¿Quién dijo que no podía?

Ya desde pequeño la manipulación de su cuerpo, sus apetencias e ideas se conformaban en relación a los deseos de sus progenitores.  Si bien en determinados momentos las órdenes impuestas estaban cercanas a lo que quería, él no lograba centrarse en un aprendizaje que, cada día, era más riguroso y exigente. Al fin y al cabo solo quería divertirse y eso lo lograba en contadas ocasiones. A pesar de su corta edad su experiencia era ya amplia. Diversas habían sido las disciplinas practicadas producto, en su mayor parte, de los variados cambios de horario de las clases de apoyo, la catequesis, el inglés o, pues aquí también se producían, de los compromisos sociales de sus padres.

La edad es inexorable y llegó un momento en que debía decidirse –y aquí de nuevo sintió la presión familiar- por una determinada actividad. Destacaba en lo que hacía, eso era cierto, pero ninguno de los expertos ponía la mano en el fuego para certificar que ese progreso le llevase a cimas muy altas. Sólo su padre mantenía una fe ciega en él, aunque esa ceguera realmente era el deseo de convertirse él mismo en el padre de alguien famoso.

Pasaron los años y la frustración de su padre se hizo realidad cuando él decidió que no continuaría con ninguna de las actividades. Prefirió, al igual que otros muchos, que quería divertirse de otra forma sin que esto supusiese que, en ocasiones, no lo hubiese hecho antes. Pero todo se truncó por causa de una despedida de soltero en la que él, a regañadientes, había aceptado continuar con la juerga si bien debían desplazarse al pueblo vecino, distante tan solo doce kilómetros.

Por sus mejillas no cesaban de deslizarse infinidad de gotas segregadas de sus párpados. Su cabeza erguida y la mirada fija en un paño de tela, que graciosamente ondeaba por mor del viento reinante, compungía todo su corazón. Sus puños se encontraban fuertemente cerrados, esta vez no por la rabia que había sentido en otras ocasiones. Por el sitio en que le habían instalado, y del que necesitó de cierta ayuda para subir, se sentía transportado hacia el cielo. Quizás era allí dónde quería estar para poder mostrarle, a su padre, el orgullo que sentía. Su madre, defensora a ultranza de cualquiera de sus antaños deseos, lloraba desconsoladamente sin que pudiera ser calmada en esta actitud por ninguno de los otros familiares allí congregados.

Por los altavoces de estadio se hicieron escuchar, en varios idiomas, tanto su nombre como el de otras dos personas también próximas, aunque en nivel inferior de altura. Tuvo que inclinar la cabeza para, a la vez que saludar respetuosamente a quién le ofrecía la mano y le dedicaba unas emocionantes palabras, dejar que colgase sobre la misma una cinta de colores que se deslizaba por una pequeña argolla incrustada en un pedazo de metal. Sus párpados continuaron manando líquido cuando una música –a la que en otras muchas ocasiones había criticado como pachanguera- hacía ondear de entre las gradas multitud de banderas.

¡Cuántos sacrificios para poder conseguir todo esto! –pensaba y se decía a sí mismo., pero mi fuerza de voluntad lo ha logrado. En las pantallas de televisión, sobre un primer plano de su emocionada cara y el transfondo de la bandera nacional, apareció un rótulo: Medalla de oro y Campeón Paralímpico de 1.500 metros.

JOSE MANUEL BELTRAN

Este pequeño relato está dedicado, especialmente, a todas las personas que sufren cualquier tipo de discapacidad. En algunas ocasiones esa discapacidad, o quizás mayor, la sufren muchos de los que dicen considerarse “normales”. Me refiero a la discapacidad sobre la inteligencia. Si alguno quiere leer un poco más, teclear este link.

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11 comentarios

Archivado bajo José Manuel Beltrán

11 Respuestas a “¿Quién dijo que no podía?

  1. Sí… no deja de admirarme la capacidad de superación del ser humano en la adversidad.

    Me ha gustado mucho el post. Besos.

  2. Un post muy bueno compañero.

    Saludos.

  3. Es tal vez la mayor prueba de superación. Cuando pensamos que lo hemos alcanzado todo, siempre queda un peldaño más.

    Me da pudor pensar que los que tenemos nuestras piernas, nuestros brazos y nuestra mente intacta, no seamos capaces de rendir a los niveles que estas personas cuyo único tesoro es su voluntad. Bravo por ellos y un beso muy fuerte para tí por acordarte en este relato.

