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No saben que ahora la etiqueta la llevan ellos

No saben que ahora la etiqueta la llevan ellos, sí, la etiqueta del macho poderoso y su envase promocional; y la de feminista con su toxina de PELIGRO. Ambos demasiado usuarios de sí mismo, demasiado adhesivos de la decoración, del disfraz…

Yo me encuentro traslúcida con cierta impresión de abandonarme por ser lo que iba a ser, la misma que ahora no soy. Todo es tan confuso, tan elocuente de tristeza. Con el mensaje de no importarme, cordura que ya en nadie veo. Más locura de radiación y estupidez. Habitual de la demencia, le dicen, donde lo único absoluto es cegarse a cualquier idea que no sea sexo.

Y si quiero amor, ser la estúpida creyente de un orfanato donde por la fe se sigue rezando . Nadie adopta mi creencia. Hay feligreses que buscan el templo cada domingo o en cada fiesta de Pascuas, le cantan elegías, y etiquetan lo favores como el perdón de sus deseos.

Entonces, se le niega a la conciencia  la posteridad de que el orgasmo sea algo más que una muerte lenta; yo la quiero vencida en la continuidad como un clásico de Dostoievski. Crimen y castigo. Ya derrumbo la etiqueta que me creo. Ateísmo de unos labios que no llegan porque temen. No es la etiqueta de ser la modelo rubia por la cual sí se cruzaría el universo. No lo soy porque las estrellas me aman. Ya algunos han viajado su distancia por mí y que jamás se repita.

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Hoy es uno de esos días en los que me levanto rara, con el alma cansada.

Hoy es uno de esos días en los que me levanto rara, con el alma…

cansada, sin sazón o desahuciante, no sé.  Todo es culpa de la fragilidad, de mi osadía, por esta maldita impertinencia de mirar en los ojos de alguien y husmear sus secretos. Siempre sola aunque ahora me habita su cuerpo, su lengua de lagartija en mi clítoris, en mis pies, en mi boca…

Las aguas turbulentas de un motel a media noche con la desnudez y la avaricia del despojo.

Lo miré y fue suficiente. Escuché sus incendios, su canto de catedral, su bosque  rojizo que desde el primer roce me dejó moribunda. Tenía años de no mirarle y no era sombra de su memoria. Ahora lo somos aunque seguimos extraños. Esa es la rareza que no entiendo cuando mi cuerpo tiene sed. Me siento tan «puta» como cualquiera que se deja ir por  instinto como cuando abro el grifo y el agua sale y sale porque simplemente debe salir.

Quiero creer que fue solo sexo pero miento si digo que no tengo aún luciérnagas que me vuelan en la espalda, que lo sigo deseando, y que su huella me será indefinida. Hubo algo extraño entre su olor del té inglés y mi café capushino. Un deseo incontrolable, con decisión y sin ceguera.

Me trazó en una servilleta arrugada, los torbellinos que le mueven y lo empujan. Allí mismo me dije que no sería fàcil olvidarlo.

Finjo que no me importa, qué sé dar el siguiente paso. Tomará pronto su avión y  quizás solo nos inventemos un regreso. Tal vez alguna noche recuerde su boca en mi seno y me mande un saludo. Tal vez jugará su próxima fantasía en otra cajetilla de cigarro sin que sea yo que exhale su beso. ¿Qué haré cuando el humo repinte mi labio en otra boca, también extraviada? Podremos olvidar esa exhalación en la única partida donde nos abandonamos?

Nos dejamos de ver esta madrugada. No hay señales de humo. Solo dijo que extrañaría mis besos. Por eso, hoy todo el día ha sido raro. Mi alma levitando sin dignidad. Solo con la afrenta de que es otro más que me abandona o quizás sea yo quién profetizo las partidas.

Alguno en su momento me dirá que mi espacio no está solo en una cama y en una noche. Ahora mismo estoy desafiando el  tiempo sin dejar de pensar en él.

Será hasta el próximo cuerpo, hasta el otro día cuando los demás regresen, cuando todas las promesas que me dieron, algún día regresen….

Quizás hayan otros días de sentirme rara y donde me permita olvidar más de prisa.

Lo sé, por eso sigo sola hasta que una voz me interrumpa de nuevo.

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Un reproche me lastima el corazón

Un reproche me lastima, el circo de la inmediatez… decirnos amantes por lo que dure la noche, desvestir tu cerebro que no tiene ropa solo incongruencias.

Tu cuerpo burdo de leche agria, con las piernas abiertas para beberla. Fue instrumental la maroma de la caricia que no devolviste.

Mi cuerpo no tuvo tu lengua ni la osadía de beber el manantial. No sabes de nada, payaso de sí mismo. Debes hacer muecas al clítoris y hacerlo reír.

Ponte el traje de bombero y riega los fuegos imaginarios que nunca se encenderán. Porque no sabes que la piel no es una manguera, ni un pene erecto disuelto de erupción.

Fuiste un troglodita, habitante hueco en mis labios. No me supiste a nada ni con el vino de melocotón.

Inerte trofeo de una noche que tiraré al basurero. Nada queda de lo que jamás existió. Son los deshechos que deja un reproche y el litigio de ni siquiera olvidar lo que nunca empezó.troglodita

 

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…se me había quemado la tarta de queso…qué pesadilla!

……se me había quemado la tarta de queso…qué pesadilla! Esta maldita forma de pensarte. Tropiezo con tu memoria en la noche, en la tarde, mientras me oxida la rutina que me deja solo imaginar tu cuerpo.
Enciendo de nuevo el gas de la cocina, revuelvo los dos últimos huevos que me dicen la posibilidad de trastear mi realidad:no tenerte esta mañana!!
Sigo batiendo con esperanza, deseo, desenfreno…
Toco tu humedad, siento tu boca sanguinaria sobre mi pubis…pero me llegó el aroma tostado del aceite del sartén. Lo vuelvo a limpiar. Intento de nuevo regresar a mí. Me propongo terminar el desayuno. No he fallado esta vez. Me siento a la mesa. No encuentró el tenedor…abro la gaveta y descubro que el metal de una cuchara es tan frío como lo fue tu adiós.
Comeré con la cuchara para saber olvidarte, puedo hacerlo aunque siga tu lengua en mi cuello reventando volcanes. Ardo, sigo ardiendo por no tenerte. La torta se me ha enfriado. Reniego. El amor es una tarta de queso quemada.
Eres un sobro delicioso. Y como sobro que se quema y no sirve, te dejo a vos…

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Ricos porque son viciosos

Tu boca se ha vuelto un vicio, Tomás.

Me lo digo todas las noches.

Las sábanas aparentan ser mares quietos pero desaparecen con las olas debajo de tu sombra.

Te sigo buscando como un vicio definitivo.

Ricos fueron los orgasmos que me sembraste.

Hay cuerpos viciosos porque la piel se desgasta, porque el hambre tiene una filosofía extraña y no entiende al amor.

No analizo mi dependencia.

No quiero hacerlo.

Es la sentencia de mis deseos con tu desnudez.

Toma lo que digo y escríbelo en mi cuerpo.

¿O es soledad de vacíos o tus besos son ricos porque son viciosos?

Si muero en mi cama, será por tu política.

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