Archivo del Autor: Aspective

Muchos dobles sentidos

Olvidándonos del tráfico y sus señales, el doble sentido es característico de las frases y palabras. Gracias a él y con la complicidad del oyente,  se hacen muchos chistes de gran hilaridad… cuando lo coges. O no te enteras y pasas por ser el tonto del grupo.

Pero dejémonos de desvaríos y a mi tema. Como adivinaría Sito, mi principal preocupación es la comprensión del sentido correcto de lo dicho en aquellos momentos en que la frase transmitida puede tener más de un significado. Especialmente, por supuesto, cuando estamos hablando de tu pareja.

Ejemplo. Estás repanchingado en el sofá viendo la televisión después de cenar. Oyes a tu mujer que te pregunta “¿Nos vamos a la cama…? Espera, espera. Antes de hacerte ilusiones, reflexiona: hoy no es sábado. No has recogido la mesa, ni bajado la basura, ni… nada. Es mejor recurrir a otros sentidos para comprender el significado de lo que te está diciendo. La miras. Tiene puestos los rulos, se ha dado una crema color vomitona de la niña del exorcista y lleva puesta la bata rosa de “guatiné”. Significado de la pregunta: tengo los pies fríos y tengo sueño. Ven a la cama para que te pueda torturar arrimándote los pies mientras comienzo a roncar.

Si por casualidad, la vieras… bueno, como en las películas, evidentemente el sentido de la pregunta sería diferente, pero no os hagáis ilusiones, eso no pasa en la realidad.

Pero si esa misma cuestión te la plantea una rubia joven, guapísima, a la que acabas de conocer mientras bailáis en una discoteca y es totalmente diferente. Lo mejor que puedes hacer es despertarte, porque si no  vas a tener eso que eufemísticamente se llama un sueño húmedo y lo vas a dejar todo perdido. O te vas a despertar con una predisposición de caballo y al volverte hacia tu mujer, ves la crema y los rulos y… la tienda de campaña se viene abajo en cuestión de segundos…

Y finalmente si la pregunta te la plantea un tío, da igual como vaya vestido, mi consejo es que salgas jalando a toda caña. Y eso que contra gustos… Pero yo escribo desde mi punto de vista.

Luego, hay otras frases que cuando las analizas (y tienes solo unos microsegundos para hacerlo) ves que llevan implícito un segundo sentido que en muchos casos promete:

“Si pasas una noche conmigo, sabrás por que los huracanes tienen nombre de mujer.”  Puede ser efectivamente una noche de formación y aprendizaje, pero…

También las encontramos algo cínicas. Por ejemplo: “¿Sexo? ah, eso que  se termina haciendo cuando se empieza haciendo el amor.”

Pero mis favoritas, sin lugar a dudas son aquellas que se atribuyen, certeramente o no a Oscar Wilde. Supongo que no todas pueden ser suyas pues al tío no le quedaría tiempo ni para desayunar si tuviese que pensar y decir todo lo que hoy le hacen firmar, pero desde luego son las mejores, aunque no todas tenga un doble sentido:

“No hay nada como el amor de una mujer casada. Es una cosa de la que ningún marido tiene la menor idea.”

“Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche.”

“Uno debería estar siempre enamorado. Por eso jamás deberíamos casarnos.”

“La única diferencia que existe entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho es más duradero”

“La única manera en que un hombre debe comportarse con una mujer es: haciendo el amor con ella, si es bonita, o con otra, si es fea.”

“La fuerza de las mujeres depende de que la psicología no puede explicarla. Los hombres pueden ser analizados; las mujeres sólo pueden ser amadas.”

En cualquier caso, si tienes ingenio y eres capaz de mantener una conversación interesante con abundancia de frases de doble sentido, puedes convertirte en el alma de la reunión.  Pero has de ser cuidadoso. Por ejemplo si estás en un bar con un amigo y él se va al baño con la carpeta de apuntes en la mano no le puedes preguntar “¿Te la sujeto?” Posiblemente recibirás una mirada algo rara.

