¿Blanca? Navidad

El tema de la semana me hizo soltar una risita y mirar hacia afuera. Efectivamente vi muchos colores, pero no blanco, nunca blanco. De hecho, lo que sí pude ver a través de la rendija que dejé abierta de la persiana, fue a mi perro, echado a la sombra, bufando, intentando soportar el calor.
Y pienso, ¿por qué en TODO el mundo se habla de la Blanca Navidad? Y me contesto: no seas estúpida. ¿Por qué más va a ser sino por el marketing? El amargado y famoso marketing, que controla nuestras vidas, nuestros gustos, nuestra mente y nuestro corazón sin que nos demos cuenta.
Para empezar, la Navidad se ha fijado el 25 de diciembre por conclusiones sacadas por teólogos. Lo que se festeja en Navidad, esto es, la natividad de Jesucristo, no pudo haber sido en invierno. Lo dicen las fuentes. Lucas relata que el hijo de Dios nació en una noche estrellada, rodeado de pastores que velaban la tierra y el ganado, que María parió en un establo una noche clara. Discuten los expertos: puede haber sido en primavera, dicen algunos. Fue en verano, dicen otros. Imposible saberlo. Pero sí saben algo: en invierno no fue.
¿Por qué debo escribir, entonces, sobre una Blanca Navidad? Nunca he vivido una. Mis Navidades las he vivido todas cenando a la intemperie con mi familia un buen asado, saliendo a la calle con copas de champagne a ver los fuegos artificiales a las doce, brindando mucho más tarde con mis amigos antes de salir a bailar, así, sin necesidad de siquiera un buzo de abrigo. Pero hablamos de blanco, porque allá arriba, sin ofender, se habla de blanco.
Y hay muchísimo más. Por ejemplo, hace casi cien años, allá arriba surgió una tradición. Una tradición que, como muchísimas hoy en día, surgió nada menos que del marketing. Surgió es el verbo equivocado: debería estar diciendo “se creó”. Hablo de ese gordito que supuestamente vive en el polo, aburrido, muerto de frío, y que no tiene nada mejor que hacer que pasarse todo el año vigilando que los niños se porten bien para llevarles un par de regalos.
Si cuando tenía seis años hubiese sabido que Papá Noel no era otra cosa que una figura abstracta e inexistente inventada por la Coca Cola (que remodeló viejas leyendas moribundas, y les puso nuevas ropas, acorde a los colores de su multimillonario logo) no me hubiera quemado la cabeza con mis más tempranas dudas existenciales y teorías de justicia social. ¿Por qué –le preguntaba a mis padres, tironeándoles de los pantalones- Papá Noel les trae cosas lindas y grandes a los niños que ya tienen juguetes lindos y grandes? Debería ser al revés. Porque hay niños que no tienen casi juguetes, como Mauricio, y Papá Noel le trajo unos muñequitos que venden en U.S.A. (el supermercado más sucio de la ciudad, donde todo lo que venden se rompe… qué ironía su nombre, ahora que lo pienso). Mis padres se quedaban desconcertados ante mis jóvenes y ácidas preguntas. No me acuerdo qué me contestaban, pero sí que sus respuestas nunca me convencían.
Ahora que estoy del otro lado, la Navidad me provoca sentimientos encontrados. Sí, me alegra, como a la mayoría: es una fecha para pasar con tus seres queridos, para divertirte, bla, bla, bla. Pero también me provoca cierta tristeza. Ver que todos alaban algo que no existe, que no entienden. No hablo de Dios. Porque la Navidad ya no se trata de Dios. Se trata de comprar regalos, de complacer a todos, de armar el arbolito, de comprar las luces, mierda, se quemaron, de comprar luces nuevas, y chirimbolos, y comprar y comprar y comprar. Se trata de alabar al nuevo Dios de la humanidad: el Dios Mercado. Éste sí que es todopoderoso: nos mueve a su voluntad. Ni siquiera sus inventores pueden con él.
Hemos creado un monstruo.

Sin embargo, todavía queda algo de humanidad en la Navidad. Todavía une a las familias un poco; los niños siguen iluminando las noches con sus sonrisas esperanzadas, mirando de reojo al árbol a cada rato a ver si no aparecieron los regalos, y sigue siendo divertido tirar bombitas brasileras (porque es lo único que me animo a tirar) cerca de los autos para que se disparen las alarmas… Además, hay que aprovechar, porque ¡nunca se come como en Navidad!
Intentemos disfrutarla, mientras podamos. A veces los mejores festejos no tienen sentido ni razón…
¡Feliz Navidad a todos!

