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Aspective permanecía inmóvil en el suelo

Últimamente habíamos descubierto, cada quien por separado, que en la oficina se podía hacer de todo. Una vez junto a la puerta del baño, mientras meditaba cerca de la ventana, en el mismo lugar en que ahora Aspective permanecía inmóvil en el suelo, escuché una dulce y singular voz, adornada por los acordes suaves y acompasados de una guitarra.

No entendía lo que cantaba, pero igual me gustaba escuchar esa melodía. En eso pasó Gorio y, mirando al techo, intentó descubrir de dónde provenía dicha música. En un instante me miró como sorprendido de que yo también estuviera ahí y me dirigió una sonrisa.

¡Qué buena la canción esta!

Le respondí asintiendo la cabeza e instintivamente le ofrecí un cigarrillo. Entre plática y todo, resulta que los dos resultamos ser músicos, con nuestras respectivas tendencias y gustos completamente polarizados, pero músicos al fin. Guitarristas para variar, bueno, yo con un tanto más de experiencia en el bajo y el contrabajo, pero compartíamos el gusto por los instrumentos de cuerda.

Deberíamos de improvisar algo, me da curiosidad por el resultado de semejante combinación, le dije.

Me hizo un gesto de no estar completamente convencido. Cabe aclarar que yo no era un tipo por demás popular como Sito (el ex jefe), Aspective o el mismo Gorio (que ya era famoso por su intento de conquistar a Sonvak). Me considero más bien del tipo reservado que pasa casi por lo general desapercibido en todas las reuniones y en los pasillos se me nota discreto. Vamos, que un tipo común sin aptitudes y/o cualidades aparentes le propusiera algo a una persona de habilidades comprobadas en la oficina, cualquiera dudaría de su proyecto, por más armado que este fuera.

La oficina en donde trabajábamos contaba con 26 cubículos, correspondientes a las letras, donde cada quien trabajaba en lo suyo. Además contaba con unas salas de reuniones, cafetería y algunos otros espacios de trabajo común. La mía estaba, como vulgarmente decimos en México, como huevo (cojón) de perro: hasta el final. De vecinos solía tener a Cuauhtémoc y a Yuyis, pero esta última había encontrado otra opción de trabajo y había renunciado, o algo así escuché. Te digo que no soy muy atento con los demás. Hay un pasillo central, en primer plano a mano derecha, encontrabas trece cubículos, de las letras A a la M, y al lado izquierdo encontrabas apilados los cubos de la N a la Z. Los baños se encontraban justo al final del pasillo doblando a mano derecha, mientras la sala de juntas era al final del pasillo a mano izquierda. ¿Que por qué escribo esto? Ah, comprenderás entonces que fui yo el que separó a las dos mujeres que estaban transformadas en fieras justo al lado del baño, me quedaba tan cerca de mi pequeño cubo.

Bueno, si lo que quieres es improvisar, entonces deberíamos de ver cuando tenemos tiempo libre e intentarlo.

La respuesta de Gorio por fin me daba una esperanza mayor. Él entró al baño y yo me dirigí a mi cubo, y es cuando veo salir a la menor de todos los bloggers que conformábamos este singular equipo de trabajo. Daniela iba ya de salida con la guitarra en su estuche al hombro y algunos otros papeles en su mano izquierda.

¡Qué sorpresa! Y pensar que en esta oficina hay mucho talento artístico, más que la simple burocracia habitual.

La dejé marcharse sin dirigirle más que un gesto de saludo-despedida. La uruguaya era una de las chicas que más me impresionaba por su trabajo, la admiraba en verdad. Fui a mi escritorio, busqué un folder que tenía archivado muchas de mis singulares composiciones para la música y elegí una: Carente de corazón (que después la transcribiré, puesto que esta letra no es propia del post). En las indicaciones técnicas para la partitura, había escrito: dos guitarras, una voz masculina, una voz femenina. Perfecto, esta sería buena para Gorio, Dani y yo.

Justo era la mañana entonces que decidí proponerles a mis dos compañeros la interpretación de esta canción, a modo de balada; justo era que revisaba los últimos detalles para no estar corrigiéndolos en público; justo era que imaginaba las cuerdas de Gorio y la melodiosa voz de Daniela en mi canción; justo era que… ¡rayos, algo pasa allá afuera!

Salí y miré hacia todos lados, Lino y Alejandro Marticorena se asomaron de sus cubos casi al instante que yo, pero instintivamente corrí hacia donde se escuchaba el alboroto. Sólo vi a un par de mujeres dándose con todo. Usando un poco de fuerza me metí en medio de la pelea, a una la empujé y a la otra la jalé, sin saber aún quien era quien. Debo confesar que me llevé unos arañones espantosos y muchos insultos. Miré a Aspective en un estado como en Shock y enseguida volví la mirada a las chicas: Sara y Dani agitadas aún, dirigiéndose una a la otra una mirada de rencor, pero las dos chicas estaban llorando.