También es importante el entorno y el autor de la frase. Si yo digo “Estoy rodeado de animales” no significa lo mismo que si lo hubiese dicho Noé, el del Arca (¿perdida?). Si yo digo “Mi esposa tiene un gran físico” no entenderíais lo mismo que si lo dijera Albert Einstein ¿a que no?  Y no tiene la misma credibilidad si yo le digo a mi esposa “Eres la única mujer en mi vida” que si se lo dice Adán a Eva. Por eso las circunstancias de la frase son importantes. Mucho.

La mayoría de las veces se apela al sentido común del lector u oyente para la correcta comprensión del significado: Si leo un cartel que dice “Tenemos chorizos de León”  todos esperamos que sea de la provincia.

También con doble sentido, pero ya en plan coña total, hay una serie de frases que sirven exclusivamente como chiste. Pero al menos sonríes:

“No cabe duda y duda se tuvo que bajar del autobús”

“Comeros el bocadillo de chorizo y chorizo se murió de hambre”

“Chutad a gol y gol murió de sobredosis”

“Tiraros a la piscina y piscina se quedó embarazada”

“¡Abordad el barco! y el barco quedo precioso”

“¡Apilar los barriles! y pilar murió aplastada”

“Tiraros a la bartola y Bartola se quedó preñada”

“Id a la sala de máquinas y máquinas durmió en el pasillo”

“Tirad a canasta y canasta se rompió una pierna”

 “Si tienes una mente demasiado abierta, se te pueden caer los sesos”

“Y a la vecinita cantautora:  – Me dejas la guitarra y te toco lo que quieras.

Y como no te suele dejar tocar nada, pues te frustras y terminas de escribir esta chorrada encima fuera del día que te toca. Abrazos.

5 comentarios

Archivado bajo Aspective_

Volver a vivir mi vida

Siendo un adolescente, con la insolencia propia de la juventud, le pregunté a mi padre.

¿No cambiarías tus años por los míos? Estaba seguro de que su respuesta sería afirmativa. ¿Quién no quiere ser joven cuando es viejo? Viejo, claro, desde mi punto de vista de aquel  entonces, ya que mi padre debía estar por los 48.

Sin embargo mi padre se me quedó mirando fijamente, pensando, y su respuesta me sorprendió “¿Y tener que pasar de nuevo la guerra, el hambre de la infancia, todo el trabajo, la muerte de familiares…? No, gracias. Prefiero esperar lo bueno que aún me pueda quedar por delante que repetir todo aquello que ya pasé”.

Desde entonces he pensado en muchas ocasiones en que sucedería si, por arte de birlibirloque,  me ofrecieran la posibilidad de volver a vivir mi vida, pero con la facultad de cambiar las cosas, de no repetir de nuevo aquello que considero errores cometidos. Por una parte es una oferta tentadora: hacer lo que no te atreviste a hacer, no caer en las equivocaciones cometidas, probar lo que dejaste pasar… Sin embargo el resultado final sería otra persona no yo(no creo que se perdiese mucho de todas formas)  ya que yo, hoy, soy el resultado de todas mis experiencias pasadas, buenas y malas, acertadas y erróneas.

Pero también pienso que cada uno es como es, resultado de la genética, de la educación, de la infancia vivida, de tantas cosas que nos condicionan que, llegado el momento de tomar decisiones volvería a tomar las mismas, ya que en su momento pensé que eran las adecuadas. Y volvería a equivocarme de la misma manera, y cometer los mismos errores. Creo que estamos condenados a eso, pues nunca decides pensando que te equivocas, si no que eliges lo mejor. Vez tras vez. No es que no aprendamos, es que creemos que es lo acertado. Y ¡zas! nuevo batacazo en el mismo sitio…

Permitidme que para terminar os copie un par de textos conocidísimos, pero que me encantan y reflejan, bastante bien, lo que me gustaría que fuese una segunda oportunidad:

Instantes (popular,  falsamente atribuido a J.L. Borges)

Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas; si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños, si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

-oOo-

En un sentido parecido otro texto, igualmente anónimo, reza:

Si volviera a nacer, hablaría menos y escucharía más.
Invitaría a mis amigos a cenar aun cuando el mantel estuviera manchado y el sofá desteñido.

