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Confesiones

Estamos a viernes, 1 de enero del 2010. El día de los Santos Inocentes ya ha quedado atrás, en otro año, y ha llegado la hora de confesar.

La mujer a la que Gorio le hacía la proposición matrimonial… era yo. Sí. Y tengo que pensármelo, claro, porque con dos divorcios a las cuestas si les comunico a mis padres que me caso otra vez me van a decir que ya no me pagan más bodas 😀

También tengo que confesar que yo soy el anónimo enamorado del Efecto Mariposa… No sé exactamente en que momento he cambiado de acera, pero parece ser que aún pensándome la proposición matrimonial de Gorio, en mi corazón hay una pequeña hipoteca para con EEM.

Y… me queda otra confesión más. Esta es la más difícil… Le pedí a Sito que me guardara el secreto porque no quería alborotar un gallinero ya bastante “caliente” de por sí (motivo por el cual me uní a este blog). Yo soy ese personaje famoso del que habla en su comentario, con lo cual  Sonvak y sus pinturas son tan solo otra creación mía. En realidad, yo soy… Dunia Sinmonte… famosa actriz porno.

La verdad es que mi trabajo es bastante agotador… eso de pasarme todo el día follando por motivos de guión… Y hablando de guión, acabo afónica de tanto ensayarlos; porque hay que ensayar mucho, que ni cualquiera sabe gemir bien. Después también está el mantenimiento de mi cuerpo, ese bien preciado para mi y tan apreciado por otros. Es cierto que no tengo que acudir al gimnasio, pues mi profesión me ayuda a mantenerme en forma, pero aún así gasto un dineral en gel de baño y lubricantes.

Otra pega más de mi trabajo es que cuando llego a casa y mi pareja de turno quiere cubrir sus necesidades, las mías ya están más que cubiertas… porque me “meto tanto” en el papel durante el ejercicio de mi profesión, que cuando quiero darme cuenta me estoy corriendo de gusto.

Si os estais preguntando como acabé convirtiéndome en una pornostar, la respuesta es fácil y está en mi blog. Padezco una enfermedad: soy ninfómana, así que esta profesión me vino como anillo vibrador al dedo.

Aquí os dejo una fotico mía, pero nada de autógrafos que, a causa de un percance que me hizo acabar en urgencias,  nunca llevo encima objetos de posible forma fálica.

SONVAK (Dunia Sinmonte)

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Confieso

Examina tu conciencia, rebusca en tu interior. Reconoce que la lujuria vive en ti, el deseo no es racional y te puede. A estas alturas, te niegas a vivir cargado de la sensatez que, a tu edad, ya debería ser la que controlara tus impulsos. Recuerda, para cuando busques excusas, que se peca de pensamiento, palabra y obra. Y disfrutas, mucho, del placer sea como sea, cuando lo obtienes.

 Expón públicamente, ahora , en este momento, aquí, si te atreves.. que no puedes refrenar ese placer que primero estalla ante tus ojos y después se derrama en tu boca, que tragas o bebes, que no lo necesitas para vivir, pero que te sientes vivo gozándolo. Reconócelo, te domina la gula.  

Quieres tenerlo todo; el tiempo, la presencia, la capacidad física, la mental. Ahora lo disfrutas de otra manera, más intensamente. Te aferras a todas las avaricias posibles, con absoluta intensidad.

Te da pereza pensarte viejo, sentirte menos capaz. Reclamas tu espacio y tus momentos, pero no sientes necesidad de esforzarte por intentar que te comprendan, no te apetece justificarte. No te apetece ser distinto a ti mismo, y eres vago para cambiar.

Sucumbes a la ira. Te enerva que aún no sepan quién eres, qué te gusta y cuales son los límites de tu paciencia, te enfada tener que explicarte y hacerte entender. Te cabreas, mucho, a menudo, pero eres un pecador, y pecas…constantemente.

Envidias la juventud, la edad ajena, todo lo que aparece y aquello que te vas a perder, la infinidad de mundos nuevos que no vas a probar, y pese a ello la soberbia te domina cuando, muchas veces al día, descubres que sabes quien eres, qué quieres y cuanto puedes conseguir si realmente lo desees.

Confiesa que cada día pecas, eres reincidente en todos los pecados capitales, estás condenado a ir al infierno, y que pese a reconocerlo no vas a cambiar, porque no te arrepientes de (casi)  nada, y que vas a seguir queriendo aún más, y más.

¿Quién se ha cuestionado si caer en todos estos pecados es necesariamente malo?.

 

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Tengo que confesarte algo…

Estaba tumbado en la cama con tan solo la parte inferior de su pijama puesto. Con el mando iba cambiando los canales de la televisión sin pararse en ninguno en concreto. Su mente estaba distraída. En ese momento sonaron unos golpecillos en la ventana de su habitación. Miró extrañado hacia ella pues con la tormenta que reinaba en el exterior lo último que hubiese esperado era recibir su visita esa noche. Sin embargo, allí estaba ella, totalmente empapada y haciéndole gestos.

