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Posts publicados por Adrián y Unsinagawa

En ese lugar se cuecen habas.

Michelangelo, Eve and the identity of women

 

Michelangelo, Eve and the identity of women

POR -UNSINAGAWA-

Anoche, Ana y yo, salimos a cenar algo. Nunca importò el lugar –al menos hasta ahora–, no aspiro, a la Nou Crepè que me dicen es de lo mejor, sino màs bien a un lugar insonoro, plàcido, a dònde escapar para comer pescado rojo, aluvìas, pan con ajo y mirar –irremediables– tus ojos a travès de la calidez del tinto merlot.

No pertenezco a la lluvia pero anoche escampò un cielo vìrgen: tomè mi làpiz y tracè dos lìneas. Eran las nueve menos cinco y yo insistìa en mi moleskine:

No  pertenezco a la lluvia

pero no quiero tener duda dònde queda tu boca

 para bajar mi frente a tu cuello hùmedo

y besar tus labios transparentes

sentirte Dios, sol, montaña en celo.

La gota que se cree trigo,

el trigo que se cree ola.

Lo sè, el quicio de una puerta es una irrefutable certeza. La bòveda de entrada es alta y luminosa, los ladrillos destilan su cereza marròn còmo si se tratara de una vìa làctea. No hay esquina que no la penetre. La mesa es un campo de futbol, sus asimetrìas son exactas, una cuchara, un cuchillo y un tenedor, y asì de nuevo. Me sumergo en el estrambòtico sonido de las copas que celebran, y no sè cuànto tiempo ha pasado sin descubrir aquella esquina: no preguntè el tìtulo esperarè al Louvre o a dònde sea para saber quièn es su autor.

En este lugar se cuecen habas. Por eso escampò y escamparà de nuevo. Las gotas de agua penetran las baldosas, y me parece como una violaciòn. La sobremesa es màs larga de lo habitual, por eso tomè prestados cuarenta campos: la belleza de todo, es decir, la noche, el cuchillo, la servilleta, para hacer màs feliz la velada. No mencionarè de nuevo que no pertenezco a la lluvia, porque me mezcla y me diluye, soy ella y eres ella.

El lienzo huye de mis ojos pero los tuyos aùn permancen ahì. Abràzame. Pièrdete, con tus mùltiples pliegues de estrella marina.

Me gusta pensarte desnuda: trayèndome, atàndome a las horas lìvidas.

Proximo turno: T – Carolinagromani – Activo

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Tranquilo, tranquilo que el dulce viene en un rato.

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Por S – Unsinagawa

Eduardo me dijo:

–Quiero que conozcas un árbol que planté hace quince años. Se llama atmosférica reina.

–Literalmente es un árbol, y a los árboles no se les celebra cumpleaños.

–Pues a éste sí. Yo me encargo de celebrar sus raíces, su musgo, su acera de cemento, sus florecientes copos de lilas intensos y sobretodo, de ser un amigo que me acompaña cada vez que visito esta ciudad. Bajo su manto intenso de verde olivo, yo abrazo a mis hijos, platico con amigos, celebro la vida, y en su regazo percibo el olor exacto de la cebolla morada, del ajo y el ajonjolí, de las notas musicales de un cuarteto extranjero, y del estrambótico andar de turistas.

–No sé si Whitman escribió algo acerca de hojas secas. De un edificio verde turquesa: un árbol, un huanacaxtle.

–Lo digo literalmente.

–Algo así, repondí.

–Me parece cosa de locos hablarle a los árboles, platicarles cosas, abrazarlos, susurrarle a sus follajes, a sus brazos maderados, y a sus flores, a sus frutos.

–Debe ser no de locos, de loquísimos.

–Bueno yo no lo veo mal, rematé.

–Es cómo levar la vela blanca de la existencia, cómo amarrarse al “capotrasto” de la vida.

–Vaya, palabrita: capotrasto.

–Si cómo cuando tomas la guitarra. Cómo a una mujer.

Este árbol me recuerda a mi padre: Benito.

 El yace en las raíces de un árbol. Y ése arbol es cómo otro él, convertido en aroma, en flor, en desamparo en otoño, pero en intenso amor en primavera.

