Archivo diario: 14 abril 2010

Autoentrevista

Una auto-entrevista le parecería a la mayoría de los mortales algo bastante idiota. ¿Por qué te prestas para ello?

Bueno, a mí me parece algo interesantísimo. Uno puede charlar consigo mismo, y preguntarse cosas que tal vez no se ha animado a preguntarse antes.

Entonces, ¿crees que puedes ser completamente honesta?
Uhm, bueno, supongo. Suelo ser honesta cuando escribo. Lo intento, al menos.

¿Y con los demás?

Ya empezamos con esas preguntas que te decía, ¿ves? (Parezco loca, hablando sola). A veces soy honesta, a veces no. Generalmente no me abro a la gente en general, lo que no signifique que no sea honesta: es más bien un reflejo de autoprotección. No me doy a conocer enseguida. Creo que un psicólogo se haría un festín conmigo. Cuando sí me abro, bueno, a veces soy honesta, ya lo dije. Otras, no.

¿Y contigo misma?

Creo que sí. No siempre. No es mi rutina: lo admito. Pero cuando me detengo a pensar en quién soy (tal vez, como lo estoy haciendo ahora); cuando me miro desde adentro, desde afuera, desde los costados…me convierto en un ser completamente transparente. Asquerosamente y patéticamente transparente, de hecho.

¿Crees que ese tema de no darte a conocer sea uno de tus peores defectos?

Mmm. Puede ser. Estoy pensando en otros. Uno que me molesta últimamente es que hago sentir estúpida a la gente. Ojo: no porque sepa más. Sino porque, especialmente con mis amigos, tiendo a… no sé. ¿Fanfarronear? Agrandarme. Trato a los demás como niños, con un aire de superioridad francamente insoportable, y que si yo fuera mi interlocutor me daría un golpe directo en la cara de vez en cuando. Pero hacer una jerarquía de defectos me parece algo engorroso e imposible. Tendría que dedicarle bastante más tiempo y más hojas al tema… Y un hombre no es hombre sin defectos. Es bueno admitirlos y luchar contra ellos, pero siempre quedan cosas que uno odia de sí mismo.

¿Podrías decir, entonces, algo que te guste de ti misma?

Mis sueños. Creo que son lo más honesto que tengo.

¿En qué crees?

En qué creo. A veces tengo que afrontar esa pregunta, y nunca sé cómo. Nunca sé desde dónde encararla. A ver… Creo en la bondad de los seres humanos (sí, todavía). En el poder de la música. En que las miradas dicen más que un palabrerío cursi, aunque para mí frustración, mucha gente prefiera el palabrerío.
En cuanto a una creencia más metafísica… Bueno, antes creía en Dios como la “totalidad”. Como una energía casi panteísta que corría por las venas y por el viento, que movía los árboles y se desprendía de los glaciares y de los pulmones. Sin embargo, si bien concibo al mundo como un organismo (algo enfermo, pero aún vivo) que funciona en armonía, y tal vez Dios es esa energía que lo hace fluir… A veces me identifico enormemente con este pasaje de Benedetti:

Si Dios es la Totalidad, la Gran Coherencia, si Dios es sólo la energía que mantiene vivo el Universo, si es algo tan inconmensurablemente infinito, ¿qué puede importarle de mí, un átomo malamente encaramado a un insignificante piojo de su Reino? No me importa ser un átomo del último piojo de su Reino, pero me importa que Dios esté a mi alcance, me importa asirlo, no con mis manos, claro, ni siquiera con mi razonamiento. Me importa asirlo con mi corazón

Y a veces casi siento que puedo. Casi siento (o he sentido) que no estoy completamente sola. Que hay algo conmigo.
Quizá sean simplemente delirios míos, lo que es probable. O tal vez tenga un fantasma que me asecha. Pero me gusta creer que es otra cosa.

¿A qué le tienes miedo?
A los cambios, aunque me encantan. Son como uno de esos juegos en los parques de diversiones en los que terminas casi orinándote de miedo, pero que liberan todas las endorfinas que te quedan. Le tengo miedo al dolor, también. Al dolor físico, y sobre todo al dolor del corazón.
A la soledad final: la soledad del alma. A que nadie me mire a los ojos. A que me mientan en la cara. A llorar en público. A fracasar, a no cumplir mis metas. Al tráfico. A que me roben. A que se me duerma la mente y se me cierre el alma; a quedarme en la zona gris. A conformarme.
Y a perder a las personas que amo. Mayormente a perder a las personas que amo.

¿El último libro que leíste?

Tengo el (ben)maldito hábito de leer más de cinco a la vez. Ahora, a mi alrededor, veo Lamentablemente estamos bien, de Leila Macor; Las cuatro estaciones, de Stephen King; Harry Potter and the deathly hollows, de JK, versión inglés; Preguntas al azar, de Benedetti; Al encuentro de las tres Marías, de Diego Fischer; Las venas abiertas de América Latina, de Galeano; y finalmente El símbolo perdido, de Dan Brown. Y allá en casa tengo Todos los fuegos el fuego, de Cortázar; Motivos de Proteo, de José Enrique Rodó, y El mundo patas para arriba, de Galeano. Por el amor de Dios, todos sin terminar. ¿Qué me pasa? Es más, casi todos más avanzados que la mitad. Ya los terminaré uno a uno…
Lo que puedo recomendarles es esto: nunca, nunca lean El símbolo perdido, de Brown. Mucho best seller, poca literatura. Todos los otros, los recomiendo abiertamente.

¿Qué canción estás escuchando en este momento?

What is and what should never be, Led Zeppelin.

Por último: ¿qué es lo que más te gustaría hacer, a corto plazo?

Conocer gente y hacerme de algunos amigos por aquí. Poder concentrarme de noche.
Y enamorarme, por qué no.

14 comentarios

Archivado bajo Daniela_