Cruzcampo

La pandilla siempre nos reuníamos en la calle del Instituto. Increíblemente sin móviles éramos capaces de quedar.

En aquellos tiempos hacíamos el amor descafeínado, nos reíamos hasta reventar, bailábamos agarraos, nos besábamos hasta perder el aliento, ellos aprendían a desabrochar sujetadores y nosotras a ser mayorcitas.

Aquel día se acercó al grupo un hombre.  Muy amablemente nos invitó a visitar la fábrica de cerveza Cruzcampo. Como no teníamos otro plan mejor y tampoco miedo, allá que nos subimos al autobús y nos plantamos en la fábrica.

Después de visitar las instalaciones y observar tooodo el proceso de elaboración de la rubia, pasamos al bar.

En aquellos tiempos también les daban alcohol a menores.

Creo que fueron siete tanques de cerveza los que tomé, todos gratis.  Me emborraché tanto que tuvieron que llevarme a casa dos amigos, borrachos también pero solidarizados conmigo.

El autobús a la vuelta se dividió en dos claros grupos: las lloronas, iban delante, y los que nos partíamos de la risa que íbamos sentados detrás.

Cuando entré en casa, no podía dejar de hablar, me dió charlatana la melopea. Y mi madre, tan sensata como siempre, me dijo:  “Tú estás borracha. Hoy no te voy a decir nada porque lo olvidarás, pero mañana te enteras.”

Conclusiones de mi primera borrachera (y que se han ido cumpliendo igualmente a lo largo de mi vida): No me alcoholicé. Me da por reír. Y me acuerdo de todo, o lo que es lo mismo tengo buen beber.

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8 comentarios

Archivado bajo Nieves

8 Respuestas a “Cruzcampo

  1. jajajajajaja… pues si te da por reir debe ser una fiesta tenerte al lado ;D

    Estupendo post. Besos!!

  2. jajajajajajaja!!!, tod@s creo que hemos pasado por algo parecido…

    Buen post.

  3. yo la primera vez fue con 12 años en una fiesta de un club de tenis, caímos fulminados los 14 niños que estábamos a cargo de una tómbola y de la que hábilmente nos hicimos con unas botellas de ponche y de martini, acabamos todos inconscientes y tirados en la hierba, qué horror!!! no he vuelto a probar en mi vida el martini blanco ni el ponche, ahora soy alérgico jajajajajaja
    eso sí, como a ti Nieves a mi una borrachera me provoca la risa y el buen rollo, no me da por violencia como a otros, puagh…..!!!!

  4. Pingback: Bitacoras.com

  5. ¿No le dijiste a tu madre que te había sentado algo mal?… creo que por ahí hemos pasado todos.
    Me ha gustado mucho tu “primera vez”, es curiosa, original y divertida…
    Buen camino, Nieves. Un abrazo.

  6. Pues yo ni te cuento. Después de la consabida juerga anisera nos dio por ir a jugar a uno de esos billares para echar una partida de futbolín. Menos mal que era en el barrio y el encargado del billar nos conocía. Echamos la bolita y dió la casualidad que quedó en un sitio al que, por muchas vueltas que dabamos a las manillas, ninguno la tocaba. Creo, según el encargado, que así estuvimos más de media hora, eso sí gritando goool y demás chorradas. Por supuesto, nos echó de allí.
    Y es que, la primera vez -en mi caso- se ha convertido en primera y última.
    Un besazo, ciudadana. Muy divertido.

  7. Eso es una curiosa primera vez. La mía fue una Navidad a los 14, creo yo, en la que terminé con dos amigas tirada en la calle (no en la acera, sino en la calle), muerta de risa, con la bóveda estrellada girando más rápido de lo que debería. Como tú, me da por la risa, y me acuerdo de todo (o casi todo)…generalmente. 🙂

  8. Gracias a todos por vuestros comentarios. Un besazo.

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