Comería rosetas de maíz en la sala “elegante” y me preocuparía mucho menos por la basura cuando alguien quisiera encender la chimenea.

Desearía un tiempo para escuchar al abuelo divagar sobre su juventud.
Nunca insistiría en que subieran las ventanillas del automóvil un día de verano, sólo porque mi cabello se despeina.

Encendería la vela de rosas antes de que se derritiera de tanto estar guardada.

Me sentaría en el césped con mis hijos sin preocuparme de las manchas que este pudiera dejar en mis ropas.
Lloraría y reiría menos frente al televisor… y más frente a la vida.
Compartiría más responsabilidades con mi familia.
Me iría a la cama cuando me sintiera enferma, en lugar de pretender que la Tierra se va a detener sin mí.

Nunca compraría algo sólo porque fuera práctico, porque disimula la mugre o porque está garantizado de por vida.
En lugar de desear que terminasen de una vez los nueve meses de embarazo, disfrutaría cada momento y admitiría que la maravilla que crece dentro de mí es la única oportunidad que tengo en la vida para ayudar a  realizar un milagro.
Si mis pequeños me besaran impetuosamente, nunca les diría:”Más tarde, ahora estoy ocupada.”
Diría más a menudo: “”te amo”, “lo siento”. Pero, más que cualquier otra cosa, le daría otra oportunidad a la vida, capturaría cada minuto.

6 comentarios

Archivado bajo Aspective_

Aquel pueblo

Hablan de la inocencia de la infancia. De esa inocencia que se refleja en la mirada de los niños. Supongo que cuando se refieren a este tema hablarán de los niños pequeños, de los muy pequeños.

Por lo que yo puedo recordar, cuando yo estaba en esa categoría previa a la adolescencia, la característica más distintiva, aquello por lo que se nos podría recordar sería la crueldad. Quizás crueldad con la intención no de ser malo, sino únicamente de divertirnos, pero crueldad finalmente.

Crecí en un pueblo de secano y cereal, de esos que están en medio de ninguna parte y tenían los mismos habitantes en invierno y durante el estío. Eso que se dio en llamar los veraneantes, eran una especie desconocida por aquellos lares. Éramos los que éramos, sin añadidos ni visitas. La escasa diversión procedía de todas las gamberradas que se nos ocurrían. Y por supuesto, todos los del pueblo tenían su mote, no precisamente amable.

Además del tonto, que era simplemente eso, “el Tonto”, estaba “el Cojonciano” llamado así porque era cojo y decían las malas lenguas que era por tener un testículo mucho más grande que el otro. “El Picharrota” del que se comentaba que le habían volado el pene en la guerra y por eso no tenía hijos. Su mujer, conocida como “la Famosa” porque debido posiblemente a las carencias de su marido, la conocía, en el sentido bíblico del término, todo el pueblo.

La huerta favorita para entrar a regalarnos con todo tipo de hortalizas y frutas era la del “Masca”, apócope del “más cabrón”, pues cuando te pillaba te azuzaba a los perros y si te cogía te propinaba una somanta de hostias de la que no te olvidabas, y en eso precisamente estaba el interés, en el riesgo. Y por supuesto, nada de quejarte a tu padre, porque si se enteraba, repetía la paliza, en plan educativo.

Estaban también “el Mono” (por su afición al anís), “la Gaseosa” (por su problema con la expulsión de gases) “la Puta” (la pobre se llamaba Purificación Tabernero y esas iniciales le jugaron una mala pasada) y tantos y tantos otros.

Sin embargo, nuestra favorita, aquella de la que estábamos todos enamorados era Francisca Romero: “La vaca Paca”. Era una joven al principio de la veintena, la más guapa del pueblo y que, evidentemente, destacaba por sus senos. Hablando en plata, y en el lenguaje que manejábamos en la época, tenía las tetas más gordas que jamás hubiéramos visto, o siquiera imaginado. El espiarla a través de los resquicios de las cortinas de su casa o de la ventana semiabierta en verano, era nuestro deporte preferido, al que jamás faltábamos si no era por causa de fuerza mayor. Teníamos perfectamente controlados sus horarios. Sabíamos cuando llenaba el barreño en la cocina para el baño semanal, cuando se desnudaba para acostarse, o cuando, en verano, se echaba una siesta a la hora de más calor.

