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La vaca Paca, el toro Pedro y la mosca Julián

Amanecía una mañana preciosa en el campo. La hierba todavía conservaba las cristalinas y vidriosas gotas del rocío de la noche anterior y el sol asomaba tras la colina y comenzaba a iluminar todos los recodos rurales. Tranquilamente la vaca Paca (Paca a partir de ahora) avanzaba junto a sus compañeras tras haber madrugado para vaciar sus ubres a manos de su experto amo el granjero Eros. Como todos los días cumplían con la rutina y se dirigían hacia los ricos pastos colindantes con un criadero de toros de lidia, es decir, toros de raza que nacían para morir en las plazas a mano de grandes toreros o no tanto. La zona estaba limitada por unas altas vallas y junto a una de ellas era el lugar preferido por Paca para pastar, pues allí la hierba crecía alta y reluciente y era un manjar al que no podía resistirse. Hacía ya algún tiempo, cada vez que Paca se disponía a comer, se le acercaba hasta el límite de la valla el toro Pedro (Pedro a partir de ahora) y conversando se habían hecho muy buenos amigos. A este dúo amistoso se había unido también la inseparable mosca Julián (Julián a partir de ahora), que era una asidua de las orejas y el rabo de Paca y siempre revoloteaba con alegría y ligereza alrededor de ella. Hubo un día que el granjero Eros había decidido echar una cabezadita al pie de un árbol muy cercano al lugar donde habitualmente se reunían y charlaban Paca, Pedro y Julián. Y ese día el diálogo que escuchó le hizo pensar y se quedó admirado de los diferentes puntos de vista que tenía cada animal.

Antes de explicar el razonamiento de cada animal os explicaré que la conversación de ese día giraba en torno a lo que los respectivos padres de los tres animales les habían contado sobre su futuro. Y la primera que habló fue Paca y esto fue lo que dijo:

Paca: – Mis padres me explicaron que mi granjero me va a cuidar y mimar toda mi vida, y que me quiere y me valora mucho porque obtiene una leche muy rica de mi. Y que cuando sea mayor me llevará a un sitio en donde sabrán que hacer conmigo para que pase a mejor vida sin dolor y mi carne será aprovechada por toda su familia. Creo que es una justa recompensa por haberme cuidado y haberme dado una vida tan feliz y tranquila.

Entonces oyó como el toro decía:

Pedro: – Mi amo me entrena y me cría para sacar toda mi raza y nobleza. Y me hará sentir un animal muy poderoso y conseguirá que me sienta orgulloso de mi bravura, pero realmente mi destino final será una tortura para el disfrute de los humanos, en el que me torturarán primero con una especie de lanza, con el objetivo de que me haga daño en el pescuezo y me resulte complicado levantar la cabeza y por tanto mis hermosos cuernos. Luego me clavarán unas banderillas, tres pares como mínimo, cuyas puntas son diseñadas para que me desgarren por dentro y no se desprendan ni a la de tres. Finalmente saldrá un llamado torero al que también le llaman maestro (no sé por qué, porque enseñar no enseña nada) y se aprovechará de mi fascinación por el rojo intentando marearme para que vaya de un lado a otro y pierda cada vez más mi poder físico, para que cuando por fin esté agotado y malherido, acabar conmigo de un espadazo en todo el lomo. Así una y otra vez hasta que acierte y consiga matarme. Pero somos tan fuertes y tan bravos y luchamos tanto por nuestra existencia que pocas veces lo consiguen, así que recurren a la más espeluznante de las torturas, el estoque, un arma cruelmente diseñada para desnucarme y pierda mi existencia definitivamente. Y si tampoco es efectivo realizan la misma tarea con una especie de puñal y luego aun encima a veces me cortan las orejas y el rabo como trofeo, qué poca vergüenza y dignidad me espera. Lo único que me consuela y anima es que muchos de los humanos no están a favor de esta crueldad y luchan por nuestros derechos y porque no pasemos semejante sufrimiento. Mis padres han visto como algunos los miraban a los ojos mientras agonizaban y sentían una pena inmensa y una tristeza que provocaba el llanto. Todas mis esperanzas están puestas en ellos.

El granjero conmovido dejó escapar una lágrima y enseguida se dispuso a escuchar muy interesado a Julián:

Julián: – Yo prefiero no pensar en lo que me han contado. De hecho gracias a Dios que estoy en el campo porque si fuese una mosca urbana no tendría tiempo ni para pensarlo y debería estar alerta todo el día. A mi lo que me espera es un manotazo sin miramientos, posiblemente que luego me pisen, escupan e incluso me insulten al tiempo que exclamen “joder!!!! con la puta mosca”. Y nadie se va a parar a pensar si he sufrido, si mis ojitos muestran el terror con el que vivo o la agonía con la que normalmente muero, porque aunque soy muy pequeñita tengo mucha resistencia y normalmente estos endiablados humanos no aciertan a matarme de un manotazo y me dejan tirada en el suelo agonizando esperando que un ave venga y me rapiñe o algo grande me pise y acabe definitivamente conmigo.

El granjero alucinado pensó, y que dirían todos aquellos que defienden fervientemente a los toros y mejor aún, qué harían si se les posa una mosca o un tábano en la piel? es que no son animales? es que la regla es que si molesta la puedo matar y si da pena no?

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