacer lo que tengan ganas!—exclamó ella, fuera de quicio. Se quedó sin aliento y respiró hondo, intentando tranquilizarse—. Mira, entiendo que su magia explote a veces y se les salga de control, eso pasa siempre; pero creo que Rose está aprendiendo a controlarla.

Ron hinchó el pecho, y los ojos le brillaron.

—Creo que Rose se parece mucho a su mamá.

Hermione lo miró seria, pero luego se aflojó un poco y rió, entre halagada y avergonzada.

—Sabes lo que digo. Solo tiene nueve años. En dos años se irá a Hogwarts, pero de mientras…

—Lo sé. Tendré más cuidado, te lo prometo.

Ella asintió, conforme. Luego miró a Harry, que los había estado observando como quien contempla un partido de tenis.

—Tú también deberías cuidar a Albus. No sé, creo que James les da ideas bastante peculiares a todos.

Harry se echó a reír. James, su hijo mayor y un bromista nato, era un mal sin remedio.

—Por cierto, ¿ya hicieron las compras para James? ¡Se irá en dos meses! Como pasa el tiempo, ¿no?

Ya conversando de cualquier otra cosa, los tres caminaron colina arriba, hacia la vieja pero sólida casa. Jack, el perro más colorido del mundo, los siguió, moviendo la cola tan, tan rápido, que parecía cosa de magia.

DANIELA

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¿Quién se ha llevado mi magia?

¿Magia?

¿Dónde está la magia?

 Se miraba en el espejo y no se reconocía. ¿Quién es esa tía con la cara amarilla y el pelo de punta? ¿Soy yo? Imposible. Bueno, a lo mejor en esto consistía la magia, en cambiar completamente de aspecto. Ella había pensando que sería a mejor, rollo pelo sedoso, mejillas sonrosadas y ojos brillantes de la emoción, pero lo mismo era al revés y por eso se veía como si tuviera ictericia, con los ojos arrasados en lágrimas y el pelo de estropajo.

 “A mí me habían dicho que era un momento mágico. La gente me miente o yo no entiendo el concepto“.

 Volvió a la cama y se puso a recordar las últimas 24 horas.

 Se lo esperaban, claro, no era sorpresa. Se despertó con una molestia y pensó: “ vaya… lo mismo es esto”. Volvió a dormirse. Al rato otra vez, uy uy uy… sí que va a ser esto. Aguantó un par de horas antes de despertarle: cariño, creo que esto como retortijones deben ser contracciones. Él con su mentalidad cuadriculada, se desperezó y le dijo: ¿crees? ¿cada cuanto son? voy a por un cuaderno.

 Ella sabía que no iba a ser ni tan malo como en las pelis, en plan sudando como una cerda agarrada al cabecero de barrotes de la cama y con los ojos apunto de estrellarse contra el techo, ni tampoco una situación mística de comunicación con la naturaleza pero, en fin, esperaba algo más trascendente que unos retortijones.

 Pensó que lo mismo al llegar al hospital el tema se encarrilaba y le encontraba la “magia” al milagro de la vida.

 A las 5 de la mañana, él decidió que era buen momento, “no vamos a coger atasco” y se marcharon para el hospital. Como era vísperas de Navidad todo el personal de la clínica estaba de fiesta y al que le había tocado currar estaba de un humor curioso, un humor hostil para ser más exactos.

 – ¿A qué esperabas guapa? -le dijo la matrona- ¿a tenerlo en tu casa?

Pues mire, no tengo ni idea. Lo mismo le sorprende pero  ES MI PRIMER PARTO.

 Habían empezado mal, aquello no era mágico y el edema que había que ponerse luego tampoco parecía indicado para elevar el glamour del momento. Pensó, que lo mismo cuando estuviera en la sala de dilatación sola con él, se mirarían a los ojos, se darían cuenta de la trascendencia del momento y surgiría la magia de saberse próximos a la paternidad.

 Pero tampoco.

 Él entabló una curiosa conversación con el enfermero sobre el funcionamiento de los monitores fetales y los problemas de aparcamiento en la zona de la clínica. Ella sencillamente pensó que a lo mejor la magia de verdad era en el paritorio. Al cabo de una hora, él dijo: uy… son las casi las 8, me voy a ir a cambiar el coche de sitio que si no me van a poner una multa de la hora.”

 – ¿Te vas a ir a cambiar el coche AHORAAAAA?

Hombre, es que son 90 euros. Esto va para largo, voy, aparco y vuelvo. Ni te vas a enterar que me he ido.

 – Esto va para largo, esto va para largo… ¿TÚ QUE SABES????

 Por supuesto a los 3 minutos llegó el médico y dijo: vamos para adentro… ¿dónde está él?

 – Se ha ido a aparcar.

¿Cómo?

Da igual… vamos a ver si encuentro la magia del momento de una puñetera vez… que si me llegan a contar esto… valiente la hora en que me ponía a reproducirme.

 Nada más entrar se dio cuenta de que la gente mentía muchísimo. Allí, en el paritorio, no iba a haber magia de ninguna de las maneras. Una sala fría, en pelotas, en la postura más humillante que jamás te puedas imaginar y con gente entrando y saliendo comentando una fiesta de navidad:

 – ¿Qué tal? ¿A qué hora te has acostado?

– Pues hace nada… 2 horitas… Fulano acaba de llegar.

– ¿Se había terminado la barra libre?

 Ella decidió que lo mejor era dejarse llevar, el marido aparcando, el médico a lo suyo por los bajos, la gente comentando la jugada… no podía ser peor… pero una vez más se equivocaba.

 – Súbete encima de ella que está muy arriba y no sale.

¿ENCIMA DE QUIEN?

 Dos minutos después, le dijeron:

Es una niña.

Y acto seguido

No te preocupes guapa, que este médico cose que da gusto.

 Ahora, 24 horas después, mientras el  pequeño gollum gris dormía en la cuna y  él roncaba en la cama del acompañante pensó que lo de la magia se lo iba a tener que currar muchísimo.

Por molinos

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Kseniya Simonova

No creo en la magia. Creo que en esta vida todo tiene una explicación científica, aunque el ser humano aún no haya sido capaz de de encontrar dicha explicación. Pero sí creo en el arte. No me gusta ir a visitar un museo estándar en el que no hay más que cuadros y cuadros, algunos muy difíciles de interpretar.

Me gusta el arte diferente, ver algo original. Sombras y figuras, esculturas realistas, dibujos con arena… Y de esto último os voy a hablar. Seguro que habéis visto en el Youtube o por la tele alguna vez las obras de Kseniya Simonova. Y si lo habéis visto, seguro que os ha dejado con la boca abierta, como mínimo.

Pero muchos no conoceríais ni siquiera el nombre de la artista. Kseniya es una ucraniana de 24 años que ganó este año la edición del ‘Tú sí que vales’ de su país. Desde entonces ha viajado por todo el mundo ofreciendo su espectáculo.

Un espectáculo, sí, porque los dibujos de esta chica no se van a exponer en ningún museo con su firma, sino que el mérito consiste en la elaboración en sí, de auténticas composiciones con arena. Y ninguno permanece sobre el vidrio, ya que la clave de Simonova está en el continuo movimiento. Crea un dibujo a partir de otro moviendo los dedos al ritmo de la música.

Algunos pueden pensar que es magia, yo, admiro el arte. Os dejo el vídeo y disfrutad.

 

Por: Sara

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