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De la ABC hasta la Z

Carlos Escobedo despertó al pequeño Luis a las 8 de la mañana el día 5 de Junio del 2009. Era hora de llevarlo a la guardería. Como todo buen padre soltero, trató con mucho cuidado a Luisito, le dio su comida y lo vistió con amor. A pesar de lo difícil que le había resultado la muerte de Claudia, habían logrado salir adelante.
La guardería era una Bodega alquilada por el gobierno, una ‘manita de gato’ y nada mas. A nadie le causaba buena espina, pero no tenían donde dejar a sus hijos. ‘Si no trabajo no como’ decía Carlos. ‘Además mañana es el cumple de Luis, y todavía no tengo su regalo’.
A las 10 de la mañana Carlos y Luis llegaron puntuales a la guardería de nombre ‘ABC’. ‘Cuídemelo mucho’ alcanzó a decir Carlos antes de partir rumbo a su trabajo. Iba a ir por el hasta las 3 de la tarde. El día transcurrió normal para el: Su jefe gritando y manoseando a las secretarias, los abogados sobornándolo para que aceptara la demanda mal realizada, Dona ‘Licha’ vendiendo sus aguas de horchata y el calor a mas de 38 grados centígrados.
A las 2:30 de la tarde, Carlos se dispuso a ir a buscar a Luisito, tenía hambre y quería ir al McDonalds mas cercano a comprarle una ‘cajita féliz’; los muñecos eran de Batman, y le gustaban mucho a Luis. Subió a su coche, un tsuru del 2002, y emprendió la ‘huida’ rumbo a la ‘ABC’.
Iba llegando a su destino cuando se topo con un tumulto asombrado, llorando. Ambulancias y patrullas policíacas con las sirenas a todo poder deambulando la zona. Una nube de humo adornaba el cielo. Espantado abandonó su coche y se corrió temiendo lo peor. Si, la guardería se estaba incendiando.
Desesperado corrió hacia el lugar intentando entrar, unos bomberos lo detuvieron y le dijeron que no podía pasar. ‘¡Mi hijo, Luisito esta ahí dentro!’, gritaba con todas sus fuerzas. Era tanta su convicción por buscar a su hijo, que los bomberos optaron por sacarle el aire con un puñetazo. ‘Y te quedas quieto hijo de puta’.
En 20 minutos su vida cambió. Ya no fue al McDonalds, no volvió a ver a Luisito.
Hoy vemos a Carlos frente a la casa del Presidente, ‘Los Pinos’.  Hoy se cumple un año de esa tragedia. Si uno le pregunta que hace ahí, el amablemente contesta. ‘Esperando a que este hijo de puta de Calderón me reciba’. -¿Por cuánto tiempo estará aquí?- ‘No lo se, pero algo le puedo asegurar: no me iré mañana’.

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…Es bueno ser parte de esto.

Es bueno ser parte de esto…  -era la frase preferida del general-.

En unos momentos más cambiaría de opinión p0rque la partida de cartas tendría, abruptamente, que interrumpirse. No sé si era ficción o realidad. Quizá desde la nochevieja no se escuchaba, a intervalos irregulares, estos sonidos despeinados de las carabinas y los fusiles de asalto.

-El general ya debe estar dormido, me dije, tenía la mala constumbre de acostarse muy temprano y seguro no llegarían hasta sus oídos los estruendos y traqueteos de las armas de fuego, que sugerían una violencia cavernaria.

El último de los asuntos que me hubiera gustado tratar con ésta premura, era precisamente éste. Desde la última batalla en que perdimos la mitad de nuestro territorio –la del Alamo– no había tenido la necesidad de irrumpir en la vieja casona de la calle Neptuno.

Sea lo que sea había que “ponerle el cascabel al gato”. No se trataba de un asunto de Breton Woods ni de política de marras sino de un asunto de estado.  Me recibió Eutimio, apologista personal y secretario particular del general  –duerme ya el general, le pregunté. No, me repondió. Avísele que me encuentro aquí. No soltaría prenda de la información. Ya había tenido la oportunidad de meditar las palabras y como ajedrecista experiementado, trataría de ser prudente y no soltar de sopetón la noticia.

Esta vez el general no dijo un hola de saludo. Se le veía serio y taimado, y quizá por ello, no puedo contenerse: “Puta madre que es tan urgente que me saca de mi juego de poker”. A zancadas, con paso marcial recorrió los metros que separaban el patio central  de su oficina, la del señor gobernador y general de división Nepomuceno Arguello. Eutimio nunca lo habia visto tan encabronado, así que apresuro el paso y abrió cortesmente la puerta de la oficina. -No se adorné, señor licenciado, vamos al grano de las cosas, le dijo.

Una vez cubierto el protocolo oficial y sabiendo que el general se controla de un momento a otro, que de mar embravecido pasa a apacible lago, le espetó. De acuerdo con sus intrucciones voy a realizar un esfuerzo de sintesís: “En estos momentos, sufrimos de una nueva incursión armada en el Fuerte de Montesclaros”.

-No me chingues, le respondió casi por impulso.

-Expliquemelo de nuevo, como se lo explicaría a un niño de escolar. “Las fuerzas invasoras de la primera potencia mundial, atacan de nuevo nuestra patria y basado en mi exhaustivo conocimiento del sistema político y jurídico de aquella nación, creo que ésta es producto de una resolución legislativa que ordena pagar con territorio nuestra deuda externa”. Híjole, mi general, ya nos chingamos sentenció.

-Aquí es donde la puerca torció el rabo de la historia. “Bueno, si ya nos quitaron las bajacalifornias, nuevo mexico y arizona, pues ni modo, entreguemos ahora la otra mitad del país, pues será mejor esperar nuevos tiempos y mejores hombres…

Próximo turno para: T – Carolinagromani – Activo

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