Paleto de ciudad

Las grandes ciudades tienden a dispersar tanto al individuo de la misma forma que la manada de gacelas, en su plácido reposo sobre cualquier lugar de África, huye en múltiples direcciones consecuencia de un maldito disparo. Es así que, las relaciones interpersonales se concentran –en su mayor parte, por obligación- en el trabajo.

Durante veinte cortos años –a estas alturas de mi vida, ya casi todo se me hace corto- nací, me criaron y viví en una gran ciudad. Disfruté, como todo crío, de los amigos del barrio entre los que nunca podía faltar un balón para, en cualquier descampado, destrozar nuestras casi únicas zapatillas sabedor de la reprimenda que, a posteriori, provendría de mi madre. Las chiquilladas, por no decir claramente gamberradas, nos hacían volver loco al dueño del clásico puesto de melones que, como todos los años con sus toldos envejecidos, se instalaba en las proximidades de mi bloque. Por la tarde, en cualquier momento de despiste –debidamente preparado por nuestra parte- le robábamos un melón con el que salíamos en fuga para deleitarnos de su ingesta.

El transcurrir natural del tiempo motivó un cambio radical de mis relaciones. El balón quedó en segundo plano mostrándoseme bellas figuras que, de inmediato, pasaron a ser mi atención principal: las chicas. Es así como, figurando ser un conquistador, abres mundo y descubres nuevos lugares de tu ciudad propiciando tú, con tus actos, la dispersión del individuo, o dicho de otra forma, buscas la intimidad.

El tiempo se volatiliza, los enjambres de personas se concentran en las denominadas –por aquel entonces- ciudades dormitorios y la tardanza en transportarte a tu lugar de trabajo se excede –en su ida y vuelta- tanto como tu propia jornada laboral. En tu retorno soñado al hogar ya formado, tu disfrute de la vida se concentra en apretar el mando de la televisión y tomar de la nevera una lata de cerveza. El hastío y el cansancio hacen tanta mella que, tras una cena parca en conversación, tu cuello denota dolores vulgarmente llamados “tortículis”. Te has quedado dormido sobre el sofá.

El fin de semana ha llegado. Por fin, alejado de las obligaciones diarias, disfrutarás de tu ciudad, de tu ocio. Al escuchar las propuestas: “podemos ir a la sierra o, si lo prefieres, bajar al centro al teatro”, no tardarás –en un rápido análisis- en desecharlas todas. Si decidieras ir a la sierra te encontrarías, en tu regreso, con una descomunal caravana. Si bajas al centro, no tendrás lugar dónde aparcar –ni siquiera en los parkings habilitados previo pago, todos completos- y te perderás el partido de la “tele”. Así que, darás un pequeño paseo por el barrio –ese que siempre haces y por el mismo sitio- tomarás el aperitivo en el mismo lugar de siempre, comerás en casa y te echarás la siesta para después, tras otra excusa tonta, no salir más hasta la llegada del lunes dónde, por pura obligación, te encaminarás a tu rutina.

Así, muchos, disfrutan de la gran ciudad dónde viven. Siempre la defienden cuando, en vacaciones, conocen a lugareños de otros puntos. “Es que en una gran ciudad tenemos de todo: teatro, cines, museos, espectáculos y conciertos, etc…”, hasta que el lugareño de pueblo le inquiere: “Es verdad, que suerte tienes. Pero ¿cuándo fue la última vez que tú utilizaste todo eso?”. Es así como el habitante de la ciudad grande se convierte, de inmediato, en un paleto de ciudad.

PD.- Nací, me criaron, viví y me casé en Madrid durante 22 cortos años. Nos trasladamos, ya en familia con dos preciosos retoños, a Huesca. Es allí, dónde conformé una de mis frases favoritas: “Paleto de ciudad”, pues allí descubrí todo lo que la gran ciudad me negaba. Posteriormente, y en todas y cada una de ellas, hemos disfrutado de todo lo bueno en Orense, Vigo (dónde nació mi hijo menor), La Coruña y, hasta hoy, en Marbella. De cualquier forma uno siempre debe sentirse orgulloso de sus raíces y es así como digo, cuando vuelvo a Madrid, “Este no es mi Madrid que me lo han cambiado”, aunque inmediatamente añado: “De Madrid, al cielo”.