En una época en que ver a una mujer desnuda era un imposible, las revistas de pornografía, o simplemente eróticas no sabíamos ni que existían y donde  todos los días a las doce de la mañana tocaban el ángelus y se rezaba el rosario después de comer en la mayoría de las casas, la existencia de la “vaca Paca” era lo mejor del mundo.

Nunca supimos si ella se percató de nuestra presencia y nos quería hacer ese regalo. O simplemente no le importaba o no se daba cuenta, pero nosotros, todos los días, a las horas previstas, allí estábamos, escondidos detrás de la valla limítrofe, mirando por los agujeros que habíamos practicado en el muro.

Lo mejor, el momento culminante era, sin dudarlo, el baño de los domingos. Desnuda, de pie, en aquel barreño de cinc, mojándose y restregándose el estropajo por todo el cuerpo… a veces si nos atrevíamos a asomarnos por encima de la valla, lográbamos verle el culo y el pelo del coño. Algo que te transportaba al paraiso. Por supuesto, con el tiempo, esas visiones provocaron las primeras masturbaciones en grupo, pero cada uno a los suyo, de todos nosotros. Realmente era un regalo del cielo.

Pero todo lo bueno se acaba. Un buen día, Francisca, la vaca, la de las tetas gordas, se casó con un piltrafilla de la capital y se fueron a vivir fuera del pueblo. Le odiamos con todas nuestras fuerzas y todas las maldiciones que sabíamos y las que nos inventamos, fueron hacia él, que nos había robado algo tan nuestro, tan propio, como a “la vaca Paca”.

Muchas poluciones nocturnas, e incluso hoy en día, muchos sueños húmedos, tuvieron y tienen como protagonistas esos pechos, esas tetas, como las que, estoy seguro, no existen otras en el mundo.

7 comentarios

Archivado bajo Aspective_

Mi ciudad favorita. No la conozco

Realmente no la conozco, no sé donde pueda estar, ni siquiera si existe.

He viajado mucho, he estado en más de treinta países de varios continentes, he visitado sitios preciosos, conocido gentes encantadoras, me he quedado maravillado ante la obra del ser humano y de la naturaleza.

Podría vivir en muchas de ellas. Algunas son acogedoras, sus habitantes lo son, nada más llegar. En otras necesitas tiempo y ganas para poder integrarte, pero sí, podría vivir en muchas, algunas, de ellas.

Sin embargo, la favorita, la que corresponde a mis sueños, no la conozco. Aún.

 Debería estar en la montaña, rodeada de grandes e impenetrables bosques de altos árboles. Blanca de nieve algunos meses del año. Construcciones de piedra y madera. Ritmo pausado, tranquilo. Pocos habitantes. Ningún centro comercial y nada parecido a cines, discotecas… Un par de bares como mucho. Mucho espacio para pasear, tiempo frío o fresco todo el año. Poco asfalto. Gente seria, dispuesta a ayudar y mientras, cada uno a los suyo. Gente de pocas palabras y trabajo duro. Desconocida para el turismo. Alejada de grandes urbes y con los mismos habitantes en invierno, verano, vacaciones y puentes. Pocos niños y la iglesia, sin cura ni servicios. Habitada por el silencio y sólo el aullar del viento y el lobo rompen la tranquilidad. Un lugar donde oigas tus pensamientos, y donde la prisa sea algo desconocido.

Quizás hablo más de un retiro espiritual que de un lugar físico. Pero ese sitio debe de existir y espero que algún día, alguien me diga el nombre del sitio y me acompañe.

 (Gracias por permitirme la intromisión)

5 comentarios

Archivado bajo Aspective_

Esto es un adiós… o algo así…

Amigos, gracias.

