La fiesta de gala del capitán

Todas y cada una de las mañanas, a primera hora, miraba hacia el cielo esperando encontrar los mínimos síntomas de esperanza. Había implorado, tanto de forma interna como de manera externa, que aquél que dirigiese la orquesta de los elementos diese paso a la siguiente página de la partitura para entrar en el alegro. Su soledad espiritual se engarzaba perfectamente con la física y es así que su imaginación había creado una forma diferente de conversación, bien fuese con la extraña figura que se formaba por la proyección de la sombra de un árbol o, por medio del continuo traqueteo que un cercano pájaro carpintero ejercía sobre los troncos de los árboles. Le había considerado ya su mejor vecino pues también le veía en la misma soledad con la que él cohabitaba.

Había perdido la cuenta, aún cuando se esforzó desde el principio en hacer unas muecas en uno de los árboles cercano por cada uno de los días transcurridos, en saber cuanto tiempo llevaba allí. A pesar de su extrema resignación, su cabeza ya había desechado seguir buscando explicación al por qué de esta situación. Recordaba que había bebido mucho en el transcurso de esa dichosa fiesta de gala del capitán. Recordaba también que, con la aquiescencia de su mujer sobre todo por el espectáculo que estaba dando, buscó una excusa para salir a cubierta. Allí, en el lado de proa, encendió un cigarrillo y se asomó por la barandilla dejando su cuerpo más cerca del vacío que de la propia cubierta. La fortuna quiso que no fuese engullido por el oleaje del propio barco aún cuando sus débiles gritos de auxilio no fueron suficientes para que nadie reparara en el suceso.

Tras intensos esfuerzos por nadar hacia el barco sus propias y escuálidas fuerzas le hicieron desistir en poco tiempo. Dejó que su cuerpo, casi inmóvil, fuese direccionado al capricho de la marea y el oleaje para, transcurridas un número de jornadas de las que nada recordaba, arribar a la isla.  Supuso que desde el propio barco se darían todas las alarmas para iniciar su búsqueda y que la ayuda no tardaría en llegar. Sin embargo, cada vez que repasaba con la vista la cantidad de muecas realizadas en el árbol, su confianza decrecía del mismo modo que aumentaba su ansiedad.

Su única suerte la encontraba en la suave y deliciosa climatología del lugar, propia de los lugares del ecuador. Era esas noches mágicas de luna llena cuando su tristeza y embargo llenaban de lágrimas el pozo de su corazón. Recordaba su sonrisa radiante que dejaba a la luz una esmerada, por cuidadosa, blanca dentadura. Los rizos de su melena rubia ondeaban con cada uno de sus leves movimientos de cabeza. La recordaba con ese vestido azul, ajustado a su perfecta figura, que ejercía sobre sus manos la misma atracción que la de un imán hacia el hierro. Su cuerpo desnudo buscaba siempre el calor del suyo, aparte de mayor placer. Ahora, el recuerdo de Lucía solo podía ser mantenido de la misma forma que se mantienen los amores virtuales. Vanos pero no inocuos; lejanos e imposibles; irreales e intangibles. ¡Maldita fiesta de gala del capitán!.

JOSE MANUEL BELTRAN

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13 comentarios

Archivado bajo José Manuel Beltrán

13 Respuestas a “La fiesta de gala del capitán

  1. !Pobre hombre! Sólo le queda la imaginación por su mala cabeza. Al menos tiene el consuelo de que alguna vez fue real ¿No?
    Cada vez le echas más imaginación a tus relatos, eso me da un poco de envidia y no precisamente plátonica jeje.
    Me ha gustado ciudadano escritor.
    Besitos MUAMUA

  2. Daniela

    Disfruté mucho el relato. Me recordó a otro, de Cortázar, uno que escribió poniéndose en la carne del Che cuando desembarcaron en Cuba, y que estaba lleno de metáforas musicales, como la de tu allegro. Me parece muy buena: le da al personaje un toque de estilo, de clase, que encaja perfecto con alguien que acude a fiestas de gala en barcos… En fin, un texto bien escrito, y genialmente imaginado.
    Y nada, eso 🙂
    Un beso ciudadano!

  3. Hola Nuria,
    Prefiero lo real a lo platónico pero, por suerte, lo real ya lo tengo. Sí, es cierto que es nuestra imaginación la que puede provocar, antes y después, dolores de cabeza…
    Un beso, ciudadana.

