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Mi magia

Mi magia

Con el transcurso del tiempo veo que no cambio, temporadas malas y temporadas malísimas, todo lo relaciono con los mismo, quizás me estoy volviendo algo egoísta, lo sé, pero estoy cabreada con la vida que me ha tocado vivir en teste mundo, infierno o como quieras llamarlo, se han llevado parte de mi y no consigo recuperar mi otra parte. Todas las mañanas intento levantarme y decir, – venga, hoy será mi día, pero no, ya no pienso en positivo, el día termina como siempre, ¡desastroso!

Sólo quiero estar sola y no quiero saber nada, ni de nada ni de nadie, ni andar dando explicaciones de porqué hago esto o lo otro o dejo de hacerlo, nadie lo entiende. Todo me aburre nada me divierte, me gusta tumbarme en mi cama y estar a solas con mis recuerdos, al final acabo llorando y me siento tan mal que acabo durmiéndome para poder soñar, pero no, ni eso puedo hacer, sólo tengo pesadillas, pesadillas que acaban como siempre.

Aún así, sigo adelante, porque pienso que algún día todo esto cambiará, aunque ya no me queden sentimientos y no me afecten las cosas que les pase a los demás, aunque haya perdido mi magia y sólo viva pendiente de lo mío, de intentar asimilarlo, hasta entonces no volveré a derramar ni una lágrima más. Porque en ese momento habré asimilado mi vida y no quiero asimilarla. No quiero vivir sin mi magia.

Sandra

 

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Le enseñó el dedo corazón

Por: Sara

Montse le dedicó a Gorio ese gesto insultante tan particular: le enseñó el dedo corazón. Estaba inundada por la rabia, y si él hubiera estado a su alcance, lo hubiera abofeteado de buena gana. Pero para entonces, Gorio ya estaba abandonando el edificio, a marcha acelerada, mientras ella miraba por la ventana cómo huía el hombre con el que había compartido más de cinco años de su vida.

No entendía cómo las cosas habían cambiado tanto de un día para otro. De repente, él ya no la amaba, llegaba tarde por las noches, no salían juntos ni siquiera al cine, y la llama que un tiempo hubo entre ellos, se apagó porque alguien había soplado con fuerza. Gorio no dio demasiadas explicaciones de su marcha. “No te quiero”, le espetó a Montse duramente. “¿Por qué? ¿Por qué?”, le inquiría ella sin obtener respuesta. Estaba segura de que no había cometido ningún error imperdonable, y lo único que se le pasaba por la cabeza era una clara infidelidad.

Sin Gorio, Montse podría vivir, pero con el peso de una traición, no. Desde aquel día, cada vez que volvía a casa del trabajo, encontraba un nuevo vacío. Él se llevaba sus pertenencias de forma que Montse apenas lo pudiera percibir. Pero a ella nadie la engañaba. Un vecino hizo alusión, no sin cierta ironía, a lo bien acompañado que se le veía últimamente a su ‘muchacho’. Un día Montse salió antes del trabajo, y cuando abrió la puerta del portal, el mismo vecino chismoso informaba de que Gorio se encontraba arriba con “su nuevo amor”. Se quedó petrificada. No sabía si subir y pillarles con las manos en la masa, o largarse de allí y volver más tarde, haciéndose la tonta.

Finalmente decidió subir las escaleras, temiendo el enfrentamiento. A medida que se acercaba, se iba escuchando una música de baile. Salía de su piso, estaba segura de ello. Reconoció en las notas esa melodía que tantas y tantas veces había bailado con Gorio, agarrados de la cintura, moviendo las caderas rítmicamente. Abrió la puerta con cuidado, y los que estaban dentro no se percataron de ello. Montse abrió mucho los ojos para poder asimilar lo que estaba viendo. Abrazado al que había sido su chico, bailando lentamente, riendo, besándose, estaba Sito, el jefe de la oficina y además buen amigo.

Montse montó en cólera interiormente, pero guardó silencio para no ser descubierta. Observó lo que tenía a mano en la entradita, y se le encendió una bombilla al ver sobre el aparador la vela de aceite que estaba de adorno. Derramó el contenido sobre la moqueta, encendió una cerilla y salió corriendo.

cerilla

Próximo turno para: R- Gorio

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