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Esa foto quedaría bien en la pared de su cuarto

N – Sonvak – Activo

“¡¡Mierda!!”, exclamó para sí mientras sentía como otra rama del dichoso árbol le arañaba por centésima vez en las piernas. Sin embargo ya estaba cerca de su objetivo y no pensaba detenerse en ese momento. Desde que le habían dado el chivatazo no había podido pensar en otra cosa.

Y no es que se le diese bien trepar árboles; Dani miró con pena sus preciosas piernas. Alzó la vista hacia la cercana ventana… “ya queda poco“. Miró hacia el suelo. Menos mal que ese tipo de encuentros los solían hacer en chalets, aunque de caerse el golpe dolería bastante.

La cámara de fotos le estorbaba bastante en su ascenso, pero era imprescindible en el logro de su objetivo. Sabía que levantaría ampollas si conseguía hacerse con la fotografía que buscaba, pero es que además esa foto quedaría bien en la pared de su cuarto.

Ya se estaba imaginando que cara pondrían los demás cuando se enterasen. Iban a flipar, al igual que había flipado ella en un primer momento… después no le había extrañado en absoluto, pues siempre había notado un rollito particular entre los que serían protagonistas de la fotografía.

Ya estaba a la altura de la ventana. Esperaba no haberse equivocado. Le habían dicho que siempre pedían la misma habitación, al igual que alguien que pide siempre lo mismo para beber. Y también le habían informado de que gustaban de tener descorridas las cortinas durante el encuentro… sería que eso aún los excitaba más.

Se situó bien en la parte naciente de la rama, la más gruesa, asegurándose de tener buen apoyo y comenzó a enfocar con el objetivo de la cámara. Allí estaban ellos. Era inevitable el no fijar la vista sobre sus personas. Tras la impresión inicial, a pesar de estar sobreaviso, pensó que la decoración de la habitación quedaría genial en la composición. El rojo predominaba, lo cual todavía confería más sordidez al asunto… y aquella cama redonda era un lujo para su ojo artístico.

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Una sonrisa maliciosa cruzó su semblante mientras comenzaba a pulsar el disparador una y otra vez… era de lo más inspirador ver a Aspec, Gorio, Montse y Sonvak en plena orgía.

Próximo turno para: O – Aspective – Activo

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Korda inmortalizó al Ché con aquella foto

Siempre evité las cenas de empresa. Pertenezco a ese 9% de las estadísticas que busca una buena escusa para no ir. Me resultaba violento ver cómo el jefe se ponía hasta las patas de vino y tener que verle al día siguiente en la oficina con una resaca del quince y encima mostrarle respeto. Pero con Sito en la butaca de dirección, era diferente. Raro era el fin de semana que no salíamos de juerga, la plantilla al completo, los 26. Así que en este caso, la cena de empresa prometía.

Para empezar, no se trataba de un encuentro formal y convencional, sino más bien todo lo contrario. Ni restaurantes caros, ni vestidos con tacones, ni trajes con corbata. El jefe había acondicionado el despacho para la ocasión, pizzas, bebidas, platos y vasos de plástico, y buena música. Desde luego, el ambiente más distendido no podía ser. Junto a la mesa, había un retrato de Ernesto Guevara, que sustituía a a la imagen del Rey de los viejos tiempos, o si me apuras, a la de Franco. Unsinagawa recordaba con admiración cuando Korda inmortalizó al Ché con aquella foto.

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Nuestra empresa era conocida en el sector por ser rigurosamente organizada, pero a pesar del aspecto de rectitud que se percibía desde fuera, el cachondeo interno era el pan de cada día. Entre los trabajadores, la monotonía brillaba por su ausencia, y teníamos personajes de lo más variopinto. Una charla con Gaby resultaba de lo más divertida, sobre todo cuando salían a relucir sus múltiples personalidades. La imaginación y el buen hacer de mi tocaya Sara nos mantenía entretenidos durante horas, cualquier excusa era buena para no trabajar. El encargado de Recursos Humanos, José Luis, se ocupaba siempre de elegir a lo mejor de cada casa para colaborar con nosotros.

Volvoreta era la fotógrafa del equipo, pero había que tener cuidado con ella, porque si te descuidabas, te sacaba hasta meando. Ella decía que todo era arte, pero oigan, para mí la intimidad es sagrada. En el fondo tenía alma de paparazzi la chica. En esa cena también se llevó la cámara, pero nada más entrar, Sonvak ya advirtió que era mejor que esa noche no hiciera uso de ella, o más de uno nos arrepentiríamos.

En el equipo de música sonaba algo de rock, un mítico tema de Barricada, y con un par de copas encima, a Juan Diego Polo le vino la inspiración y se dispuso a tocar la guitarra. El chico tenía hasta nombre de artista, así que la reunión que había comenzado como una cena informal, se animaba por momentos. Lustorgan vació un cajón de su escritorio y lo colocó boca abajo para golpearlo con las palmas de las manos y establecer el ritmo de la percusión. Sandra entonaba como los ángeles, y Aguaya movía las caderas con mucho arte al son cubano.

Gorio y Utopía se subieron encima de la mesa. El espectáculo era bacanal, y el alcohol desinhibía hasta a los más recatados. Carolina estaba sentada junto a la ventana y Aspective le tiraba tantos trastos que hasta rompió un cristal, con tal mala suerte que le alcanzó en un brazo a Suki, que gritaba dolor y rabia. Alejandro, que tenía nociones de primeros auxilios, le hizo un torniquete para salir del paso, no era plan de chafar la fiesta por un poco de sangre de nada.

La temperatura del ambiente subía por momentos, y es que la cena no era una cena de Navidad, sino una cena de Primavera, y el calor ya empezaba a apretar, por lo que sobraba toda la ropa. Montse, que era la precursora del Comando G, nos animó a todos a despojarnos de nuestras prendas, y Yuyicienta cogió carrerilla y se quitó hasta el sujetador. A Mosquitovolador se le salían los ojos, y se lanzó a picar sin pensárselo dos veces. Cuauhtémoc y Daniela bebían champán con los brazos enlazados, y Rosma y Ariel compartían un estrecho sillón. 

Yo, aproveché la entrega y el entusiasmo que todos ponían en tan peculiar orgía y le robé a Volvoreta la cámara de fotos que había dejado abandonada en un rincón. Disparé, y nadie pareció darse cuenta del flash. Entre copa y copa, baile y baile, y polvo y polvo, se hizo de día, pero para entonces yo ya había salido de allí hacía rato.

Al día siguiente, las portadas de los periódicos aparecían a todo color, con una gran fotografía, y un titular unánime: EL BLOGGUERCEDARIO CELEBRA LA PRIMAVERA CON UNA GRAN ORGÍA DE EMPRESA.

Próximo turno para: P –  Montserratita – Activo. (Tú la llevas)

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