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Hacía eso, vivir!

Hacía eso, vivir, disfrutar en la medida de lo posible, pelearse con el día a día, tener su vida llena de amigos y formar parte de una familia muy unida, una familia que se vió rota aquel fatídico miércoles, 21 de abril del 2004.

Había llegado ya al trabajo, un trabajo en el que había comenzado hacía apenas tres días, pero por alguna causa misteriosa, cogió el coche y enfiló hacia Porriño otra vez. Y el destino se lo llevó… parece ser que perdió el conocimiento mientras conducía y su coche se metió bajo un camión que circulaba en dirección contraria.

Recuerdo ese día con todo detalle, incluso las horas anteriores a que me dieran el golpe más duro de mi vida. Mi hermano Claudi llamó al que por aquel entonces era mi pareja… me dijeron que Carlos había tenido un accidente y que estaba muy grave. Sin embargo al momento comencé a llorar… sabía que Carlos había muerto, deseaba con toda el alma que no fuese así, pero lo sabía.

Cuando llegué a casa de mis padres, estaba solo mi padre… mi madre había ido a casa de su hermana de visita. Yo no sabía que decir, no sabía si mi padre ya lo sabía. Al poco llegó mi hermana Patri… tampoco parecía saber el alcance de la tragedia. Yo lo tenía claro, pues sino todos estaríamos esperando en la sala de algún hospital.

Y por dentro, no dejaba de rogar que aquello fuese una pesadilla, no dejaba de esperar que en cualquier momento Carlos apareciese por la puerta. Cuando llegó a casa mi hermano Claudi con mi madre, la magnitud del dolor de ella me impuso cierta calma a mi para intentar ayudarla en la medida de lo posible. Su hijo, su adorado hijo, mi adorado hermano, ese hijo con el que más unida estaba en aquel momento de la vida… se había ido, con apenas 31 años recien cumplidos.

El accidente salió publicado en el periódico al día siguiente, con fotografía incluida. Nunca he visto ese artículo, nunca he querido verlo. Oía a la gente hablar de la fotografía en el velatorio, de como había quedado el coche… y yo pensaba “no se dan cuenta de que no necesito detalles“… “no se dan cuenta de que el dolor ya es demasiado como para que me den pormenores“…

Mi hermano Carlos fue incinerado y se me quedó clavada en el alma la imagen de mi madre abrazada a la urna que guarda sus cenizas, caminando hacia el coche al igual que muñeca rota por la desesperación.

Al día siguiente aparecía en el periódico una esquela dedicada a Carlos por parte de la enorme cantidad de amigos que tenía… pues así de especial era él. Iba por la vida dejando huella.

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Recuerdo que desde ya muy pequeñito traía a las niñas, y no tan niñas, loquitas por él. Y no era solo por su físico, era también por su especial forma de ser. Presumía de mi, su hermana mayor,  ante sus amigos y esa admiración era el mejor de los regalos. Yo también presumía de él. Somos, pues no puedo decir éramos, cinco hermanos que formaban una piña, siempre bien avenidos, siempre defendiéndonos unos a otros, siempre muy unidos… la familia ideal.

Han pasado cuatro años y medio desde que él ya no está. Este febrero cumpliría 36 años. Todavía me siento enfadada y con ganas de gritar de dolor… a veces es pura desesperación la que siento. A veces sueño con él, maravillosos sueños en los que puedo abrazarlo, en los que puedo decirle lo mucho que lo quiero, en los que es como si él volviese a vivir.

Todos los días está en mi pensamiento, en mi corazón, guardado como el mayor de los tesoros, viviendo sin vivir. Todos los días se los dedico, pues no podría ser de otra manera.

Y este post es para ti Carlos, donde quiera que estés, pero siempre conmigo sino en presencia sí con toda mi alma. TE QUIERO, HERMANITO!!!.

O – Aspective – Activo

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