Archivo diario: 17 septiembre 2009

¡¡Venga, Aspec, ponte a escribir!!

Por Aspective

–          Otra vez la perra esta dando órdenes –masculló Aspec entre dientes-

–          ¿Qué has dicho? -Le preguntó Sonvak, su jefa, volviendo sobre sus pasos-

–          Nada, que ahora vuelvo –respondió Aspec levantándose de la silla-

–          Quédate en tu sitio, y acaba de una vez tu texto –gritó Sonvak-

Sin contestar nada y volviéndole la espalda, Aspec agarró su vieja gabardina dejando que la voz que seguía llamándole se difuminara en su mente. Abandonó la redacción, y ya en la calle, cruzó la calzada, entró en el bar que estaba frente al portal y se dejó caer en unos de los taburetes altos que había frente a la barra.

–          Ponme una Castellana, en tubo, con dos hielos. Y no racanees como siempre –le espetó al camarero-

–          ¿Mal día? Le preguntó –inquirió este-

–          Mal siglo –respondió Aspec- No hay quien soporte este trabajo. Estoy hasta los cojones de la redacción, de los gilipollas que trabajan allí y especialmente de la hija de perra de la jefa, que se cree con derecho a esclavizarte por la miserable mierda que me pagan. Debe de pensar que es una modelo, siempre moviendo el culito, con esa falsa sonrisa que no cuela, y medio despechugada. A ver si se cree que porque te enseñe las tetas ya tienes que caer rendido a sus pies. Puta de mierda…

–          Tranquilo tío, que te veo muy alterado –le intentó tranquilizar el camarero-

–          Tomás, métete en tus asuntos que no está el horno para bollos. Ponme otra.

–          Te la has tomado de un trago. Te va a sentar mal…

–          ¡Que me pongas otra, coño! Y déjame en paz. ¿No estás aquí para servir? ¡Pues sirve y cállate!

Tomás optó por servir la segunda copa y retirarse prudentemente al otro extremo de la barra. Conocía al cliente hacía tiempo y sabía de su mal carácter. Si había decidido cogerla, lo mejor era no hablarle.

Aspec bebía y murmuraba, hablando solo, mientras daba vueltas al vaso atrapado entre las dos manos. De vez en cuando, gesticulaba con vehemencia y daba grandes tragos a su bebida.

–          Tomás, rellena esto que se me ha caído dentro –gritó al camarero- Y echa más hielo.

Mientras le servían la nueva bebida, Aspec se acercó a la máquina tragaperras que con su musiquita y brillantes luces, le estaba llamando desde que llegó. Echó varias monedas mientras golpeada los iluminados pulsadores. Sin suerte.

–          ¡Maldita máquina!  Gruñó enfurecido mientras la golpeaba con el puño.

–          ¡Eh, tío! Deja la máquina en paz que ella no tiene la culpa de nada –le gritaron desde la barra-

–          ¡Vete a tomar por culo! ¿y dónde está mi vaso?

–          Aquí tienes, tranquilízate hombre…

Después de una hora de quejas, improperios y gruñidos, y de echarse seis copas al coleto, Aspec inició, algo tambaleante el camino de regreso hacia el Bloggercedario. Logró subir las escaleras y, entrado, se dirigió hacia su sitio y se derrumbó sobre su silla. Al punto, tuvo a su lado a Sonvak, la jefa, a quien no podía tragar.

–          ¿Ya estás de vuelta? ¿Y otra vez borracho? Va a ser la última vez, ya no te soporto más. De esta te vas a la calle.

Aspec la miró. Intentó enfocar la vista sobre ella y sintiendo una ira que desde dentro le ardía y le subía hacia el cerebro se levantó y se echó sobre ella.

–          Perra malnacida, a mí nadie me va a echar. Estoy hasta los cojones de ti, de tus órdenes y de tu careto.

Sonvak comenzó a lanzar un grito de socorro mientras Aspec la agarraba y, trabados, cayeron ambos al suelo.

–          ¡Cállate maldita hija de puta! – chilló Aspec mientras con su mano le tapaba la boca. ¡Cállate de una vez, cállate de una vez…!

Dirigió la otra mano al cuello de ella y apoyándose con todo su peso presionó hasta que notó la relajación debajo de él.

Mientras, los demás componentes de la redacción se iban acercando corriendo al despacho que ocupaba Aspec.

