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Tengo miedo, mucho miedo.

¿Es la hiperactividad patrimonio de los niños? ¿o lo es de una sociedad enferma que no sabe salir de sus rígidas normas de lo políticamente correcto?

¿Es el problema la hiperactividad o el déficit de atención? ¿O es el problema la propia sociedad?

En ocasiones he dudado si mi hijo padecía o no de hiperactividad.

Hoy viéndolo frente a la tele, siendo capaz de ver casi completamente la serie “Erase una vez el cuerpo humano” o la película “Las guerras clon” estoy algo más tranquilo.

Pese a los problemas que pueda tener cuando, terminadas sus tareas mucho antes que sus compañeros, se aburre en clase y empieza a moverse, incapaz de quedarse quieto, no creo que sea incapaz de dominarlo.

 

Un niño que ve en cada flor o en cada animal, o juguete un amigo, que es capaz de hablar con ellos y sorprender a sus maestro y a nosotros mismos conociendo con cinco años la palabra espejismo… y es más lo que realmente significa.

Que es capaz de inventar una elaborada historia para dar una excusa y que aun así cuando ve que no es aceptada como tal es capaz de disculparse con un “creía que era así” lo que desde luego tiene es sobra de imaginación, en este encorsetado mundo de hoy donde prima el pensamiento único.

 

¿Pero que puedo decir de él salvo que es un reflejo de mí mismo?

A su edad, y aun ahora soy más parecido a mi hijo de cinco años de lo que cualquiera puede observar… la única diferencia es que, salvo en los momentos como este en que me desahogo, soy más capaz de ocultarlo que él.

Cual si fuera un gas, como dice el chiste “Da igual la cantidad de memoria que dispongas… Windows tendera a expandirse gaseosamente hasta ocuparla toda y pedir más”, de la misma forma yo me disperso.

Es una sensación, solo eso, o quizás algo más, pero hay tan poco tiempo y tantas cosas por hacer que uno desea, en ocasiones, hacerlas todas de golpe, y saltándome una a otra, al final, el resultado es francamente pobre.

Eclipse a traves de los arboles

Eclipse a traves de los arboles

Una sensación de inutilidad, de incompetencia te asalta… la duda de ¿por qué no he hecho más?

Es muy distinto a cuando consigues abstraerte, cuando consigues que el mundo deje de existir a tu alrededor y  te centras solo en el momento, solo en lo que haces… podría incendiarse el edificio, podría pasar un terremoto y en ocasiones ni lo notarias.

Estoy cada vez más convencido que lo primero pasa no por la falta de tiempo, sino por las múltiples imposiciones, del jefe, de la familia, de las circunstancias, que nos obligan ha hacer cosas que realmente no deseamos… y por ello tratamos de hacerlas todas de golpe, mientras que para lo que realmente queremos poco o nada de tiempo nos queda.

L – Juan Diego Polo – Activo

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