–Yo al menos nunca he pensado en escribir sobre un árbol: No lo sé de cierto pero no se me ocurre que pudiera yo decir de un árbol, sino distingo entre un ahuehuete y un cedro. De botánica no sé mucho, aclaré.

–Pongo mejor música que la platica ya se encamino al barranco.

–Porqué?

–Hablar de locos y de árboles, es lo mismo. Sólo a tí se te ocurre escribirle un poema a la atmosférica reina. Ya te dije si Whitman le escribió un poema a las hojas secas porqué yo no a la atmosférica.

–Pues porque el árbol  no tiene ego.

–Ese maldito farsante que habita en cada uno de nosotros, y que de vez en vez despierta con altanería y desparpajo.

–Sí. Ese que existe desde que el  mundo es mundo, abundé.

–Mira a otra cosa mariposa. Aquí está la primer sorpresa del viaje.

–Doña Vicky nos preparo una mermelada.

–Una mermelada?.

Tranquilo, tranquilo que el dulce viene al rato.

–Qué dulce?.

–La mermelada.

–Sí, mi mujer nos preparo con los lilas intensos, y las semillas del árbol. Además es comestible. Ya ves no sólo es su bellza física sino que tiene, entre otras utilidades, que se pueden preparar mermeladas, como la de ciruela, membrillo o fresas.

–Haya bonchi!!!. Esa no me la sabía.

–Pues ya ves, siempre se aprende algo, no hemos recorrido 240 kilometros en balde. La celebración de las quince primaveras de la atmosférica alguna sorpresa tendría que tener: Esta es una de ellas.

–Solo en la intensidad de su color la flor, es flor, recité.

Nunca me imaginé que tú todo un ingeniero, tuvieras las habilidades necesarias para escribir. Y aparte de escribir hacerlo bien. Lo único que no me gusta es cómo con los músicos no hay un poeta completo: Escribirle a los árboles.

–Apenas yo, Eduardo.

PD. Por un fin de semana intenso y esclarecedor bajo un árbol de puerto mercante: La atmosférica reina.

Próximo turno para: R – Gorio–Activo

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Viste una lagartija otra vez?.

POR  UNSINAGAWA

Despegar: abrirse. Levar anclas

Estar totalmente cubierto de amarillo

de colores mates semimuertos: The fish.

Ser marea que navega el reloj pendular

con los cuerpos desvestidos abiertos:

esperándose para tener sexo tántrico.

El movimiento la habitación la vía transoceánica.

La cresta como aire secular

se pervierte y prostituye: como avenida lejana. 

Que es cómo ir de compras.

Cómo si supiera maniobrar la ventaja.

Viste una lagartija otra vez?. Sé que no.

Asiré los muelles para no dejarte marchar.

La compleja simbiosis de no saber nada

un artilugio quimico la altura capilar

de su montecito innerte.

Los alambres las corcholatas la tecnología

lo que todos debemos de saber.

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Las minúsculas señales de vida entre tu y yo

ojo por ojo diente por diente: la intimidad

de dos puertas sin ventanas.

Los ladridos que van a parar a la calle

la figura esquiva que no te encuentra

los alcatraces los dioses untados por doquier.

Te arrebato de un tiempo ido

del navío que se acerca a ti.

Las manos que son alimento nítido

juntar el lego pieza por pieza

Eres la única mujer dispersa

quemando las naves los almanaques

los obeliscos y columnatas.

Haré volar en mil pedazos la fragmentada tarde

vaciaré los bolsillos en busca de tragedias.

Devolverte, es decir, consagrarte.

Caerte encima

cimbrarte adormecerte

con todo el azul del agua corriente

con el rostro ansioso: incurable.

Con todo el cuerpo de paja y alcohol.

Estás innombrable: íntima. Lejana.

 

Próximo turno  R – ARIELSHINIGAMI – VACACIONES  salta el turno a:

                                      Q – Sara – Activo

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Tiene celos de mí

EL LECTOR:

No hay mejor halago para uno que ser unomismo. Siempre quizé ser un gran navegante. O un navegante intrépido, un navegante atrevido. Bueno, al menos un navegante un poco mejor que otros: un buen hombre de mar. Ahora se dice, se comenta por ahí que soy un buen navegante. Lo he escuchado en la familia, en mi círculo de trabajo y en las reuniones sociales y de negocios. La noticia me ha dejado helado: yo siempre quizé ser un gran navegante!!!. De los mejores, qué gran orgullo ser un buen navegante!!!, lo que siempre quizé ser!!!.

