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Por qué escribo en un blog

Bueno es una forma de definirlo cuando en realidad escribo, más o menos regularmente en cuatro.

¿Por qué? Desde luego no por los rendimientos económicos, que no llegan aún a cincuenta euros al mes… y eso en los que tienen publicidad, que son la mitad de ellos.

En el resto simplemente porque me apetece.

Esa es la sensación por la que empecé: porque sentía que tenía algo que decir, algo que contar a la sociedad…. Y lo hice, primero en algunos foros y luego en un blog de una cadena de televisión, hoy día abandonado por las pocas herramientas de edición y seguimiento que daba.

Luego abrí mi blog personal en WordPress y, más o menos por esas fechas, alguien me invitó a redactores. Y para finalizar allí conocí a Sito y por él me uní a este experimento literario.

La verdad es que, pese al poco rendimiento, y que me hace dejar medio abandonando mi blog personal medio abandonado, la experiencia merece la pena… tanto que me ha hecho volver a retomar tres novelas, una acabada pero pendiente de revisar y las otras dos no, y empezar algunas nuevas que tratare de publicar… hasta ese punto me ha llegado a picar la droga de la literatura.

Sé que no podre vivir de la literatura y que esto no puede pasar de un pasatiempo y no sé cuanto durara pero disfruto de ello y rememoro mis años jóvenes en los que escribía por el placer de escribir, sin saber si alguien, algún día, llegaría a leer lo escrito.

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En todo lugar se cuecen habas

Cuántas veces oí ese refrán lleno de filosofía popular en el pasado? ya casi ni lo recuerdo.  Mi infancia estuvo, gracias a mi abuelo paterno, llena de sentencias de esa índole, las había en casi todo momento, para casi todas las circunstancias de la vida.

Ya era ésta o aquella, pero el buen hombre regía su vida por las mismas, parecía hallar consuelo en lo que a su vez había aprendido de la que decía, “mujer más sabia” que había conocido, su propia madre.  Algunas me parecían graciosas, y algunas veces llegaba a cansarme,  su manera de acabar cada conversación…”bien lo dice el viejo refrán….tal o cual”.

Antiquísimas algunas, trasladadas verbalmente de generación en generación, no dejan de tener su actualidad, y su valor en las cosas que a diario nos ocurren, quizá debieramos en medio de nuestras ajetreadas vidas modernas, tomarnos aquellas filosofías de los “abuelos” para echarnos ánimo, cuando las cosas parecen ir mal.

Recuerdo una en especial, cuando un terremoto ha destrozado mi país, era una madrugada de febrero cuando fuimos  despertados  por una tierra enfurecida que nos lanzaba,  lo mismo que a los cachivaches colgados de la pared, al suelo. Gritos, llanto y de pronto el silencio.

No les cansaré con narrarles  el inicial  temor y el posterior asombro de lo que había quedado de nuestra vieja casa,  cuando entre el polvo  y los escombros quisimos encontrar la que hasta entonces habíamos tenido por nuestro hogar, no había nada de ella y de consiguiente estabamos de pronto en medio de la nada,  sin lugar alguno  a dónde volver, silenciosos en medio de la sorpresa de unos, y la preocupación de otros, poco o nada podíamos hacer para infundirnos esperanza…

Llenos de pesar no haciamos más que lamentar lo que nos ocurría, y  entonces mi madre con unas cuantas palabras, claras y oportunas, nos trajo un respiro en medio de la congoja, nos hizo dejar de lado la tristeza y  nos recordó que pase lo que pasé…mientras hay vida, hay esperanza.

N – Sonvak – Activo

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