Archivo diario: 30 diciembre 2009

Bon vivant

Hoy he ido a recoger mis pruebas médicas después de varios días de espera. Sin rodeos y con una voz hueca el médico me lo ha soltado. Tres días, ha dicho. Me quedan tres días de vida.

Durante cinco minutos eternos me he quedado en blanco, paralizada, con el bolso en la mano y los ojos cerrados. En ese tiempo he decidido que nada de listas de lo que me queda por hacer, nada de llamadas, nada de preparativos ni despedidas. Indagar en lo que he hecho o dejado de hacer, para qué, a quién puede importarle y quién puede entenderlo. Me miro en el espejo. Ni una pizca de arrepentimiento. Cada vez más convencida, pienso que voy a pasar mis últimas setenta y dos horas egoístamente. Desaparecida.

Voy al banco, cancelo todas mis cuentas y me dirijo a generar la máxima cantidad de endorfinas que sea posible. Masaje general terapéutico bañada en aceite de vetiver y sándalo con un toque de vainilla, manos de dios griego y sesión de chocolaterapia con música de Bach de fondo para hacerme una idea de lo que es morir plácidamente. Tengo un cutis impoluto y la piel más suave de todo el universo. Sonrío.Precioso cadáver el mío.

Estoy en Paris. Recorro la Avenue Montaigne como si fuera el camino hacia mi casa y después de dejarme un pastón, salgo de Jimmy Choo y Chloé, cargadita de bolsas y encantada de haberme conocido. Vestida Sibylla me teletransporto lista para entrar en Townhouse y tomarme un Ruby Tuesday, o dos, o lo que se tercie.

Anochece y rapto al Sr. X .Lo amordazo y mal atado lo atesoro con cuidado en el maletero de mi Mercedes Benz SLR MacLaren Rodaste azul cobalto. Llegamos a la Costa de Amalfi justo para la cena. La luna llena ilumina el mar mezcla de azul y gris plata espectacular. Nos situamos en una mesa con vistas al Tirreno y abrimos una botella de Vega Sicilia Único Gran Reserva del ´81 mientras me pierdo en ese azul que se confunde con el mar que tengo enfrente. Bajamos al espectacular bar de la piscina y acabamos tumbados a la luz de las velas entre palabras y silencios hasta que la temperatura amenaza con reventar los termómetros. Por fin huelo una vez más el significado de la palabra felicidad. Inventamos un nuevo concepto hasta ahora desconocido entre sábanas de seda china natural y morimos, pero sólo un poco, no vaya a ser que desparezca antes de tiempo. Es hora de cerrar los ojos. Duermo como una niña con zapatos nuevos y rojos.

Me despierto en una sala pequeña de Madrid. El concierto va a comenzar. Semioscuridad y humo en el ambiente. Una guitarra española. Me miran unos profundos ojos negros y me invitan a subir al escenario. Durante dos horas acarician la guitarra y cantan para mi, me envuelven y me dejan en trance. No pienso en nada. No sé si ya estoy muerta, viva o soñando que estoy viva.

Pierdo a mi acompañante no sé muy bien cómo y salgo volando. Huyo veloz con el viento soplando de frente y música de los Rolling a todo volumen “I cant get no….”. Sin rumbo y sin destino concreto, sólo yo, conmigo misma. Me detengo en unos acantilados, me asomo con vértigo y doy gracias por ver la que será la última puesta de sol de mi vida. Lloro y río al mismo tiempo oyendo Angie. Siento que me difumino. Quedan pocas horas para que desaparezca del todo.

Sólo me queda una única cosa por hacer. Me dirijo a un barrio residencial en las afueras de una ciudad sin nombre, me paro unos segundos delante de una bonita casa y pinto con cuidado y buena letra en la puerta del garaje “Aquí vive el cabrón mentiroso más grande de la historia. No tocar. No acercarse a más de dos kilómetros a la redonda. Extremadamente contagioso. Peligro de muerte” Robo unas llaves y me pongo al volante de su Cayenne con la intención de estrellar su recuerdo contra el primer árbol que me encuentre en el camino. En paz.

Esto se acaba. Quedan unos minutos. Estoy cansada y me duele todo el cuerpo. Suena el teléfono y me sobresalto. Es del hospital. La amable voz de una enfermera me dice que la Dirección del centro lo siente enormemente pero ha habido una confusión terrible de historiales. Lamentan lo ocurrido con mi ultimátum y me informan sobre cómo puedo efectuar una reclamación. Me quedo sin habla, trago saliva y cierro los ojos…

8.15 A.M. 28 de diciembre. Lunes. Un estruendo en la habitación y el despertador salta por lo aires. Me incorporo de golpe y piso algo. Enciendo la luz y recojo del suelo lo que parece ser… ¿el corcho de una botella?. Aún somnolienta, leo a duras penas: Bodegas Vega Sicilia, cosecha del `81.