Convencido llego a la competencia anual. Sé que se tiene celos de mi pues soy un buen navegante. Así lo dicen todos. Ahora estamos inmersos en los trabajos previos a la regata. Las cuerdas sobre las arandelas y los giros de rehiletes es lo único que se escucha. Las pruebas a la “mayor” y la carga de provisiones, no obstante flota en el aire: unsinagawa es un excelente navegante.

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Lo confirma el final de la regata ocupo el puesto número 1. Es verdad soy un gran navegante. Ya en mi casa instalado en ése sillón que tanto disfruto mi hijo me dice: Papá. No me identifica. Mi esposa me recuerda que hay cuentas por pagar, pero no que soy un gran navegante. Salgo a la calle y mi vecino me dice: buenos dias unsinagawa, pero no me dice “gran navegante”.

En la esquina, leo el diario del día que cabecea en la página de deportes: Unsinagawa ganador de la regata anual, gran navegante. Estoy convencido. Soy un lector…Sí eso soy, un lector de periódicos no un gran navegante.

PROXIMO TURNO: O – Aspective – Activo

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Madre no hay más que una.

A ti. Todavía soy un niño.

“!Paraíso perdido!, perdido por buscarte, yo, sin luz para siempre”. Baudelaire.

1.

No empezó con una I. La I es el final de la tarde.

Cómo nombrarla. Cómo decir que está ahí: soñando.

Soñar da hambre. Y el alimento, los tomates y cebollas,

son redondos e invertebrados. Tienen una enfermedad

no muy conocida. Al menos por aquí. La I. No se conoce.

No se sabe nada de ella. Comer da tristeza.

Deglutir, sembrar las palabras. Tragarlas con una sola mano.

Engullir, trailar las comas y las íes.

No cuestan tanto las jabas de almacenar,

los vocablos inhóspitos las neveras intermitentes.

No llamar por su nombre a nadie: la habitación

la línea telefónica la llave de abrir labios

la avenida vintage la pantalla de plasma gris.

No importa la dimensión del octavo cerco.

La milla verde, me estaciona, me decanta.

El escaso jazz de tus ojos sonoros, la trompeta de Dizzie

como artefacto nuclear.

El contrapunto. La I: Tu nombre.

2.

raices

Esta montaña se parece mucho a una mujer desnuda. El musgo cubre sus partes más eróticas, y dónde debe haber oyameles y ahuehuetes, ahí están. El risco, sus vientos tenues, labrado por siglos, me expande. Las cuerdas de rapel y los hidrantes naturales. El centro que desprende una lágrima intermitente: un pequeño riachuelo que pende de dos enormes luminarias verdes. La mirada aceitunada. El matemático ejercicio de guiñar el ojo. Sonreirle al tiempo: a la madera oclusiva.

Me desagrego por los granos de arena. La tierra húmeda y los gusanitos volátiles. Los almendros, los naranjos, las rojas manzanas y los membrillos encerrados en ese intenso amarillo, me estaciona, el sol, su nave desteñida: la desnudez de un ciervo que se asoma al risco. La palabra en duermevela. Escampa y llueve. Nos mojamos, nos repetimos, tu piel se multiplica. También, emerge, se pliega a la ropa, parecemos una misma cosa: las hormigas militares enfilan la pendiente, cargan leves bultos de grama y hojas secas.

Me despierto pensando en tu muerte, pero no le tomo importancia. Ahí están las hondonadas, los acantilados para lidiar con ella. Te cubre la hierba y la sal. La cañada frágil y húmeda. Los reflejos en el oriente de las cosas, me expando aún más, la mañana embotellada, no sé cómo, me hunde y despedaza. El armario, las raíces, la servilleta, sus pedazos dispersos. Tu cuerpo amortiguado, fluvial, de agua de beber: inagotable.

La estación de trenes. El campanario. La casa azul. En defensa del viento.

No te pienso ya, te asumo. Tu cuerpo me desprende, me sujeta, los altos andamios, las frescas guayabas, los animales de trepar.

