Archivo diario: 30 junio 2010

La celeste

Decían que estábamos muertos. Y si no estábamos muertos, que nos quedaban pocas horas de vida, como si fuéramos tres millones de enfermos de cáncer de pulmón terminal… Después de todo, por algo es este el país más fumador de América…

Pero algo pasó, algo cambió. ¿Habrá sido por la ley que prohíbe fumar en lugares públicos, por toda esa publicidad espantosa antitabaco que de sólo mirar las cajillas con bebés moribundos uno se muere de asco?

Mmm… poco factible. Yo creo que no estábamos en el lecho de muerte, que nunca lo estuvimos. Creo que estábamos escondidos, bien escondidos entre el humo y el cigarro.

Y acá nos tienen. Pasó la vicecampeona. Pasó el locatario bafana. Pasaron los poderosísimos aztecas. Pasaron los dragones rojos.

Acá nos tienen: dejando boquiabiertos, silenciando estadios de nuevo. Los únicos que pudimos hacer callar las vuvuzelas, las reputaquelasparió de las vuvuzelas.

El aire es puro de nuevo: ya no hay humo. No hay nubes.

Todo es celeste como siempre y como nunca. Maravillosamente celeste.

Y el viernes, sin importar el resultado, el cielo va a seguir siendo celeste. Porque el punto está claro, clarísimo.

La celeste no está muerta, pero ni cerca.

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Entre humos de cigarro

No soy fumadora pero creo que la oscuridad es en donde soporto mejor el humo del cigarro. Entre humaredas, a oscuras y hasta donde mi boca, sellada por el secreto profesional o de confesión (porque sí, ultimamente tengo claro que me estoy convirtiendo en una profesional aunque no sé bien de qué sector) puede hablar, me han hecho confidencias increibles (¡¡¡sí, muy fuerte y ya me adelanto!!), me he echado risas hasta morirme, me han dejado, me han picado los ojos hasta llorar como cuando cortas dos cebollas, han intentado llevarme a la cama, a la luna y en un velero y alguna que otra vez lo han conseguido. También me han mandado a la mierda, eso también. He sentido complicidad con “c” mayúscula, he bailado contenta hasta el amanecer envuelta en una nube (de humo por supuesto), no me ha importado ese olor, digamos… ¿peculiar?, en mi pelo y en la almohada por la mañana. Entre humo y en la oscuridad he llorado, me he relajado como nunca, he jugado y he dejado que jueguen, me he hecho quemaduras en la piel y en otros sitios, algo me ha inspirado para escribir a veces, me han destrozado mi camiseta preferida, he hecho aspavientos con las manos para alejar humos amenazantes de mi cara, me he asfixiado, he sentido calor del bueno y del malo, me he quedado extasiada escuchando una canción… Observando ensimismada anillos de humo, he soñado, me he despistado y me han robado la cartera, me han sorprendido y he pensado…

En la oscuridad y entre humo de cigarros se cuecen cosas, unas veces a fuego lento, otras hierven en cero coma y en ocasiones se pasan de punto de cocción, pero en ese escenario rara es la vez en la que no se percibe el mundo en movimiento.

Al más puro estilo Obsi…

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