Cierre la puerta por fuera.

La clase, como era por otro lado habitual salvo por razones obligadas de enfermedad, se encontraba totalmente llena. Sobre cada uno de los pupitres se mostraban, todavía sin abrir pues esa era una decisión directa de quien iba a dirigir la aburrida charla, los libros de cada uno de los obligados participantes. Algunos de ellos impolutos, lo que daba muestra del nivel de uso otorgado por su poseedor. Curiosamente el de Iñaki era uno de los más desgastados aún cuando también se podía decir que, por lo que él denominaba la ilógica de su contenido, era el más vilipendiado de toda su colección y eso a pesar de las cuantiosas anotaciones que, a modo de apostillas, él realizaba y que le servían para plantear sus preguntas al profesor.

Don Luis hizo su entrada al aula de forma apresurada, por otro lado lógica dado que ésta debía haberse producido hacía ya cinco minutos. Sin previo saludo de cortesía o excusa por el retraso, que entre otras muchas más cuestiones molestaba sobremanera a Iñaki, ordenó se abrieran los libros por la página 33. Una vez así procedido por parte de la mayoría, pues los de las últimas filas no podían ser observados ni siquiera desde el atril dónde se ubicaba don Luis, Iñaki levantó su mano en claro signo de solicitar autorización para tomar la palabra antes de abordar el tema elegido: El Bautismo.

–         ¿Qué desea usted, Ignacio?, le interpeló el profesor.

–          Gracias señor, pero soy Iñaki. Así estoy matriculado y de esa forma le relleno los exámenes.

–         Déjese de historias. Para mí usted se llama Ignacio y ya sabe que su empeño le vale para que yo califique sus exámenes con un punto menos.

Don Luis cortó tajantemente la incipiente conversación entrando de lleno en la materia. Anclado en ancestrales posturas, inició una larga exposición de lo que representa el sagrado sacramento para todas las familias católicas, por supuesto allí estábamos incluidos todos, pues España –la Patria, según él la denominaba- era católica. De esta forma queda el recién nacido purificado y pide perdón por el pecado original así como de cualquiera que, a pesar de su corta edad, pudiera haber cometido. Por supuesto señores –continuó don Luis- los padres del bautizado, cristianos también, confirman que educarán a su hijo en la Ley de Dios.

Es así como Iñaki rellenaba su cuaderno con numerosos apuntes, que le servirían después para aprobar la materia tal y como necesitaba para pasar de curso, al igual que efectuaba –siempre a lápiz- apostillas en el libro.

–         Don Luis, disculpe. Esta vez la mano de Iñaki se levantó al mismo tiempo que iniciaba su pregunta sin dar oportunidad a que el profesor pudiera interrumpirle.

–         Le he escuchado atentamente y tengo varias dudas, señor.

–         Venga Ignacio, diga su pregunta y no acapare toda la atención de la clase.

–         Verá señor. No logro entender el empeño de la Iglesia por bautizar a los niños, casi recién nacidos. Ni siquiera entiendo el por qué, unos mayores llamados padrinos y los propios padres del niño, imponen la realización de este importante acto sin tener en cuenta la opinión de quién lo va a recibir. ¿Por qué actúa así la Iglesia en contra de los propios actos de Jesús?- Iñaki, precipitó todas estas preguntas y otras más se quedaron en el tintero por la brusca interrupción de don Luis.

–         Pero, ¡que tonterías dice usted!, le gritó el profesor.

–         Señor, no entiendo por qué es una tontería. ¿Acaso, según el Evangelio, Jesús no fue bautizado por Juan El Bautista, en el río Jordan, cuando tenía 33 años de edad y por su propia voluntad y no la de sus padres?.

La respuesta de don Luis a tal pregunta fue fulminante aunque, por supuesto, nada esclarecedora.

–         Ignacio, ¡cierre usted la puerta por fuera!.

Iñaki quedó dubitativo durante unos segundos. De pie ante el profesor y ante el inicio de carcajada del resto de la clase, cayó en la cuenta. Por primera vez, era expulsado de clase. Elegantemente, eso sí, pero expulsado por aplicar la lógica –que no la fe- a una simple pregunta…… en clase de Religión.

JOSE MANUEL BELTRAN

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6 comentarios

Archivado bajo José Manuel Beltrán

6 Respuestas a “Cierre la puerta por fuera.

  1. tocas un tema muy de moda. El otro día comenté en un periódico digital un artículo de una conocida que allí escribe y que hablaba sobre si la Iglesia estaba siendo injustamente atacada y había una campaña de desprestigio al papa, se montó una buena entre los que opinaban que sí y los que no. En mi opinión hay tantas cosas que no me gustan de la Iglesias que prefiero callarme por si acaso le falto al respeto a alguien, cosa que no me gustaría en absoluto, pero me parece una absoluta mafia, lo siento.

  2. Tu post me parece que toca algo importante: quizá el peor defecto de la Iglesia, que ha persistido a trevés de los tiempos. El dogmatismo.

    Hay muchas fés, y lo respeto, está bien. Ni siquiera le pediría a un creyente que me diera argumentos concisos para justificar sus ideas.
    Pero lo que más me molesta y asombra -y este es el gran defecto del que hablo-, es la censura de la mente.
    La religión no sólo apuesta a vivir sin razonar, sino que también le cierra las puertas a los curiosos que no pueden evitar ese pecado que es pensar, colgando un cartel similar al de “No molestar” de los hoteles, pero que además agrega un “La casa se reserva el derecho de admisión (y no se permite el paso a preguntones)”. Porque donde arranquen las preguntas, se humedecen los cimientos, y toda una estructura mal diseñada empieza a tambalearse.

    Y me molesta, me molesta que la gente permita que les clausuren la cabeza, con todo lo que tienen para dar.

  3. gran comentario Daniela, para gran post, que manera más elegante de pronunciarse, bravo!!!!

  4. A mi me pasó una cosa parecida cuando estudiaba en el Colegio Hogar San Roque de Vigo, un instituto de FP subvencionado por el estado y Caixanova, y dirigido por Curas.

    En aquella época era solo para chicos, pero eso ya cambió.

    En una clase, de religión(como no!!), le debatí al pastoralista sobre un asunto y no me supo dar razón.

    No me expulsaron, pero quedé marcado para el resto del curso. Yo tenía 17 años.

    Excelente ciudadano.

    🙂

  5. ¿Qué decir? el texto es de lo más lógico… el tema Iglesia de lo más “delicado”… y encontrándome en una etapa de mi vida en la que la fe no la tengo por vecina… pues no sé que decir.

    Excelente post, Beltrán. Besos.

  6. Obsi

    ¡¡¡Con la iglesia hemos topado!!!!
    la iglesia es una “organización” por llamarla de alguna manera formada por hombres así que yo creo que con eso ya está todo dicho. Hay de todo: liberales, críticos con su propia organización, retrógados, pederastas y gente con mentalidad abierta y también personas que tratan de hacerlo lo mejor posible desde su elección.
    Yo no es que sea muy pro iglesia, la verdad es que casi nada, pero me he educado durante 23 años con jesuítas (que la verdad a mi me parecen un mundo aparte) y no sé… tan rarita tan rarita creo que no he salido ¿o sí? :).

    Muy descriptivo el post de cierto sector de la iglesia que la verdad no estoy muy segura de si hoy en día sigue existiendo (claro que tampoco tengo demasiado conocimiento de causa :))
    besos ciudadano.

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