Mis ojos. Déjá Vu.

Proximo turno-Q-Sara-Activo

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Millones de aventuras y anècdotas superdivertidas.

El cuerpo inerte –como en la novela de Stephen King: The Body– yacía sobre la fría plancha de acero de la Morgue.  Seguro con èsa edad y èse fìsico habrìa vivido millones de aventuras y anècdotas superdivertidas. Y ahora, nada. El silencio. La mirada curiosa del médico forense, elucubrando la primer hipòtesis sobre las causas posibles de su deceso.

Para iniciar extirpò de las fosas nasales un ejemplar de langosta. Sin duda, de la familia de los Ortópteros. Esas diminutas criaturas, de las más sorprendentes del reino animal, que pueden sobrevivir con muy poco alimento y en los lugares más insólitos. El origen y edad de ése insecto respondería muchas preguntas acerca de las últimas horas de vida de ése cuerpo. Sin nombre aún. Asesinado. O literalmente, un simple y vulgar suicidio. Era una crisàlida hermosìsima!.

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“Erbarme dich”, pendía de su pecho en una pequeña plaquita de ID militar: “Ten piedad de mi”. –Quién lo diría–. El microscopio descubrió en el insecto lo que podría ser un chip incrustado en uno de sus órganos. Se sabe que durante el proceso de renovación pasan por una fase de metamorfosis en dónde pueden curar heridas o reposicionar los órganos internos en torno a objetos extraños. Es decir, podría haber incorporado a su cuerpo un artefacto externo –como ése chip– gracias a su capacidad regenerativa que acompaña a esta etapa de transformación. O una nueva hipòtesis: El aparato fue implantado en la crisálida antes de la muerte del desconocido.

El Pentàgono impulsaba un programa para implantar chips de sabotaje en insectos. Especialmente en langostas. Eso ya se sabía. Los fines de este programa eran sólo de espionaje, aunque no sabríamos –hasta los analisís patológicos– si el pronunciado envenenamiento de este cuerpo tuviera algo qué ver con esa agencia. Por lo pronto, no descartaríamos ninguna de las hipòtesis. La principal era determinar qué papel jugó el chip en la muerte del japonés. La autopsia determinaría la sustancia utilizada para envenenarlo, y la indagatoria recorrería los aspectos financieros, de relaciones sociales y laborales e incluso la posible causa de suicidio: Un innovador harakiri sin lesiones o una crisis de deuda por las hipotecas “Suprime” en los EU. Suena razonable. No?.

Si tomamos en cuenta su aspecto diría que es corredor de bolsa de Wall Street. Zapato italiano, traje de diseñador español muy reconocido EZ (No podemos poner marcas en la ficha de filiación), reloj suizo de alto valor y una marca de tatuaje con una leyenda en inglés: “We will all laugh at gilded butterflies” –Todos nos reiremos de mariposas doradas–. Bueno más bien diría yo: De langostas doradas. Y de escasas 36 horas de vida.

No había más pistas. Ni corporales ni en la escena del crimen. Es decir, en el terreno montañoso de áquella vía de acceso a la playa nudista de Zipolite, dónde fue encontrado el cadávez. 30 o 32 años. Masculino. 69 Kilos. 1.96 estatura, a la inversa el “6-9” que tanto disfrutaba. Fue encontrado recostado en el asiento delantero de su BMW azul 325i, sin señales aparentes de violencia o intento de robo. Es una madeja díficil de deshilar, balbuceó el fiscal asignado al caso. Sin ataque físico, ni robo ni alcohol. Una caso para el archivo muerto. Doblemente muerto.

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–“Ni el veneno puede conmigo”–. Recordé a Napoleón. Pues contigo sí. Le espeté a áquel cuerpo atlético casi perfecto.

En una oficina del Pentágono celebran el éxito de la misión: Langosta Errante. La crisálida ha sido incrustada con un chip capaz de asesinar a un individuo con una carga letal de veneno degradable. El insecto ha sido enviado con la información genética del individuo, es decir, su ADN y ha recorrido 6,000 kilómetros hasta las playas nudistas de Oaxaca. El nombre del japonés: Unsinagawa, ex-novio de Megan Fox, con quien comparte el mismo tatuaje: “Todos nos reiremos de mariposas–langostas doradas”. Su crimen: Abandonar una relación sexual intensa con la directora ejecutiva del Pentágono para irse a vivir a México. Desde siempre se ha sabido que…

El clítoris es un arma de guerra.

