Archivo de la etiqueta: monotonía

He matado a mi mujer

=Haciendo referencia a este post =

Pasaron algunas semanas y aunque Sofía ya estaba integrada nuevamente a sus actividades de trabajo y familiares no dejaba de pensar en Max y en lo que había sucedido, por más que intentaba ocuparse en sus actividades siempre había algo que la distraía y de nuevo se remontaba y empezaba a desear estar de nuevo con él.

La culpa la invadía cuando estaba con Pablo su pareja con la que tenía más de 2 años viviendo juntos aún sin planes de casarse ni tener hijos , su relación siempre ha sido muy abierta claro sin contar algún tipo de infidelidad.

El día que ella regresó, Pablo fue a recibirla a la estación de tren y el encuentro fue hermoso y ella en ningún momento pensó en lo que había dejado atrás; más sin embargo con forme transcurrían los días la nostalgia del pasado inmediato la envolvía y se sentía como aquella vez, llena de deseo, de lujuria, de pasión, quería, ansiaba y deseaba que Max de nuevo la hiciese suya con desenfreno pero esto no era posible así que calmaba sus ganas con Pablo que aunque la hacía gemir de placer no la llevaba al éxtasis que la llevó Max pero era lo que había y era la persona que ella amaba y la hacía sentirse más culpable porque no entendía porque algo que paso en unos instantes y que era solo lujuria, deseo, pasión carnal podía más sobre el amor y todo lo bello que tenía con Pablo.

Tenía muchas preguntas y dudas para sí misma dando vuelta en su cabeza y aunque por momentos las olvidaba de nuevo estaba cuestionándose hasta que no pudo más y le contó a Lisa un tanto extraña y excéntrica pero una de sus mejores amigas la cual era la más adecuada para poder contarle lo que había hecho y como se sentía.

Se citaron a un café y Sofía comenzó a hablar sobre lo que había pasado y Lisa demasiado sorprendida la escuchó ya que la que estaba escuchando no era su amiga o al menos no la parte que ella conocía, no la juzgó, solo la escuchó y le dejo varias preguntas en el aire para que ella misma se contestara y le comentó que para ella era un poco normal ya que su vida se había convertido un tanto monótona y que le había faltado vivir más experiencias como la que acababa de pasar, que se disculpara consigo misma por lo que había hecho y avanzara y que probablemente lo que hacía falta entre Pablo y ella era pasión y tenía que buscarla de nuevo (si es que alguna vez había existido).

Sofía se despidió y se fue a caminar por la plaza, no tenía ganas de llegar a casa, aunque se sentía un poco aliviada por contar lo que traía dentro no se sentía totalmente bien consigo misma, se cuestionaba como encontrar la pasión de nuevo con Pablo, si Max pudiera ser la pasión que no tenía con su pareja, hacia qué lado inclinarse… el amor o la pasión? Podría tener las 2 cosas en la misma persona? Ella creía que si pero no sabía cómo lograrlo.

Llegó al departamento y tomó la correspondencia del buzón se dirigió al patio, se sentó en una mecedora a que le diera un poco el aire, encendió un cigarrillo y comenzó a ver la correspondencia: postales de algunos amigos que se fueron de viaje a Perú, estados de cuenta y de repente un sobre dirigido solo a ella y su respiración se aceleró, abrió la carta casi rompiendo el sobre y comenzó a leer las líneas:

Sofía:

Espero no incomodarte por permitirme la libertad de escribirte un par de líneas, si te preguntas cómo conseguí tu dirección solo diré que en este caso el mejor aliado fue el libro que me prestaste y que ha servido como puente para encontrarte.

Debo decirte que desde que te dejé en la estación del tren no he podido olvidar tus besos, tus caricias, tu cuerpo, tu boca y todas las sensaciones que haces que mi cuerpo se estremezca nuevamente al recordar tu cuerpo desnudo sobre el mío gimiendo de placer.

No se esto dónde vaya a parar, solo sé que no puedo dejar de pensar en ti, que quiero que nos veamos nuevamente y tratar de descifrar esto que el destino nos está poniendo ante nuestros ojos.

La próxima semana estaré viajando hacia Paris, si decides arriesgarte y ver qué sucede te espero el siguiente lunes en el Hotel Radisson Blu.

Max

Sofía no podía creer lo que estaba leyendo hasta que la ceniza del cigarrillo la quemó y no sabía cómo reaccionar, estaba emocionada, nerviosa en pocas palabras extasiada.

Comenzó hacer planes en su cabeza de cómo irse a Paris (en su cabeza no había un no por respuesta), cómo le diría a Pablo que tenía que ir a la ciudad de luz, pensó muchas cosas y en todas terminaba pensando que en el diario aparecería He matado a mi mujer por encontrarla con otro.

