Observaciones ciegas

Instantes antes gritó: ¡Me has arruinado la vida!. Le observé y, al final, se lanzó al vacío. En todo el remolino de gente, dos mujeres se afanaban con gran sutileza en apropiarse de las carteras de algunos de los allí reunidos. Unos niños, ajenos a la escena, jugueteaban ante la despistada mirada de sus madres. El mayor imponía su fuerza física ante los otros para conseguir ser él quien ganase el juego, por supuesto, alejado de todo tipo de reglas.

El barrendero y otro ayudante -el cual no era necesario- deslizaba su cepillo por la calle, a lo sumo en tres ocasiones seguidas, para inmediatamente interrumpir su tarea y fumarse un nuevo cigarrillo. El ayudante le reía las gracias. A simple vista parecían una pareja bien avenida pero, según iba subiendo el tono de la discusión, los gestos de él denotaban un acusado machismo.

Pasó muy cerca de mí. Seguía vistiendo con la sotana tradicional pero ese disfraz se volatilizó cuando un mendigo le solicitó una pequeña limosna. En el metro, unos jóvenes increpaban y manoseaban a una asustada chica aparentemente de origen africano. Nadie se preocupaba por ella. Al cambiar de vagón, todos los asientos estaban ocupados. Dos ancianos se esforzaban, como podían, en no perder el equilibrio una vez puesto el tren en marcha. Los asientos continuaron ocupados por las mismas personas, todas ellas de menor edad.

Estaba a punto de atravesar el paso de cebra junto a otros muchos transeúntes que aguardaban el cambio del semáforo. Allí mismo se quejó de un fuerte dolor en el pecho, cayendo al suelo. Rogó, por favor, que de uno de sus bolsillos sacaran unas pastillas para colocárselas debajo de la lengua. El semáforo cambió y todos los transeúntes siguieron su camino. La cola, para la demanda del puesto de trabajo, era larga. Le pidieron el curriculum y dijo no tener ninguno. Solo portaba una excelente carta de recomendación del director de la prisión. La respuesta fue inmediata. Su carta no fue admitida y el puesto de trabajo quedó para otro.

Ahora, ya no puedo contar más. Son muchas más las observaciones de situaciones tan o más desagradables como las relatadas. Nos llaman a la consulta con excesivo retraso sobre la hora prefijada. Es extraño pues es una clínica privada. La enfermera, descuidadamente, no ha terminado de abrocharse todos los botones que resguardan su apreciada pechera. Su pelo también está alborotado. El doctor está mostrando las pruebas y yo le escucho claro y atento. Sin poder llegar al final mi madre se pone a llorar. -No te preocupes, mamá. Yo ya he visto lo suficiente-.

-Señora, su hijo nacerá ciego. Lo siento mucho.

JOSE MANUEL BELTRAN

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10 comentarios

Archivado bajo José Manuel Beltrán

10 Respuestas a “Observaciones ciegas

  1. Xinax

    La suerte es que estaba sentada, cuando he leído tu relato, es total y absolutamente devastador.
    Escribes de maravilla, pero el fondo del texto es tremendo, sigo conmocionada..y no sé que más escribir.
    Enhorabuena.

  2. Vaya, también tenemos el día positivo ¿eh?
    El texto impacta porque es verdad. Porque son situaciones que todos hemos vivido alguna, varias veces y miramos para otro lado. Nada más cómodo que llevar el mp3 puesto y no ver ni oir nada de lo que sucede a nuestro alrededor.
    Uno de los posibles títulos del texto sería “no es mi problema” que se ha transformado en una filosofía de vida para todos nosotros en la actualidad.
    Otro, sería una de las frases que más aborrezco: “me da igual”.

    Fenomenal texto, y amargo regusto el que nos dejas en este sábado.

  3. Gracias Xinax, gracias a ti por escribir tan bien como lo haces.
    Quizás, quizás no, seguro que he sido demasiado rotundo. He leído textos preciosos durante toda esta semana. Estupendamente escritos y con un fondo, como el que yo he tratado de transmitir, que nos debe hacer vivir y sentir -cada día- como si éste fuera el primer día de nuestra vida. Pues, no hay más ciego que aquel que no quiere ver.
    Un besazo, ciudadana.

  4. Querido Aspective:
    Me da igual, porque no es mi problema. Como ves ya te he cogido el título y lo he ampliado, porque que conste que daría para un libro.
    Lejos de mi intención dejar regusto amargo para el fin de semana. Al revés, hay que disfrutarlo a sabiendas que otros no podrán hacerlo. ¿Porqué tapamos nuestros ojos, tantas veces, a la realidad?. Podríamos aportar pequeñas gotas (me acuerdo del excelente post de Lino)…. podríamos quitarnos esas cataratas y ver la sonrisa del ajeno.
    Gracias, ciudadano. Un fuerte abrazo

  5. joer!!!

    La verdad es que me sentía presente en todo momento y a lo largo de tu post, en las escenas que has descrito tan maravillosamente.

    Un abrazo.

  6. Bueno… teniendo en cuenta que este será un finde bajillo anímicamente… tu texto no es el mejor antídoto, je 😀

    El texto buenísimo y tremendo… Por suerte, siempre me queda la opción de saber que no soy de los que ven hacia otro lado y que me he metido en más de un problema por ayudar a los demás… La tranquilidad de conciencia es impagable.

    Besazos!!!

  7. Hola Gorio,
    Eso es que estás vivo, ciudadano. Lamentablemente esto sucede todos los días.

    Querida Sonvak,
    No quería yo añadir más cera a la hoguera. Nada más lejos de la realidad.
    Tú eres lo suficientemente fuerte y dichosa para pasar este finde, como Dios manda (mejor que mandes tú) independientemente de las memeces que yo escriba.
    Sólo por una cosa: Porque tú lo vales.
    Un besazo, ciudadana

  8. Aspective

    Ah,no, Jose Manuel. Publicidad encubierta y gratuita no.
    Aqui cobrando…

    😉

  9. Jajajaja, Aspective.
    Tengo una paellita, aquí en Marbella, que está deseando ser metida mano (joer que mal suena eso, mejor metida cuchara o tenedor) que suple los derechos de autor.
    A qué no hay…….?

  10. Muy buen texto, José Manuel. Con él, te dan ganas de cerrar los ojos muy fuerte y abrirlos de nuevo, y que todo eso que describes haya desaparecido.
    Sin embargo, poder ver sí vale la pena, porque hay cosas demasiado hermosas en este mundo, así como otras demasiado espantosas. Como todo en la vida.
    Yo creo que vale la pena vivir, intentarlo. No quedarnos ciegos del todo todavía.

    Un beso!

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