Próximo Turno: –Q– Sara –Activo–

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La noche se volvía clara, aunque no estaba amaneciendo…

Fue nacer a la vida.

La noche se volvía clara aunque no estaba amaneciendo. Hoy es nuestro día, les dije al virar el 4×4 y descubrir allá a lo lejos el embalse de la presa.

Emiliano: “Si quieres dar de comer a un hombre una vez regálale un pez, si quieres ayudarlo para toda la vida enseñalo a pescar” susurré a su oído la noche anterior al darle el beso de buenasnoches. Sus ojitos aceitunados, rasgados de japonés me miraron curiosamente. Papá: Puedo invitar a uno de mis mejores amigos. Claro que sí –le respondí.

El señuelo y las lombrices de tierra hacían su trabajo casi a raz de agua. El movimiento de colores en la palizada y la penumbra de la madrugada iluminaban las pequeñitas siluetas de Emiliano y Agustín. Con tan solo 7 años ya conocen la emoción de enganchar y tirar del carrete de la caña de pesca. Esos cuerpecitos enfundados en gabardinas y gorra de baseball, chalecos flotantes y  guantes de protección me han dado una gran lección. Han traído a flote una lobina de 8 libras, después de casi media hora de luchar y suplicar por ayuda. Al fin, ha caído en la cesta un hermoso pez. Big fish.

El primer pez de tu vida. El que –según el proverbio– yo te regalé. El que nunca olvidarás y que pescaste… Escuchando a Cat Stevens.

Proximo Turno para:  R – ArielShinigami – Activo.

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…Quería ser libre.

Me llamo John Garret. No soy deportista, filósofo ni presentador de TV en horario estelar. Soy un hombre arropado por el anonimato de quién vive solo durante más de dos décadas. Vivo en Upper East Side, Manhattan, New York (NY). Viajo todos los dias en la línea C del tren suburbano por eso puedo contar esta historia. Mejor dicho narrarles lo que viví durante tres dias del mes pasado. Ustedes disculpen si para hacerlo utilizo la primera persona del singular. Osea el yo. No soy narcisista.

–La verdad siempre que sueño. Sueño con peces, con mares y acantilados.

Siempre salgo de mi departamento una hora antes de la entrada a mi trabajo. Ese día como es mi costumbre bajé de mi departamento en la calle 59 st. para tomar hacia la estación de Columbus circle. Camino cerca de tres bloques. En ese trayecto la matinal sonata de NY me acompaña: autobuses, claxones y taxis sonoros, en una ciudad trepidante. Cientos de autos aglomeran las avenidas y las aceras repletas de personas presurosas a sus centros de trabajo. Es casi imposible caminar sin entrar en contacto con hombros, culos, brazos y caderas. Yo me tomo mi tiempo, tengo previsto 15 minutos de reserva para hacer ese trayecto antes de abordar la culebra metálica del sistema metropolitano de transporte.

–Yo no lo sé de cierto: Quería ser antrópologo. Quería viajar. Quería ser libre.

Una más de mis costumbres es viajar en el último vagón. Ese día decidí tomar la última fila abrí la revista de caballeros que leo desde hace 20 años. Fuí de sus primeros suscriptores, incluso me mandaron ya mi carnet de lector distinguido. En qué estaba?. No sé porqué me confundo?. Fácilmente me distraigo sin querer. Bueno, pasé las avenidas 155, 145, 116, 81, 72 etcétera hasta llegar a la estación de transferencia para tomar la línea 1 y llegar al Lincoln Center que es dónde trabajo. Al bajar junto a mi una ancianita dormía plácidamente. Nos habíamos hecho compañía desde el inicio del viaje.

–Una mujer y un hombre un día se quieren. Solos se penetran. Se van muriendo el uno y el otro.

–Soy piscis, no lo he dicho.