Hoy yo también me autocopio. Esto no es exactamente una inocentada  pero podría y no sé si colgarlo hoy o pedírmelo para el día de Reyes :). Una mezcla de ficción y realidad.

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Post retrasado, pero por culpa de wordpress maldito ¬

Ayer era uno de esos días que no tienes tiempo pa ná. Entonces digo: subo un videíto y chau.
Resulta que gasté más tiempo intentando subir el video condenado que lo que hubiera gastado escribiendo un post más o menos decente.
Puto wordpress.
Dije: No publico un carajo.
Pero me quedé con rencor, y eso que no soy rencorosa. Así que voy a tratar, solo para desquitarme.
(Estoy desde el trabajo, en cualquier momento me pelan)

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Que no

Me he partido de risa con las entradas publicadas con el tema de los inocentes y las inocentadas.  Han sido un par de días de lo más divertido. Por cierto, que en la declaración de amor “28D” nadie ha dado el resultado correcto y definitivo. Que el autor confiese ya. Yo sigo apostando por el tándem Gorio-Sito. Me mola. Y quiero ganar el premio sea cual fuere. Me gusta ganar. A todo, a lo que sea.

En otro, en el del anónimo que declara su amor a la mariposa, te has pasado sr. anónimo. Me parece macho que la has espantado pues no se le han visto las alas por aquí ,ni de lejos. Y es que hay que ser bruto, soltarlo así, sin velitas ni cenas, vamos sin gastarte una pasta de por medio. No puede ser, esas no son formas de hacer las cosas, que luego nos das mala fama a los tíos…

Sito, en su personaje famoso también anónimo, el que dice que escribe de verdad, no el del Canto del Loco, amenaza con no desvelarnos quién es, para sufrimiento general. (Gracias Sito, ya te lo recompensaré con alguna prebenda a tu nombre, no te preocupes, sigue así).  Lo del Canto del Loco estaba claro que era mentira porque no he visto a mi hija en las cercanías. Y si llega a estar el Dani… no había quien la despegara de aquí.

Sara se autocopia y nos culturiza y también me he asombrado con lo brutos que son los amigos de molinos. Si sobrevivió, así debe de ser ella.

Y ahora me toca. Iba a contaros las pocas bromas que me han hecho en estas fechas. Bueno, en estas y en cualquiera, pues aparte de tener pinta de que no aguanto bien las bromas, y de tener fama de mala leche y poco aguante con las mismas, encima, llevan razón.  Me joden las bromas cuando están preparadas para que se rían los demás y mientras, tú te quedas con cara de gilipollas intentado sonreír para que no piensen mal de ti. No, coño, que entonces repetirán. Un par de leches bien dadas y ya está.  Es lo mismo que sucede con las bromitas que gastan los programas de radio y de tv. Están machacando a un tío durante cinco minutos, hasta hacerle sudar sangre y cuando ya está a punto del infarto, hala, venga, que era broma. Claro, la víctima se ríe, pero de puro alivio, cuando se entera de que no le embargan la casa, o de que Hacienda no le va a revisar los últimos quinientos años. Pero no porque le haga gracia. Ni pizca.

Decía que iba a contaros las pocas, la única, broma que en este día de los inocentes me han hecho. Única pero repetida año tras año y siempre picando.  Pero como era mi madre quien la me la gastaba (era la única que se atrevía), y ya sería el tercer post en que hablaba de ella, ibais a pensar que era una folclórica con su madre a cuestas,  o que era gay.  Lo primero ni de coña. Lo segundo tampoco, pero mola más porque las tías te cogen confianza y puedes llegar a donde no dejan llegar a los otros tíos. Pero por internet no tiene mayor interés, así que paso.

Y para terminar, he decidido no deciros nada porque si no, semana a semana, y a base de tratar los más variados temas, esto se iba a convertir en una de estas tres cosas:

1.- Mis memorias. Y como todos sabéis, con veinticinco tacos que tengo, se es demasiado joven para publicar las propias memorias.

2.- La consulta de mi psicoanalista. Pero como no tenemos ningún argentino,  -lo más cercano es Daniela y creo que es de Uruguay y aunque los acentos se parecen, no es lo mismo-  me niego. Hasta que no tengamos en plantilla un argentino (mejor argentina) de pro, no hago psicoanálisis.

3.- El confesionario de mi parroquia, con el padre José dando por saco que si cuando fue la última vez, que si cuantas veces… Y eso lo dejé atrás antes de la última glaciación.

Así que no, que no os cuento nada y esta semana sufrís con mi indiferencia (no digo nada del látigo, ese lo dejo para Xinax) y os pasáis sin mi post.

Otra semana será. Hasta la vista chavales.

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