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Esta noche te haré el amor como nunca antes te lo habían hecho

Había ya pasado mucho tiempo desde su partida. Ella juraba que no volvería y así como estaba el panorama, parecía que sus palabras estaban finalmente perpetradas con la realidad. Una realidad que ya me comenzaba a lastimar y a desesperar de vez en cuando. Y es que nada era igual a lo que ella creó en mi vida, a lo que había dejado de hueco en mi corazón. Después de un muy prolongado período de depresión, ahora me encontraba viviendo mi vida a base de recuerdos y buscando respuestas a preguntas que nunca surgieron.

Mi vida se había vuelto demasiado pasiva, había incrementado de forma notable mi manera de fumar, pero casi no bebía, comía sólo lo necesario para lograr que el estómago no fastidiase en el día y dormía por las tardes. En las noches pensaba, escribía, lloraba, alzaba la mirada, suspiraba un poco, trataba de encajar en una realidad que mi mente rehusaba ubicar, trataba, ya lo veo, de eludir la situación en que me encontraba.

Pasó el tiempo, la espera se hizo eterna, pero la fe es lo último que muere. Aún así, la intensidad con que yo aguantaba su regreso se fue esfumando, llegando a pensar en ella sólo por rutina diaria, como una tarea más de mi vida cotidiana. Suponía que a lo mejor a ella le faltaba dar un paso adelante, no sé, ese paso que yo mismo me negué a dar por el amor que aún sentía por ella, porque no quise intervenir de nueva cuenta en su vida, no quise obstruir sus anhelos. Por fin, alguien le había llenado de primaveras sus ojos, le había enseñado todo el manto estelar en una noche, le había contado sus secretos a la luna, la había hecho soñar… vivir. Y yo seguía esperando. Era inútil, irracional pensar que ella pudiese ver de nuevo hacia mí. Ella era feliz ahora y eso me mantenía contento, pero me mataba a la vez. No soportaba más esa situación. Más mi vida seguía ya su curso normal, en esos tiempos conservaba un buen empleo y una (aún) digna forma de vivir.

Más que un poema, era ella una canción, una nota desafinada en mi guitarra, un acorde amargo en el corazón. Había escrito ya una antología, mi vida era un caldo de cultivo de inspiración, de un amor, de un fantasma para mí, de un ídolo, un culto. Repasaba todo ese material a diario, lo relacionaba con los momentos, con las fechas, con el entorno, trataba de percibir su energía, trataba de recordar su calor, su aroma, su piel, sus besos. Sin embargo nunca me pude dar cuenta qué tanto tiempo ya había pasado, qué tanto yo había envejecido en su causa, qué tanto yo me había esforzado.

Entonces ocurrió, la espera terminó… así, de repente. Un día mi timbre sonó, y yo en un movimiento monótono, fui a abrir sin preguntar y sin preocuparme de quien fuera. Mi sorpresa se manifestó en una vista nublada, en un ensordecedor zumbido en mis oídos seguido de un efecto de eco y una dificultad en el habla, ni se diga de mis piernas y mis brazos que perdieron fuerzas al instante. Maldición, no era posible reaccionar así cuando se suponía que me estaba preparando para su regreso, o será que sólo vivía ya acostumbrado a su recuerdo.

Una luz dentro de mí me hizo volver en sí. Entonces me di cuenta que ella clavaba su mirada en mis ojos, y yo en los de ella. Sus ojos me decían algo extraño, expresaban algo así como desolación, arrepentimiento, espera, cansancio, pero muy en el fondo, amor. Y fue como la vi llorar en silencio, observé como mi cuerpo se imantaba al suyo sin siquiera impulsarlo en mi mente, como mis manos se apoderaban de su espalda y cómo mi nariz respiraba el aroma de su cabello, de su frente, cómo mis labios besaban como quien prueba la última gota de agua. Esa noche le hice el amor tratando de aniquilar todas sus experiencias pasadas, tratando de llevarme el tiempo hacia atrás, queriendo romper el instante en que me separé de ella, llorando de felicidad y gritando de júbilo. La vida era buena conmigo, por fin, y me había traído el amor de regreso, hasta la puerta de mi casa, sin hacer un esfuerzo por quererlo recuperar, porque ese amor nunca perteneció a nadie más, muy en el fondo de mí sabía que ella era sólo para mí. Y así fue.

Mi vida es ahora una locura, porque a pesar de volver a recuperarla, de vivirla y de soñarla, creo que hoy la he perdido para siempre.

Próximo turno: W – Cuauhtémoc – Activo

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