Para un viejo como yo, resulta inquietante el que la memoria sea capaz de recuperar pasajes de la vida con tanta nitidez y convocar de manera vívida al hada de los recuerdos: 30 años en la ciudad de NY nunca son suficientes para entender la vida cosmoplita de nosotros los neoyorquinos. El glamour se respira por todos lados, es un estilo de vida. Yo, sin embargo, me he dedicado a hacer lo mío: bien hecho, aunque algunos piensen que no ha válido la pena. Gano 6 dólares por hora. No es suficiente?. Para mi sí. Vivo bien y como bien. Me encargo desde hace 28 años de una de las series de cristales interiores del piso 4 del edificio B en el ala norte.

No es cosa fácil mantener impecables 8 cristales panorámicos. Tuvé oportunidad de pertenecer al equipo de limpieza exterior. Ni pensarlo, nunca me gustó la idea de volar a 45 metros de altura sujeto a una plataforma de madera. He de ser honesto se gana bien. 24 dólares la hora. Pero prefiero mi vida sencilla y sin sobresaltos de la cara interior.

 

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Mi vida puede parecerles rutinaria. No lo es. Desde que inicia Central Park yo ya siento una gran emoción porque uno de los días más felices de mi vida fue cuando por fin pudé conocer el Museo de Historia Natural. Así que el sólo pasar por esa avenida me trae gratos recuerdos, me hace feliz, a mi manera, humildemente feliz. A esa altura yo ya pienso, como relojito suizo, programar dejar mi asiento con antelación para ser de los primeros en bajar el cabuz. Hoy como ayer, la ancianita duerme angelicalmente. Cómo me recuerda a mi abuela mexicana. Sí, mexicana, me llamo en realidad Juan Garrido, pues con la nacionalidad adopte el John Garret, suena mejor y me parece mucho más elegante inscrito en el carnet del seguro de desempleo.

Hoy ha sido un día tremendamente díficil. A la hora del “break” dos jóvenes asistentes han reñido por falta de café descafeinado en la cocina y se han precipitado lanzándose el poco que han podido obtener; y éste a ido a parar el vidrio número 6. Me dieron ganas de matarles!!!. Tres horas he invertido en poner las cosas en orden. He llegado exhausto a casa y sin ganas del ritual de la cena y el posterior de leer mi revista y “pasar por agua” la noche. Llamar a Manuelita.

He amanecido con mucho entusiasmo. Hoy es inicio de fin de semana. Friday en inglés, el cuál domino a la perfección, sin acentos ni clichés. Bajo el tren como siempre, y como hace tres días “mi abuelita” duerme felizmente. Las lineas ABCDE y 1 conectan con Brooklyn. Bueno, no estoy seguro. Es tan complejo el sistema de trenes que no alcanzaron las letras del bloggercedario para nombrarlas. De la A a la Z estan completas y continúa con los números de la 1 a la línea 10, creo. Es un prodigio de tecnología, puntualidad y sincronía y uno de los mayores orgullos de la ciudad de NY. Por la tarde me entero que una ancianita ha vagado por tres días en el último vagón de la línea C: Muerta. Nadie se ha percatado de su deceso.

Esta aldea global nos ha vuelto insensibles. Existen instantes mágicos como cuándo Korda inmortalizó al Che con áquella foto…

Próximo turno para: R – Ariel Shinigami – Activo

Salta turno a: Q – Sara – Activo

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Desearía que bebamos y comamos todos por igual…

Joserra, Joserra!!!.

Me desgañite entre aquella multitud. No sabía en un principio cómo afrontar áquella frase y la invitación que llegó junto con ella. No nos habíamos visto desde hacía mucho tiempo. De hecho, desde la facultad donde estudiamos la carrera de Lengua y Letras Inglesas –No sé porqué lo pusé con mayúsculas, seguro por el respeto y admiración que siempre he sentido por Shakespeare y Blake–. La cita en el café sería a las 7.30 así que había tiempo suficiente. El era un poeta reconocido en nuestro país. Había ganado su reputación con tres obras literarias sobre realismo mágico, en su muy brillante carrera de literato. Compartiamos edad, número de calzado, signo zodiacal y algunas preferencias gastrónomicas. Los buenos vinos eran nuestra “maldita debilidad”. Discípulos de primera fila del dios Baco, pues.