    Besitos ciudadano con corazón

  4. Hola Sonvak,
    Llevas razón. So solo es adversidad, física o mental, sino esas ganas de salir adelante sin que los demás les miremos con ojos raros. El deporte cumple uno de esos objetivos más que de sobra. Nos dan una lección continua.
    Un beso, ciudadana. Gracias como siempre.

    Hola Gorio,
    Gracias, ciudadano, compañero y amigo.
    Un abrazo,

    Hola,Nuria González,
    Nosotros, “los normales” nos cuesta mucho más subir esos peldaños. Voluntad. Cierto, si queremos algo, algo nos cuesta. Pero si no tenemos la fuerza de voluntad nuestro esfuerzo (mínimo) quedará en balde.
    Gracias por comentar y un beso, ciudadana

  5. Aspective

    Me has dejado una sensación contradictoria.
    Como lo has escrito de esta forma, hasta el último párrafo no comprendes el texto, y cuando entiendes el mismo pues… amargo, alegre, no sé.

    Buena idea, y buen espíritu.
    Un abrazo

  6. Es fácil decir que deberíamos aprender de gente como él. Pero no es tan fácil aprender.
    Como de alguna manera muestra tu historia, el único momento en el que el personaje cambió su actitud hacia la vida es cuando se vio en una adversidad tan grande que amenazó con terminarla por completo.
    Somos porfiados, los hombres. Es una lástima que simplemente nos neguemos a aprender de los errores de los demás.
    Las cosas serían más fáciles, supongo.

    Un beso, José Manuel, disfruté de tu post.

  7. Hola Aspective,
    Ya sabes que me gusta dejar cierto suspense en los escritos hasta el final. No sé si lo consigo aunque en tu caso parece que sí. Es un pequeño homenaje a ciertas personas por lo tanto, para mí, el poso del final es tremendamente positivo y, cierto, con buen espíritu.
    Un abrazo ciudadano. Feliz Navidad.

    Hola Daniela,
    Aprender debemos de aprender siempre y encontraremos esa oportunidad, curiosamente, en aquellos a los que damos menos importancia: los niños, los ancianos y en aquellos que tienen muy poco.
    La vida no es de color de rosa, tiene sus impedimentos. Siempre he creído, y ahora también, que cuando existe un problema no hay nada más bonito que solucionarlo. Es entonces cuando, como persona, te puedes sentir feliz tanto por los demás como contigo mismo pues, te puedes mirar al espejo y decir: ¡Olé, lo he conseguido!. Este deporte, el de la satisfacción de uno mismo por las cosas bien hechas debería ser ejercido con mayor asiduidad.
    Pero, como no me quiero poner trascendental ni triste -pues yo no soy así, sino todo lo contrario- te dejo un último deseo: Salud y un beso enorme, ciudadana. Feliz Navidad. Gracias por tu comentario.

  8. Hola ‘ciudadano’. Si un reto ya es difícil de por sí, cuando hay que saltar barreras el triunfo es doblemente conseguido.
    No se siente una verdadera impotencia hasta que lo vives en primera persona. Es entonces cuando tu mundo cambia y aprendes a mirar a los demás desde dentro.
    Un besote

  9. Hola Sara,
    ..Mirar a los demás desde dentro… preciosa reflexión. Porque a veces, aún cuando queramos cambiar el mundo, no observamos exactamente que lo real para saber qe es lo queremos cambiar.
    Un besazo, ciudadana. Muchas gracias por tu comentario.

  10. Obsi

    Pues ya que estamos filosóficos… la vida consiste precisamente en ir sorteando obstáculos, unos asequibles, otros más duros, algunos insalvables… pero yo creo que a veces nos obsesionamos con los resultados, con llegar a las metas que nos hemos impuesto y no nos damos cuenta de que lo que te encuentras y lo que te llevas en ese camino es a veces más importante que la meta o el resultado mismo.
    Me ha gustado el relato 🙂 . Un abrazo.

  11. El otro día vi un programa en la tv, el de 21 días, o algo así, en la que una periodista estuvo 21 días viviendo como si se hubiese quedado ciega. Me dejó impresionado y reflexivo, e intenté imaginarma a mi en esa situación y de verdad que me entró un agobio profundo. No sé si sería capaz, y ahora me diréis todos que sí, pero pensarlo por un momento, tiene que ser terrible. Así que efectivamente, considero increíble al ser humano por ser capaz de salvar y sobrellevar muchas cosas que si las pienso ahora, yo no me considero capaz.

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