Archivo diario: 18 diciembre 2009

Mens sana in corpore sano…

Nunca fui de esas personas aficionadas al deporte, al acabar el día o la semana prefería mi sofá o mi cama y una buena película o un buen libro con los que despejar mi mente y descansar mi cuerpo para cargar pilas.
Se me apareció de pronto un día de la nada y cuando quise darme cuenta se había instalado en mis fines de semana…Una cena, unas copas y algo de charla, y no sé de dónde o cómo despertaba en cada uno de nuestros encuentros esa parte de mí que nunca pensé que tuviera de deportista nata…

Escalar desnuda desde sus tobillos a su nariz agarrándome con toda mi fuerza y con todo mi cuerpo al suyo…
Dispararle miradas lascivas y bucear por la suya azul intentando cazar algún pensamiento o sentimiento distraido…
Correr hacia él al final de la semana para apuntarme tantos a costa de besos y caricias, y perder o dejarme perder a veces por goleada de las suyas…
Caída libre, puenting o rafting con sólo cerrar los ojos y entregarme a su voluntad…

Así fue como descubrí mi afición a los deportes y mi deporte preferido…y así es como desde hace meses mantengo mi cuerpo firme y entrenado y mi mente sana.  😉

   εïз

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Mi deporte favorito…

Mi deporte favorito es la caza “mayor”.

Practico este deporte los sábados noche y se ha convertido en todo un ritual.

Parte del ritual es esta canción de Britney Spears, I love Rock & Roll. Subo el volumen al máximo y comienzo a preparar mi uniforme de “cazadora”. Unos pantalones negros de piel muy ajustados a mi anatomía. Un top a juego, con escote de vértigo. Botas hasta la rodilla, negras y también ajustadas, con, evidentemente, un tacón de acero afilado. Y, lo más importante de todo, mi cinturón negro, donde voy marcando cada pieza cazada.

Las pinturas de “guerra” también son importantes. Destaco particularmente mis ojos, con sombras negras y plateadas, pues considero clave la mirada a la hora de tener éxito en la caza. No suelo llevar pintados los labios, pues prefiero tenerlos listos para atacar.

A lo largo de la noche, la canción, que escucho mentalmente, irá marcando mis movimientos. Su ritmo marcará la cadencia de mis caderas al caminar, con paso seguro y felino hacia mi presa, seleccionada tras un detenido escrutinio de las piezas disponibles. Al respecto decir que soy muy exigente y si no encuentro lo que busco en un coto de caza, me voy al siguiente.

Cuando camino hacia mi presa, la cual ya ha caído hipnotizada por el balanceo de mis caderas mientras me acercaba, la rebaso y sé que su mirada seguirá mis movimientos. Finjo no enterarme de su existencia y espero, segura, a que él de el siguiente paso, el cual no tardará mucho en producirse.

Nunca fallo.

Cuando se acerca y entabla conversación es vital que el físico quede reforzado por cierto toque interesante, en caso contrario, descarto la pieza y busco otra.

Superados los pasos de elección y ratificación, me hago con mi presa y me la llevo en mi montura, mi descapotable. No me interesa la conversación y pongo la música a tope mientras aprieto el acelerador hasta llegar a mi destino, una playa solitaria, lugar en el que despiadadamente tomaré posesión de su cuerpo.

No hay palabras. Directamente ataco. Lo agarro por su cabellera, con fuerza y lo beso en la boca. Nada de sutilezas. Es un beso hambriento, sediento, abasallador. Es puro fuego el que corre por mis venas y mueve mi cuerpo. No tengo contemplaciones y me deshago de la ropa con rapidez mientras recorro su piel incendiándola. Hay algo que no dije, y es que mi pantalón tiene abotonadura a ambos lados, con lo cual puedo quitarmelo sin prescindir de mis botas… me gusta hacer el amor con las botas puestas… Y así lo monto, con mis botas de tacones afilados. Me muevo sobre él, girando mis caderas al ritmo de la música que no deja de sonar. Lo cabalgo hasta la extenuación, hasta que ya no queda más por dar.

Una vez finalizada la posesión de mi presa, la devuelvo enseguida a su habitat natural y yo me retiro, satisfecha con la caza y con una nueva muesca en mi cinturón.

Hasta el siguiente sábado.

SONVAK

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