(Disculpad que no sea mi día y me entrometa antes de tiempo)

He disfrutado una barbaridad leyendo y escribiendo con vosotros en todas las etapas del blogguercedario. Lo he disfrutado, como ya he dicho en alguna ocasión, más que mi propio blog, ya que el compartir con cada uno de los magníficos compañeros que sois, las entradas, ideas y ocurrencias que la frase o tema propuesto sugerían, ha sido una experiencia extraordinaria.

La vida no es algo estático, ¡que aburrimiento!, si no algo vivo con cambio y movimiento. Y motivos de índole personal hace que no sea un buen momento para seguir colaborando en el blogguercedario. Ya sabéis, falta de tiempo, de concentración, de ideas…

Intentaré seguir leyendoos y disfrutando vuestras ocurrencias. Ha sido, de verdad, un placer.

Un abrazo para todos. Hasta siempre.

Aspective

12 comentarios

Archivado bajo Aspective_

Mis quince segundos

Le llaman la caja tonta. Y no sé si será tonta, pero no hay nada que tenga todavía una influencia tan grande en nuestras vidas. Condiciona el tiempo de ocio, nos informa a su manera, nos entretiene… podemos encontrar de casi todo. Además, nos dice, de forma subliminal, la importancia social de cada quien. Si no sales en la TV no eres nadie.  Y cuanto más aparezcas, mayor es tu predicamento social. Así de fácil.

Y en el fondo a todos nos gusta esa fama social. A ver, que levante la mano el que no ha puesto su nombre en Google para ver si aparece y qué se dice de él. Pues eso. Y a todos, si nos ponen una cámara delante se nos pone cara de pánfilos y balbuceamos encantados, nos pregunten  lo que nos pregunten. Además, ¿no decían que todos tenemos derecho a nuestros 15 segundos de gloria?

Yo los he conseguido, pero, visto el resultado, hubiera preferido pasar de ellos. La primera vez, fue por motivos laborales. Mi empresa patrocinaba un evento y allí, junto al protagonista, delante de los medios, estaba yo como director de comunicación de la empresa. Multitud de preguntas al famoso, yo mirando a las musarañas, y de repente, un periodista,  compasivo, se dirige a mí: “Y su empresa, ¿por qué patrocina este evento?”  Al momento volví a la tierra, miré al frente y vi decenas de micrófonos con alcachofas de colores puestos sobre la mesa, delante de mi, varias grabadoras y algunas cámaras de TV enchufándome con su foco. Me entró el pánico. Me quedé en blanco y no contestaba, no podía ni sabía qué responder. Una voz interior me decía “Á, contesta, o búscate un agujero en lo más hondo para esconderte, que vas a salir en todos los resúmenes. Á, contesta, por dios…” Tras una eternidad, logré balbucear algo. No creo que fuera interesante ni inteligente lo que dije porque nadie me preguntó nada más. Sentí un gran ridículo y aunque me dijeron que mi duda no había durado más de 5 segundos, yo lo sentí como un mundo. Tengo foto del momento, pero no la publico así me maten.

La segunda vez fue en el aeropuerto de Madrid. Ese día entraba en vigor la prohibición total de fumar en los aviones y los reporteros de Telemadrid se plantaron allí a ver qué opinaba “la calle”. Como yo estaba, como siempre, cigarro en mano, eso sí, en la zona acotada para ello, me pidieron permiso para grabarme fumando y hacerme unas preguntas. Se lo di, me grabaron, me preguntaron y respondí. Y me fui a Barcelona a currar. Al regreso resultó que todos mis conocidos me habían visto y mi estanquera estaba a punto de iniciar una colecta popular para erigirme un monumento por defender el tabaco. ¡Hacerte famoso en tu barrio por fumar…! Qué triste… Además, seguro que cuando me presente a Presidente del Gobierno, me sacarán esas declaraciones, que me invalidarán como candidato, pues fumar estará ,en esa futura época, perseguido por la ley.

La tercera vez, también laboral esta ocasión, fue otro evento patrocinado por mi empresa. Una competición deportiva. Me encontraba en el control de realización, contemplando por los pequeños monitores lo que las cámaras captaban e intentando convencer al realizador de que pinchara aquellas que mejor recogían la marca de mi empresa. En un momento dado, una cámara lejana hace un zoom sobre esa zona para recoger los comentarios del locutor, sentado al lado del realizador, y a su vera, inclinado para ver los monitores, con un primer plano primoroso de su lustroso culo, apareció quien esto les escribe, mirando de reojo y con cara de alucine hacia la cámara. No llegué a lo de Bridget Jones pero casi: a mí no se me vieron las bragas.

