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Se quedó tieso como un reloj de pared

Podía escuchar el tic, tac, tic, tac …  martillando sus oidos, oprimiendo su cabeza. La sensación era completamente nueva para él; había pasado miedo otras veces pero nunca nada semejante. Quería seguir caminando pero sus piernas no respondian. 

“Vamos”, – se dijo

“No pasa nada, campeón. Inspira, expira, inspira, expira……. O era al revés? No, el médico me dijo en ese orden”

David volvía caminando sólo, por una angosta y sucia calle, de vuelta a casa, tras una larga y dura jornada de trabajo en la misma fundición en la que, año tras año, y ya iban más de 20, su salud se había ido deteriorando poco a poco, su apariencia de hombre rudo y viril se había transformado en un espejismo. 

Sólo le quedaba doblar la esquina y habría llegado a su apartamento, 60 metros cuadrados dónde año tras año, y ya iban más de 20, compartía su existencia, humilde pero feliz, con su alma gemela, su delicada compañera, la mujer que en 4 meses lo iba a hacer el hombre más feliz del mundo, su incuestionable razón de vivir.

“Odio la lluvia, y odio más caminar bajo ella. ¿Por qué la abuela Rosa me soltaría esas frases tan rotundas que sólo ella sabía entonar tan majestuosamente? Todavía parece que la estoy oyendo : – Ay, Davicete…. noche lluviosa, noche angustiosa” Y, vaya! a un niño de 5 años eso no se le olvida mientras viva. Bueno, abuelita, un beso dónde quiera que estés, pero…… ya te valió, eh!”  

Tras unos minutos controlandose el pulso y la respiración, y con la mezcla de sudor y lluvia propia del momento empapándole el cuerpo, comenzó a apurar el paso. Sólo estaba a escasos 10 metros de esa esquina, punto de referencia para llegar a su ansiado destino, a su descanso, a su alegría diaria.

“Uff, qué ganas tengo de abrazarte, mi amor. A tí y a esa criaturita que ya empieza a darte, …..qué digo darte!,…. a darnos, las primeras pataditas. Espero que no se me haya mojado el precioso paquete que me hizo la de la confitería porque, con lo que te gustan los lacitos…. Y, después de cenar, un atracón de bombones para los 3, que no se cumplen 5 meses de gestación todos los días, eh! chavalote !! Aunque con el embarazo tan bueno que le estás dando a tu madre, creo que hoy os voy a dar ración doble de caricias en la barriga”.

De repente esa extraña sensación volvió a su cabeza, un escalofrío le recorrió el cuerpo de arriba a abajo, una interminable opresión en ese generoso, aunque débil corazón le impedía avanzar, le impedía pensar, le impedía buscar una solución a su desesperación. Sólo, y sin que lo hubiese deseado, volvía a escuchar a la abuela Rosa: ….. Ay, Davicete … 

La noche se volvía clara, aunque no estaba amaneciendo.

Próximo turno para: T – Unsinagawa – Activo

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