Los poetas “malditos”, émulos de Rimbaud, tienen también aficiones malditas, nos saludamos Joserra y yo. Nunca esperamos encontrarnos en aquel recinto, en medio de aquella multitud y a pesar de ello podernos reconocer entre la mancha humana que acudió al concierto de Joan Manuel Serrat y Sabina. El estadio de futbol, escenario del concierto, estaba como lata de sardina, no cabía una sola alma más, así que coincidir ahí había sido para los dos un signo del destino y también un poco de suerte porque yo tenía una década viviendo fuera del país. Un abrazo de esos que circundan el cuerpo selló la cita para beber y comer en dos días más. Un día viernes de marzo.

Traté de acercarme  a la libreria al día siguiente para comprar su último libro y ponerme “al corriente” con su obra. Así nuestra conversación no sería tan en seco y yo tendria mayor conocimiento de sus galardones, premios y otros etcéteras. Me sorprendió el título del compendio de su último trabajo: Pequeno río de papel. No me pareció nada sugerente, es más me parecía una salida fácil para título de libro de poesía. No le comentaria nada al respecto, sin embargo, algo no había embonado bien, yo esperaba mas ambición en el texto, es decir, letras libres, letras detonantes. La carátula me pareció bien pero a secas.

“Nada se sabe y nada sucede que no esté escrito de antemano en nuestro cuerpo”. Era la frase que memoricé para parecerle familiarizado con uno de sus poemas. Traté de ataladrarla en mi mente repitiéndola una y otra vez durante mi trayecto a la cita. Pasé por la bodega de vinos y busqué algo de buena cosecha a precio accesible: Un tinto del valle de Nappa cosecha 82 fue lo que encontré. La velada fue excelente. Joserra estaba muy agradable, no apareció en él el divo que me esperaba encontrar. Alegres, entre anécdota y anécdota, consumimos la descorchada Beringer y las horas que se cayeron por la ventana del bistro. A las 11 pm nos despedimos con la certeza de volvernos a ver. Sobre mi mano posó una servilleta de papel.

–Te he escrito este texto. Espero te guste.

A estas alturas no sabía cómo resolvería la fracesita. Y de hecho era lo que más me preocupaba.

 Bueno…bueno, a lo mejor en el texto de Joserra encuentro algo que me saqué al paso.

–Los imaginantes. Por ti y por mi. Así se llama el poema, me dijo con voz de ministro de la corte.

Quizé de inmediato leerlo. Ya en el estacionamiento y antes de encender el auto desarrugé el papelito:

LOS IMAGINANTES

Este cuerpo tiene invisibles

tatuajes de estrellas y océanos,

cada experiencia nos deja huellas

que no podemos ver,

porqué ahí nacen planetas y lunas.

Los tatuajes ocultos bajo la piel

de auras y rios de palabras.

A los imaginantes les sale el sol

y les cae la tarde encima,

nos nacen esferas, montañas,

cicatrices en el tiempo;

marcas de agua sobre los pechos desnudos

como serpientes de asfalto.

Los imaginantes se alimentan

de arenas y manglares

de vías lácteas con cuerpo de mujer. 

…Excelentemente bien!!!. Pero qué pasó, por fin la frasecita. No!.No apareció… Ufff es un alivio que a Joserra no se le haya ocurrido incorporarla. No “caza” con el texto del poema. Seguro mis compañeros pensarían que es una maniobra mia para “encajarla”. No es así, lo juro con sus cinco letras o las que sean. De verdad?. Y ya son las 2 am hora europea y todavía no se me ocurre nada.  Bueno, volviendo a Joserra. No tengo la menor duda que tiene un gran futuro en la literatura. La sencillez de sus plalabras es asombrosa. Hasta yo, que aunque estudié letras jamás he escrito ni una carta ni  un post entiendo perfectamente su poema: los imaginantes… los imaginantes son nostálgicos irremediables. Y si le digo a Sito que me ponga en –fin de semana o vacaciones–. A esta hora?. Ni pensarlo.Desearía que bebamos y comamos todos por igual: Es imposible en un mundo dónde millones de seres humanos se preocupan más por el soccer…

Próximo turno: R –Ariel Shinigami– Activo

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Con el corazón helado.