He salido más veces en busca de mis 15 segundos, pero a partir de ahí aprendí a situarme lo más lejos posible de focos, cámaras y locutores, a ser posible, colocarme detrás de los cámaras para evitar seguir siendo inmortalizado en circunstancias poco favorecedoras ,no sea que arruinasen mi futura carrera de galán romántico en alguna de Almodóvar. Porque a mí, también me va a descubrir Almodóvar en cualquier momento. Seguro.

4 comentarios

Archivado bajo Aspective_

Ana

Había estado con ella, con Ana, casi doce años. Empezaron muy jóvenes y fueron recorriendo juntos el camino de los descubrimientos. Inseparables. En el colegio, en el instituto, todas las tarde cuando iniciaron la universidad.  Por supuesto, se juraron amor eterno e hicieron miles de locos, inocentes y felices planes.

Ella, mejor estudiante, consiguió una beca para estudiar un postgrado en el extranjero, un extranjero lejano desde el que no era barato volver. Cartas, teléfono, internet, todo fue un buen medio para mantener el contacto, el día a día.

Él creyó que ella había vuelto cambiada. Era lógico, más de un año sin verse, y la primera vez que se separaban… Pero sí, algo era distinto. Intentó continuar como antes, crear nuevas rutinas que les sirvieran de bases comunes para su relación. Ella correspondía, pero sin brío, sin ganas, dejándose llevar.

Poco a poco, el desánimo fue prendiendo en él. Sabía que algo iba mal, muy mal y cuando ya no puedo cerrar más los ojos le preguntó a ella.

Ella, triste, le contó la verdad sobre su nuevo amor, aquel que había encontrado durante su ausencia. Le intentó explicar que lo suyo había sido un amor infantil, que eran amigos más que amantes, que lo lamentaba, que era lógico, que habían empezado muy jóvenes… Que ahí terminaba todo.

Incrédulo, triste, él examinó, revisó, todos los planes, todos los sueños e intentó encerrarlos en un baúl olvidado en algún rincón de su mente. Pasó el tiempo, superó la depresión… Supo que su amada se casó, tuvo un hijo…

Siguó viviendo. Al fin, un día, conoció a una chica. La casualidad quiso que, si te fijabas bien, si tenías memoria, o buscabas las fotografías, encontrabas un cierto, un gran  parecido con su antigua amada. Similar estatura, color del pelo, timbre de voz… Su nombre era Mercedes.

Él volvió a sonreír. Volvió a incorporarse a una vida que tenía desdeñosamente abandonada. Se atrevió de nuevo a abrir el viejo baúl y desempolvar poco a poco los envejecidos sueños, pintándolos de nuevo de vivos colores para que tuviesen la apariencia de recién estrenados.

Estaban juntos, se llevaban bien y se entendían a la perfección. Hablaron de casarse, tuvieron hijos,  crecieron,  y  poco a poco el inexorable tiempo fue pasando, haciéndoles envejecer juntos. Al cabo de muchos años, él, apaciblemente,  murió a una edad avanzada, dejando a Mercedes triste, sintiéndose muy sola. Habían tenido una vida tranquila pero llena. Habían sido felices. Él había sido un buen hombre, un buen marido que la mimó, la cuidó y la quiso mucho. Lo que nunca se explicó Mercedes fue porqué él, desde el primer momento, le cambió el nombre. Dijo que el suyo no le gustaba, que le era difícil pronunciarlo y siempre, toda la vida, la llamó Ana.

6 comentarios

Archivado bajo Aspective_

Hoy

Una idea de Sandra, que quiero hacer mía.

