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Vive pegado a una máquina, esperando un trasplante

Carlos estaba bastante cabreado aquella mañana.

– ¿Te has levantado hoy con el pie izquierdo, papá? Nuestra seño dice que si nos levantamos con el pie izquierdo tendremos un día muy malo, ¿es eso lo que te pasa, papi? – dijo Amelia, su hija, de cuatro años, cabello rubio rizado, pequitas en la nariz y en los mofletes, grandísimos ojos azules y una sabiduría deslumbrante.

– No tengo ganas de hablar, Amelia. – contestó tajante Carlos.

– Papi, yo te aconsejo que te vuelvas a acostar y te levantes de nuevo, pero esta vez apoyando el pie derecho primero… Nos lo ha dicho la profe, y si lo dice la profe es que es verdad.

Carlos no respondió al sincero y tierno consejo de su hija, que lo único que pretendía era ayudar, y se vistió rápidamente para comprar el periódico. En realidad no le gustaba leer el periódico. Sentía que ya era lo suficientemente desgraciado como para conocer más noticias tristes y sentirse aún peor. Pero aquel día necesitaba salir de casa y tomar el aire.

Se sentó en un banco del parque donde estaba el quiosco, con el periódico en una mano, y la bolsa de pipas en la otra. Rápidamente, como quien ha vivido ya tantos años que el pasado se le agolpa en diapositivas rápidas y muy breves, recordó aquellas tardes en las que la pandilla se reunía en aquel banco del parque, con un montón de pipas por comer, acompañadas de risas, chistes, anécdotas, las mentiras del chulo del grupo y, más avanzado el tiempo, alguna que otra revista con mujercitas que mostraban sus encantos a chicos inexpertos como ellos, a esa censura que la edad va convirtiendo en visible y usual.

Salió de su pasado y volvió de nuevo a aquel presente. Miró el suelo, pero alli no quedaba ni rastro del pasado que él recordaba. Suspiró y sonrió, metiéndose una pipa en la boca y saboreándola, respirando otra vez aquel mismo aroma.

Abrió el periódico, y el viento pasó las hojas rápidamente hacia la sección de anuncios, sección que Carlos nunca leía… Hasta aquel día. Reparó en una notícia que le llamó bastante la atención:

Ángel lleva este nombre porque se lo merece de verdad. Aunque no tiene alas, y su aureola es invisible, este niño es todo un ángel. Tiene tan sólo diez añitos, diez años de inocencia, de bondad, y de buenas acciones (aunque también algunas trastadas). De llantos, rabietas, alegrías, sonrisas contagiosas, ilusiones, deseos, sueños… Sueños…

Su vida ahora mismo es un sueño. Siempre está dormidito plácidamente, con esa carita de niño bueno, con esa ternura de sus rostros, pegado a una máquina y esperando un trasplante. Un transplante que le cambie la vida y le haga ser como el resto de niños de su edad, pero sobre todo, un transplante que le ayude a vivir.

Ángel tiene aún mucha vida por delante. Quizás tú, lector, podrías ayudarlo. Él y su familia te lo agradecerían muchísimo.

Si estás interesado en ayudarnos, llama ya al 902202226

Carlos se quedó pensativo. Pocos segundos después tomó varias decisiones. Primero, llamaría a aquel teléfono. Quizás tenía suerte y podía ayudar a aquel niño indefenso. Después, iría a casa y, siguiendo el consejo de su hija, se acostaría y se levantaría de nuevo…. Pero esta vez con el pie derecho.

Los días que sucedieron no fueron iguales ni parecidos a los anteriores.

G – Gabi – Fin de Semana salta turno a:

H – JoseLuís – Activo

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