Posiblemente, no podré llegar

Mientras escribo estás líneas, Rafa Nadal ha conseguido anotarse el segundo set, ante Nico Almagro, en la semifinal del Open de Madrid por un 6-2 después de haber perdido el set inicial por 4-6. El murciano Nico, plenamente concentrado y muy bien asentado en la pista, con unos excelentes y potentes saques en su servicio a los que ha añadido unos reveses impresionantes, nos ha ofrecido golpes de suma calidad. Ha dado comienzo el tercer y definitivo set y, parece, que esa gran fuerza mental y física de Rafa terminará por imponerse. En este momento, ya, el marcador refleja un 2-0, a su favor.

Soy un buen aficionado al tenis o más bien podría decir que a todos los deportes y, por subir un poco la categoría, soy, he sido, y espero seguir siendo, un practicante activo de muchos de ellos. Es así que, no sé si a vosotros os pasa lo mismo, me gustaría ser ese protagonista –que no quiere esto decir que tenga que ser el principal- de cada uno de los eventos deportivos que se celebren. En definitiva, me gustaría estar allí, compitiendo, intentando ganar (porque el juego, digan lo que digan –generalmente los perdedores- lo es para ganar, aunque sea al parchís).

Los medios de comunicación, desde siempre, nos ensalzan a los mejores mostrándonoslos en muchas ocasiones como ídolos. En nuestro país, también es verdad, estamos muy acostumbrados a colocar en la cima más alta a quien corresponda para, al mínimo fallo, empezar a darle caña. Somos quijotes y esa herencia cultural no podremos quitárnosla nunca.

Los primeros culpables, como siempre, nosotros mismos. Quien no se mete el dedo en su propia llaga, para hacer autocrítica, no puede después convertirse en el juez de nadie. Digo que nosotros, los adultos, somos los primeros culpables porque, aunque también lo hayamos sufrido en primera persona cuando éramos niños, nos empeñamos en convertir a nuestros hijos cuando inician cualquier tipo de práctica deportiva en los mejores del mundo. Decimos, con la boca chica, que queremos que se diviertan, que disfruten, que amen el deporte, que se formen, que respeten al rival y a sí mismos, que acepten en su justo grado la derrota pero también, si cabe más importante, la victoria.

Pero, en la primera actividad a la que asistimos a ver a nuestro hijo o hija, allí mismo nosotros somos los primeros en presionarle con nuestros gritos, despreciando la labor del monitor o entrenador, despreciando al rival y los padres de éste y de esta forma, pues siempre nos pasa lo mismo, las frustraciones por nuestras incapacidades para conseguir el éxito –que debiera ser siempre el de la satisfacción personal- son evadidas con justificaciones acerca de la mala o de la buena suerte del contrario.

Es bueno querer ser el mejor, es la ilusión de cualquier crío cuando en algo se inicia si es que, de verdad, eso le gusta. Pero es mucho más satisfactorio disfrutar, simplemente, por jugar, por participar, por conocer cuales son tus facultades y reconocer que habrá un punto en el que, posiblemente, no podrás llegar. Pero, somos duros de pelar, somos quijotes y es así que, repetidamente, siempre nos pasa lo mismo.

JOSE MANUEL BELTRAN

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6 comentarios

Archivado bajo José Manuel Beltrán

6 Respuestas a “Posiblemente, no podré llegar

  1. Tal vez porque no me siento “Quijote” siento el juego pasivamente y casi nunca pienso en ganar, con participar me conformo.
    Ese afán triunfador a costa de cualquier cosa no está hecho para mí, aunque no lo desapruebe en los demás. Estoy de acuerdo contigo en que se juega con la ilusión de ganar pero también debemos saber perder y sobre todo parar a tiempo.
    Creo que la afición desmedida por los deportes-juegos se convierte en desenfreno. No hay que olvidar que son un complemento de nuestras vidas y nunca una primera necesidad.

    En cuanto al sentimiento protagonista del éxito deportivo de nuestros hijos, es un error que muchas veces incide en el malestar de ellos.

    Ser el mejor está bien pero nadie sería el primero si no hubiera participantes.
    Besitos ciudadano deportista.

  2. Pingback: Bitacoras.com

  3. Pues… sí, soy bastante competitiva en los juegos… juego para pasarlo bien, pero si se puede ganar, mejor 😀

    Y tienes razón en lo que dices de España… aquí, a la mínima, crucifican a cualquiera ;D

    Besos y buen fin de semana!!

  4. Hola Nuria,
    Como yo a tí te conozco bien, puedo decir que tienes más espíritu que acción deportiva. Es verdad que a tí no te interesa la competitividad y que nunca la has fomentado, más al contrario, la has criticado cuando ¿te acuerdas? a nuestros hijos les tocaba sufrirla.
    Ese es el punto crítico de mi reflexión. La excesiva competitividad que sufren nuestros hijos creyéndose ellos, por medio de sus cercanos, que tienen que ser los mejores del mundo.
    Un besazo, ciudadana deportista pasiva.

    Hola Sonvak,
    En lo de la crucifixión ya solo tu última experiencia nos da un reflejo de quienes somos en realidad. Pero sobreviven los valientes e íntegros, como tú.
    Un besazo, ciudadana y buen finde.

  5. La vida en si, es una competición…

    🙂

    Saludos ciudadano.

  6. Me haces acordar a los partidos de fúbol de niños en mi ciudad…Las madres (no los padres ni los hermanos, las madres) se enloquecen: no hay otra palabra para describirlo. Se trepan a las rejas, gritan como desquiciadas a sus hijos… Suenan como una tribuna enardecida antes de un clásico. Y sólo son tres o cuatro. Increíble.

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