Mientras, apurado, abría la ventana, no podía dejar de pensar en cual sería el motivo merecedor de arriesgarse a un resfriado.

-¿Estás loca? Qué demonios haces viniendo aquí con semejante tiempo?. Vas a pillar un resfriado de narices.

-Fijo que el resfriado será de narices -lo miró sonriendo- creo que no hay resfriados de otro tipo.

Él elevó la mirada al techo haciendo gesto de resignación.

-Es mejor que me quite toda esta ropa empapada. ¿Me puedes prestar una camisa?

Refunfuñando, él se dirigió al armario para alcanzarle una camisa, con la cual ella se fue al baño para cambiarse.

Eran amigos desde niños. Sus casas estaban separadas por algunos metros de jardín y en la preadolescencia habían comenzado con esas escapadas en la noche a la habitación del otro. Pero, últimamente él no se sentía cómodo con aquella amistad. Cada vez le costaba más verla como una amiga y no como la preciosa chica en la que se había convertido.

En ese momento se abrió la puerta del cuarto de baño y apareció ella, vestida tan solo con su camisa. Con una toalla se estaba frotando el cabello; aquella preciosa melena pelirroja.

-Necesito tu ayuda -dijo mientras continuaba con su labor de secado- y es urgente, porque mañana tengo una cita.

Él alzó las cejas con curiosidad. En qué demonios podría ayudarla él relacionado con una cita?.

Ella tiró la toalla hacia el interior del cuarto de baño y se acercó caminando hacia él.

-A lo mejor ya lo sabes, porque me conoces mejor que nadie… pero si no es así… tengo que confesarte algo: no sé besar y… necesito que tú me enseñes.

-¡¡Qué??!! -era lo último que él esperaba que le pidiese- quieres que yo te enseñe a besar?

-Sí. Sabes como soy, que siempre quiero estar preparada para todo, que siempre quiero hacerlo todo bien, y con esto no iba a ser menos. Necesito que me enseñes porque cuando él me bese no quiero quedar de tonta. Quiero hacerlo bien.

-Pero… -se pasó una mano entre el pelo- tú sabes lo que me estás pidiendo? nosotros somos amigos… los amigos no se besan… -se sentía tonto mientras decía aquello. Estaba intentando no distraerse con la idea de que ella estaba totalmente desnuda bajo aquella camisa. ¿Cómo demonios podía ella verlo tan solo como un amigo?

-Por favor. Por favor. Yo sé que tú ya has tenido tus rollitos con chicas y puedes enseñarme. Necesito estar preparada para mañana no estar demasiado nerviosa por meter la pata. -mientras hablaba había apoyado las manos en el pecho desnudo de él y lo miraba implorante.

Él se echó hacia atrás como si aquellas manos le quemasen.

-Vale… pero no me toques -por su voz parecía enfadado, aunque aquel enfado estaba dirigido mas bien hacia sí mismo.

-Bien!! -exclamó ella entusiasmada. Y se quedó quieta mirándolo, esperando que él iniciase la lección.

Él se rascó la nuca mientras la contemplaba. Tenía que besarla… bueno, tenía que enseñarle a besar, con lo cual, para hacerlo… tenía que besarla. Sus ojos se posaron en los sonrosados labios de ella y después la miró serio:

-¿Estás totalmente segura?

-Oh, sí!! venga, no me hagas rogar más.

Él posó su mano en la nuca de ella al tiempo que inclinaba su cabeza para rozarla ligeramente en los labios. Retrocedió ligeramente para mirarla. Ella tenía sus ojos escondidos tras los párpados y parecía esperar que él continuase. Se acercó otra vez para besar primero su labio superior, después el inferior, con los labios ligeramente entreabiertos… después los acarició suavemente con la punta de su lengua, buscando camino para introducirla en su boca. Notó como la respiración de ella se entrecortaba y mariposas de ternura le revolotearon por el estómago conocedor de que aquel estaba siendo su primer beso. Acarició su lengua, provocándola para que la moviese, para que respondiese a sus húmedas caricias… la envolvió, rodeándola, asaltándola juguetonamente y no tardó en sentir la tímida respuesta de la lengua de ella saliendole al encuentro. Esa mínima respuesta fue demasiado y sintió como cierta parte de su cuerpo comenzaba a responder y a demandar. Se apartó rápidamente de ella.

Vió como sus ojos se abrían sorprendidos y lo contemplaban asombrados por aquello que acababa de ocurrir.

Y mientras, él pensaba “mierda, mañana estará haciendo esto mismo con otro”  y sintió como algo se rebelaba en su interior.

SONVAK

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