Archivo diario: 23 enero 2010

Haití ¿y ahora qué?

No es fácil abstraerse, al escribir sobre el tema propuesto, de todas y cada una de las imágenes que por los distintos medios se están emitiendo como consecuencia de la terrible desgracia ocurrida en Haití.

Hasta la fecha he hecho uso de este espacio, gentilmente ofrecido por los responsables del mismo, para dar luz a relatos imaginarios inducidos por la palabra o frase propuesta. Hoy es la excepción pues, por más que mi cerebro quiera apartarse transitoriamente de la tragedia acaecida, es casi imposible. De ahí que quiera añadir –de forma especial y particular- la originalidad de varios de los relatos, pues vosotros si habéis sido capaces de hacerlo sin que vuestros corazones, por supuesto, se encontrasen alejados de las mismas circunstancias que a todos nos embargan y sin menosprecio alguno, también por supuesto, para el resto de los componentes.

Todos nos hemos volcado, de una forma u otra, para aportar nuestra solidaridad y ayuda a los afectados. Quisiera confiar en que esta ayuda este bien canalizada, no solo en estos inicios urgentes para unas necesidades básicas, sino en un futuro también. Se trata de construir de nuevo, pues casi nada queda por reconstruir. Dejar a un lado los intereses geopolíticos y económicos para centrarse en las personas; en sus sentimientos; en lo que, de verdad, merece la pena: su dignidad.

Los Gobiernos son poderosos, el del Vaticano quizás lo es mucho más, y es ahora cuando deben poner a sus huestes subordinadas en la misma línea de colaboración que la que nosotros, simples ciudadanos, demostramos con nuestra misma familia cuando de ayuda urgente se trata.

Los ojos de un niño; la mirada perdida de un enfermo; la desesperación de unos padres; la impotencia de un médico, de un bombero o de cualquier persona de buena fe cuando no puede hacer más, porque nada tiene más que sus manos.

Son ya muchos los días en que la tristeza ha colmado nuestro corazón. Nos queda la esperanza, por mi parte exigida, de comenzar a crear un mundo nuevo. Haití debe ser ahora, el germen y semilla de lo bien hecho. El modelo de recuperación de otra forma de concebir nuestras vidas; la de nuestras generaciones futuras. No puede ocurrir de nuevo, al igual que ha sucedido con otros lugares, que pasados unos meses solo nos quede el recuerdo de lo sucedido como una simple anécdota. Me resisto a creer que somos tan miserables. No sabemos todavía como luchar contra las fuerzas internas de nuestro globo terráqueo pero sería imperdonable que nos empeñásemos en luchar entre nosotros mismos.

JOSE MANUEL BELTRAN

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