Lucifer en la Misa del Gallo

Esperaba a la noche para que se hiciesen cumplir todos sus presagios. La confabulación de los vientos provenientes  de distintas direcciones provocaba, ya desde hace días, que las nubes grisáceas chocasen entre sí para -después de un estruendoso ruido- emanar líquido con una fuerza descontrolada.

No había podido –pues siempre se asombraba que unos seres tan débiles pudiesen demostrar tanta fuerza unidos en familia- debilitar la ingente alegría demostrada por todos sus miembros. Cantaban, reían, se besaban y abrazaban, bailaban y –donde él creía que podría encontrar hueco a la debilidad- también bebían. Pero no fue así. La velada, acompañada en el exterior de truenos y relámpagos, transcurrió tal y como a la anfitriona le gustaba. Todos los miembros de la familia –bueno, no todos, pues también es en estas fechas cuando la añoranza revuelve nuestro corazón para dejar caer una lágrima por los no presentes-,  disfrutaban de unos manjares que llevaban depositados todo el amor por parte de la principal cocinera.

Lucifer contemplaba la escena, aparcado en un rincón, esperando la mínima oportunidad. Le quedaba poco tiempo para conseguirlo o, por lo menos, de eso se mostraba seguro. Llegó la hora y de nuevo su frustración se evidenció. Todos juntos, incluida la abuela de ya avanzada edad, se encaminaron hacia la Iglesia. La lluvia seguía sin arreciar y si cabe el único propósito que podía conseguir era que, a cada paso que daban, fuese más abundante.

Llegaron totalmente empapados al templo. Desde veinte minutos antes de las doce casi todos los asientos se encontraban ocupados. Se hicieron un hueco depositando los paraguas sobre el suelo, procurando no mojar la tabla donde posteriormente utilizarían para mostrarse de hinojos. No pudiendo resistir tal escena, Lucifer salió del templo. Él, portador de la luz, se veía incapaz de detener la riada de gente que acudía allí –a esas horas intempestivas- a celebrar como todos los años la llegada de alguien.

La ceremonia transcurría tal y como el guión señalaba. La música  procedente del viejo órgano era acompañada con cánticos –a modo de villancicos- por una coral. Desde un pequeño púlpito unas lecturas, en varios idiomas, recordaban viejas leyendas. Transcurrieron unos minutos y un hombre, con desgarbada figura, hizo entrada en el templo. Se acomodó en uno de los bancos, en postura nada acorde a la utilizada por el resto. Cuando de levantarse se trataba –según las reglas del acto- el personaje aprovechaba para tumbarse en las bancadas vacías. En el más estricto silencio, él alzaba su voz y sus bostezos.

No tardó en darse por vencido. Una voz a sus espaldas le recordó que había sido reconocido. Le invitó a cambiar el rojo de su luz por la luminosidad del blanco. Con gesto soez desatendió la invitación y, vencido por la fuerza de los presentes, abandonó el templo sabedor que debería encontrar otros momentos para sacar partido de sus deseos.

La fiesta no acabó a la finalización de la Misa del Gallo. Cada uno de los allí reunidos retornó a sus hogares –muchos de ellos al mismo del que poco antes habían salido- para continuar con una fiesta familiar que pocas veces en el año es posible llevar a cabo. Esta vez, mirando a la esquina del salón, no se pudo encontrar la figura de Lucifer.

JOSE MANUEL BELTRAN

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7 comentarios

Archivado bajo José Manuel Beltrán

7 Respuestas a “Lucifer en la Misa del Gallo

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  2. Excelente relato. Besos.

  3. Xinax

    Escribe usted divinamente, joven. Que conste en acta.
    Me encanta!

    besos

    X

  4. Connie Brensen:
    ¡Como no me lo pongas más claro, no tengo ni idea de dónde vienes y a dónde vas?. Por si acaso, salud ciudadana.

    Sonvak:
    Otros muchos para tí. Felicidades y salud, ciudadana.

    Xinax:
    -Por favor secretario (es quien custodia el libro de actas). Tome Vd. buena nota….
    -¿De qué, ciudadano?
    -De que va a ser. De lo de “joven” joer…. lo demás no tiene importancia.
    Jajaja. Un besazo, ciudadana. Salud y felicidad.

  5. Muy buen post, me ha gustado.

    Un abrazo ciudadano.

  6. Gracias Gorio. Recibe tú también un abrazo, ciudadano

  7. ¿Ganan los “buenos”?
    Por una vez no está mal ¿no?

    Curiosa entrada José Manuel, con trasfondo religioso incluido.

    Muchas gracias y un abrazo

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