    Hola Daniela,
    Efectivamente, la idea centrada en mi cabeza sobre el personaje está muy cercana a la que tú has tratado. Quien casi todo lo tiene y lo ha disfrutado llegado un momento, por pérdida de ello, debe imaginarse la virtualidad.
    Gracias por tus palabras y comentario. Un beso, ciudadana

  4. Aspective

    El relato magnífico.
    La situación, penosa. Aquel que lo ha tenido, sea lo que sea, y lo pierde, sufre. Su carencia es más dolorosa.
    De todas formas, tu relato sirve para una campaña anti alcohol ¿no?
    Gracias
    Un abrazo

  5. Hola Aspective,

    Ya me daría yo por satisfecho si el relato sirviese para ayudar en el consumo moderado de alcohol (porque todo no vamos a quitarlo nooo?).

    Normalmente das mucho más valor a lo que has perdido una vez que ha sucedido el hecho. De ahí que en la virtualidad (bajo mi punto de vista) no puedes decir que has ganado o perdido nada, pues nada real tienes.
    Gracias por tu comentario.
    Un abrazo, ciudadano.

  6. y digo yo, entonces la imaginación es gracias a Dios un sustitutivo espléndido o una fuente que incrementa el dolor por lo que hubiese sido?

  7. Obsi

    Uy qué difícil esta última pregunta …
    José Manuel, a mi siempre me ha dado mucha pena eso de valorar más las cosas cuando se pierden… tendrías que contarnos en otro relato cómo veía el náufrago a Lucía antes de naugfragar :).
    Me ha gustado.
    Un abrazo.

  8. Como es habitual en ti, excelente post. Besazos!!

  9. valorar las cosas cuando las has perdido, aunque es normal y muchas veces inevitable, es tan erróneo como tomar decisiones tomando en cuenta lo que no quieres, en lugar de pensar en lo que quieres. De hecho ambas cosas están muy ligadas.

  10. Hola Sito,
    La imaginación es tan etérea como libre. Se puede adueñar de uno mismo hasta llevarte a la locura desfigurando tu realidad y también, como componente positivo -entre otros- , generar ilusión para conseguir otras metas.

    En muchass ocasiones, aquí mismo al escribir, somos imaginativos. Trasladamos de nuestra mente, al bloguecedario, representaciones de lo irreal pero que bien podría ser real.
    Incrementar dolor por lo que hubiese sido es solo un acto pasajero imaginario pues uno, al despertarse con la realidad, observaría que no puede haber dolor sobre lo que no ha sido.

    Como dice Obsi, tu pregunta se las trae. Pero, es una excelente reflexión.
    Un abrazo, ciudadano.

    Hola Obsi,
    ¡Bueno!, me has dado una idea para otro relato, es verdad. Ahora veremos con qué título propuesto lo encajamos.
    Es verdad que, tal y como tú lo describes, conllevaría un aspecto negativo y triste sobre todo porque podríamos haber hecho algo más antes. Pero así somos los humanos.
    Gracias por tu comentario ciudadana. Un beso.

  11. Perdón, se me olvidaron los otros comentarios.

    Hola Sonvak,
    Muchas gracias por tu comentario. Me alegro que te haya gustado.
    Un besazo, ciudadana.

    Hola Codeblue,
    Yo creo que tomar decisiones pensando en lo que quieres y decidir teniendo en cuenta lo que no quieres es, básicamente lo mismo.
    La valoración de las cosas, una vez perdidas, es inevitable pero no errónea. El error pudiera estar en la decisión por la que se ha perdido la cosa. Son las consecuencias de nuestros actos los que no llevan a confirmar lo erróneo o no de la decisión.

    El personaje, sin duda, se ve involucrado en una acción errónea que trata de paliar con su imaginación.
    Un abrazo, ciudadano. Gracias por tu interesante aportación.

  12. Me ha encantado, y se ha hecho corto la verdad.

    Excelente simil de circunstancias.

    Un abrazo ciudadano.

  13. pues yo no creo que sea lo mismo, yo creo que es elegir la opción menos mala y un atajo para no seguir buscando lo que uno quiere. el ejercicio que uno debería hacer según mi opinión, es reflexionar a fondo que es lo que uno quiere, anhela y desea, y no escoger entre las opciones presentes si no se está convencido para tomar una decisión. claro que es muy fácil decirlo, muy difícil hacerlo y muy complicado darse cuenta de que lo estás haciendo una y otra vez.

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