El semáforo en off detuvo mi marcha. Desde la ventana del auto, leí la de ocho columnas del periódico del día en la máquina dispensadora: Muere tras explosión. Caray hasta dónde hemos llegado en este país. La violencia se ha recrudecido de tal manera que ya los narcos no respetan aquél viejo código de honor: Ni mujeres ni niños. Hasta ahora mi provincia, el mayor productor mundial de tomates, era conocido por los actos de violencia entre bandas de narcotraficantes y no como el granero y productor número uno de este fruto. Así es, “crea fama y acuéstate a dormir”, me dije.

Ella era una niña cuando Eutimio llegó a la sierra. El precio puesto a su cabeza le hizó tomar la decisión de regresar a la montaña, de dónde había llegado a la ciudad, con una mano adelante y la otra detrás, aún siendo un jovenzuelo. En 15 años era ahora el número uno en la lista del FBI. Honrosa distinción. El número uno en la lista de los más buscados. No fue novedad, los motores radiales Lycoming de dos Cessna´s  anunciaron la llegada del jefe de jefes. Se apostaron sobre la pista de arcilla, después de arriar el ganado y perros, desde el comisario municipal hasta los más importantes personajes del pueblo. No siempre había visitas tan especiales, a no ser por las campañas de políticos corruptos que se acercaban por ahí en épocas electorales, para intercambiar cobertores por votos. Vanesita recordaba su llegada porque en la secundaria, al lado de la pista de aterrizaje,  hubo una gran algarabía de toda la chiquillada.

No cumplía 14 y ya estaba en edad de merecer. Fue una niña precoz pues muy temprano sus medidas se acercaron a la perfección. 90.60.90. El resto lo hicieron los mensajeros de Eutimio. Las AK47 y R15 persuadieron al autor de sus días: Qué prefiere, entierro, destierrro o boda…?. Así la fecha del matrimonio quedó pactada, a la vez que un maletín repleto de fajos de 100 mostraban un Abraham Lincoln sonriente al frente del billete verde.  Lo demás es historia. Sí. Historia. Los tres dias que duró la fiesta el pueblo disfrutó del añejamiento de 100 cajas de Chivas18  años y ellas por supuesto de la casa Moet-Chandon. La fortaleza en que se convirtió la cañada áquella se resguardó por seis comandos apostados en las colinas, y la felicidad sonora de los novios corrió a cargo de cinco grupos musicales, muy bien intercalados para tocar en tandas de seis horas cada agrupación. Todo perfecto, cómo debe de ser cualquier historia de amor.

En los años siguientes Vanesa fue  “reina del café”, “reina de la primavera” y también la mujer de. No había ya en el pueblo quien no reconociera a “Vanesita” como la mejor hija, hermana y amiga.  Ella era feliz ahí, por eso no estaba de acuerdo en realizar aquél viaje al centro del país, dónde Eutimio revisaría sus negocios inmobiliarios y “agrícolas”. Nada peor, que estar en el lugar equivocado a la hora equivocada, ése retén militar tenía minutos instalado en esa avenida. En pocas horas estaba en la cárcel de máxima seguridad más importante de todo el país. El mayor capo de la droga había caído.

La esquizofrenia de la prisión potenciaron los celos enfermizos del cuarentón. Las llamadas estridentes al celular y los reproches infundados cubrieron sus días grises.  Apostó guardias para vigilar cada uno de sus movimientos. Eutimio se convirtió en un animal al acecho. Lo que era una historia rosa se convirtió en un infierno –todavía rosa– porque cuando recibió por debajo de  su celda aquellas fotografías de ella, ahí sí, se le abrió un boquete al infierno. Con el corazón helado vió aquellas placas sembradas por el cártel enemigo: un perfecto fotomontaje. Ella con un hombre x en posición x.

La mucama atendió la puerta. Ella radiante como siempre a sus 19. Era bellísima, la sangre francesa esparcida por expedicionarios hicieron lo suyo en aquella cordillera. Ojos azules y tes blanca como nata de leche y un cuerpo –ya lo dije– de diosa griega. Sus 1.80  metros imponentes sin tacones tomaron aquellas preciosas flores, rosas rojas, sus preferidas. El emisario se despidió y ya en la acera el estruendo de la granada de fragmentación simbró aquella mañana. La historía de amor rosa terminó: una tarjeta de felicitación dice al calce: Con todo mi amor…

Proximo turno para: R  – Arielshinigami – Activo 

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