DANIELA

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7 comentarios

Archivado bajo Daniela_

7 Respuestas a “¿Blanca? Navidad

  1. A estas alturas yo creo que poca gente se deja engañar por todo el marketing que rodea a cualquier festejo, ya no sólo la navidad. Sin embargo, de inteligentes es saber aprovechar las cosas buenas que nos brinda, y si nos aferramos a la tradición de juntar las familias siempre es una bendición para aquel que lo consigue y lo disfruta, porque en algunos casos resulta catastrófico volverse a juntar. De todas formas, cuando te imponen algo por lo general no suele salir bien. Me explico, si es el cumpleaños de alguien y tienes que hacerle un regalo, estamos cambiando el orden lógico. Quiero decir, te vas a comer la cabeza pensando en qué regalar. Sin embargo si no tienes la presión de un cumpleaños, y de repente un día te topas con algo perfecto para regalar a alguien, será un regalo perfecto. Lo mismo en la navidad, si por decreto christmas hay que juntar a la familia, puede que no sea el mejor momento por haber esta o aquella rencilla. Sin embargo, si de común acuerdo decide organizarse una cena en perfecta comunión resultará gloriosa. Por eso, yo soy de los que no le gustan las fechas señaladas, aunque por supuesto participo de ellas, si no me quedaría socialmente marginado, pero prefiero actuar de corazón durante todo el año y intentar que no me impongan las cosas.

  2. Es cierto que el mundo parece ordenado desde el hemisferio norte y que eso es lo normal.
    Pero incluso viviendo en él, como esto no es el norte de europa, ni Madrid está en el pirineo, lo de blanca navidad normalmente y salvo excepciones raras, no pasa de ser un villancico.
    El consumismo, los regalos, las fiestas familiares, etc. en fecha fija, no me molestan. Al contrario. Para mi pasan a ser hitos que marcan el camino del año.
    Quizás por haber tenido la suerte de que tanto la familia de mi padre como la de mi madre han sido de aquellas con las que gusta reunirse y no hay malos rollos por medio.
    Dejo aparte las familias políticas que adquieres al casarte…
    Daniela me ha gustado esa visión diferente y para mi sorprendente de unas navidades distintas.
    Un abrazo

  3. Hace mucho tiempo que pienso eso que dices, el único Dios verdadero al que alava todo el mundo es el dinero.

    Pero como dice Sito, son fechas en las que se juntan las familias, y eso es algo que el dinero no paga. Por eso hay que disfrutar estos momentos.

    Felices fiestas, besos.

  4. A la porra!!!!! Coño!! si piensas así ahora, con tan poquitos años, no quiero imaginármelo con el doble, je, jajajajajajaja…

    Las Navidades son unas fechas mágicas para mi, por las reuniones con la familia, con los amigos, por los regalos que hay que comprarles a todos, por las luces en la calle, las sonrisas de la gente, la nieve o la falta de ella, los villancicos, las pelis navideñas, Papa Nöel, Reyes Magos, lotería, árbol de navidad… Sí, el resto del año tb disfruto de las reuniones familiares, con amigos, de regalos… pero como en Navidad?… en Navidad es especial… 😀 Así que a la porra espíritu comercial, ni que leches ¡¡¡VIVA LA NAVIDAD!!!

    Besazos Dani y Feliz Navidad ;D

  5. Aaaaaaaaaah!!! ¡¡¡¡¿¿¿¿Cómo qué no existe Papa Nöel????!!!!! pero bueno, esto es el colmo ;D

  6. Gracias a todos por sus comentarios, y perdón si mi post parece bastante cínico. No se en qué anda mi mente en estos días, pero mi espíritu navideño no se ha dignado a aparecer.
    Aún así, que pasen felices fiestas 😀

  7. Hola Daniela,
    ¿Pero qué pasa? Que acaso está criatura no tiene más razón que un santo en muchas de las cosas que ha escrito.

    Pero bueno más allá de polémicas, que Daniela ya ha dicho que no era intención suya, yo me quedo con sus deseos. Nos dice: Felices Fiestas. Da lo mismo que sean de Navidad o las del Zorro.

    Fiesta y felicidad para tí, ciudadana Daniela.

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