Archivo diario: 22 junio 2010

Sopa de letras. Pensamientos desordenados.

Ella decía adiós. Se iba. Sin más. Iba a desaparecer y con ella su ración semanal de espera, de ilusión, de risa, incluso de conciencia social.

La iba a echar de menos. Mucho más de lo que había podido pensar. Fue leer su post de despedida y sentir un vacío en el estómago, una tristeza, una sensación de falta que lo sumió inmediatamente en la tristeza y la melancolía.

El único medio, el cordón umbilical que los conectaba se iba a romper y a partir de ese momento no sabría más de ella.

¿Cómo podría prescindir de sus post, de sus comentarios?

Realmente él había escrito siempre para ella, pensando en ella, dedicándole toda la intención y todos sus pensamientos. En silencio, implícitamente, cada entrada que había publicado iba dedicada a ella. Y ahora se marchaba.

Le invadía una sensación de desánimo, de desesperanza pues algo tan importante para él se iba a difuminar en el éter para siempre. ¿Qué sería de ella? ¿Qué sería de él? Nunca había habido un ellos aunque él había soñado a menudo con ello. Y ya nunca lo habría.

La distancia, las circunstancias personales, el día a día de cada uno impedirían siempre un acercamiento. Pero para él desaparecía algo importante, quizás perteneciente al mundo de los sueños, pero que formaba una parte sustancial de su vida.

Planeaba mil y una formas de convencerla pero sabía que era inútil. Cuando ella tomaba una decisión, decisión que le costaba mucho tiempo y esfuerzo asumir, no había vuelta atrás. Se iba.

Iba a dejar un gran vacío. En todos seguramente, pues era claramente el alma, el espíritu de ese grupo de desconocidos cercanos, pero en él iba a dejar también un enorme hueco en su alma, en sus ilusiones, en sus sueños, en sus esperanzas.

Tanto que había imaginado, tantos imposibles que había planificado iban a quedar en nada en el momento en que ella se volatilizara. Y lo hacía con un simple adiós.

Que fácil es irse, y cuantas heridas se pueden dejar con una sola palabra.

Quedaría siempre, cada semana, pendiente del viernes, el día mágico que le correspondía, a ver si alguno sus oraciones eran escuchadas y se producía un inesperado regreso que le permitiera volver a respirar.

Mientras tanto la iba a echar de menos, a añorar, a sentir su ausencia, y a intentar, no sabía como, rellenar el vacío que dejaba.

Adiós… o hasta pronto…

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