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El horror de la guerra

Este título me trae a la memoria un fragmento del libro “Sin esperanza, con convencimiento” del autor ovetense Ángel González (1925 – 2008), titulado “El campo de batalla” que dice así:

Hoy voy a describir el campo de batalla
tal como yo lo vi, una vez decidida
la suerte de los hombres que lucharon
muchos hasta morir, otros
hasta seguir viviendo todavía.

No hubo elección: murió quien pudo,
quien no pudo morir continuó andando,
era verano, invierno, todo un año
o más quizá, era la vida entera
aquel enorme día de combate.

Por el Oeste el viento traía sangre,
por el Este la tierra era ceniza,
el Norte entero estaba bloqueado
por alambradas secas y por gritos,
y únicamente el Sur, tan sólo el Sur,
se ofrecía ancho y libre a nuestros ojos.

Pero el Sur no existía:
ni agua, ni luz, ni sombra, ni ceniza
llenaban su oquedad, su hondo vacío:
el Sur era un inmenso precipicio,
un abismo sin fin de donde, lentos,
los poderosos buitres ascendían.

Nadie escuchó la voz del capitán
porque tampoco el capitán hablaba.
Nadie enterró a los muertos.
Nadie dijo:
“dale a mi novia esto si la encuentras un día”.

Tan sólo alguien remató a un caballo
que, con el vientre abierto, agonizante,
llenaba con su espanto el aire en sombra:
el aire que la noche amenazaba.

Quietos, pegados a la dura tierra,
cogidos entre el pánico y la nada,
los hombres esperaban el momento último,
sin oponerse ya, sin rebeldía.

Algunos se murieron, como dije,
y, los demás, tendidos, derribados,
pegados a la tierra en paz al fin,
esperan ya no sé qué
-quizá que alguien les diga:
“amigos, podéis iros, el combate…”
Entre tanto, es verano otra vez,
y crece el trigo en el que fue ancho campo de batalla.

El horror de la guerra

El horror de la guerra

Leído esto y vista la imagen no me queda más que terminar como el título del libro “Sin esperanza, con convencimiento”

D – Rosma – Activo salta turno a:

F – Saralm – Activo

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Archivado bajo Sandra

Pregunté si con el tiempo sus recuerdos me alejaron

La conocí en el colegio. Era un ángel. Dulce, sonriente y siempre generosa. Ya entonces su presencia lo llenaba todo. Todo lo que hacía estaba bajo su influencia, y en absoluto resultaba peligrosa, sin embargo ya entonces muchos me advertían que ese ángel estaba disfrazado y que su cara real era un demonio. Yo no podía creerlo, siempre que me acompañana me sentía dichoso, poderoso y seguro de mi, al tiempo que me hacía disfrutar y me relajaba.

Años más tarde, ya en la universidad, nuestra relación avanzó y evolucionó, era mucho más profunda, pero más hiriente. Los buenos momentos eran tan buenos como malos cuando me faltaba, no soportaba su ausencia y comencé a ser mala persona. Sólo tenía ojos para ella, y si no podía estar a su lado era capaz de hacer lo que fuese con tal de conseguirla. Nuestra relación no hacía más que deteriorarse y vi muy cerca límites que nunca debí cruzar, hice cosas que nunca debí hacer, y le fallé a personas que nunca debí fallar.

Ahora en mi etapa adulta me separa de ella una larga época, 14 años llevo sin verla, y me siento liberado. Siento que he recuperado mi vida. Me doy cuenta que estaba inmerso en una relación destructiva física y mentalmente. Y me pregunto una y otra vez, si con el tiempo que ha pasado, su recuerdo me alejó definitivamente de esa vida, o si es posible que vuelva a cometer otra vez el mismo error. He recuperado a mi familia, a parte de mis amigos y me siento privilegiado con lo poco que tengo, ya que tras sufrir los horrores de las drogas ahora sé valorar las pequeñas cosas.

B – Suki – Activo

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