Archivo diario: 16 diciembre 2009

Mi deporte favorito

Esto es lo primero que se me vino a la cabeza cuando leí el tema de la semana. Por lo que leo ahora al publicarlo veo que me repito, gajes de novatilla, i´m sorry. Mis disculpas a Gorio por “pisarle” el tema, pero ya está escrito, así que ahí va… Procuraré la próxima vez leer antes de escribir.

Si así, crudamente y sin más, os dijese cuál es mi deporte favorito, estaría desvelando uno de los secretos mejor guardados de la ciudad, hecho que sería como hacerme el harakiri teniendo en cuenta la clase de urbe en la que vivo y el mal de lengua que azota de cuando en vez a la mayoría de sus habitantes. Si os lo contase digo, probablemente luego tendría que mataros. La otra opción, dicho esto así en caliente, sería plantearme un cambio de profesión y dedicarme  exclusivamente a la alta competición. Pero como soy auténtica, las lenguas me importan lo justito para que cumplan sus funciones, algunas de ellas vitales, y pienso que la violencia está reñida con la clase de espíritu que debe rodear a cualquier deporte, pues os lo voy a contar.

Mi deporte favorito suele dar mucho juego y vamos a dejarlo en que es apropiado tanto para hombres como para mujeres, que luego se mete una en jardines de los que resulta bastante complicado salir airosa. Puede practicarse en cualquier época del año y como no es lo mismo jugar en casa que ser equipo visitante, la elección del campo puede ser decisiva en el desenlace final del encuentro, pudiendo jugarse en cualquier lugar imaginable e incluso, si me apuráis, en algún otro inimaginable. El equipo necesario para su práctica viene de serie con los jugadores aunque hay unos extras increíbles, en uno en concreto estoy pensando, que de conseguirse, garantiza unos resultados satisfactorios casi en un 100%.

Los partidos de mi deporte estrella pueden planificarse cuidadosamente o ser improvisados, por lo que no puede andar uno por el mundo con las guardias bajas y el equipo fuera de servicio. La verdad, no sabría por cuál de las dos opciones decantarme así que yo, personalmente,  abogo por la alternancia. El número de miembros, al gusto y según disponibilidad. Se admite la variedad individual, que nunca falla, partido de dobles, modalidad común que requiere un alto nivel de rendimiento y exigencia, e incluso puede llegar a ser considerado un deporte de equipo. Para esta última variante, aparte de unas condiciones mentales especiales, disponibilidad para hacer encaje de bolillos y contar con una capacidad de coordinación aceptable para evitar el riesgo evidente de lesiones, se necesita sobre todo  y como diría un afamado poeta, táctica y estrategia, procurando situar en una posición adecuada a todos los miembros del equipo y dar minutos de juego a todos los participantes para que nadie se sienta excluido o vea frustradas sus expectativas, que es de lo peor que te puede pasar si practicas este deporte en cualquiera de sus modalidades.

En este mi deporte rey, no hay limitaciones de tiempo. Los partidos pueden ser eternos, pueden parecerlo (esto último no es nada bueno en mi opinión) o pueden durar lo que dura un suspiro, pero lo cierto es que más largos o más cortos, no es el tamaño lo que importa, leyendas urbanas y fantasías aparte.

Como en todos los deportes cuenta con varias categorías y ya imaginaréis que las mejores piezas se preparan y degustan en la 1ª División, siempre regadas por un buen vino vigoroso y con cuerpo, por supuesto. Existe un pequeño grupo de codiciados jugadores que demuestran día a día y de forma incansable su calidad, pasión, fuerza de voluntad y afán de superación en el terreno de juego. Cuando estas virtudes no se traducen en carencias fuera del campo podemos estar seguros de que nos encontramos ante un verdadero jugador de primera línea. Es importante porque en esto, como en casi todo en la vida, cuando todo se hierve te pueden dar gato por liebre y así tienen la cara algunos.  Por ello y por lo reducido de este grupo, no hay que desmerecer a los integrantes de categorías inferiores que juegan sus partidos con más ilusión y tenacidad, si cabe, y con los que  también pueden, y esto es un hecho constatado, celebrarse victorias épicas tanto dentro como fuera del campo de juego.  Eso sí, tampoco vale confiarse, así que llegando a la 3ª División hay que andarse con mucho ojito, atentos al juego sucio y a los goles  que te puedan meter y no digamos ya si penetramos más allá de Regional Preferente, dicho esto con todos mis respetos, que  también es cierto que para todo roto hay un descosido.

El peligro de este deporte es que suele ser adictivo, llegando a convertirse en una obsesión para ciertos jugadores si no se practica con inteligenciaequilibrio. Lo mejor, aparte de los efectos secundarios que todos ya conocemos, la ausencia de reglas impuestas de antemano por alguien que no sea jugador. Los reglamentos de juego se elaboran sobre la marcha, por consenso de los participantes y varían de partido a partido, de ahí la gracia, la sorpresa y la dificultad. En mi caso, eso sí, sólo hay dos que son inamovibles: una, el respeto al oponente y otra, la generosidad recíproca.

Tres palabras para designar elegantemente mi deporte favorito y una palabra con sus múltiples sinónimos para utilizar en el calor del juego y si el placer y el resultado lo requieren.