Sofía tomó el teléfono y le habló a Lisa y le dijo “empieza hacer maletas que nos vamos a Paris”.

paris_eifel_roblisameehan

 

Próximo turno para: X – Mosquitovolador – Activo

5 comentarios

Archivado bajo Y - Yuyis

De sus sueños más profundos, desde ahora hasta la eternidad

De sus sueños más profundos, desde ahora hasta la eternidad, Samuel siempre soñaba lo mismo, hasta el punto de que su sueño se había convertido en pesadilla, soñaba con hacerse millonario, viajar alrededor del mundo, pasearse por las calles de su ciudad en un flamante descapotable, vivir en una casa con piscina y chimenea o ser el más ligón de todos. Sus sueños, al principio inofensivos ahora le impedían dormir, se habían convertido en obsesión. Samuel no quería ser Samuel. En primer lugar, estaba cansado de su trabajo. Alquilar películas fue divertido el primer año. Cuando firmó el contrato en el videoclub de la calle “Corrida, 69”, que hasta el nombre tenía guasa, Samuel sonrió al pensar en los miles de títulos que tenía en la tienda para curiosear, pero a los 11 meses ya no había ni cinta ni argumento ni actor que no le hastiara. ¡Cuántas aventuras y héroes desfilaban cada día ante sus ojos! Sin embargo, lejos de esas fábulas, su día a día tenía tanta rutina que le asustaba.
Luego estaba su chica, Mabel, que la quería muchísimo pero llevaban una década juntos (demasiado tiempo) – pensaba Samuel. El amor, la confianza 
absoluta… Todo había acabado por aburrirle. Necesitaba salir de esa monotonía, conocer gente nueva, otros lugares, en definitiva encontrarse.
Y por último: las apariencias. Samuel se preguntaba: ¿Seré capaz alguna vez de dejar de parecer ese chico escuálido e introvertido al que nadie mira cuando se cruza con él por la calle? ¿Ese chaval de mirada esquiva, cuyo nombre nadie recordaba? La gente le llamaba “El chico del videoclub”…
Estaba absorto pensando en eso, cuando el señor Calatrava, un conocido diplomático que acudía semanalmente al videoclub por una película entró 
en la tienda. Samuel no lo soportaba. Cada semana se llevaba una película, no sin antes llenarle la cabeza con sus avatares por el mundo. Todo TOP 
SECRET, por supuesto. Esta vez le pidió “Una terapia peligrosa”, de Robert de Niro. Esa noche tenía una cena importante, le contó, pero al día 
siguiente se marchaba a París a cerrar un trato y le apetecía relajarse un rato. “Samuel, un día tienes que acompañarme. Tú y yo tenemos un 
corazón aventurero. ¡Si en realidad no somos tan distintos!, le dijo con sorna. Samuel, estuvo a punto de explotar, aunque se contuvo, pero su error fue dejarse la cartera, su invitación a la fiesta nocturna, los billetes para su viaje a París con las reservas de hoteles incluidas y las llaves de su coche en el mostrador.
A todo esto, Samuel reaccionó, “No puedo dudarlo. ¡esta es mi oportunidad!, se dijo Samuel enloquecido, mientras tenía las llaves del flamante 
deportivo de su cliente semanal entre las manos.
Sin pensarlo dos veces, se puso al volante del impresionante bólido, esto sería el aperitivo. La noche es mía, gritaba. Por fin se sentía dueño de sus 
actos. De su vida.
Nadie le preguntó su nombre en la cena. Aunque le molestaba ver a tanto estirado a su alrededor, las copas eran gratis y descubrió que las chicas 
más despampanantes le miraban. ¡Por fin existía!. Acabó en la mansión de unos condes, bebiendo Moët Chandon hasta el amanecer. Con la cabeza 
un poco aturdida pensó: ¿por qué no ir a París? Dicho y hecho, pasar la aduana por la zona VIP no le dio ningún problema. Casi no miraron su 
pasaporte. La fiesta que organizó en su suite del hotel de cinco estrellas resultó un éxito, abarrotada de chicas. No olvidó pedir que le hicieran una 
foto en la Torre Eiffel… la última locura que pudo hacer antes de que un coche de la policía francesa con su foto aparcara en la plaza y lo detuviera.

Policía francesa un minuto antes de la detención de Samuel

Policía francesa un minuto antes de la detención de Samuel

¡Vuelta a España! Para ser la primera vez, el juego había escapado a su control. ¡Pero no ha estado mal! – pensó. Escuchó como entraba otro cliente
en la tienda:

– ¿Qué? ¿Tú también te has enganchado a Second Life?”, le preguntó divertido. Por fin tenía la vida que quería. Aunque fuera virtual.

Próximo turno: A – Codeblue – Activo

3 comentarios

Archivado bajo Sandra