Salud, ciudadanos.

JOSE MANUEL BELTRAN

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9 comentarios

Archivado bajo José Manuel Beltrán

9 Respuestas a “Paleto de ciudad

  1. Denoto cierta nostalgia empañada por la amarga rutina, aunque al final reluce tu vena madridista.

    Cuando más de la mitad de nuestra vida ha transcurrido llevando el estandarte de ciudadano del mundo es difícil decantarse por un lugar mejor que otro porque en cada rincón de nuestro planeta hay “un paleto” que nos da una lección de ciudadanía.

    Millones de besos mi maravilloso “ciudadano paleto”.

  2. Buen relato, como siempre.
    En las ciudades pequeñas o en los pueblos se puede disfrutar más de lo que nos ofrecen, está claro.

  3. Hola Nuria,
    La nostalgia está en todos los buenos momentos vividos juntos, en la realidad de los pequeños detalles, en la calidad de vida, en la naturalidad de los actos. Hemos aprendido mucho y… lo que nos queda
    Otros mil besos, ciudadana.

    Hola Nieves,
    Las ciudades pequeñas ofrecen, como decía antes, mejor calidad de vida y oportunidades más cercanas de relación y a cualquier novedad -por otro lado habitual en la gran ciudad- se le exprime al máximo su jugo.
    Gracias por tu comentario siempre tan amable.
    Un beso, ciudadana

  4. Pingback: Bitacoras.com

  5. Seguro que en Vigo tuviste los mejores años, jejeje..

    Tienes razón al describir al paleto de ciudad.

    Me ha gustado mucho tu post.

    Un abrazo ciudadano.

    🙂

  6. Todo tiene sus ventajas y sus desventajas. La ciudad en la que vivo es pequeña (Vigo) y a veces pienso que reune las ventajas de la ciudad y las ventajas del pueblo… lo cual lleva a que tb puede tener las desventajas de la ciudad y las del pueblo 😀

    Buen texto. Besos!!

  7. Desde luego te entiendo. Tú puede que te exiliaras de la ciudad por circunstancias de la vida… yo lo hice voluntariamente y, aunque me gusta ver Valencia todos los días cuando doy la curva y echo de menos los servicios de la gran ciudad, prefiero estar en el campo, con el aire libre y la tranquilidad, de tener cincuenta kilómetros de por medio.

  8. Hola Goyo,
    Ya sabía yo que saldría la vena viguesa jajaja. Me acabo de meter con mi hijo al recordarle que no han sabido ganar en este finde a uno de los colistas (Castellón). Pero llevas razón, allí lo pasé de maravilla. Castrelos, la ría, Cíes, Cangas, Moaña, el camping de Tirán y las ostras de Arcade saboreadas en La Piedra… ummmmmm ¡que vuelvo ehhh!
    Gracias por tu comentario, ciudadano.

    Hola Sonvak,
    Yo me quedo con todas esas ventajas, salvo la de las cuestas….. jajaja
    Gracias ciudadana por tu comentario.

    Hola Lustorgan,
    Lo del exilio parece muy fuerte jajaja espero que nunca lo tenga que hacer. Te entiendo tu metáfora, fué por motivos profesionales, pero en cada lugar en los que he estado he procurado sacar provecho a todo lo positivo, que lo hay y mucho.
    Gracias por tu comentario, ciudadano.

    Hola Bitácoras jajaja
    Gracias por ese enlace. Saludos,

  9. Obsi

    No podría estar más de acuerdo con lo que cuentas sobre el paleto de ciudad, ciuadadano.

    Yo disfruté de Madrid durante seis años y cuando vuelvo, ahora de visita, pienso lo mismo. Este no es el Madrid que yo conocí 🙂 pero me encanta (sólo por unos días, también lo aclaro :)).
    Besos

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