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O quizá nunca escapé de allí…

Mi mente volvía una y otra vez a aquel momento, y yo no dejaba de pensar que, o me estaba volviendo loco, o quizá nunca escapé de allí.

Aquella habitación me había atrapado. Aquellas cadenas habían sujetado mi cuerpo desnudo. Aquella mujer… ¿qué podía decir de aquella mujer?, aquella mujer que yo había creído como las demás, pero que en unos minutos había echado por tierra mis ideas preconcebidas con respecto al sexo débil.

Me encuentro en un estado confuso. No sé como actuar con ella, pues tengo claro que las estrategias que con otras mujeres han dado resultado, con ella no me servirán de nada. Y sin embargo quiero hacerla mía. Supone un reto el seducirla, el poseerla, el sumergirme en esa pasión de la que hizo gala dentro de aquellas cuatro paredes.

Esta semana ha sido una locura. Verla en la oficina, fingiendo indiferencia, aparentemente fría y controlada… Ese control que sé como vencer para ganarme el estar atado a unas cadenas, o una furiosa bofetada. Ese control que quiero echar abajo pero con beneficios mucho más gratos para ambos.

Mientras la contemplo mi mente no deja de imaginarla desnuda, adivinando sus formas bajo la ropa. Mi imaginación me traslada una y otra vez a aquella habitación, pero nadie está encadenado mas que por los brazos del otro.

Solo hay algo que me distrae… que me aleja de tan calientes pensamientos… y es mi hermano gemelo. Después de seis meses sin dar señales de vida ahora se le ha dado por aparecer… y me está complicando la vida. Somos iguales como dos gotas de agua, físicamente hablando, y eso me ha metido en problemas más de una vez. El otro día se pasó por la oficina… para darme la sorpresa de su regreso; eso no sería problema… el problema es que se ha enamorado de una de mis compañeras, precisamente una que parece tener bastante relación con la que es causante de mis desvelos… y ahora se dedica a enviarle flores… y a romperme la cabeza a mi haciendome preguntas sobre ella. Y yo no estoy para charlas. Mi mente está concentrada en Montse.

La impaciencia me está devorando y la noche del viernes parece demasiado lejana, pero tampoco quiero volver a provocar otra escena en la oficina… Quiero que se relaje, que se sienta confiada, que baje la guardia hasta el punto de que no se sienta amenazada ante la idea de hablar a solas conmigo.

Como que me llamo Aspec que este viernes arderá Troya!!!…

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Follas menos que un casado

-¿O es que no has oído el refrán “follas menos que un casado“?.

Aspec medio escuchaba la conversación de sus compañeros de oficina mientras su mente divagaba. Era lunes y estaban tomando el primer café de la mañana al lado de la maquina de los cafés. Todo un ritual de cada día. Se había pasado el fin de semana deseando que llegase el lunes. Como para no desearlo tras la extraña situación vivida el viernes…

-¿Quién folla menos que un casado? -el que hablaba ahora era Sito, que acababa de entrar. El gran jefe.

Aspec miró hacia él, distraído. De todos era sabido que aunque en la oficina mantenían las apariencias, todos los viernes se iban de juerga juntos.

-¿Qué pasa aquí? Ni que me tuviesen miedo… -todos habían abandonado el café tras la entrada de Sito.

-Tío, es que los lunes entras con una cara que cualquiera se atreve a hablarte. Además, ya sabes lo que dicen, coge fama y échate a dormir…

-Oye ¿y a ti qué te pasa?… porque hablas de mi pero no es que tú tengas muy buena cara… ¿Y se puede saber por qué no te viniste el viernes noche?.

Aspec se lo quedó mirando. Como para explicarle porque no había ido. Como para decirle que lo habían encadenado. Vamos… que ni de coña. No quería tener bromas para el resto de su vida.

Precisamente en ese momento, la que se acercaba a la máquina del café era Montse. Había esperado tanto ese momento… El momento de verla delante. ¿Cómo era posible que aquella mujer, de apariencia dulce, hubiese cometido la locura de encadenarlo? ¿Cómo era posible que no se hubiese fijado antes en ella?

*  *  *

Había rezado porque el lunes no llegara nunca, pero ya era lunes, ya estaba en la oficina y tarde o temprano tendría que enfrentarse con él. Con encontrárselo delante. Necesitaba un café con urgencia. Apenas había dormido en todo el fin de semana… el breve fin de semana que se había pasado deseando no haberlo hecho. No haberlo encadenado.

