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Días señalados. Días especiales

En el momento es que escribo estas líneas, he vivido 18.360 días. Más que muchos, menos que algunos, pero eso ha sido, hasta hoy, mi vida. Una enorme e ininterrumpida cadena de días en los que los ha habido de todo tipo y para todos los colores. Días buenos, extraordinarios, mágicos, y por supuesto, días negros, horribles. La mayoría, posiblemente anodinos, insulsos, que no serán recordados por nada.

Hay efemérides conocidas, incluso por anticipado, que quedarán señaladas para siempre y que puedes llegar a fijar conscientemente: el día de tu boda, que eliges calendario en mano (y del que luego te olvidarás año tras año con nefastas consecuencias). Hay otros que sin ser calculados con exactitud, pasan también a la agenda de los grandes momentos, los nacimientos de tus hijos, por ejemplo. Los hechos luctuosos también dejan ronchones a lo largo del calendario de nuestra vida, unos cardenales que nunca acaban de curar. Podemos fijar también, dependiendo de nuestra memoria, aquellos días en los que decisiones conscientes y más o menos consecuentes, nos hicieron emprender singladuras con una derrota determinada consecuencia de nuestra elección. Pensad en el día que decidisteis qué carrera cursar, o no estudiar, el momento en que disteis la señal del piso que se convirtió en vuestra casa… hay muchos días así.

Sin embargo, los días que más me gusta buscar, investigar y localizar en el fondo del baúl de la memoria son aquellos en los que sin darte cuenta, sin ser en absoluto consciente de ello, sin pretenderlo siquiera, suponen un cambio drástico de rumbo en tu vida. Sucede que de repente, un día, te planteas “Pero ¿cómo he llegado yo hasta aquí? Si yo lo que quería era…” Puede ser bueno o malo, pero ha significado llegar a una meta muy distinta de la que tenías inicialmente marcada.  Empiezas a reconstruir hacia atrás los hechos, día a día, momento tras momento, y ves una sucesión de casualidades, que comenzó ¿Cuándo? Tal vez el día en que sin aparente motivo escogiste un camino diferente para volver a casa, o decidiste entrar a comprar tabaco en ese nuevo estanco. Da igual. Unos lo llamarán destino, otros, azar, pero lo importante es que esa nimiedad desencadenó, cual efecto mariposa, un torrente de otras nimiedades que, sin tu voluntad, construyeron tu presente u condicionaron tu futuro.

Como no sé si estoy siendo muy críptico, unos ejemplos, ficticios, quizás lo ilustren: Como todos los días sales cansado del trabajo, pero hace buen tiempo, y decides que tomarás el autobús una parada después para hacer algo de ejercicio. No lo has hecho nunca antes, pero hoy te parece una buena idea. Caminando, te encuentras de repente con alguien a quien hace muchísimo tiempo que no ves y que, además, tampoco suele ir por ese camino. Os paráis, charláis un rato poniéndoos brevemente al tanto de vuestras vidas, intercambiáis los números de teléfono y cada uno continúa por su lado. Coges tu autobús en la parada prevista, llegas a casa y sigues con tu rutina diaria. El día acaba y no eres consciente de que algo ha cambiado. Se ha sembrado la semilla de lo que será, con el tiempo, un gran cambio para ti. No marcas ese día de ninguna forma especial, porque no lo es. Aún no lo es para ti. Y si más adelante no lo buscas detenidamente en la memoria, pasará desapercibido y sin embargo puede haber sido una de los más importantes en tu vida. Porque pasadas dos semanas, o tres meses, esa persona que te encontraste te llama. Ha recordado que le dijiste que eras trabajador especializado en recortar rebabas metálicas de los casquillos de las bombillas de bajo consumo y resulta que en su empresa están buscando uno. ¿Y tú estabas en paro, no? O bien es para invitarte a una fiesta en la que te presentarán a la hermana de una amiga de esta persona que, con el tiempo, será contra quien te cases. Y serás capaz de determinar cuándo empezaste a trabajar, o qué día conociste a tu futura.