–          ¿Qué pasa? ¿Qué ha sucedido?

Las voces se entremezclaban según se agolpaban en la puerta del despacho, horrorizados, sin atreverse a entrar, los demás trabajadores. Se escuchó un fuerte grito de fondo.

Aspec, sentado en el suelo al lado del cuerpo sin vida de Sonvak, respondió con una sonrisa

–          Nada. Que esta ya no me vuelve a gritar.

 

Próximo turno:  P – Montse – Activo

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Un lugar extraño el Blogguercedario…

Por N-Sonvak-Activo

Un lugar extraño el Blogguercedario… Un blog donde la ficción podría confundirse con la realidad y con participantes que superan lo virtual para hacerse más cercanos cada día, con cada post, con cada comentario…

Es como un libro que vas leyendo por capítulos, que te atrapa y del que no puedes desengancharte. Siempre quieres más…

«Vale la pena y merece ser vivída«, «Mientras hay vida, hay esperanza«, «La vida es lo que hacemos con ella«… éstas fueron las tres primeras frases que me tocaron; mientras esperaba la 4ª frase pensaba «por favor que no lleve la palabra vida o el verbo vivir»… Y así llegó «Hasta que el destino nos alcance«. De las tres primeras frases quité textos tirando a deprimentes y como que la cuarta frase me sugería exactamente lo mismo, así que no me explico como demonios acabé escribiendo sobre un prostituto… creo que fue la rebeldía de decir «¡¡concho!! pues hasta que el destino nos alcance, nos lo vamos a pasar de P.M.»… Ese post fue el comienzo de los post erótico-festivos por mi parte, je.

En algún momento del trayecto, la línea erótica se mezcló con los participantes del blogguercedario, convirtiéndolos en protagonistas… Así surgió el culebrón Montse & Aspec. Me divertí un montón escribiéndolo. Me partía de risa yo sola, delante del ordenador, mientras las palabras surgían de mis dedos. Realmente era como si los estuviese viendo a los dos desarrollando las escenas, tal cual una serie de televisión… ¡¡cómo disfruté con la bofetada que Montse le dió a Aspec!!, je, jajajajajajajaja… y sí, también disfruté con la reacción de Aspec ante la bofetada de Montse (esto lo pongo para que no se pique Aspec, je).

Y es que me lo he pasado pipa tanto escribiendo como leyendo en el Blogguercedario.

Y como ya me tengo que ir a trabajar, no puedo enrrollarme más, así que toca pasarle el turno a Aspec:

-¡¡Venga, Aspec, ponte a escribir!!

Próximo turno: O – Aspective – Activo

 

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Nuestra poesía

Por: Daniela

Intenté acomodar por enésima vez los papeles que se amontonaban en mi escritorio de madera reciclada, pero no hubo caso. Hay cosas que, simplemente, se resisten a ser ordenadas. Como mis papeles; o, tal vez, los papeles en general –aunque los papeles de mi madre siempre parecen inhumanamente ordenados, tendría que preguntarle su técnica-.
— ¿Dani?
La voz suave me sacó de mi ensimismamiento. Levanté la cabeza y vi que quien me llamaba era la mismísima jefa, esa mujer morena y sensual con quien todos estaban fascinados. Yo la admiraba, claro. Sus comentarios siempre eran cálidos y motivadores; su escritura, osada; su administración, excelente.
— ¿Cómo vas?
Vacilé antes de contestar, y me puse a hacer tiempo, fingiendo ordenar –por enésima primera vez- los benditos papeles.
—Estoy bloqueada—confesé al fin, sin mirarla. Sentí que me sonrojaba, avergonzada. La mayoría de las veces no me sentía lo suficientemente buena para estar sentada en esa silla reclinable, en frente a mi escritorio de madera reciclada (expresamente pedido por mi). Bueno, para ser honesta, la mayoría de las veces, no me sentía lo suficientemente buena para estar en ningún lado; ser exigente conmigo misma parecía ser algo repugnantemente inherente a mi personalidad.
Pero fue casi una agradable sorpresa que la mujer se echara a reír con jovialidad.
—No te preocupes—logró articular, aún entre risas. —Con el nuevo formato del Blogguercedario, la presión se irá. Habrá más tiempo, más posibilidades, y sobre todo mejores ideas. Será interesante, ¿no crees?
—Supongo—murmuré, sin mucha convicción.
—Además—continuó, con los ojos brillantes—, la administración será mucho más liviana para Sito y para mi, y…

