Archivo diario: 5 junio 2010

Pensamientos, ideas, imágenes …

Agua, arena, sol, hierba, refrescos, algas, salitre, sudor, bochorno, bikinis, mojitos, barcos, islas, palmeras, el color azul, romaces, diversión, nocturnidad, la luna, reflejos, océanos cristalinos, parrochitas y pimientos, amistad, horas muertas … acompañan mi sueño de verano.

Montañas, ventiscas, tablas, telecabinas, días azules, nieve, mucha nieve, nieve polvo, pendientes, colores abstractos, solidaridad y compañerismo, chocolate caliente, bebida energética, chocolatinas, viajes, ilusión, deporte, superación, temor divertido, adrenalina … conforman mi sueño de invierno.

Melancolía, hojas vencidas, paisajes poéticos, iniciativas, cambios, replanteos, temporadas, reencuentros, transiciones, relajación activa … dibujan mi cuadro de otoño.

Colores, muchos colores, optimismo, planes, ríos, corrientes, vacaciones, luces, contrastes, brillos, ilusiones, resultados, victorias o derrotas, mañanas, melodías, aromas, celebraciones, rituales, tradiciones, diversión … alegran mi ansiada primavera.

Y aunque no pienso en ello, las pocas veces que lo hago llego a la misma conclusión “No me iré mañana”

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De la ABC hasta la Z

Carlos Escobedo despertó al pequeño Luis a las 8 de la mañana el día 5 de Junio del 2009. Era hora de llevarlo a la guardería. Como todo buen padre soltero, trató con mucho cuidado a Luisito, le dio su comida y lo vistió con amor. A pesar de lo difícil que le había resultado la muerte de Claudia, habían logrado salir adelante.
La guardería era una Bodega alquilada por el gobierno, una ‘manita de gato’ y nada mas. A nadie le causaba buena espina, pero no tenían donde dejar a sus hijos. ‘Si no trabajo no como’ decía Carlos. ‘Además mañana es el cumple de Luis, y todavía no tengo su regalo’.
A las 10 de la mañana Carlos y Luis llegaron puntuales a la guardería de nombre ‘ABC’. ‘Cuídemelo mucho’ alcanzó a decir Carlos antes de partir rumbo a su trabajo. Iba a ir por el hasta las 3 de la tarde. El día transcurrió normal para el: Su jefe gritando y manoseando a las secretarias, los abogados sobornándolo para que aceptara la demanda mal realizada, Dona ‘Licha’ vendiendo sus aguas de horchata y el calor a mas de 38 grados centígrados.
A las 2:30 de la tarde, Carlos se dispuso a ir a buscar a Luisito, tenía hambre y quería ir al McDonalds mas cercano a comprarle una ‘cajita féliz’; los muñecos eran de Batman, y le gustaban mucho a Luis. Subió a su coche, un tsuru del 2002, y emprendió la ‘huida’ rumbo a la ‘ABC’.
Iba llegando a su destino cuando se topo con un tumulto asombrado, llorando. Ambulancias y patrullas policíacas con las sirenas a todo poder deambulando la zona. Una nube de humo adornaba el cielo. Espantado abandonó su coche y se corrió temiendo lo peor. Si, la guardería se estaba incendiando.
Desesperado corrió hacia el lugar intentando entrar, unos bomberos lo detuvieron y le dijeron que no podía pasar. ‘¡Mi hijo, Luisito esta ahí dentro!’, gritaba con todas sus fuerzas. Era tanta su convicción por buscar a su hijo, que los bomberos optaron por sacarle el aire con un puñetazo. ‘Y te quedas quieto hijo de puta’.
En 20 minutos su vida cambió. Ya no fue al McDonalds, no volvió a ver a Luisito.
Hoy vemos a Carlos frente a la casa del Presidente, ‘Los Pinos’.  Hoy se cumple un año de esa tragedia. Si uno le pregunta que hace ahí, el amablemente contesta. ‘Esperando a que este hijo de puta de Calderón me reciba’. -¿Por cuánto tiempo estará aquí?- ‘No lo se, pero algo le puedo asegurar: no me iré mañana’.

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La sopa fría

-Hola, soy yo.

-Me lo imaginaba. Casi no me das tiempo.

-Es que… he calculado muy bien.

-Bueno, porque… no me he entretenido nada.

-Y, ¿con quién tenías que entretenerte?.

-Es un decir, mujer.

-Ya… pero seguro que habrías querido ¿no?.

-Que no, que no. Todo eso está olvidado por mi parte.

-Tú sabes que yo te quiero ¿verdad?

-Yo también te quiero.

-Pero.. ¿cuánto?; ¿me quieres mucho?.

-Sí, con toda mi alma.

-¿Por qué me lo dices tan bajo?. Lo ves, como no me quieres mucho.

-Es que hay alguien por aquí, ya sabes. Muaaa.

-Queeé… ¿qué ha sido eso?

-Te he mandado un beso, mi amor.

-Espera, que me pongo el teléfono sobre mis labios. ¡Venga, repítelo!.

-No seas tonta.

-Lo ves… ¡no me quieres!.

-Vale, venga, colócatelo.

-Ahora, ya.

Muaaaaa, muaaaa, muaaaa. Los mismos sonidos se repetían una y otra vez sin que, por suerte, ninguna cámara de vídeo recogiese ambas, ridículas, escenas. Otra voz femenina, no tan lejana, pudo ser escuchada por ambos: La cena está preparada. Todos a la mesa.

-Me tengo que ir. No sé si has escuchado.

-No, no. Todavía no. Espera un poco. Dímelo otra vez.

-¿El qué?

-Que me quieres mucho. Lo ves, ¡ya no te acuerdas!.

-Pues, claro que me acuerdo.  Te quiero, te quiero, te quiero….

-Yo también, luego me llamas ¡vale!.

-Vale, venga.. cuelga.

-No, no. Cuelga tú.

-Pero… así podemos estar hasta mañana.

-No me importa, yo estaré aquí, te quieroooo.

La puerta de su habitación se abrió totalmente. Era su madre, quién, con no muy buen gesto le exclamó: ¡Quieres venir a cenar ya!, estamos todos esperándote.

-Sí, mamá, ya voy.

-Pero hijo, si os acabáis de dejar. Además, mañana la volverás a ver.

-No lo sé mamá, quizás… mañana, no iré.

-¿Cómo? ¿qué has dicho?. La voz, de nuevo, salía del otro lado del auricular.

-Sí, Sofía. Me lo he pensado bien. Parecemos dos colegiales al teléfono y, aunque hoy no me he atrevido, ahora no es quizás; ahora, ya es seguro que ni mañana, ni pasado…  Que lo dejamos o, mejor dicho, que te dejo. Buenas noches.

Felipe no pudo tomarse la sopa, por supuesto ya en un estado frío. Esa era su misma sensación, desde hacía muchos años, en su relación con Sofía. Los momentos más cálidos solo se habían producido por teléfono y en conversaciones tan intrascendentales como las que, dos adolescentes, suelen tener para regocijo de las compañías telefónicas.

El teléfono no dejó de sonar durante toda la noche. Felipe se mantuvo firme: No, no y no. Mañana no iré.

JOSE MANUEL BELTRAN

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