Abrió la puerta de la pequeña habitación que se usaba a un tiempo como archivo y como “sala de cafés”. Ojalá estuviera Sonvak por allí, tenía la cualidad de hacer que se olvidara de los problemas mientras charlaba con ella. Pero al primero que vió fue a Sito, “el gran jefe” como solían llamarlo. Ella sabía que lo de Sito era pura fama, y que en realidad aquella cara de “lunes por la mañana” escondía a un amante de las juergas y la vida nocturna con un tremendo sentido del humor. Ese no fue el problema. El problema era el personaje que estaba a su lado. Esa persona que menos deseaba ver aquel lunes, ni ningún otro día de allí en adelante. ¿Por qué tenía que verse tan atractivo comenzando la semana?. Sintió como le ardía la cara cuando él fijó sus ojos en ella. Aquella mirada decía más de lo que ella quería saber y, sin haber saludado tan siquiera, dió media vuelta y escapó del enfrentamiento que veía venírsele encima.

*  *  *

-¿Se puede saber que le pasa a Montse hoy?. Está de lo más rara. Antes la saludé y ni me contestó -Sito contemplaba a Aspec, quizá esperando que éste le diese una respuesta a su pregunta.

Pero Aspec ni tan siquiera lo miró cuando cerró la puerta a sus espaldas. Iba tras Montse. Tenía claro que huía de él. Pero también tenía claro que él no se lo iba a poner fácil. La agarró con suavidad del brazo.

-Espera, tengo que hablar contigo.

-Creo que tú y yo no tenemos nada de que hablar. -la mirada de ella le recordaba la amenaza que le había hecho justo antes de abandonarlo en aquella habitación, encadenado, desnudo.

-Oh, nenita, yo creo que sí, que tú y yo tenemos mucho de lo que hablar. -no sabía por qué la había llamado nenita, quizá porque tenía ganas de provocarla, quizá porque sentía ganas de que ella sacara a relucir aquella pasión de la que había hecho gala el viernes.

-¿Nenita? -la voz de Montse se había alzado, llamando la atención de sus compañeros- ¿Nenita? -el fuego relucía en sus ojos e intentó librarse de su brazo para irse. Sin embargo él se lo impidió sujetándola más fuerte.

-Suéltame ahora mismo si no quieres provocar una escena -esta vez el tono era bajo, pero claramente enfadado.

-No creo que una pequeña mariposa como tú tenga valor de provocar una escena -aquella frase era del puro estilo Aspec.

Fue una fracción de segundo la que atrapó sus miradas. El sonido de la bofetada resonó en el silencio que se había apropiado de la oficina. Y no se sabía quien estaba más sorprendido… si Montse por haberle dado la bofetada, si Aspec por haberla recibido, o si cualquiera de los compañeros que estaban mirando con la boca abierta.

-¿Se puede saber que demonios está pasando aquí? -Sito había sido el primero en salir de su asombro. Acababa de salir de la “sala de los cafés” y lo primero que ven sus ojos es como su amigo de juergas recibe una fenomenal bofetada. La verdad es que quien conociese un poco a Aspec, no dudaría en que seguramente se la merecía. Por otra parte era realmente raro ver a Montse, siempre tan eficiente y controlada, hacer gala de semejante genio.

Aspec sentía que esa era la gota que colmaba el vaso. Aquella pequeña mujercita estaba pidiendo a gritos que le diesen una lección y, desde luego, él no iba a hacer oídos sordos a tal petición.

*  *  *

Pero, ¡¡¿cómo se había atrevido a llamarla “nenita”?!!, ¡¡¿cómo podía ser tan prepotente, tan arrogante?!!, ¡¡¿cómo podía sacarla de sus casillas tan fácil?!!… ¿Es qué ese hombre nunca aprendería?… ¡¡Y aún por encima delante de toda la oficina!!…

Nunca había dado una bofetada antes. Y la verdad es que después de habérsela dado se quedó horrorizada ante lo que había hecho. Se quedó sorprendida. Él también,… lo notó en su mirada. Notó primero su sorpresa y después algo cambió en sus ojos, algo que la alarmó y aún así no tuvo tiempo de reaccionar. Fue demasiado rápido. En un visto y no visto, una mano la sujetaba por la nuca y sus labios eran asaltados de forma arrasadora; los labios de él se apretaron contra los de ella con fuerza como queriendo marcarla… Un beso que apenas duró un segundo pero que destilaba un fuego que amenazaba con quemarlos a los dos.

*  *  *

¡¡Dios!! ¡¡¿cómo era posible que aquella mujer lo sacase de sus casillas tan fácilmente?!! Lo peor de todo es que solo podía pensar en poseerla. Aspec dió media vuelta furioso, no sabía si con ella o consigo mismo, y se alejó descargando su enfado en cada uno de los pasos que daba. Si había algo que tenía claro es que aquello no iba a quedar así… Aunque la próxima vez haría lo posible porque no hubiese público delante.

*  *  *

-¿Se puede saber a qué esperais? -la voz de Sito tomó el mando de la situación, llamándo la atención de todos los que habían contemplado la escena- ¿es qué no teneis suficiente trabajo? ¡¡Quiero el próximo artículo del bloggercedario en mi mesa ya!!.

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