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Genio y figura

Por fin, por fin puedo sentarme delante del ordenador y comenzar a escribir este post.

Ha sido un día frenético. A las seis me he levantado a toda pastilla para ir a currar, y no he parado en toda la mañana, me han puesto un ayudante y parecía yo su ayudante, toda la mañana pidiéndome cosas…

Al salir, empieza a llover, como no, y yo claro fui en moto para no tener que andar a buscar sitio, y me he empapado de arriba a abajo. Llego al garaje y no he tenido tiempo de subir a cambiarme, meto las cosas en el coche y me voy a casa de mi  madre a comer. Allí me esperan mis nenes, ains, el mayor ya me pasa en altura, jejeje…

Como a toda pastilla y voy a casa de mi novia. La llevo al trabajo y me vengo para mi casa con mis hijos, el mayor tiene 16 y el peque 8. Les digo:

_Tengo que salir un ratillo a hacer unos recadillos, ya vengo.

_Vale, tranquilo, me dicen.

Salgo a toda leche, tengo que llevar el coche porque aquí en Vigo no sabes cuando van a descargar las nubes, amenazan constantemente, además voy a por regalos de ultimísima hora y en la moto a ver como hago, nada en coche otra vez.

El tráfico horrible, no puedo entrar en los centros comerciales, doy vueltas, el cerebro piensa rápidamente… A buscar sitio cerca de los mismos. Entre callejuelas, vados permanentes y malos modos de algun@s, voy safando la situación.

Tras dos horas, no se ni cómo lo he hecho, he conseguido comprar todo lo que buscaba, en tres centros comerciales distintos y separados unos de otros por tremendas colas de tráfico y  varios quilómetros de distancia.

¿Genio y figura?, ese soy yo, que coño!!

Y mañana la cabalgata de reyes…

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Mil historias en la cabeza

Por Sara

Queridos compañeros del Blogguercedario: Feliz año. (por si no os lo había dicho). La verdad es que no me gustan las Navidades, ya que se supone que son días de reunión familiar, fiestas, bondad… blabla.

Mi familia no vive en España, cada año faltan más seres queridos, y para colmo de los males, apenas puedo salir porque hace 6 meses me destrocé una pierna mientras me tomaba un descanso escribiendo para este mismo blog.

Se supone que este nuevo año va a ser bueno, al menos eso señala la intuición de los que me rodean. Creo que peor no puede ser, pero no voy a hablar muy alto.

El caso es que, aunque no participe en las celebraciones, las navidades me trastornan. Todo se revoluciona, y ya no sé si vivo en sábado, domingo o jueves. Así que claro, llega el lunes y se me echa encima el tema del Blogguercedario. Y mientras hago planes para cuando me den el alta de una puñetera vez, intento llevar el máster al día, atender a todos mis amigos que están pasando por aquí las vacaciones, va el jefe y plantea el tema: Genio y figura. Que me recuerda al programa de chistes que había en la tele hace muchos años que lanzó a la fama a varios graciosillos de la farándula española.

Pues me vais a perdonar que no haga la reflexión pertinente, pero quiero centrarme en el regalo que quiero haceros. No tengo ni idea de qué hacer, y menos desde el triunfo de Gorio con su canción, creo que ese regalo es insuperable. Así que no esperéis gran cosa de mi parte, ni un vídeo haciendo capoeira porque soy muy tímida. Disculpadme si el regalo llega tarde… pero agarrándome al refranero español, “más vale tarde que nunca” y una vez más, me paso el tema semanal por el forro y escribo lo que quiero. Ya sabéis, “genio y figura hasta la sepultura”.

Saludos a todos y feliz 2010.

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Perdiendo la inocencia…

Sentadas en una esquina del patio del colegio, dos niñas charlaban concentradas, sin ser conscientes del bullicio que las rodeaba. Sus rostros reflejaban auténtica seriedad y preocupación.

-¿Estás segura? -le preguntó María a Laura.

-Sí, me lo dijo Víctor y él no suele mentir.

María se quedó mirando pensativa al frente, viendo sin ver como los demás niños jugaban a su alrededor.

-Vamos a tener que comprobarlo… -dijo María tras el momento de meditación sobre la revelación que le había hecho su amiga.

-Sí… -la voz de Laura reflejaba tristeza. Ambas se sentían tristes ante la idea de comprobar que lo que había dichoVíctor pudiese ser cierto.

*  *  *

Ese mediodía, mientras comía, María observaba con atención a sus padres. Confiaba en ellos. Los quería. Sabía que la querían. Le resultaba imposible creer que pudiesen estar mintiéndole. Se preguntaba a si misma cómo haría para descubrir la verdad… Bueno, sabía lo que tenía que hacer, pero no sabía cómo encontrar el momento para hacerlo sin que ellos la pillasen. Tendría que tener paciencia, y eso era algo realmente difícil.