Alguien, hace ya casi año y medio, tuvo una idea. Una buena idea. No sé como, no recuerdo realmente, llegó a mi conocimiento y sin pensarlo mucho me apunté. Desde entonces este blogguercedario me ha permitido relacionarme (de manera “virtual”, je je je) con un grupo de gente estupenda a la que me une esta afición común y me ha proporcionado un montón de buenos ratos y satisfacciones.  Por eso, hoy me gustaría dar las gracias al cerebro de este invento, que también ha ejercido de corazón y músculo durante grandes temporadas. Y que aunque lo niegue reiteradamente, quitándose protagonismo por modestia, sigue siendo el alma que da vida a este fenomenal invento.

Y quiero hacerlo hoy para aprovechar y felicitarle. ¡¡Es su cumpleaños!!. Sito ya tiene 18 añitos y es mayor de edad.

¡¡Felicidades Sito y muchísimas gracias por tus ideas, esfuerzos y compañerismo!! Que nos invites a verlo durante muchos años más.

Un abrazo grande, como tú.

11 comentarios

Archivado bajo Aspective_, Blogguercedario Interno

Mi experiencia on-line

Esta mañana, camino del trabajo, he visto una chica increíblemente guapa. Su figura, su cara, el pelo, la indumentaria, el estilo al caminar y moverse, todo, la hacía candidata a ser una mujer ideal. Caminaba por la acera tras ella, y la casualidad ha querido que entráramos en la misma cafetería. Yo no pensaba en tomar un café, pero de repente he sentido la urgente necesidad de un cafelito. En ese momento y en ese establecimiento. He entrado detrás de ella y he conseguido un hueco en la barra a su lado. Con la primera tontería que se me ha ocurrido he logrado entablar una intrascendente conversación. Tenía una voz preciosa, unos ojos increíbles y una sonrisa que desarmaba. Hasta su nombre sonaba bien. A lo largo del corto café he observado que se tocaba el pelo con reiteración, y otros signos convencionales del lenguaje no verbal que me han animado a pensar que le interesaba… Finalmente he conseguido su teléfono (¿será su número realmente? Eso espero) y la promesa de volvernos a ver en breve. Creo que me he enamorado…

¿O no?

¿Qué le falta a esta situación, ficticia, por supuesto, para ser un enamoramiento real? He percibido que existía química entre nosotros. Las feromonas nos eran favorables. Hay un conocimiento físico, un deseo sexual latente… Pero sin duda algunos me dirán que no me puedo haber enamorado porque “no la conoces”. No la conozco, cierto, aunque de momento me sobran motivos para seguir viéndola y si es posible, practicar el deporte más popular del mundo, al que nadie pone pegas (bueno, casi nadie…). Sin embargo, me surge una duda. Nunca terminas de conocer a una persona del todo, y además, los seres humanos somos cambiantes ante situaciones diferentes y evolucionamos con el tiempo. ¿Cuándo puedo, entonces, decir que conozco lo suficiente a alguien como para poder afirmar que sí estoy enamorado? ¿A partir de qué punto es lícito decir que estás enamorado? ¿Qué grado de conocimiento es necesario y suficiente? Por mi parte, ni idea.

¿Cuáles son, pues, los requisitos para poder decir que estas enamorado de alguien? Francamente, lo ignoro. Creo que cada uno lo definirá en función de cómo se siente interiormente con respecto a ese alguien. Y es posible que en las mismas circunstancias, con los mismos sentimientos, una persona diga que está enamorada y otra que no.

Entonces, ¿es posible el enamoramiento a través de la red que conlleva la ausencia de una faceta al parecer tan importante como la física? La lógica me llevaría a decir que no es posible. Que sí es posible conectar muy bien con alguien, estar encantado de conocer a esa persona, querer saber más, desear estar todo el rato charlando con ella, y por supuesto ansiar conocerla cara a cara. Pero algo falta. Además existe un peligro, muy grande, de autoengaño, dicen, pues suele suceder que todas aquellas facetas que no conocemos, que aún no conocemos, las rellenamos con nuestra imaginación y, por supuesto, siempre a nuestro mejor gusto. Por tanto, diría que hasta no pasar la prueba de fuego, de comprobar el componente real y estar con esa persona y recibir sus (llamadlo como queráis) feromonas, vibraciones, olores, lo que sea, no sería posible decir que estás enamorado, por muy bien que la llegues a conocer on line.