Pero yo ya no escuchaba: mi mente se había marchado lejos de allí. Había entrado en trance.
Me pasaba seguido. Mientras sostenía, por ejemplo, una conversación mundana con alguien, con cualquiera, de repente, me iba. Viajaba a la velocidad de la luz a un mundo paralelo, en donde nada existía y todo era posible, en donde todo era verdadero y lo falso solo estaba de los ojos para atrás; me iba a un mundo en donde nuestra poesía se hacía realidad, en donde los versos cobraban vida como serpientes coloridas e inofensivas, y llenaban de energía y de miedo, porque aunque parecían letales, no eran más que simples mortales, con esas ganas tremendas de estar bien, pero bien vivos, como todos los demás…

Los oídos me zumbaban y no escuchaba nada de lo que sucedía alrededor. Sin embargo, como una mosca que ve con la nuca, sabía que todo el mundo me miraba. No estaba segura si con asombro, extrañeza, risa o admiración, pero no me importaba, porque cuando entraba en trance nada podía distraerme hasta que terminara. Los dedos tecleaban como rayos cayendo dispares pero ágiles sobre un terreno imantado y magnético; a veces, adelantándose a las vagas órdenes del hemisferio izquierdo de mi pequeño infinito mundo. Una vez leí, creo que de Stephen King, que los escritores tienen cerebros en los dedos. Me parece curioso que…

— ¡Pero si ni siquiera has empezado la valija!
Acto reflejo, cerré la ventana del procesador de texto, y fingí que había estado navegando por Facebook. Mi madre, a mis espaldas, comenzó un exasperante discurso sobre la irresponsabilidad adolescente y sus temibles consecuencias, mientras yo rememoraba lo que había estado escribiendo. Cuando pareció hacer una pausa para respirar, intervine:
—Mamá, ¿te importa? Estaba haciendo algo, ya termino.
Ella me miró con ojos asesinos, y se marchó echando chispas. Suspiré, preguntándome si los padres de Shakespeare lo interrumpirían constantemente cuando el intentaba crear. Como si fuera fácil.
Los que se inclinan hacia la vida práctica, especialmente hoy con toda la basura tecnológica, tienden a pensar que uno puede encender y apagar la creatividad con un botón.
Pero no es así, y la experiencia en el Blogguercedario lo demuestra. Sí, la inspiración tiene disparadores; a veces, puede ser una frase, otras, un chicle pegado en el zapato. El arte es extraño, y la escritura es quizás el más extraño de los artes.
Volteé y miré con desgano la valija vacía, que debería ya estar al menos casi completa. Los viajes me excitaban, pero no los preparativos, al contrario de todo el mundo.
Volviendo la vista al ordenador, volví a cambiar de mundo.

Cuando puse el punto final, respiré hondo y miré alrededor. Allí estaban todos, apretujados en mi pequeña oficinita que olía a jazmines –aunque no hubiese ningún jazmín-, observándome con los labios apretados. Cuando me vieron terminar de trabajar, varios se fueron, apretando el paso, algo abochornados por haberme estado vigilando. Sonvak no se había movido. Tuve la ridícula idea de que ella también había entrado en trance.
—Es bastante confuso—observó Sara tras terminar de leer. — ¿En donde estás ahora? ¿Quiénes somos nosotros?
—No sé—admití.
—Somos el Blogguercedario—murmuró Gorio.
—Somos el Blogguercedario—afirmó Aspective, en voz más alta.
—Somos el lugar en que nuestra poesía se vuelve verdadera. En donde se vuelve tangible. Es un mundo en donde somos libres y también lo son los versos de serpiente que salen de nuestros labios y de nuestros dedos.
Nos miramos entre todos. ¿Quién había dicho eso? ¿Había sido yo? ¿Sara, Lino, Montse, o quizá Mosko o Cuauhtémoc? Lustorgan y Luissiana se miraron y se encogieron de hombros. Vi que Sonvak le echaba un rápido e inseguro vistazo a Sito, y sonreí para mis adentros.
Un lugar extraño, el Blogguercedario.

Próximo turno: N – Sonvak – Activo

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