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He cantado el gordo

– ¡Coño, Lucy, me jodiste la camisita de los domingos! ¿Y ahora cómo rayos quito el vino este que me echaste arriba? – le reprochó Carlos a Lucy al regresar del baño, haciendo pucheros cual infante castigado.

– Ay, chico, discúlpame, de verdad estaba pensando en otra cosa. Yo te compro una nueva, te lo juro – le dijo Lucy muy apenada, todavía con la mirada perdida, por segundos posada sobre la mancha rojiza.

– ¡Ahora sí! ¿Lucy comprándole una camisa a Carlos “El Bolero”? Na’, no te creo – dijo él en tono de burla, chasqueando la lengua.

– ¿Todavía sigues cantando boleros, Carlos?

– Ah, tú sabes que eso es lo mío… pero ¿y a ti qué bicho te picó hoy?

Lucy levantó la vista para mirar a los ojos de Carlos y, entre suspiros y lágrimas, le dijo:

– Yo estaba en la cama con el gallego, medio entretenida con mi espejito y el creyón labial, mientras él veía la televisión por cable del hotel. Cuando menos yo me lo imaginaba metió un salto y se puso a gritar “¡El gordo, el gordo, he cantado el gooooordo!” y a correr de la cama a la ventana, de ésta a la puerta del baño, de la puerta a la cama, y así, sin parar, con los brazos hacia arriba, como un loco. Yo pensé eso mismo, que se había vuelto loco. Dando saltos corrió hasta la mesita de noche, sacó la billetera de la gaveta y me tiró a la cama un billete de 100 dólares, gritando aún la cosa esa del gordo. “¡Vete, vete, vízztete y vete, que tengo que hazzer unazz gezztionezz! ¡Ezz mázz, coge otrozz 100 y dezzaparézzete de aquí, que ezztaré ocupado!”, me dijo. Los otros 100 ya los tenía en la mano, otro billetico. Lo tiró hacia arriba y yo me mordí un labio deseando que llegara a mi mano, que aguantaba el primero encima de la cama, antes de que el gallego se arrepintiera. No, no se arrepintió, pero me cogió del brazo, casi me viste él mismo, y me dio una nalgada estruendosa llevándome hasta la puerta de la habitación. “Luzzy, cariño, no me mirezz azzí que me derritezz”. Y con la misma me cerró la puerta en la cara. Terminé de pintarme los labios en el elevador. De ahí vine para acá. A mí nunca me habían botado así de un lugar y menos con 200 dólares metidos en mi ajustador de encajes negro… ¡Me dejó por un gordo y eso me ha dado un sentimiento! – Lucy se levantó de su banqueta, también corroída, rodeó con los brazos el cuello de Carlos, y rompió a llorar. – Yo pensé que el gallego tendría buenas intenciones conmigo, Carlos. Por un momento imaginé hasta largarme de este país…

Carlos por fin se decidió a poner sus manos en la espalda de Lucy y la apretó hacía sí cantando, en un susurro, un bolero, por supuesto:

“Cuando la luz del sol se esté apagando
Y te sientas cansada de vagar
Piensa que yo por ti estaré esperando
Hasta que tú decidas regresar
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A – Codeblue – Activo

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Archivado bajo V - Aguaya

¿Qué hago con el bombo?

Estoy nerviosa, y un nudo en el estómago no me deja dormir. No son horas para que una niña de 9 años como yo esté aún despierta, pero no lo puedo remediar. Mañana es el gran día, al igual que todos mis compañeros, tendré que madrugar para estar puntual a las 7 en la residencia y ponernos los trajes, para hacer el último ensayo antes del espectáculo final.

Sé que soy muy afortunada, ya que sólo 36 niños hemos sido los elegidos para convertirnos en el centro de atención de un país entero durante unas horas…

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Creo que he dormido apenas 2 horas, pero salto de la cama como un resorte. Una vez en la residencia, todos mis compañeros me transmiten sus nervios, enfundados en sus trajecitos negros. Algunos ya son veteranos, y saben perfectamente lo que tienen que hacer ante la multitud que se congrega en la sala con la ilusión de ser el agraciado con el número ganador del sorteo de la Lotería.

Pero para mí es la primera vez, y me vienen de repente un montón de miedos y dudas. ¿Y si no sale la bola? ¿Qué hago con el bombo? ¿Y si el sonido falla y no se me oye? ¡Qué nervios!

bombos

Llega mi turno y me planto con aplomo delante de la cámara. Los bombos giran y giran a mi espalda, y voy leyendo número tras número. 39574, 48471, 50384… 74094… y de repente todos los presentes en la sala se ponen en pie al escuchar a mi compañero cantar: TRES MILLONEEEEES de EEEEEUROOOOOS!!!

Sí, señores, he cantado el gordo.

 R- Ariel Shinigami – Activo salta turno a:

V – Aguaya – Activo salta turno a:

A – Codeblue – Activo

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Archivado bajo Q - Sara - Activo