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Practico la procrastinación

Mi deporte favorito. Duro reto. Escribir sobre algo que no sabes lo que es:  “deporte”. Acudo a mi amigo el diccionario para informarme sobre el objeto de la disertación semanal. Me responde que deporte es:

 1. m. Actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas.

2. m. Recreación, pasatiempo, placer, diversión o ejercicio físico, por lo común al aire libre.

3. (por) loc. adv. Por gusto, desinteresadamente. U. t. en sent. irón.

Veamos: 1.- ¡¡Actividad física!! Vade retro, Satanás. Lo único que se me ocurre en este sentido ya fue expuesto por Gorio y no es cuestión de profundizar en ello. El resto… ni de coña, vamos. En la segunda acepción, algo menos dura, podríamos encontrar algo relacionado con pasatiempo o placer, pero es realmente en la tercera “por deporte” que lo traducimos como “por gusto” donde al fin logro identificarme y encontrar mi deporte favorito, ese que practico por gusto: procrastinar.

Efectivamente es algo que realizo de forma absolutamente vocacional y desinteresada y tantas veces como puedo. Es un deporte duro, incomprendido, que suele ser confundido por los profanos y tomado por otro gran deporte, el “hacer el vago”, pero que no tiene nada que ver. Yo hago todo lo que debo (casi todo para no exagerar) pero siempre que es posible lo dejo para después, aplazo su ejecución, en la confianza de que el devenir del tiempo traiga una sorpresa y te evite la realización de lo aplazado.

Ejemplos hay muchos. Uno, muy tonto pero suficientemente ilustrativo, sería esa gran tarea diaria que es hacer la cama. Mucha gente estima que el momento para llevar a cabo esta labor es al levantarse y antes de salir de casa. Craso error. Durante el día pueden surgir mil vicisitudes (desde un viaje inesperado, hasta una noche en el hospital, desde un ligue sorpresa –eso sí que sería sorpresa- hasta una noche de farra total) que te eviten ese trabajo que, de haberlo hecho, habría sido realizado en balde y no están los tiempos para derrochar energías. El momento ideal para hacer la cama es justo el instante anterior a acostarte, seguro así de que sacarás provecho a tu trabajo.

En este deporte de la procrastinación, vocacional desde pequeño y para el que mostré excelentes dotes y predisposición desde siempre, me ascendió a categoría profesional y empecé ya a jugar en las grandes ligas, el primer jefe que tuve. Él me enseñó que cuando del montón de asuntos urgentes tomas el de arriba, el que tendrías que afrontar en ese momento y lo vuelves a colocar en el fondo de la pila, cuando regresa arriba y le vuelve a tocar el turno hay muchísimas posibilidades de que se haya solucionado por sí mismo con lo cual nos hemos evitado, una engorrosa tarea que no hubiera valido para nada. La empresa, además, iba bien con lo cual su teoría estaba avalada por los resultados. Claro que él era todo un profesional de la procrastinación y eso se notaba.

De hecho, y para que veáis que yo también lo practico intensamente estoy escribiendo esto en la misma mañana en que lo voy a publicar, ni un minuto antes, por si acaso. Espero haberos descubierto un nuevo deporte y confío en que os enganche tanto como a mí. No es popular, pero se vive mucho mejor…

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El rascadero frustrado

Mi deporte favorito es lo que me gusta llamar “rascarme”. Esto implica actividades de diversa índole, desde hacer zapping desde la cama, chatear sobre nimiedades con gente que a veces ni siquiera trato en persona, pasearme por el facebook, escuchar en una tarde toda la discografía de Nirvana, ver una maratón de El Señor de los Anillos, leer algún diario, tomar té con galletitas, echarme en el patio al sol y cerrar los ojos y dormitar, tomar mate sola en mi cuarto en un día de lluvia, hasta ver videos de “Pokémon” en Youtube.

Sin embargo, últimamente me he visto imposibilitada de practicar este deporte tan noble y tan saludable que es no hacer absolutamente nada productivo. La razón: la venida de la temporada.

Punta del Este resulta demandar cantidades desmesuradas de trabajadores jóvenes en temporada alta, esto es, en verano.
Y por alguna razón que no comprendo (tal vez sean mis ganas de no tener que estar pidiendo de a moneditas para salir los viernes, tal vez sea ese sentimiento de compromiso hacia al mundo, que parece decirme que estoy obligada a crecer), este verano me dispuse a trabajar. Hecho. Ocho larguísimas horas, oficina enloquecida, turistas insufribles y altaneros, cabezas bajas, llantos reprimidos, risas, palmadas en la espalda, papeles desperdiciados en toneladas (de veras, no sabía que tiraran tanto papel a la basura, me ha impresionado), confusiones con el cambio, cajas mal cerradas, rezongos, y más confusiones con el cambio.

Estará bien. Por la temporada. Tres meses. Noventa días. No hago el cálculo en horas porque tendría que sacar la calculadora. Pero no creo ser el tipo de persona que pueda soportarlo mucho tiempo más. No nací para esto.

Extraño silbar mirando el techo. Y de repente, recibir un mensaje de texto, levantarme e irme a algún lado genial. O no recibirlo, no importaba. Me conformaba con silbar y no pensar.

Dios, creo que hasta extraño estudiar. Qué raro.

DANIELA

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