Quizá, me preguntaríais ahora por mi experiencia personal…Comencé a relacionarme con la gente, de manera virtual, allá por el lejano año de 1991, a través de lo que a imitación del “minitel” francés, se llamó aquí “ibertext” (pantalla de 12 pulgadas, mini teclado incorporado, modo texto exclusivamente, sin imágenes, y 80 caracteres por línea, conexión telefónica a coste de llamada interurbana) y posteriormente, a partir del 95,  mediante el bodrio-invento español, remedo y acceso a internet, que se denominaba “infovía”.

Solo texto, por tanto solo conversaciones, sin fotos ni otras posibilidades. El quedar con alguien implicaba total incertidumbre, pues hasta para reconocer a la persona dependías de la descripción que ella hubiese hecho de sí misma… y en fin. Normalmente quedabas en una cafetería y tenías que haber dicho como ibas a ir vestido para que te reconocieran y como os podéis imaginar las sorpresas fueron mayúsculas. Para bien y para mal.

¿Y entonces el amor virtual? Nunca he estado buscando una relación amorosa a través de la red. A lo largo de estos ¿19 años? (¡caray!) he conocido bastante, mucha gente. Sobre todo al principio, pues la novedad anima. Incluso llegamos a componer un grupo muy agradable con quedadas más o menos habituales. Sin embargo, del tema que nos ocupa hoy, la experiencia que tengo es mucho más breve. Con todas las limitaciones, excepciones, consideraciones, etc. vistas anteriormente, diría que sí, que una vez me sucedió. Me cogió de improviso, con el pie cambiado, por sorpresa, casi a traición, sin esperarlo ni por supuesto buscarlo. Y fue creciendo poco a poco. Raro, diferente. Como empezar la casa por el tejado. Por supuesto con muchas carencias de conocimiento como en cualquier relación (y en este caso eran las físicas, limitadas a alguna foto), pero creo que pese a todo, sí, le podríamos llamar amor. Virtual. Y respondería, por pura lógica, que creo que sí, que existe. Con una serie de peculiaridades y siempre, como cualquier relación, con ansias de progreso, de avance, de crecimiento. De completar ese conocimiento del otro, de terminar de saber lo que no sabes y por supuesto de obtener también una respuesta sexual. Como en cualquier otra relación.

8 comentarios

Archivado bajo Aspective_

Be water, my friend

Genio y figura es una frase que no me gusta y creo que no se me puede aplicar, al menos ahora. Usualmente la utilizamos de forma extremista, bien para expresar una intensa admiración por alguien, bien la espetamos como explicación  de que una persona volverá a caer en el mismo error una y otra vez porque es incapaz de cambiar.

Ese es el meollo del tema. La capacidad de cambiar la forma de ser, la personalidad…

Se suele decir que la gente no cambia. Que puede modificar temporalmente ciertas facetas de su comportamiento de cara a los demás, pero que el fondo, en la realidad no cambia y tarde o temprano volverá a su antiguo ser. Genio y figura…

Sin embargo no estoy de acuerdo con esta creencia.  Sostengo que, en general, y sobre todo por necesidad, nos adaptamos a nuevas condiciones que se crean en nuestro entorno, sean del  tipo que sean. Y creo que podemos aprender de esta adaptación. Aprender, al menos, a limar esas facetas nuestras, de nuestra forma de ser, que no nos gustan (y que por supuesto, todos tenemos).

Es cierto que si no lo hacemos, si no aprendemos, y las circunstancias fuesen de nuevo las anteriores, volveríamos a comportarnos de igual manera que lo hemos hecho siempre.

 Pero sí, podemos aprender y moldearnos a nosotros mismos, intentando llegar a estar más cerca de aquella forma que nos gustaría ser. Ser más maleables y flexibles, adaptables. Por eso, más que “genio y figura” me gusta la frase del taoísmo, que conocí gracias al anuncio de TV, y que nos decía Bruce Lee: “Be water, my friend”.

8 comentarios

Archivado bajo Aspective_