La vela de la ilusión

Llevaba ya mucho tiempo esperando y, cada vez que llegaba el día, notaba las mismas sensaciones. Sin darse cuenta había hecho del acto un ritual, debidamente preparado en casi todos los detalles. Para nada le afectaban las variadas condiciones climatológicas pues, al fin y al cabo, la distancia a recorrer no era demasiado larga aún cuando tampoco se pudiera considerar corta. Siempre lo hacía sola, pues eran ya muchos años en su condición de viuda.

En ese espacio de tiempo, mantenía consigo misma una conversación que otros pudieran considerar superficial pero que, a ella, le suponía mantener totalmente encendida la vela de su ilusión. En muchas ocasiones, ella misma se preguntaba si tenía sentido lo que hacía. Nadie podía sospecharlo, pues tampoco era dada a dar excesiva rienda a su expresividad y es que, al fin y al cabo, no salía ningún sonido de su boca.

La conversación se iniciaba, siempre, de la misma forma. A forma de preámbulo, repasaba la lista de los incluidos colocándolos en un orden clasificatorio que, de acuerdo a sus necesidades actuales, había podido ser modificado en relación a la semana anterior.  Lo que no cambiaba era la consiguiente reflexión, muy parecida a la que se realiza cuando, de hinojos, comienzas tu confesión ante un sacristán.  No pedía ningún beneficio para ella. Le recordaba a su interlocutor etéreo todo su pasado, basado fundamentalmente en el trabajo y la familia. Nunca había dicho una palabra más alta que otra y, además de no quejarse, todos los que la buscaban encontraban su mano tendida. Creía que era su obligación y así lo hacía.

Pasada esa presentación previa, se lamentaba de no tener más que ofrecer y, aún cuando insistía en no querer nada para ella, sabía que los demás podrían solucionar en justa medida gran parte de sus problemas. La crisis había hecho demasiada mella en la situación familiar de sus hijos y los nietos, todavía pocos, si bien mantenían cubiertas sus necesidades básicas, sabía que no sería por mucho tiempo.

Nunca obtenía respuesta a pesar de haberse expresado claramente, y era algo que no entendía. Su corazón siempre colocaba mejor las palabras que su garganta, y por ello, insistía una y otra vez. Le resultaba molesto ser pesada, pero lo que ella solicitaba era de total justicia.

Llegó a la misma hora que las innumerables ocasiones anteriores. Le gustaba ser la primera para así encontrar la complicidad necesaria. Al otro lado del cristal, siempre encontraba un saludo esbozado con una cómplice sonrisa. Su respuesta, siempre mesurada, era recíproca aunque de forma mucho más leve. No necesitaban palabras, pues sus miradas lo decían todo. La suya era sincera, limpia y evocaba un poco de tristeza aunada con mucha resignación. Tras abrir lentamente su  monedero y extraer una sola pieza, dobló y guardó cuidadosamente el trozo de papel. Suspiró y volvió a emitir un amago de sonrisa sin necesidad de abrir los labios.

En el transcurso de la semana, ni siquiera de forma tímida, su mente quedó desligada de esas sensaciones. Minutos antes de las diez de la noche del jueves, encendió el televisor. Sobre una libreta de color verde esperanza anotó unos signos que, aún descolocados, ella entendía perfectamente. Con mano temblorosa efectuando un pequeño pliegue en una de las solapas de su monedero, ya abierto, extrajo otro papel que se conservaba con un pliegue intacto. Lo desplegó y contrastando los signos antes anotados en el papel verde esperanza no tuvo más remedio que, al igual que en muchas semanas anteriores, fruncir el ceño y decirse a sí misma “ ¡Bueno, no me ha tocado, pero seguro que la semana que viene si acertaré La Primitiva!.

JOSE MANUEL BELTRAN

P.D.: Me disculpo ante todos vosotros, ciudadanos, por no haber cumplido con la obligación personal adquirida en estas últimas semanas. Mucho trabajo, tensión, fatiga, etc…  que no son disculpas válidas pero sí reales. Agradezco los comentarios ante esta ausencia de algunas de vosotras. Sois unos cielos. Ahh, informaros que en mi visita a los Madriles de hace dos ó tres semanas conocí a nuestro querido Aspective. Disfrutamos de un buen momento en una terrazita en plena Plaza Mayor con excelente acompañamiento. Ciudadano Aspective, eres muy grande (en todos los sentidos, amigo).

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7 comentarios

Archivado bajo José Manuel Beltrán

7 Respuestas a “La vela de la ilusión

  1. Una ilusión que estoy segura muchos dejan encendida en más de una ocasión.
    Emotivo y cargado de esperanza tu relato que perfectamente puede llevarse a la realidad.
    Besitos ciudadano y si esta semana no ha sido …. a la próxima será.

  2. Ahora más que nunca mucha gente comparte esa ilusión para capear la irritante crisis.

    Las excusas son perfectamente válidas ciudadano, el blog es para divertirse y/o desahogarse, no para estresarse, así que si no se puede, no se puede.

    Qué bueno que conocieses a Aspec. Sin embargo y desde el respeto más absoluto yo sigo teniendo una espinita clavada por esa forma tan abrupta de dejarnos.

    Un abrazo y me alegro de tu vuelta.

  3. Excelente texto, como siempre. Conste que estaba preocupada pensando si estarías enfermo… me alegro de que no haya sido así 😀

    Besos!!

  4. Bueno, yo me sumo a mis compañer@s en los alagos….

    Saludos ciudadano.

  5. Hola Nuria,
    Las ilusiones siempre están encendidas en nuestro corazón. La de la protagonista es, si cabe, la de la generosidad pues, nada de su resultado quiere para ella.
    Un besazo, ciudadana.

    Hola Sito,
    Seguro que esa esperanza se agudiza más con la crisis y los momentos delicados aunque no olvidemos que, por regla general, los individuos tendemos a ser egoístas independientemente de tiempos.
    Para quitar espinas no hay nada mejor que el diálogo, el respeto y la comprensión.
    Gracias, ciudadano, por tus palabras.

    Hola Sonvak,
    Ya sabes eso de que..”bicho malo nunca muere”. Eres un cielo. Muchas gracias, siempre, por tus comentarios.
    Un besazo, ciudadana artista.

    Hola Goyo,
    Ya estás “sumado” (que lo visto en el contador de mis amigos).
    Gracias y, un abrazo, ciudadano.

  6. Hola ciudadano!
    Realmente quedé media colgada en el final del cuento, porque no se que es “La primitiva”. Deduzco que alguna clase de lotería? Supongo que sí jaja
    Así que conociste a Aspective eh? Qué lejos que se siente estar acá del otro lado!
    Un saludo 🙂

  7. Hola Daniela,
    La verdad es que ha sido una torpeza por mi parte no tener en cuenta que, fuera de España, es difícil conocer que “La Primitiva” es un juego de azar o lotería. Lo siento. Aunque, has deducido pero que muy bien. Yo te noto cerca, aunque no sea físicamente.
    Un beso ciudadana. Gracias por tu comentario.

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