Después de la comida su padre se marchó a trabajar y su madre se puso a limpiar la cocina. Pensó que aquel podía ser un buen momento… pero le daba miedo. Pasó repetidamente por delante de la puerta de la habitación de sus padres sin atreverse a entrar. Miraba al interior de aquella habitación como si fuese un santuario que su presencia profanaría. Siempre le había parecido una habitación llena de secretos por descubrir, y ahora todavía se lo parecía más.

Cuando acabó de limpiar la cocina, su madre se tumbó en el sofá y María se quedó pendiente, con el corazón en vilo, esperando a que se quedase dormida. Estaba muy nerviosa.

En el momento que se sintió segura del dormir de su madre, se levantó con sigilio y se dirigió a la habitación. Entró sintiendo que aquella habitación la imponía más que nunca y se preguntó por dónde empezar. Estaba claro que había lugares en los que no podría investigar pues quedaban fuera de su alcance.

Primero miró debajo de la cama… sin resultados, lo cual en cierta manera le hizo sentir alivio. Después se volvió hacia el armario y se quedó mirándolo con seriedad. Miró hacia la puerta escuchando con atención antes de abrir con cuidado las puertas del armario. Se puso de puntillas y estiró al máximo su cuerpo para intentar espiar en la parte más alta del armario. No vió nada sospechoso. En los estantes tampoco. Se agachó para investigar por el suelo del armario… y entonces su corazón dió un vuelco. Apenas había sido un destello, pero estaba segura de haber visto algo. Apartó con cuidado lo que estaba por delante, intentado no hacer ruido alguno, y entonces lo vió. Su corazón ya no podía latir más rápido. Era un paquete de regalo envuelto en un papel rojo lleno de estrellas plateadas. No conocía su contenido, pero en aquel momento para ella aquel regalo contenía el posible final de una gran ilusión. Con celeridad lo volvió a esconder y se retiró a su habitación para reflexionar sobre su descubrimiento. Al final llegó a la conclusión de que lo mejor era esperar.

*  *  *

Había llegado el momento de la verdad. Esa noche le había costado y mucho quedarse dormida pero la mañana ya había llegado y el árbol de navidad esperaba. Se dirigió hacia él despacio, con la respiración contenida. Había muchos regalos, pero ella solo estaba pendiente de uno, aquel que no tardó en aparecer ante sus ojos. Se sentó en el suelo, mirando aquella prueba irrefuctable y se sintió triste. Se sintió profundamente estafada: los Reyes Magos no existían… La magia había desaparecido. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

 

SONVAK

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El clítoris es un arma de guerra

El lunes pasado tenía la urgente necesidad de salir de casa. No podía quedarme en el sofá viendo cómo el sol brillaba fuera. Me acerqué al centro dando un paseo y aprovechando los primeros rayos de la primavera, mirando escaparates a mi paso. Cuando ya había recorrido cerca de un kilómetro, unos grandes nubarrones grises cubrieron el cielo hasta hacerse prácticamente de noche. Las gotas de lluvia pronto empezaron a caer, y en pocos minutos jarreaba amenazando inundaciones. Por suerte estaba al lado del Corte Inglés, y entré para resguardarme del chaparrón, por supuesto no se me había ocurrido meter un paraguas en el bolso antes de salir de casa.

Me dirigí a tiro fijo a la sección de libros, es la única parte que me resulta interesante de los centros comerciales. Me gusta hojear las obras literarias, aprovechar las ofertas ‘deBolsillo’, conocer cuáles son los últimos ‘Best Sellers’, y hacer regalos. Qué mejor regalo que un libro, sobre todo cuando sabes que la persona que lo va a recibir aprecia la lectura…

Me planté delante del montón de ‘novedades’, y empecé a fichar los títulos. Uno me llamó la atención: ‘El clítoris es un arma de guerra’. “No sabía que Lucía Etxebarría había sacado libro nuevo”, pensé. Pero en la contraportada pude leer que el autor de tan curioso título era un tal Unsinagawa, un escritor mexicano poco conocido en España. Este libro sin duda tenía un destinatario, y lo mandé envolver.

La lluvia había cesado, así que aproveché para salir del Corte Inglés con mi adquisición en el bolso y volver a casa antes de terminar pasada por agua. Envié el regalo a Madrid y llamé a Montse para que estuviera atenta al correo. “Te he mandado una sorpresa”, le dije. “¡Qué casualidad, yo también te he mandado algo!”, me respondió entusiasmada. Y es que era probable que no nos acordáramos de felicitarnos para nuestros cumpleaños, pero regalos ‘sinmotivos’ no faltaban en cualquier ocasión.

Dos días después recibí un pequeño paquete. Mientras despedía al mensajero, el teléfono me reclamaba: era Montse. Apenas la podía entender porque parecía ser presa de un ataque de risa. Mientras se le pasaba el cachondeíto, fui abriendo el  paquete. Era un libro ¿cómo no? Muda me quedé mientras lo sacaba y veía un nombre: Unsinagawa. Entonces fui yo la que empecé a reír sin parar. Montse, que ya había recuperado el aliento, me decía: “¿Lo has visto, lo has visto?”. A lo que respondí estupefacta: “Interesante intercambio”.

Turno para Montserratita.

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