Es muy difícil de hacer porque  la vida no se para y siempre podrías ir algo más o menos hacia atrás, en la reconstrucción de esa cadena de hechos. Pero yo creo que sí, que casi siempre sería posible marcar ese día en tu vida. Y a mí me gusta hacerlo. Fijar el momento en que todo cambió realmente.

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Decisiones diarias

– ¡¡ Qué sea la última vez que decides sin mí! ¡Estoy harto de que decidas y yo sea el último en enterarme!

– No te pongas así, me han llamado para quedar a cenar y al cine y me pareció buen plan y dije que sí. No creo que sea para ponerse hecho una furia.

– Es que hoy es el cine, mañana el zoo o lo que sea y yo no decido nada.

– Me parece que te estás yendo de madre, no es para ponerse así. No lo he hecho con mala intención

– Es que yo tengo que decidir también, es mi casa y mi vida.

– ¿Quieres decidir?…pues vale.

Al día siguiente a las 8 de la mañana. Él se dispone a salir por la puerta, ella acude a la puerta:

– Adios – dice él-.

– Antes de que te vayas, ¿qué le pongo a la pequeña? Porque el chandal de la guarde está sucio, asi que hay que decidir que le ponemos ¿vestido o pantalón?

Él se gira extrañado,  ya en el ascensor, la mira y dice: pantalón.

– ¿Pantalón? vale… ¿rojo de peto o vaqueros azules?

– Azules- dice él sin pensárselo mucho-.

– Vale..que tengas un buen día.

9 de la mañana. Ella conduce al trabajo, le da al manos libres.

– Hola

– Hola cariño.

– ¿Pasa algo?

– No, no pasa nada. Llamaba para que decidamos qué le digo a la chica que prepare de comer hoy.

– ¿De comer? Pues…pasta.

– ¿Con tomate o con besamel?

– Con tomate.

– Vale, que tengas un buen día.

 11 de la mañana. Ella en medio minuto que tiene en el curro, le llama. Él cuelga. Ella vuelve a llamarle. Él cuelga. Ella insiste.

– Hola, ¿Qué pasa?

– Hola cariño. No pasa nada. Llamaba porque me han llamado del colegio para una entrevista. Y hay que decidir si vamos o no.  

– Es que estoy trabajando.

– Ya, yo también, pero es que hay que decidirlo ahora. Aparca un par de neuronas de tu trabajo de la nasa y dedicalo a la decisión.

– Pues sí, di qué sí a la reunión.

– Pero… ¿vas a ir tú?  ¿o voy a ir yo? Eso también hay que decidirlo, te lo digo para que lo vayas pensando

5 de la tarde.

– Hola.

– Hola, ¿ que has decidido que merienden las niñas?

– Estoy reunido..

– Ya, yo también..pero es que hay que decidirlo. ¿o quieres que decida la chica?

– Pues que les de yogur.

– Vale.

7 de la tarde. Ella ha salido del curro y está en la compra.

Esta vez él tarda en cogerlo…pero sabe que no tiene escapatoria.

– ¿Si?

– Hola, que estoy en la compra y claro esto es un sinvivir de decisiones. ¿Compramos un paquete de 16 rollos de papel higiénico o uno de 32? ¿Compramos berenjenas o calabacines? ¿Pollo en trozos o entero? ¿Yogures enteros o desnatados? ¿Cerveza mahou o estrella damn?

– … ¿Esto es en serio?

– ¿En serio? ¿El qué? ¿ A que te refieres? Estamos haciendo la compra, no quiero que haya malentendidos. Y por cierto, hay que decidir qué cenan las niñas.

– ¿¿LAS NIÑAS?? pues… pasta y yogur.

– ¿Pasta y yogur?  Igual que en la comida. Qué práctico y nutritivo, pero por mi que no quede.

 Mil llamadas más…

– ¿Cariño…

–  ¿Oye qué…

 – ¿Que te parece…

 – ¿Vamos a…

 Él cuelga sabiendo que ha caído en su propia trampa.

Lo que no sabe es que ella aguantará dos semanas enseñándole como es un día en su vida.

 Haber elegido muerte.

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